FERNANDO TRÍAS DE BES

"La economía de libre mercado trae prosperidad pero también esclaviza"

Álvaro Colomer / Ricardo Martín.

Entrevista de ÁLVARO COLOMER

El nuevo libro del economista y escritor Fernando Trías de Bes (Barcelona, 1967) alcanzó la segunda edición en apenas una semana. El éxito de El hombre que cambió su casa por un tulipán (Premio Temas de Hoy 2009) quizá se deba a su argumento, explicado perfectamente en el subtítulo ‘Qué podemos aprender de la crisis y cómo evitar que vuelva a suceder’, pero también podría ser que la solvencia del autor, a quien todo el mundo recuerda por el fenómeno literario que supuso La buena suerte (Urano, 2004, coescrito con Álex Rovira), le haya convertido en un gurú de la llamada ‘autoayuda empresarial’ o, según prefiere usar Trías de Bes, ‘narrativa empresarial’.


Últimamente se han publicado varios libros que explican la actual situación económica, como La Crisis Ninja o el suyo. ¿Son más efectivos estos ensayos de corte didáctico que los reportajes publicados en prensa?

El tono de este tipo de libros ya no se estila en los medios de comunicación, los cuales prestan más atención a la noticia que a su explicación. Creo que esa es la única diferencia entre un ensayo como el mío y los artículos de los periódicos. De todas formas, considero que la prensa ha explicado muy bien la crisis. Lo que ocurre es que los libros que se publican ahora tienen el privilegio de explicar el asunto a toro pasado. En economía es muy difícil anticipar lo que ocurrirá. A veces los economistas se lanzan a hacer predicciones y eso hace que algunas personas los tomen por futurólogos, cuando en verdad deberían ser vistos como médicos que detectan síntomas y que, en todo caso, avisan al paciente de que, de seguir así, podría generar una enfermedad.


En el libro desarrolla la ‘Teoría del necio’, según la cual muchos ciudadanos normales, creyéndose capacitados para especular con sus ahorros, han acabado arruinados. ¿Es esto el resultado de una pérdida de respeto hacia una disciplina científica como pueda ser la economía?

En asuntos económicos todos nos hemos comportado como necios en algún momento de nuestras vidas y reconocer nuestra necedad es incluso terapéutico. Ocurre lo mismo que cuando tienes un accidente de tráfico a 200 kms/hora: lo normal es que reconozcas que fue culpa tuya. Por otra parte, estoy de acuerdo en que la gente ha perdido el respeto a la macroeconomía, pero eso también ocurre en otras disciplinas, como la política o la medicina. Cualquier ciencia que afecte a nuestra salud, nuestra libertad o nuestro bolsillo crea un tipo de ciudadanos que se cree maestro aun cuando no haya abierto jamás un libro. La gente se ha comportado como si fuera una experta y no supo calcular las consecuencias de invertir su dinero en una burbuja.


En el libro no sólo apunta que la actual crisis tiene ciertos parecidos al crack del 29, sino que asegura que será igual de catastrófica. Sin embargo, la percepción del ciudadano medio sobre nuestra actual recesión no es tan apocalíptica.

Pero eso se debe a un problema de perspectiva. Todavía no ha pasado el suficiente tiempo como para que comprendamos lo que está ocurriendo. Los economistas que dentro de treinta años elaboren diagramas sobre nuestra época serán mucho más conscientes del drama que vivimos. Pero hay otro motivo por el que percibimos como más graves las consecuencias de la crisis del 29: sólo llevamos un año desde el inicio de esta recesión. Ya veremos cómo está todo dentro de cinco o diez años. De todas formas, la crisis del 29, así como las siguientes, nos enseñaron a hacer frente a este tipo de situaciones con más eficacia que antes. Quiero decir que tener un cáncer hace 50 años era lo mismo que tenerlo hoy, pero la ciencia médica le hace frente con más facilidad. Lo mismo ocurre en economía.


Cuando empezó la crisis muchos articulistas y políticos anunciaron una refundación del capitalismo. ¿Fue una utopía de dos semanas?

Estoy convencido de que, después de esta crisis, el modelo económico será exactamente el mismo. Se crearán algunos sistemas de control y regulación, pero el sistema no variará. Hace poco un amigo me dijo que durante estos años de bonanza habíamos estado jugando un partido de fútbol sin reglas y sin árbitro. Eso es lo que hay que impedir creando un reglamento más severo y arbitrando mejor las operaciones. Pero no refundaremos el capitalismo. Para que eso ocurriera tendría que haber un sistema filosófico que impulsara un nuevo modelo de interrelación entre los humanos. Y eso no existe por el momento.


El hombre que cambió… repasa las cinco grandes crisis económicas que ha vivido la humanidad: la de los tulipanes en la Holanda del siglo XVII, la de los Mares del Sur en la Inglaterra del XVIII, el crac estadounidense de 1929, la crisis inmobiliaria del Japón en los 90 y las hipotecas subprime actuales. De las cuatro primeras, ¿cuál se parece más a la nuestra?

En realidad todas las crisis son iguales. Los mecanismos de formación son idénticos en unas y otras, aun cuando el objeto de especulación varíe. No obstante, si tuviera que elegir una, sería la de Japón, principalmente por el hecho de que vino provocada por una enorme creación de divisas y por grandes facilidades para especular en el sector inmobiliario. Pero, repito, todas las crisis se basan en lo mismo: mucha gente desea adquirir algo, ese algo puede ser adquirido sin pagarlo completamente y alguien da crédito para que puedan acceder a ese algo personas que en condiciones normales no lo habrían conseguido. Si estos tres elementos vienen antecedidos por una época de crecimiento económico, tenemos crisis asegurada.


Algunas corrientes filosóficas y literarias apuntan que la teoría de que economía es un ser vivo que actúa con libertad y que nosotros bailamos a su compás. ¿Qué hay de cierto en esto?

La economía puede ser vista de ese modo, pero es una pena que ocurra. Los seres humanos tenemos unas ansias tan desbocadas por controlar a los otros seres humanos que creamos mecanismos que, en vez de hacernos libres, nos esclavizan. La economía de libre mercado tiene ese defecto: trae prosperidad, pero esclaviza. Aún así, la economía no es más que una disciplina que intenta comprender todos los agentes que intervienen en su desarrollo, pero al final son dichos agentes los que determinan su funcionamiento. Como dice David Anisi en su libro, la economía puede hacer que nos convirtamos en auténticos ‘creadores de escasez’.


Hablando de la crisis de los tulipanes, comenta que las clases medias siempre han querido aparentar ser ricos. Pero ahora se empieza a dar el caso contrario: las clases medias tratan de no aparentar que se acercan a la pobreza.

En estos momentos se está dando un cambio importantísimo en la composición de las clases sociales: mucha gente ha pasado a formar parte de la clase baja sin darse cuenta. Esto trae un problema psicológico importantísimo: la dificultad en la ‘aceptación de la pérdida’, que es lo que más cuesta al ser humano. Dentro de poco tendremos un gran problema con el endeudamiento de la gente y reaparecerá lo que llamamos ‘robo de subsistencia’, es decir, el robo para comer. Esto es algo que ya se empieza a ver, como demuestra que se esté empezando a reventar nuevamente las ventanillas de los coches para robar lo que antes llamábamos ‘radiocassette’. Desde la década de los 80 no ocurría esto de un modo tan habitual.

 

APRENDER DEL PASADO


El hombre que cambió su casa por un tulipán (Temas de Hoy) podría ser encuadrado en ese género que Fernando Trías de Bes llama ‘narrativa empresarial’, esto es, un libro de economía donde, manteniendo cierta estructura propia de las novelas, se trata de dar las claves, siempre de un modo didáctico, para mejorar aspectos productivos de nuestra actividad laboral. En este caso, el autor divide el libro en dos partes: historia de las crisis económicas anteriores a la presente y recursos para impedir que nos volvamos a ver atrapados en una recesión similar. Gracias al libro comprenderemos muchos de los movimientos absurdos de los años previos a 2009. Como muestra, dos botones: uno, en 1929 un limpiabotas recomendó a Joe Kennedy que, igual que había hecho él mismo, invirtiera sus ahorros en ferrocarriles y petroleras. Cuando el padre del futuro presidente de los Estados Unidos vio que incluso los limpiabotas opinaban sobre los movimientos bursátiles, comprendió que se avecinaba una crisis de grandes magnitudes. Dos, a mediados del siglo XVII Holanda, el país económicamente más potente de Europa, se vio sumida en una crisis provocada por la especulación en la venta de tulipanes. Como los aristócratas pagaban cantidades indecentes por esas flores exóticas, la clase media empezó a especular con sus bulbos, que se revendían de un modo especulativo hasta alcanzar cotas insospechadas. Pero un día los nobles se cansaron de esos ornamentos y dejaron de comprarlos, haciendo estallar la burbuja económica en la que muchos habían invertido todos sus ahorros. Cambien la palabra tulipán por inmueble y tendrán las causas de nuestra actual crisis.