POESÍA Y ENSAYO

Lipovetsky, Camilo José Cela, Carol Dunlop y Silvia Monrós-Stojakovic, Francisco Rico, Olvido García Valdés, Javier Vela.

LECTURAS ENSAYO

HIPERCINE Y SUS ESPEJOS

HÉCTOR MÁRQUEZ

La pantalla global
Gilles Lipovetsky y Jean Serroy
Anagrama
Precio: 19,50 €
Páginas: 360

Para que se hagan una idea: el último libro de Lipovetsky seduce por sus cualidades narrativas, por la brillantez taxonómica del autor, su voluntad totalizadora y por la profusión enciclopédica en el análisis de películas citadas, aportada quizá por su compañero de autoría, el crítico cinematográfico Jean Serroy, del que se queda uno con las ganas de leer algo más sin la sombra alargada del talentoso homo nomenclator. Este último libro del sociólogo francés regresa sobre conceptos-etiqueta ya defendidos en sus ensayos anteriores. Básicamente, y sabiendo que las reducciones ensombrecen, para el señor Lipovetsky hace tiempo que pasamos de la posmodernidad a la hipermodernidad, como un día se traspasó la barrera de los 10 segundos en los cien metros lisos y ya nunca nada fue lo mismo. Y el mundo hiper, que es el nuestro, es global, elefantiásico, múltiple, instantáneo, veloz, violento, mutante, insustancial, pornográfico y superlativo. Hipercitius, hiperaltus e hiperfortius. Y es un sistema donde el individuo se despoja de su conciencia de clase para buscar la intensidad sensorial en su propio universo dependiente. El shock, más bien. Es víctima, alimento y causa del sistema que necesita y que le necesita para sobrevivir (se). Tras jugar a los dados con la historia y sus referencias como en la posmodernidad que dibujaron y registraron los hermanos mayores de Lipovetsky, los Lyotard, Baudrillard y compañía, el hombre hipermoderno siente y exige ahora que cada micropresente sea un instante decisivo, aunque sienta que nunca es suficiente. Aplíquese todo ello a economía, sexualidad, política, comunicación, ciencia, religión, ocio, arte o cultura. En esta ocasión, Lipovetsky lo aplica al entretenimiento de masas por excelencia de los últimos ciento y poco años: el cine. Según el francés, el único arte que no ha tenido que apostatar, sino que ya nació laico. El arte que refundó el mito de la caverna sabiendo de dónde venía el fuego. Un arte tecnológico que nos ha ido modelando. Un arte-espejo universal.

Y hablando de la Era de las Pantallas le sale un libro macanudo, tan entretenido de leer, que se diría que no tiene huesos. Comienza repasando las sucesivas etapas de la evolución del cine para sacar resplandeciente lo que es ahora, hipercine, y las lógicas de la imagen que lo sustentan: la imagen-exceso, la imagen-multiplejidad y la imagen-distancia. Documentadísimo, sustenta cada tesis con un ejemplo. Y a veces usa ejemplos similares para todo lo contrario. Porque el mundo del hipercine y las multipantallas en el fondo esconde lo que el espejo de la madrastra de Blancanieves, una metáfora de nuestro narcisismo, deseo e insatisfacción. Y así el cine se va haciendo brillante y vacío, pero también fragmentado y necesario. No hurta a lo largo del libro pantallas para mirar y mirarse: las de móvil, ordenador, cajero, videojuego, cámara digital o televisión. Cualquier soporte para la narratividad con imágenes. Y se queda uno pensando que a todos los tesoros, ocurrencias, esquemas, informaciones o análisis que encierra el libro les sobra la necesidad de llamar la atención como publicista del pensamiento en un mundo fugaz y competitivo. Concluye Lipovetsky que, a pesar de todo, hay que celebrar el hipercine por más esteroides tecnológicos y clónicos que contenga. Y se lo imagina uno hablando de pelis con aquel Aute premoderno que cantaba lo de “cine, cine, cine, más cine por favor. Que toda la vida es cine y los sueños, cine son”. Se disfruta, no duden. Hasta rebatirle puedes. Qué bien que tome la palabra.

 

LECTURAS POESÍA

UNA PANORÁMICA ÚTIL Y RIGUROSA

MANUEL RICO

Mil años de poesía europea
Francisco Rico
Backlist
Precio: 29 €Páginas: 1.400


Concentrar, en un solo volumen, mil años de poesía europea, es un objetivo imposible. Sólo cabe lograr una aproximación. Es decir, ofrecer al lector un panorama y un recorrido lo más ambicioso y exhaustivo que lo permita un libro de dimensiones razonables, cómodo de leer y de consultar. Mil años de poesía europea cumple con creces esa finalidad. Y lo hace desde la doble condición del rigor y de la función divulgativa. Desde el rigor, porque los más de setenta poetas (además de los textos anónimos) que Francisco Rico, con la colaboración de Rosa Lentini, han seleccionado son tan indiscutibles como imprescindibles. Es obvio que han quedado al margen grandes poetas que podían haber ocupado su lugar en el libro con los mismos méritos que los seleccionados (Aleixandre, Elitis, Seifert, Cernuda, Heaney), pero la confesada pretensión de sus promotores conjura cualquier duda: se trata de una obra panorámica que nos sitúe en la mejor lírica escrita en nuestro continente en el segundo milenio, en las piezas más perdurables de entre las escritas en un período comprendido entre los albores del siglo XI y las últimas décadas del siglo XX.


Al tratarse de obras escritas en la diversidad de lenguas en que se expresa la cultura europea y de ofrecerlas a lectores en lengua castellana, no era difícil caer en la tentación de elegir, en el caso de cada autor, la traducción más conocida o la realizada por el traductor oficial o “paraoficial”. Sin embargo, Rico ha optado por lo más difícil y enriquecedor: rastrear las mejores versiones, las propuestas que el paso del tiempo ha convertido en indiscutibles, y hacerlo de tal modo que el lector tenga a su disposición la obra seleccionada de cada uno de ellos con traductores distintos: es decir, que en el apartado correspondiente a cada poeta, conviven apuestas y miradas diferentes sobre una misma obra. El hecho de que, por ejemplo, los textos de John Keats aparezcan en traducciones de Pedro Ugalde, Clemencia Miró, Luis Cernuda o José María Valverde, no sólo nos permite acceder a los mejores poemas por él escritos, sino a vivirlos a través del filtro y de la sensibilidad de escritores (poetas en la mayor parte de los casos) con propuestas estéticas diferenciadas, confrontadas a veces, o de novelistas como es el caso de Eduardo Mendoza traduciendo a Philip Larkin. Ese hecho convierte Mil años de poesía europea en un libro extremadamente singular.


A ello se añade la convivencia de tiempos: traducciones de la época en que fueron originalmente escritos los poemas (sobre todo cuando se trata de poetas de los tres últimos siglos del período) conviven con traducciones realizadas en una época relativamente reciente, lo que supone, también, un modo de elevar las posibilidades de lectura, de enriquecer la mirada que el lector proyecta sobre el poema (y sobre el mundo que el poema revela). Y, desde luego, recuperar versiones de poemas realizadas por algunos de los más grandes poetas en lengua castellana: Rubén Darío, Octavio Paz o Juan Ramón traduciendo a Mallarmé, o Jorge Guillén El cementerio marino, de Valéry, por citar sólo dos ejemplos entre otros muchos. Lo cual quiere decir que la opción de Francisco Rico añade una cualidad nada desdeñable al volumen: es, de facto, una reflexión de largo alcance sobre la traducción de poesía. Sobre sus limites, sin duda, pero, sobre todo, sobre sus enormes posibilidades de enriquecimiento del acto de lectura. No ajenos a esa percepción son los dos apéndices con que cuenta el libro: Josep Carner traduciéndose a sí mismo en 1941, y diez traducciones del poema “L’albatros”, de Baudelaire, realizadas por otros tantos autores de distintas épocas. Estamos ante un libro enormemente útil y, desde luego, imprescindible en cualquier biblioteca que se precie.

EL CONSUELO DE LA POESÍA

MARÍA TERESA ARRATE SANMARTÍN

Esa polilla que delante de mí revolotea
Olvido Gracía Valdés
Galaxia Gutenberg / Círculo de lectores
Precio: 25,50 €
Páginas: 457

Olvido García Valdés es una de las voces más complejas e intensas de la poesía española de las últimas décadas. Y aunque ella dice que empezó a escribir muy joven pero tardó bastante en publicar, ha tenido tiempo para concebir cinco libros, entre ellos, Y todos estábamos vivos. Un poemario con el que consiguió el Premio Nacional de Poesía en 2007, y en el que figuran, para el filósofo y ensayista Miguel Morey, algunos poemas perfectos. Ahora podemos recorrer toda su creación, desde sus primeros poemas que parecen en 1982, hasta su obra más reciente e inédita, agrupada bajo el título Esa polilla que delante de mi revolotea que ha publicado Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores. El volumen incluyen además, diversos textos sobre la escritura y un extenso prólogo del poeta uruguayo Eduardo Milán.
Ver reunida su poesía le parece a la poeta asturiana un regalo extraordinario, aunque en principio no pensaba que saliera así. Fantaseaba con la idea de que el conjunto de su obra fuera un nuevo libro con todos sus poemas entremezclados que mostraran–dice–con otro orden, “la tela que el tiempo o la vida había ido tejiendo”. Pero asegura que cuando intentó ese nuevo reordenamiento para esta edición, se dio cuenta de que ya no era posible porque los libros habían tomado poso y se resistían a perderlo. En cualquier caso el volumen permite abarcar –como afirma la autora– eso que “da un poco de vértigo: muchos años de vida y de escritura”.
Los títulos también son significativos en el caso de esta escritora, ensayista y profesora, y así Esa polilla que delante de mi revolotea, es un fragmento extraído de un poema de Caza nocturna. Un poemario que supuso un punto de inflexión en su escritura y en el que se hace visible el dialogo permanente que Olvido García Valdés establece con la pintura y con autores concretos, como Arshile Gorky, Paolo Uccello y Kasimir Malevich, a los que alude de forma expresa en el libro. Otra de sus referencias esenciales es la filosofía. No podemos olvidar que además de Licenciarse en Filología Románica por la Universidad de Oviedo, también estudió Filosofía en la Universidad de Valladolid, y que coincide con Maria Zambrano en que “escribir es defenderse de la soledad en que se está “. Su relación con la filosofía, como ella asegura, es “fuerte y antigua“, una compañía casi permanente en su vida y en su obra porque está convencida de que los textos filosóficos “nos ayudan y enseñan a pensar”. Cree García Valdés que la visión que el poeta tiene del mundo, está relacionada con las pulsiones de su infancia. Que el poema no viene de la mano de la voluntad o la consciencia, sino que se toma su tiempo, y en esa fase, siempre hay un trabajo subterráneo. Está convencida, igualmente, de que el arte cura, porque la poesía es oscura y directa a un tiempo, y sirve, como “algún tipo de ejercicio de la filosofía para consolar, pero también después “nos deja a la intemperie que es como está el hombre en el mundo”. Al referirse a su poesía García Valdés prefiere hablar, más que de ritmo, de tono, de ese punto justo que encuentra su voz a través del sonido propio que le imprime a sus versos cuando hurga en el miedo, o en la forma de enfrentarse a la muerte y a la vida: ganar un día cada día, llegar / a la noche y respirar, con cada movimiento / ir haciendo, del ritmo de la respiración, / aliento para llegar / al día.
Y en este singular proceso de creación, piensa García Valdés que de la poesía sólo sabemos por sus misteriosos resultados, es decir, por los poemas. Cuyo origen es igual de extraño, sin distinguir muy bien la realidad, entre imágenes del sueño o de la memoria.

IMÁGENES INTERIORES

 

JAVIER LOSTALÉ

Imaginario
Javier Vela
Visor
Precio: 10 €
Páginas: 48


Javier Vela (Madrid, 1981), empezó a revelarnos su talla como poeta con su libro La hora del crepúsculo, galardonado con el Premio Adonais en 2003, donde sienta las bases de su discurso poético en el que la naturaleza es ámbito potenciador e iluminador de los sentimientos, y el tiempo y el espacio se confunden al medirse por la misma tensión interior. En su último libro, Imaginario, Premio Fundación Loewe a la Joven Creación, la muerte, el sexo y el horror son imágenes procedentes del mundo real sublimadas por el poeta a través de un proceso estético intensificador, apoyado en un lenguaje vertebrador de secuencias íntimas, “rico en adjetivación y en elegancia expresiva”, según Caballero Bonald y en el que el amor impregna gran parte de Imaginario, enmascarado como deseo en la belleza de unos maniquíes. “(…) Pálidos maniquíes, ficciones adorables, / qué importa que seáis ciertos, si sois bellos; / jamás tendréis el alma del modelo, / pero tenéis su cuerpo mejorado”. Impregnación amorosa que se compadece muy bien con la búsqueda de lo primitivo y originario desde el enraizamiento en un yo generador, de ahí la existencia de poemas como el impresionante “El hijo póstumo”, en el que su padre muerto antes de que el poeta naciera habla con él.

Imaginario, alberga asimismo un espíritu contestatario y de denuncia reflejado, por ejemplo, en el poema “Europa después de la lluvia”, y existe en él un tono reflexivo siempre incubado por el corazón. Javier Vela muestra con este libro la envergadura de su poesía, su hondo horizonte ético y estético.