ANDRÉS TRAPIELLO
"La pasión te ayuda a tomar grandes y graves decisiones".
GUILLERMO BUSUTIL
AndrésTrapiello (Manzaneda de Torío, León 1953) es un reconocido poeta, narrador y ensayista, galardonado con el Premio de la Crítica en 1993 por su poemario Acaso una verdad, con el Nadal 2003 y el Premio Fundación José Manuel Lara 2005 por sus novelas Los amigos del crimen perfecto y Al morir don Quijote. Como ensayista ha publicado quince diarios de la colección Salones perdidos y otros títulos como Las vidas de Cervantes y El arca de las palabras. Después de cinco años sin publicar novela, regresa con Los confines, editada por Destino y en la que cuenta la historia de un amor prohibido.
Su novela se centra en la fuerza con que la pasión, surgida en un viaje, transforma las vidas de dos matrimonios.
La mayor parte de nosotros vivimos de una manera convencional, acaso porque ese es nuestro destino. Los dos protagonistas de esta novela se enfrentan con el suyo, y deciden rebelarse, no aceptarlo. Son jóvenes, inteligentes, guapos, tienen unas carreras brillantes… pero son hermanos. El destino les habría impedido que se amaran. Pero cuando irrumpe la pasión en sus vidas y prueban ese fruto prohibido no tienen más remedio que aceptarlo sin tragedia, con naturalidad. Y eso ha sido posible porque les ha ocurrido en unas circunstancias especiales, lejos de todo, en los confines. Lo que se relata es una metáfora: sólo somos libres si no aceptamos el destino. “Nada está escrito”, dicen ellos. Lo cotidiano acaba siendo un pequeño infierno, y nuestra vida ha de ser la conquista del paraíso.
Marguerite Yourcenar afirmó que el incesto es el último tabú a tratar por la literatura. ¿Está de acuerdo?
Absolutamente. El incesto atraviesa algunas novelas, pero no recuerdo ninguna en la cual ese sea el centro, como sucede en Los Confines. El incesto es un tabú, no un pecado, y por tanto no hay culpa. La prohibición del incesto está en el origen de la socialización del hombre. Fue el pacto entre clanes para sobrevivir; para dejar de combatirse dejaron de emparejarse con las mujeres del propio clan y pasaron a hacerlo con las de los otros clanes. Y está también en esa prohibición el origen del intercambio de mujeres por parte de los varones, pasando del estado de naturaleza al patriarcado, origen de las modernas desigualdades entre géneros y de la violencia machista. Pero he de insistir en que Los confines no es una novela del incesto ni sobre el incesto. No es más que una novela, por tanto, una ficción en la que se aborda un modo extremo de amor. Lo importante en ella es el amor, no el incesto.
Esa conquista del paraíso, a la que se refería antes, define las acciones de los protagonistas a los que usted presenta como huérfanos de ese paraíso, simbolizado por la muerte de sus padres y por una familia adoptiva donde nunca son aceptados del todo.
El tratamiento de esta idea es cervantino. Los protagonistas son criaturas limpias, decentes, valerosas. Ellos perdieron a sus padres y crecieron con otra familia, con un sentimiento de desarraigo y de orfandad. Pero tanto Max como Clau son personas puras, complejas pero sin dobleces ni maldad, que viven en un infierno social y persiguen vivir con naturalidad ese amor, como un estado de naturaleza, primigenio, y ser decentes con sus emociones en un mundo que no lo permite y de volver a ese estado que todos hemos perdido de una u otra forma, el del amor absoluto, radical, es de decir nacido de raíces muy hondas.
¿La pasión siempre destruye?
La pasión conlleva ambas posibilidades. Los protagonistas de la novela, una vez que han experimentado tal pasión amorosa, no tiene más remedio que seguir hacia delante a pesar del miedo a que su amor los destruya y a que no puedan exorcizar esa pasión que puede consumirlos. El lado positivo de esta elección es que la pasión te ayuda a tomar grandes y graves decisiones. Hay un soneto de Quevedo que lo define muy bien como “amor constante más allá de la muerte”. Y esa novela habla de ese amor constante más allá de la muerte. Y sin salir de nuestro mundo. Puesto que han de amarse en este mundo, el único que existe para ellos.
Esta emoción, junto a la imposibilidad de rebelarse contra el destino, es habitual en la novela del XIX.
Max y Clau, los protagonistas, son personajes clásicos, incluso mitológicos, que se exponen a vivir y morir por amor. Pero son actuales, los hechos que se narran sucedieron en 2004. Intentan no hacer daño a nadie y no hacérselo, superar la tremenda sacudida y los dilemas que provoca su amor, en sus vidas estables y en las de quienes le rodean. Esta no es una novela sobre el incesto, ni mucho menos una apología del incesto, he de insistir muchas veces. Eso sería un disparate. Es sólo una novela sobre la vida y sobre una forma de amor que nos incumbe a todos: la de la igualdad entre quienes se aman, la de la hermandad entre ellos.
Clau, la protagonista de esta historia, es la que lleva todo el peso, la que parece más consciente de la fuerza y del drama de su amor. ¿No la convierte esto en un personaje neorromántico?
Ella, al igual que Isabel y Cathy, las otras protagonistas, son concientes del tiempo en que viven. Ellas no quieren ser heroínas ni morir como la Anna Karenina de Tolstoi o la Fortunata de Galdós. Ellas y Max hacen lo posible por vivir, y ser felices. Ninguno quiere renunciar a la felicidad. No hay pecado en ello. Son inocentes. Son personajes que toman las riendas de sus vidas, de sus propias emociones y no esperan a que las cosas les ocurran. Imponen su carácter a su destino. Y, sí, hay un guiño cervantino: Clau narra en primera persona la historia de los demás, y habla de todos menos de ella. Habla de ella a través de los otros. En cambio, una heroína romántica lo contaría desde su exclusivo punto de vista.
En la novela están presentes el dolor, la angustia, la muerte. Tolstoi afirmó que con felicidad no se puede escribir. ¿Está de acuerdo?
Seguramente no se puede escribir sin escepticismo, pero no podríamos leer sin entusiasmo, que es la exaltación de la alegría y la felicidad juntas. Y quiero pensar que en esta novela los lectores encontrarán esa alegría, esa felicidad que hallamos en las historias verdaderas, y como decía Leopardi, incluso en las que podrían ser tristes, y esta no lo es en absoluto.
Antes se refería usted a Cervantes y a Quevedo. ¿Qué autor clásico le ha influido más y por qué?
Nunca hay uno, sino unos. Unos por unas cosas y otros por otra: la poesía de Homero, la hondura de Cervantes, la pureza de Keats, la melancolía de Leopardi, la alegría de Stendhal, la complejidad de Tolstoi, los milagros de Juan Ramón, la sencillez de Machado…
DISLOCADO AMOR
GUILLERMO BUSUTIL
Max es un ingeniero de éxito y un esposo y padre feliz que recibe en una ciudad colombiana, donde está terminando una ambiciosa obra, a unas amigas de su mujer que asistirán a la boda. Un extraño secuestro, el robo de unos zapatos, el distanciamiento geográfico con sus respectivas parejas, la sensualidad del paisaje y sus gentes, la afición fotográfica del ingeniero nupcial, provocarán que entre Max y Clau surja una repentina pasión de la que el hombre intentará escapar. Una huida que responde al hecho de que ambos amantes, envueltos en ese adulterio secreto e hipnótico, son hermanos. El vínculo al que sumarle la orfandad por la muerte de sus padres y un secreto de familia. Con estos elementos, Trapiello dibuja minuciosamente el mundo psicológico, emocional y ético, de los dos amantes que viven de diferente manera el inicio de la incestuosa y arrebatadora atracción, hasta que terminan aceptando sus emociones, sus fantasmas interiores, su orfandad y necesidades. Sin embargo las pasiones engendran a menudo otras pasiones que le son contrarias, que se alimentan de perjuicios y a veces se convierten en venganzas. De este modo, Trapiello deja de lado el asunto del incesto, que trata de manera elegante, para armar una historia sobre la fuerza del deseo, acerca del destino, de la capacidad de rebelarse contra él, sobre la fragilidad de la felicidad y las pequeñas traiciones de la supervivencia emocional. Ingredientes a los que el escritor les añade celos, corrupción policial, prostitución de menores, la importancia del afecto y del perdón, conformando una trama que administra el suspense y los quiebros narrativos para envolver al lector. Pero sobre todo, en esta novela psicológica, Trapiello consigue convencer al lector de que la pasión es la calidad femenina del amor.



