POESÍA Y ENSAYO

Shakespeare, Melville, Ricardo Moreno Castillo, Francisco Brines.

  

LECTURAS POESÍA

HILECTURAS POESÍAPÓTESIS DE LA FORMA Y TEORÍA DEL MISTERIO

EDUARDO CHAMORRO

Sonetos y lamento de una muerte
William Shakespeare
Galaxia Gutenberg / Círculo de lectores
Precio: 23€
Páginas: 400

Han pasado cuatrocientos años y aún se investigan los alrededores de Hamlet y Macbeth, por ejemplo, sus intimidades, fantasías y terrores, sus modos y maneras de ser y dejar de ser, las posibilidades, en fin, de que sigan siendo algo en el espíritu y la creación de una modernidad que los reconoce como propios sin salir de su sorpresa. A Shakespeare, sin embargo, no hay manera de considerarlo como propio. El Bardo sigue siendo un acreedor misterioso y elusivo que sabe concertar citas para acudir sólo a medias, y resolverlas con un nuevo consejo envuelto en el destello de una metáfora que se pierde en el aire de una canción, de un son o de una cancioncilla, que eso es lo que viene a ser un soneto. Y esta vez son de nuevo los sonetos o, mucho mejor dicho, en esta caso, la traducción de los sonetos llevada a cabo por Andrés Ehrenbaus para Galaxia Gutemberg / Círculo de Lectores (William Shakespeare Sonetos y Lamento de una amante), y resuelta con una buena fortuna que no alcanza a resolver misterio alguno, pero coloca unos cuantos en la forma más auténtica del soneto isabelino para un contenido cuyo alcance y eficacia radica, precisamente, en la arquitectura de ese soneto.

Ehrenbaus sabe perfectamente lo que se hace cuando en la investigación de la dinámica formal del soneto de Shakespeare, subraya el aspecto litúrgico, si no plenamente ritual, de un canto que, si bien abierto en su interpretación a la melancolía tanto como a la didáctica, es en el “hechizo de la confidencia indescifrable” donde articula la gama más inmediata y remota de sus significados. El lector de los sonetos puede entender que le están susurrando una desdicha o el mejor consejo para el sosiego de una vida al otro lado de los remordimientos. En cualquier caso, sabe que esos sonetos le hablan de amor. Lo que ignora es el punto de vista de quien así le canta, su intención, su búsqueda de consuelo o su necesidad de servir de guía y enmienda para un corazón descarriado.

Esa sensación de perplejidad ante el torbellino de la canción es el resultado de una ficción biográfica en la que forma y contenido, idea y expresión, palabra e imagen se trenzan en un episodio poético referido al poeta y no sólo al poeta; también al lector de su poema, que hace suyos los contenidos más reales del poema, junto con los que caliente la lectura.

Es muy oportuna, en ese y otros sentidos, la recuperación del Lamento de una amante en su edición junto a los Sonetos. Ilustra, por un lado, la capacidad narrativa de Shakespeare para el apunte sentimental en su sentido más campestre y agrario. Por otro, es un episodio en el que la Naturaleza se ofrece a los elementos para el amparo dramático de un dolor cuya escenografía y letra sorprenden por su aire cervantino. La doncella abandonada llora su amor traicionado al amparo de una peña cuyo hueco cobija y da resonancia al duelo. Shakespeare sabía que el amor desnudo se canta en frío y seco así como en húmedo y caliente. Cervantes también. En una traducción repleta de motivos para el festejo, este último es uno más.

 

EXPERIENCIA DEL FRACASO

MARTA SANZ

John Marr y otros marinos
Herman Melville
Zut Ediciones
Precio: 12 €
Páginas: 72

Las experiencias del fracaso, el desengaño y la decepción dan lugar a diferentes tipos de discurso. Aquí el de Melville no tiene el tono terminal del fracaso o el histérico del desengaño, sino más bien el de una decepción tras la que se sale adelante: se relaciona tal vez con la derrota literaria del autor Moby Dick –escribo derrota en su acepción marinera– que pasó del éxito a la desatención. Benítez Ariza comenta que no hay que “abundar en la idea de la poesía como el refugio de un escritor fracasado”. Estoy de acuerdo: Melville siempre fue un poeta del mar en verso o en prosa.

En John Marr... los lectores encontramos una muestra depurada de poesía de la experiencia en el sentido langbaumaniano: en la voz confluyen el aliento dramático, épico y lírico; la narratividad que caracteriza parte de la poesía anglosajona calcifica en un verso que, en no pocas ocasiones, ha sido el cauce de expresión de dramatis personae como los que hablan en estos monólogos. Melville vierte su vivencia del desclasamiento, el desarraigo, la dificultad para comunicarse, la memoria del esplendor y la experiencia elegíaca de que la felicidad siempre se produjo en otro tiempo y lugar. El multiperspectivismo que surge de la polifonía se conjuga con la inserción de narraciones –¿acotaciones?– que enmarcan los monólogos. El que abre el volumen cuenta la historia de John Marr, subrayando la importancia del pasado y del trabajo en la definición de las comunidades y de sus individuos: Melville no plantea una falsa oposición entre lo colectivo y lo individual, sino entre el entorno y un hombre que, proviniendo de otra tradición permanece en la tierra ajena donde murieron sus seres queridos. Desde esas praderas en las que el mar es un mundo paralelo de imágenes que re-nombran e idealizan la realidad de un árido interior –la goleta de la pradera– nace una voz que dialoga, a la manera de su amigo Nathaniel Hawthorne, con fantasmas, con camaradas de la marinería que lanzan sus voces como mensajes en una botella, representando el polo opuesto de la mentalidad y el modo de vida de los puritanos colonos entre los que Marr se siente tan incomprendido como entre sus lectores desatentos. “Aquí no entendemos de eso, amigo”, le espetan a Marr cuando da rienda suelta a sus relatos. La metáfora metaliteraria está servida: de igual modo que el narrador-narratario del discurso de Marlow en El corazón de las tinieblas es una metonimia del lector ideal –un lector atento que no asiente a cualquier cosa–, en este libro los lectores nos identificamos con los destinatarios de los monólogos, con esos individuos que sí están dispuestos a entender de eso.

Además de la voz de Marr está la del moribundo Tom Ojo de buey, las voces dentro de otras voces que loan a Jack Roy y la de Novio Dick, viejo marino, que evoca para su esposa “batallitas” a través de un ubi sunt que a veces es hilarante (“yo era alegre aunque tuviese ampollas”) y a veces expresa el sentimiento de pérdida respecto a un mundo épico, adornado por valores como la rectitud, la asunción del castigo y una camaradería que deviene en una nostalgia homoérotica (“Sólo un marino sabe lo que le gusta a otro marino”) de la que la mejor muestra es el apodo de Dick. “Bastan tus ojos para saciar la sed de Dick” le dice a su esposa; sin embargo, el progresivo enardecimiento del marino en el relato desdice sus palabras y dibuja a un Dick que, igual que el lector lee estos versos, mira con avidez no satisfecha su botella de ron vacía.

 

EL ROSTRO DE LA EXISTENCIA

JAVIER LOSTALÉ

Las brasas
Francisco Brines
Biblioteca Nueva
Precio: 12 €
Páginas: 224

La aplicación de un bisturí sobre el cuerpo de unos poemas cuando en ellos se abre el rostro de la existencia, y respira, requiere en el autor de tan delicada operación una inteligencia emocional capaz de ordenar e integrar los rasgos de ese rostro, y de hacerlo con la inocencia que debe habitar en todo buen lector de poesía. Ambas cosas se cumplen en la edición crítica realizada por el poeta y profesor Sergio Arlandis del libro Las brasas, de Francisco Brines, texto inaugural de su universo poético publicado en 1960, a sus veintiocho años, y ganador del premio Adonais. Fruto de una tesis doctoral sobre el Premio Nacional de las Letras, este volumen publicado en la colección Clásicos de Biblioteca Nueva es una guía interior de lectura, pues toca fondo, de Las brasas y, en general, de toda la obra de Brines, debido a que ésta constituye un organismo creciente e interrelacionado del que son inseparables cada una de sus partes. Por eso Sergio Arlandis dedica la primeras páginas de su estudio a fijar las características fundamentales de su poesía, marcada por la experiencia de la pérdida, la tensión entre el deseo de inmortalidad y la certeza del “último viaje”, el diálogo nunca fácil entre pasado y presente, la conjunción de la naturaleza exterior e interior fecundadas siempre por la memoria, la mística del cuerpo, y el amor.
Una poesía elegíaca que no excluye la celebración, aun desde la pérdida. Precisamente en lo que la vida le ha ido quitando se fundamenta Las brasas, libro escrito en plena juventud en el que, sin embargo, hay una visión final de la existencia a través de la encarnación del poeta en la figura de un anciano que regresa a su lugar de origen. Veinte poemas y un prólogo forman esta obra umbilicalmente unida al lugar donde transcurrió su infancia, Elca, espacio mítico que para él simboliza el mundo. La vivisección que de sus tres partes hace Sergio Arlandis, obliga al lector a compulsar constantemente versos y reflexiones mediante un acto sumamente enriquecedor. Así, en Poemas de la vida vieja sentirá la fusión de tiempos: “ pasado o plenitud, vivo sólo en la frágil memoria del hombre anciano; presente, tiempo del abandono y de la privación de todos aquellos momentos de intensidad vivificadora; y futuro, o muerte, asimilada con naturalidad, pues el presente es, de por sí, una muerte paulatina” Y comprobará cómo el amor aún dentro de él se enciende (…) “La casa, oscurecida, / se ha perdido en los árboles, y él oye / el dulce nacimiento del amor, / escucha su secreto. Ya de nuevo/ vive su corazón, y el hombre tiembla, / siente cargado el pecho, y apresura / un llanto fervoroso”. Después, siempre guiado por Arlandis, el lector emprenderá la aventura de ascender la montaña de la vida (la suya también) en El barranco de los pájaros, donde el transcurso del tiempo “va sustituyendo la compañía por la soledad, las creencias por el desengaño y, perdida la inocencia, todo se empobrece”.Al final un hombre fatigado (…) “ya no ve ,ni escucha nada / de fuera de su cuerpo. Con los astros / se cumple la honda noche, y allí queda / fiel a su soledad, frío en el suelo”. Por último, el lector puede apoyar su vista en los cuatro poemas de Otras mismas vidas y escuchar el sonido múltiple del amor: “maternal, familiar, erótico o traspasado por la soledad”. Un importante material gráfico y bibliográfico se incluye asimismo en este trabajo de Sergio Arlandis que, más allá de una edición crítica de Las brasas, es una radiografía con pulso del mundo poético de Francisco Brines.

 

LECTURAS ENSAYO

EDUCAR CON SENTIDO COMÚN

GUILLERMO BUSUTIL

De la buena y la mala educación
Ricardo Moreno Castillo
Los Libros del Lince
Precio: 14,90 €
Páginas: 172

Hace tiempo que en nuestro país la educación es materia de controversia. El último Informe Pisa puso de manifiesto las graves carencias de conocimientos de los alumnos y cualquier lector que se adentre en los foros de profesores encontrará un sinfín de opiniones en torno a la degradación del sistema educativo, al desconcierto de las numerosas propuestas de las administraciones de siglas (ESO; LOGSE…) y a la regionalización de los conocimientos que obvian que la cultura y la educación apuntan hacia la universalización. Esta serie de temas, entre otros muchos, que deberían promover la reflexión y el debate suelen ser solapados por el discurso de los intereses políticos y por la preocupante indolencia de la sociedad.

Afortunadamente aún existen profesores, considerados díscolos por el sistema, cuyo sentido común les motiva a abordar la auténtica realidad de lo que sucede en su ámbito desde que la democratización de la educación perdió el norte. Uno de ellos es Ricardo Moreno Castillo, catedrático de matemáticas que lleva un tiempo dedicado, sin pelos en la lengua, a despejar las incógnitas y a elevar los auténticos exponentes del valor de la educación. Así lo demuestra en este excelente ensayo, con un prólogo del escritor Eduardo Mendoza, en el que parte de la base de la educación como piedra angular de la convivencia y del progreso. Moreno Castillo señala, con claros ejemplos, los diversos problemas derivados del viejo ideal romántico que exalta al individuo frente a la comunidad, la falta de solidez intelectual de muchos de los que diseñaron la Logse, la postura de aquellos profesores vanguardistas que piensan que lo importante no es enseñar sino que los alumnos piensen por sí mismos, la tendencia a renegar de la pedagogía y a formar alumnos sumisos y acríticos, entre otros males que afectan a la educación. Para él es necesario que el sistema valore la necesidad de relacionar las materias para que los estudiantes conozcan el parentesco entre la filosofía, el arte, las matemáticas y la literatura, por ejemplo, y que se abandone la absurda medida de rebajar la calidad y la exigencia con el objetivo de que suspenda el menor número posible de alumnos. En este ensayo nada escapa a su lúcida revisión: ni la violencia en las aulas, ni la falta de hábito de trabajo ni el empecinamiento en no darse cuenta que siempre habrá alumnos más avanzados que otros y que por tanto hay que aceptar que siempre habrá buenos y malos estudiantes.

La solidez, claridad y contundencia de los argumentos de Moreno Castillo convierten este libro, muy recomendable para profesores y padres, en un brillante análisis del modelo educativo cuyo objetivo es poner de relieve la importancia de educar para la realidad y la recuperación de la autoridad para que la sociedad, que es un reflejo de la escuela que han tenido sus ciudadanos, sea más libre y mejor.