NARRATIVA

Chéjov, Defoe, Cercas, Chamisso, Brainard, Bonilla, Newman, Felipe Benítez Reyes, Ángela Becerra.

  

LECTURAS NARRATIVA

LA CASA DE LOS CUENTOS

PEDRO M. DOMENE

Cuentos
Antón Chéjov
Pre-Textos
Precio: 20 €
Páginas: 300

Antón Chejov es el único autor capaz de definir a un personaje en dos palabras, configurar con dos pinceladas una atmósfera, acercarnos al zaguán de una vida, mirar desde la acera de enfrente, para que, con él, inventemos todo un universo literario. Sophie Laffitte señaló que “el misterio artístico de sus relatos breves, sin principio ni final, sin intriga, a menudo con un simple bosquejo de argumento, no se presta a análisis”. Se distingue por su profunda entrega al trabajo, por darse cuenta que conocería a gentes que iban a ser la materia de su obra literaria. Chéjov halló las fuentes de su originalidad en los períodos de su juventud y primera madurez que coinciden con el triste momento del reaccionario Alejandro III y el decenio inicial del reinado de Nicolás II. Nacido en Taganrog, puerto de Crimea, en 1860, vivió sus primeros años entre cajones de té, salmuera, vodka, petróleo, objetos religiosos y otras mercancías de la tienda paterna, donde abriría los ojos al futuro de la realidad social de su país. Parte de sus vivencias las describió en uno de los cuentos que contiene la antología de Pre-Textos: “Vanka”, una patética visión sobre una infancia infeliz que se sucederá en el resto de su obra. En 1876 la familia se traslada a Moscú donde inicia la carrera de Medicina que nunca abandonó por la literatura. Sus estudios y su labor como médico ampliaron y profundizaron sus conocimientos sobre el ser humano: la vida cotidiana de hombres, mujeres, niños, recogida de tragedias anodinas, elevados en sus relatos a la prosaica realidad de una categoría superior del ser humano, la costumbre de vivir convertida en el tema central de su obra.
Pre-Textos titula Cuentos (2001) una selección de diez de sus relatos, con prólogo de José Muñoz Millanes y traducción del ruso de Víctor Gallego Ballestero, que como novedad incluye dos relatos inéditos hasta el momento en castellano, “El profesor de ruso” y “En casa de los amigos”, y recupera “El reino de las mujeres” y “La onomástica” que, prácticamente, no se habían vuelto a traducir desde hacía mucho tiempo. Muñoz Millanes señala en su prólogo que en los cuentos de Chéjov la tensión narrativa no se debe al desarrollo de una trama, sino a una suspensión de los acontecimientos: no al hecho de que algo pase, sino al de que algo cesa momentáneamente. Este tipo de cuentos surge “de un repentino extrañamiento, de un desplazarse que altera el régimen normal de la conciencia”. Con frecuencia los cuentos chejovianos arrancan del azar de un objeto, un gesto o incidente mínimo (una carta inesperada, una visita, una salida nocturna, un beso equivocado, un extravío) que, al irrumpir en medio de las frustraciones, la monotonía y el tedio, prometen esa otra vida más atractiva de la que sus protagonistas se sienten excluidos. En “La novia”, el último cuento escrito por Chéjov, se abre un horizonte nuevo para Nadia en su nueva vida en San Petersburgo, lejos de su pueblo. Aunque exista el pequeño sacrificio de Sasha, no tanto por la enfermedad y la muerte como por el hecho de quedar asociado, de una forma cruel, a las limitaciones de la vida que él mismo ha ayudado a superar. Comienzo de una nueva existencia y final previsto de otra porque, tras la desaparición de quien le ha abierto los ojos a la joven Nadia, comprende que ya jamás volverá a su antigua vida. Los personajes de Chéjov se caracterizan por un resignación pasiva, les sorprende cualquier cambio en la monotonía de sus existencias, para ellos, en ocasiones, la salvación proviene de la posibilidad de mejorar las vidas ajenas, como le ocurre a Vasíliev en el cuento “La crisis” o a Anna Akímovna en “El reino de las mujeres”.

 

DE VIAJES Y PIRATAS

JUAN GAITÁN

Las aventuras del Capitán Singletón
Daniel Defoe
Backlist
Precio: 19 €
Páginas: 350

No es fácil escribir obras que puedan atravesar los siglos con la facilidad que lo hace esta novela de Defoe, el celebérrimo autor de Robinson Crusoe, capaz de dejarte atrapado en su lectura durante horas sin que importe que esté escrita a principios del Siglo XVIII. Las aventuras del Capitán Singleton es una novela que posee ya un claro corte romántico a pesar de adelantarse unos ochenta años al comienzo “oficial” de ese movimiento. Durante todo el relato el autor se esfuerza para que la figura del pirata se nos haga simpática, haciéndonos ver que la degradación moral que supone asaltar, robar y asesinar tiene su fundamento en las terribles condiciones de vida que ha sufrido el personaje, secuestrado cuando apenas tenía un par de años de edad. La primera parte, que comienza con el rapto del niño Bob Singleton para ser vendido al mejor postor, acaba convirtiéndose en una pormenorizada descripción del modo de vida de semiesclavitud que debieron sufrir muchas personas en aquella época. La segunda parte aborda la vida de Singleton como pirata, dejándonos ver un íntimo sentido de la fidelidad a sus camaradas, de la justicia y de la nobleza natural la que le lleve al arrepentimiento de todas sus fechorías, Y todo esto lo cuenta Defoe con una prosa eléctrica, vivísima, mostrándose como un narrador en estado puro, lleno de recursos, capaz de sostener todo el tiempo el relato en primera persona, sin diálogos, sin concesiones, haciendo que el lector reconozca que está ante lo más noble de la literatura, una obra sin artificios, de simple pero efectiva estructura, encaminada sólo a hacernos imposible abandonar la lectura y que nos quedemos con el regusto de haber disfrutado como un niño con un clásico relato de piratas.

 

HISTORIA CONGELADA DE UN GOLPE

MANUEL CALDERÓN

Anatomía de un instante
Javier Cercas
Mondadori
Precio: 21,90 €
Páginas: 463

Como una letanía, como una salmodia, se repite una y otra vez la tesis, a lo largo de casi quinientas páginas, para recordarnos que el golpe de Estado del 23 de febrero no fue una demostración de valentía democrática de la sociedad española, que se mantuvo escondida en sus casas –partidos, sindicatos, asociaciones civiles, ciudadanos–, por prudencia, miedo o responsabilidad, como escondidos bajo sus escaños estuvieron los diputados secuestrados. El único héroe fue Adolfo Suárez, sostiene Javier Cercas, que no se tiró al suelo como ordenó a gritos el teniente coronel Tejero. El presidente del Gobierno, aquel ex falangista y “chisgarabís” –le llama el autor con insistencia– al que nadie quería ni creía por su escaso pedigrí político (no dejaba de ser un burócrata sin legitimidad académica), que soportó todos los complots y que, al final, humanamente roto, no puedo soportar tanta presión ejercida desde su propio partido, la suicida UCD, desde las filas socialistas o desde un ejército de matriz franquista.

Repite una y otra vez siguiendo un dictado circular y trágico como queriéndonos recordar que nadie fue héroe aquella tarde y aquella madrugada de febrero, ni siquiera el Rey, que al retirar su confianza a Suárez (o al aceptar su dimisión sin inmutarse: él, que fue quien le eligió para desmotar el régimen franquista) daba señales sin quererlo a los conspiradores palaciegos que ocultaban al monarca la necesidad del “golpe de timón”. Pero fue el Rey, a la postre, quien paró el golpe y fueron tres “traidores”, Suárez (al franquismo), Gutiérrez Mellado (al ejército franquista) y Carrillo (al comunismo estalinista), los únicos que permanecieron en sus asientos, los que dijeron con ese gesto heroico (heroico porque sabían que era inútil, estético y llevado a cabo por tres personas que creían ya estar muertas o que su final iba a suceder en breve), que la democracia se podía salvar. De ahí que Cercas reclame una “ética de la traición” inspirada en la “ética de la responsabilidad” que Weber reclama para la política: llegado un momento, la traición a los principios puede ser beneficioso para el conjunto de la sociedad.

En este ejercicio obsesivo por construir un relato, del que hasta sólo teníamos la historia de unos sucesos que, aún sabiendo su desenlace feliz (y qué mayor felicidad puede haber en un golpe de Estado que su fracaso...), hay una imagen que hipnotiza a Javier Cercas: la de Suárez sentado sólo en el hemiciclo. En esa imagen borrosa que está presente en todo el libro cree encontrar las razones que movieron al golpe y a su fracaso, una intentona cuya “placenta”, según su expresión, fue cultivada, por todos, quizá una exageración por exigencia de un guión basado en la terrible soledad de un político “puro” y en la fascinación que despierta en Cercas. Y es aquí donde salta una cuestión que, tal vez, tendría que haberse planeado en la primera línea: ¿Por qué Cercas escribe un libro sobre el 23 de febrero?

Cercas sitúa el tema de la memoria en el centro de Anatomía de un instante, pero le da un giro que ya anticipó en Soldados de Salamina cuando el narrador habló de que quería escribir una “historia verdadera”, un relato que partiera de un suceso real, que lo liberase de la servidumbre de la ficción: hacer verosímil lo improbable. Nada más verdadero, pues, que la propia vida de cada cual. Después de todo, para Cercas la figura de Suárez es como la de su padre: ambos comparten un pasado político similar y eran personas vestidas por ese uniforme gris detestado por las elites. Poco antes de la muerte de su padre, Cercas le preguntó por qué confiaba en Suárez. “Porque era como nosotros”, respondió. De nuevo, la realidad se apropia de la ficción.

 

EL HOMBRE QUE PERDIÓ SU SOMBRA

LUIS ALBERTO DE CUENCA

La maravillosa historia de Peter Schlemihl
Adelbert von Chamisso
Nórdica Libros
Precio: 18 €
Páginas: 176

He aquí una nueva, y ajustada, traducción española de una de mis novelas favoritas en términos absolutos, la que el escritor romántico alemán de origen francés Adelbert von Chamisso publicara en Nürnberg, en 1814, con el título Peter Schlemihls wundersame Geschichte y que, traducida a todas las lenguas, ha sido disfrutada sin interrupción desde entonces por una auténtica legión de entusiastas lectores, entre los que me cuento.

La primera vez que me topé con semejante joya fue hace cerca de cincuenta años, cuando cayó en mis manos infantiles un librito de la nunca bien ponderada colección Araluce titulado El hombre que vendió su sombra, “extraordinaria narración, original de Adalberto de Chamisso, adaptada a la juventud por Manuel Vallvé, con ilustraciones de E. Ochoa”, según consta en la portada del libro. En realidad, Peter Schlemihl no vendió su sombra, sino que se la cambió al tipo extraño con quien se encontró en los jardines de Thomas John por la bolsa de Fortunato, de la cual podía uno sacar monedas de oro sin descanso, ya que era mágica e inagotable. Al desprenderse Peter de su sombra, se convirtió en un apestado social, todo lo rico que ustedes quieran pero marginado a la postre, pues ningún ciudadano comme il faut que se precie de serlo anda por ahí desombrado.

La moraleja del relato es que el dinero no da la felicidad. La sociedad rehúye todo trato con Peter, y él ha de renunciar al amor de Mina (siempre me han parecido especialmente fascinantes tanto Fanny como Mina, las dos chicas de la novela), pues los padres de ésta se niegan a entregar la mano de la joven a un hombre sin sombra. El Maligno ofrece a Schlemihl devolverle la sombra a cambio esta vez de su alma. Pero Peter se niega a semejante trueque. Luego, se desprende de la inextinguible bolsa de Fortunato y recorre el mundo valiéndose de las también mágicas botas de siete leguas, que un joven le ha vendi­do. Agotado, es recogido en el hospital que su fiel sirviente Bendel ha fundado con el dinero que le dejó su amo antes de partir. Allí encuen­tra a su amada Mina, viuda del infame Rascal, empleada ahora en tareas de expiación. No se da a conocer y sigue su camino, atenuando la inmensa tristeza de sus desventuras con su de­dicación al estudio de la naturaleza, especial­mente de la flora y fauna terrestres. (Vale la pena recordar que Von Chamisso se interesó siempre muchísimo en cuestiones de historia natural, llegando a ser nombrado conservador del Jardín Botánico de Berlín.)

El autor plantea en esta deslumbrante nouvelle el tema del pacto con el Diablo, haciendo de Schlemihl un eslabón en la cadena fáustica, pero mezclando el tema con el del hombre sin sombra, que figura desde antiguo en la tradición occidental. El folklorista y etnólogo vasco Resurrección María de Azkue nos habla, por ejemplo, de un tal Juan de Atarrabio, que ha estudiado en el infierno con el Diablo y ha de pagar con su sombra la matrícula de los cursos impartidos por Lucifer. Y Gonzalo de Berceo, en los Milagros de Nuestra Señora, nos dice acerca de Teófilo, su Fausto avant la lettre: “Pero perdió la sombra, siempre fo desombrado.” No es, pues, ni mucho menos la primera vez que se aborda el tema del hombre que perdió su sombra, pero es, sin duda, Chamisso quien eleva el motivo argumental a los altares de la gran literatura en La maravillosa historia de Peter Schlemihl, nuevamente traducida al castellano por Hernán y Ulrike Valdés, con el delicioso aditamento de unas desenfadadas y expresivas ilustraciones ad hoc, firmadas por el dibujante argentino Agustín Comotto, que no tienen desperdicio.

 

TODOS NOS ACORDAMOS

RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN

Me acuerdo
Joe Brainard
Sexto Piso
Precio: 16 €
Páginas: 148

En una de las más hermosas secuencias de Solaris, la nunca superada adaptación cinematográfica que Andrei Tarkovski realizó del texto de Stanislaw Lem, Snaut le relata a Kelvin, recién llegado a su destino en la estación espacial, una anécdota que ilustra el carácter de Gibarian, que se ha suicidado abrumado por la desdicha. Para vencer la nostalgia que le causaba el recuerdo del sonido del viento en la Tierra, Gibarian, cuenta Snaut, cortaba tiras de papel que colocaba en un pequeño ventilador. Snaut, hombre cínico pero no por ello inmune a la belleza, sentencia a continuación algo ante lo que Kelvin no puede más que asentir: “Sencillo, como todo lo genial”.

Cuando Georges Perec publicó Je me souviens en 1978, no faltaron voces que afirmaran que el talento desopilante del autor de La vida instrucciones de uso había alcanzado una de sus cumbres. Las 480 anotaciones que Perec anotó en la contabilidad de su memoria hace ya más de treinta años no suponen en mi opinión el acmé de su talento, y ni siquiera el de su originalidad, sino a lo sumo un trabajo juguetón muy al estilo OuLiPo, no tan brillante por cierto como los 99 ejercicios de estilo de Raymond Queneau, y en cualquier caso en deuda con dos obras previas de Joe Brainard, I remember, publicada en 1970, y More I remember, publicada en 1972, doble exhumación de su memoria que en 1975 el polifacético artista recogió en un único volumen, que es el que ahora Sexto Piso edita entre nosotros.

Sospecho que las virtudes y fortuna del mantra de Brai-nard no obedecen a razones literarias, sino que su éxito radica en otro aspecto, aspecto que hace pensar en la frase de Snaut a Kelvin ante el gesto de Gibarian: “Sencillo, como todo lo genial”. La excepcionalidad de Brainard no es de raíz literaria, sino psicológica, pues este intimísimo libro posee la rara virtud de la empatía. En efecto, es muy difícil, por no decir imposible, no empatizar con la escritura de Brainard y con su voz conmemorativa, pues independientemente de que el mundo de referencias del que habla no sea el del lector, todo lector de cierta edad ha escrito o proyectado escribir alguna vez un libro titulado Me acuerdo. Quizá el logro mayúsculo de Brainard radique ahí, en haber facturado un libro tan obvio que parece imposible que a nadie se le hubiera ocurrido antes. Desde ese punto de vista, no estamos ante una obra maestra literaria, como parece ser que Paul Auster calificó alguna vez este libro, sino ante una obra maestra del sentido común, pues Brainard, al modo de los niños cuando constatan sobre el papel sus primeros deseos o cuando redactan por exigencia escolar sus primeras experiencias, se limita a recoger, con un tono a mitad de camino entre el registro naïve y la asociación ineludible, el imaginario en el que se fue formando la mentalidad de un muchacho sensible, soñador y homosexual en la Norteamérica de los años 40 y 50.

Un libro, pues, interesante por lo que tiene de universal, a cuya edición cabe hacer un severo reproche. Pase que la traductora nos explique el significado de términos como pig latin o indian summer, pero resulta inexplicable que los editores no hayan anotado la edición, en especial por lo que se refiere a muchos de los nombres que Brainard recoge en su trabajo. Y es que es posible que todos sepamos quiénes fueron Betty Grable o Rock Hudson, pero muy pocos saben quiénes fueron Howdy Doody o Rosemary Clooney. Editar no consiste sólo en publicar libros interesantes, sino en hacerlos inteligibles.

 

ALGO MÁS QUE RELATOS

IGNACIO F.GARMENDIA

Tanta gente sola
Joe Brainard
Seix Barral
Precio: 17 €
Páginas: 224

Suele decirse que la narrativa de Juan Bonilla luce sus mejores galas en la distancia corta, y aunque esto supone cierto injusto menosprecio hacia sus novelas, es verdad que los relatos del autor jerezano, desde aquella deslumbrante y ya lejana recopilación inaugural, son de lo mejor que ha dado el género en las últimas dos décadas. Porque los autores de relatos se quejan con razón del desdén editorial por una forma de narrativa minoritoria que exige, dicen, un mayor esfuerzo del lector, pero a la hora de practicarla no todos se aplican el mismo nivel de exigencia. Un buen relato, como sabemos, es mucho más que brevedad y buena prosa.

Hay buenos relatos recogidos en libro y buenos libros de relatos. Esta nueva entrega de Juan Bonilla no es una mera suma de trabajos dispersos. El autor ha concebido el volumen como una serie de variaciones en torno al tema anunciado en el título, la soledad, con el telón de fondo de las relaciones –de siempre presentes en su obra– entre vida y literatura. Son relatos independientes, pero en ellos aparecen referencias cruzadas que establecen vínculos entre unos y otros, pistas sueltas que revelan su sentido después de la lectura de la última de las piezas. Podría invocarse la imagen tópica del mecanismo de relojería. Baste decir que Bonilla, sin perder el ingenio verbal –tal vez más pulido, menos epatante– que ha distinguido su escritura desde los comienzos, ha alcanzado un grado tal de sabiduría narrativa que puede permitirse construir los más delicados artefactos, como el experto contador de historias que maneja a placer los resortes del oficio.

Los personajes que deambulan por estas páginas comparten un cierto grado de frustración, asociado a cualquiera de las formas que puede adoptar el fracaso: un poeta en horas bajas contratado para amenizar la despedida de soltera de una admiradora, un hombre vulgar que arrasa en un concurso para desesperación de sus antiguos conocidos, un chaval dispuesto a todo por acabar su álbum de cromos, un enfermo que cree ver por todas partes el rostro de la mujer que lo ha abandonado, un muchacho obsesionado con batir récords para ser alguien en la vida, un lector de Borges que se propone llevar a la realidad una de las fabulaciones del maestro, una joven aspirante a suicida que deberá afrontar sucesivas pruebas antes de arrojarse al vacío, un novio que sucumbe al demonio de los celos retrospectivos, un lector de Perec que colecciona ejemplares de Je me souviens para apropiarse de los recuerdos ajenos. Esto es, para aumentar su biografía con las vidas de otros.

No es la primera vez que aparecen en la narrativa de Bonilla los concursos televisivos, los adolescentes torturados, los desencuentros de pareja o las ficciones de trasfondo literario. Lo curioso es que el relato que da sentido al conjunto, “El lector de Perec”, existía en parte –una primera versión, bastante más breve, apareció publicada en la antología colectiva La compañía de los solitarios– antes de ser reelaborado como el sorprendente broche de esta serie. De la conocida devoción de Bonilla por la obra del francés ha nacido, así pues, un libro de relatos que juega a parecer novela y es también, hasta cierto punto, un ensayo –práctico– de teoría literaria. “La literatura que se utiliza para llegar a un más allá, a una meta real, la que se propone afectar la realidad de alguien”, tal es la heterodoxa e irónica definición del manoseado término metaliteratura que podemos leer en el relato homónimo, uno de los mejores de la colección. Otra forma de decir que la Naturaleza, si uno se lo propone, puede llegar a imitar al Arte.

 

LA PICARESCA DE LA SUPERVIVENCIA

SALVADOR GUTIÉRREZ SOLÍS

El falsificador de pasaportes
Cioma Schönhaus
Círculos de lectores
Precio: 18 €
Páginas: 300

El holocausto judío es uno de los grandes –y más trágicos– argumentarios que nos ha dejado el dislocado siglo XX. Aún hoy, decenas de libros y películas se sumergen en las tenebrosas aguas del exterminio judío a manos de las hordas nazis. Y así podemos encontrar novelas o películas de marcado carácter dramático, en clave negra, bélicas, –supuestamente– históricas o tragicómicas, incluso. Recientes acontecimientos literarios mundiales nos han vuelto a demostrar que este terrible pasaje sigue manteniendo su pujanza literaria.

Cualquiera de nosotros guardamos en nuestra memoria decenas de imágenes sobre este degradante capítulo de la Historia de la Humanidad. Nos hemos asomado al horror, desde la distancia, desde la seguridad de este presente que nos señala, o así lo creemos, que el pasado no volverá. Sin embargo, aún son muchos los testimonios vivos de los que tuvieron que padecer la marginación y el exterminio. Testimonios que constituyen una alerta para el futuro y la indicación de un camino que no debemos volver a recorrer.

Cioma Schönhaus (Berlín, 1922) no ha necesitado documentarse o buscar testimonios del ayer para escribir El falsificador de pasaportes. La novela, que no deja de ser su vida, la ha guardado durante varias décadas en su memoria. Integrante de una familia judía de origen ruso establecida en Berlín, Schönhaus nos muestra su adolescencia y juventud, sus primeros estudios, la relación que mantiene con sus padres, sus pintorescos escarceos con las mujeres, mientras toda la sociedad que conocía se desmorona como el castillo de arena que las olas esconden en la orilla. Y se desmorona ante la incomprensión del protagonista, incapaz de asimilar, desde su inocencia, lo que sucede a su alrededor.

Cioma Schönhaus, en esta biografía novelada, nos cuenta aventuras y pasajes extraordinarios, la obsesión de un joven por encontrar la libertad y por cumplir sus sueños. Entre la oscuridad, entre la locura, El falsificador de pasaportes nos descubre las hebras de luz que lograron escapar de la noche más larga y cruel. Visual, ágil, íntima –por personalísima– y directa, Schönhaus logra emocionar al lector sin necesidad de narrar esas situaciones terribles que todos poseemos en nuestro imaginario particular. Y así podemos encontrarnos con el joven Cioma que recorre los museos soñados gracias a su imaginación, deteniéndose ante aquellas obras que siempre ha deseado contemplar con sus propios ojos, en un esfuerzo por obviar su terrible realidad.
Cioma Schönhaus despliega una auténtica lección de pedagogía literaria en las anotaciones y apuntes finales, donde el lector puede encontrar una información más detallada de los personajes y sucesos que desfilan a lo largo de la novela. De igual modo, Schönhaus nos explica lo que es “ser judío” con honestidad y transparencia, sin vanidad, con una sana y sinceridad naturalidad.

El falsificador de pasaportes me ha trasladado, irremediablemente, al genial Maus de Art Spiegelman. En las dos obras he podido encontrar ese humor descarnado, esa amabilidad en la narración, esa mirada inocente y casi compasiva del que realmente ha sentido el dolor en carne propia. Humor que con frecuencia se reconvierte en ironía al describirnos, por ejemplo, como el joven Cioma, el judío perseguido y casi sentenciado, cena en los más elegantes restaurantes de Berlín, acompañado por la aristocracia militar alemana.

Schönhaus consigue contagiarnos en la recta final de su narración de todas las esperanzas y anhelos que cobija en su interior, llegando a sentir nosotros mismos que Suiza es ese destino soñado, esa tierra prometida y salvadora que el joven persigue. El falsificador de pasaportes es una obra nacida de la memoria y de las más profundas emociones, un canto por la vida y la libertad, de alguien que perdió casi todo.

 

LA MÁQUINA HUMANA

FÉLIX ROMEO

El rival de Prometeo
Varios autores
Impedimenta
Precio: 23 € 
Páginas: 400

Somos humanos porque fabricamos máquinas, y fabricamos máquinas que hacen cosas que podemos hacer (para que lo hagan más rápida y más fácilmente) y máquinas que hacen cosas que no podemos hacer. Por eso no resulta difícil creer que en algún momento las máquinas podrán tener suficientemente autonomía para generar otras máquinas... Y, en consecuencia, transformarán, de una manera que yo al menos no puedo imaginar, al ser humano. De eso trata el último texto de El rival de Prometeo, “La singularidad”, de Vernor Vinge, tan literario como científico, y, sin duda, además metafísico, escrito en 1993, y que deja el libro en el debate sobre el futuro, inminente según él, de las máquinas superinteligentes: “aunque la mente y la individualidad serán inmensamente más moldeables que en el pasado, buena parte de lo que ahora valoramos (conocimiento, memoria, pensamiento) no necesariamente se perderá”.

El rival de Prometeo es una antología, que incluye tanto textos literarios como científicos, sobre la obsesión del ser humano por fabricar máquinas parecidas al hombre (o robots, término que inventó Karel Capek para una de sus obras de teatro, recogida parcialmente en el libro, o replicantes, como los de Philip K. Dick)) y desarrollar una “inteligencia artificial”.

Organizado en cuatro apartados, el texto más antiguo es de Descartes, aunque es evidente que el verdadero impulso intelectual sobre las máquinas comenzó un poco más tarde, y recibió el aliento entusiasmado de dos movimientos contrarios: la Ilustración y el Romanticismo. En el primero, trazó el camino para la plasmación real. En el segundo, desarrolló el lado oscuro.

Julien de la Mettrie explica, en nombre de la razón, que “el hombre es una máquina y que en todo el universo no hay sino una sola sustancia modificada de diferentes modos”.

Sobre el famoso autómata jugador de ajedrez, Edgar Allan Poe, en un texto de investigación periodística, demuestra que su afición detectivesca iba más allá de sus relatos: paso a paso desmonta, con rigor y con contundencia, la posibilidad de que el ajedrecista sea una máquina con una inteligencia propia.
Walter Benjamin, en el texto más breve de la antología, “Tesis sobre la filosofía de la historia”, inventa, siguiendo al autómata ajedrecista, un modo filosófico, evidentemente irónico: “Puede imaginarse un equivalente de ese aparato en filosofía. Siempre debe ganar el muñeco llamado “materialismo histórico”, pudiendo enfrentarse sin más con cualquiera si toma a la teología a su servicio, la cual, hoy día, es pequeña y fea, y no debe dejarse ver en absoluto”.

A “El hombre de la arena” se le añade un apéndice muy interesante, “Lo siniestro”, el ensayo que escribió Freud analizando el famoso relato de E.T.A Hofmann, donde explica que para entender la historia de Coppelius y de Coppola, los dos personajes malignos, “habremos de someternos al poeta, aceptando como realidad ese mundo de su imaginación, todo el tiempo que nos abandonemos a su historia”.

Tendremos que mantener esa suspensión de las leyes físicas leyendo algunos otros textos de El rival de Prometeo, como Metrópolis, la novela que sobre el guión de la película escribió Thea von Haroby, o como La Eva futura, de Villiers de l’Isle-Adam.

Según la mitología, Prometeo nos dio el fuego. Al poder cocinar los alimentos dejamos de tener que emplear una gran cantidad de energía en la masticación y en la digestión, y pasamos a emplearla imaginando e intentando lograr realizar lo que imaginamos.

 

DE VIAJE HACIA EL DESTINO

SANTOS SANZ VILLANUEVA

El viajero del siglo
Andrés Neuman
Alfaguara
Precio: 22 € 
Páginas: 544

Si tuviera solo media docena de palabras para resumir El viajero del siglo diría: es una romántica historia de amor. Y no falsearía la novela porque Andrés Neuman la articula en torno a la arrasadora relación sentimental entre Sophie, chica de fuerte temperamento comprometida en ventajoso matrimonio, y Hans, joven trotamundos y traductor. Ocurre a lo largo de un año en Wandernburgo y en los tiempos de la restauración conservadora siguientes a Napoleón.

Sintetizado así el cogollo argumental, sucede como con las grandes novelas (Guerra y Paz, La Regenta, Don Quijote o La montaña mágica, y no cito estas por casualidad), que sólo se da una pálida idea de su intención. La complejidad del libro se vislumbra ya en la información inicial acerca del lugar de los sucesos: una “ciudad móvil” cuya ubicación exacta, entre los estados de Sajonia y Prusia, no se ha determinado pese al testimonio de cronistas y viajeros. Tal noticia induce a pensar en un relato fantástico y, sin embargo, enseguida nos sumimos en una demorada estampa urbana, de preciso perfil histórico, político y social. Ambas tensiones, lo imaginario y lo novelesco documental, conviven y disparan la novela hacia otros ámbitos.

Alrededor de Hans y Sophie se mueven amplio número de personajes (familiares, amigos, sirvientes, un organillero, algún trabajador, representantes del poder o la Iglesia...) para dar vida a un retrato de época que pivota sobre la idea de la confrontación entre libertad y autoritarismo, independencia y convencionalismo, progreso y reacción; entre, en suma, ayer opresivo y mañana ilusionante. Sophie reúne en su casa una tertulia donde se debate de todo. La literatura o la música se llevan muchas horas (o páginas). Juntando esos comentarios a las disquisiciones poéticas de los amantes la novela toma una deriva muy culturalista. La relación de Hans con el mendigo abre otros frentes: la sabiduría tranquila, el ideal luisiano de vida apartada y sencilla, la justicia social. Y la amistad del mozo con un exilado liberal español, Urquijo, añade la dimensión política. Más otras cuestiones menudas que salen al paso de unos y otros.

El viajero del siglo tiene, pues, voluntad totalizadora de la vida y es obra de ambición enciclopédica. La destreza y el trabajo de Neuman están en consonancia con el reto. La narración revela un inusual conjunto de virtudes: seguridad en la disposición de la trama, alimentada cada poco con nuevos alicientes; penetración en los caracteres de los personajes; estructura minuciosamente planeada; innato arte de contar, sometido a criterios funcionales, con el aliciente de leve intriga; exigencia verbal con variados registros y con técnicas en la manipulación del diálogo y de la narración novedosas pero sin extravagancias; elementos poéticos (imágenes, greguerías...) en la justa medida en que dan plasticidad a magníficas descripciones sin caer en el falso lirismo; contrapeso de lo serio y dramático con fina ironía... Estas cualidades naturales de un gran y poderoso narrador se soportan sobre el trabajo esmerado y solvente en todo y que admira de manera particular en la extraordinaria documentación casi erudita de época.

Y no acaban aquí los méritos porque todavía falta señalar un dato capital: Neuman construye un relato de pensamiento donde “traduce” la existencia por medio de una alegoría. La vida es un viaje marcado por la incertidumbre de fijar un destino. Excelente esta presunta novela histórica, de lo mejor que he leído en mucho tiempo, aunque con un pero: tendría un ritmo más vivo si Neuman, que algo se recrea en la suerte, hubiera podado momentos pegadizos, dicho al modo cervantino.

 

EL MAGO TRASTOCADOR

JAVIER GOÑI

Reyes, oficios estelares
Felipe Beníez Reyes
Destino
Precio: 20,50 € 
Páginas: 360

Suelen los poetas, y Felipe Benítez Reyes lo es, ir agrupando sus libros de poemas en tomos que van creciendo según avanzan en oficio, en capricho o exigencia y, en ocasiones, van dejando por el camino, se les pierden por las cunetas poemas, más o menos circunstanciales, o prescindibles. Los poetas cuando ejercen resultan implacables. FBR es poeta y narrador, además de ensayista y muñidor de libros misceláneos que los hace muy bien. Hasta ahora era autor de dos colecciones de cuentos, Un mundo peligroso (Pre-Textos, 1994) y Maneras de perder (Tusquets, 1997). Pues bien, este volumen que nos ocupa, Oficio estelares reúne, a la manera del poeta que lo es siempre FBR, los dos volúmenes citados, con alguna ligera pérdida caminera –que señala sucintamente en la nota final–, suplida con alguna ligera incorporación –un par de relatos que, en su momento, no se encaramaron a la trasera o delantera de ambos volúmenes; es decir, los consiguientes índices–, junto a una tercera parte, que podría ser un tercer tomo de relatos, inéditos éstos, y todo ello, así contado a la carrera, nos da la ocasión, a los lectores de FBR y a los que –sin duda– se van a agregar con este Oficios estelares, de disfrutar con sus cuentos. Unos relatos que son como nubes de caprichosas formas que se alejan –nunca del todo– de la realidad y les llevan –a sus personajes, y con ellos a sus lectores– a mundos de ensoñación, donde la imaginación, el elemento sorprendente, excéntrico, es el material volátil que los convierte –esos relatos, esas historias– en globos de colores sueltos que se pierden en la lejanía. Uno, como lector veterano de aquellos dos citados volúmenes ahora enriquecidos y completados con el puñado de inéditos, recordaba el gusto del autor por amasar quimeras, por buscar en el mundo de la magia, de la ilusión circense –ese tópico tan arraigado–, de la inestabilidad –metafórica y real– del trapecista, amarres para sus historias, casi todas ellas presentadas con el inteligente recurso del humor. No es raro, ya digo, que en muchos de estos relatos aparezca un artista circense, un faquir de fama escasa, una chistera de ilusionista, un trapecista, una sesión de títeres, magos varios…, y que continúe el espectáculo, tramposo como un número de magia, real como la vida misma. En uno de estos relatos, por ahí lo debo tener anotado, dice FBR que el escritor es un espía de realidades, y un mirón, añado, o un voyeur, dicho sea de forma menos castiza, porque la realidad, las vidas de unos, y las propias, están llenas de extravagancias, de miserias, de alegrías cortas, de escasos momentos de euforia, y todas están conservadas en esta estupenda recopilación de los relatos de FBR en humor, ese líquido más o menos tóxico –depende como todo, desde el amor al alcohol de la ausencia, de la dosis y, si insisten, de la calidad del mismo: amor, alcohol, se entiende– que maneja con generosidad FBR en estos casi sesenta relatos, que por ahora agavilla toda su producción cuentística, de distintos tamaños (hay algunos microrrelatos) y de desiguales valores, aunque en este caso no merezca destacar uno u otro (yo por razones personales, y me he vuelto a reír mucho, destacaría “Círculo restringido”, un relato de encargo, cuya primera frase le pertenece a quien firma esta nota y no al escritor que protagoniza la desternillante historia literaria y, ni mucho menos, a FBR, que hila más fino; pero esto no hace al caso ahora). Al contrario Oficios estelares es un excelente libro de relatos, que hay que leer todo seguido, y haciéndose de nuevas.

 

UN COMUNISTA NUNCA RÍE

ANTONIO OREJUDO

Envidia
Yuri Olesha
Acantilado
Precio: 17 € 
Páginas: 200

El escritor, periodista y dramaturgo ucraniano Yuri Olesha (1899-1960) es un desconocido para el lector medio español. Tras estudiar dos años de Derecho en la universidad de Odessa, Olesha sirvió durante un año en el Ejército Rojo, para mudarse en 1922 a Moscú, donde comenzó a publicar afilados artículos críticos y humorísticos. Olesha es autor de las novelas Envidia (1927) y Los tres gordinflones (1928), publicada en España por Siruela, y de la comedia La lista de las recompensas (1931). En 1934, tras defender en el Primer Congreso de Escritores Soviéticos presidido por Máximo Gorky la necesidad de una literatura independiente, su nombre desapareció de la historia de la literatura soviética, y no fue rehabilitado hasta 1956, tres años después de la muerte de Stalin, cuando se publicó una recopilación de sus relatos.

Envidia apareció diez años después del triunfo de la revolución soviética, en 1927, y aunque desconcertó bastante, no fue prohibida. Fue, eso sí, acusada de reaccionaria y de antihumanista. La novela no tiene nada de reaccionaria, por supuesto; pero yo sí diría que es algo antihumanista o, por traerlo a nuestro terreno, diría que es una novela deshumanizada. Deshumanizada en el mismo sentido en que lo fueron las vanguardias literarias europeas de principios del siglo XX: piezas literarias sin esos personajes casi reales del siglo XIX, sin vida común y corriente, novelas que no descansan sobre sólidos argumentos, sino sobre ideas o sobre la textura del lenguaje. Algo muy parecido a los que está sucediendo hoy con algunos jóvenes escritores de principios del siglo XXI.

Envidia está protagonizada por Andréi Bábichev, un trabajador modélico que dirige una fábrica de alimentos y que sueña con abastecer de salchichas al proletariado en una especie de comedor comunitario. La otra cara de la moneda es su hermano Ivan, excéntrico y borrachín, que representa todo lo que la revolución se lleva por delante: el antiguo régimen y con él los sentimientos, la vertiente humana de la sociedad. El tercer protagonista es Nikolái Kavalérov, otro ser marginal. La novela comienza cuando este es expulsado de una taberna y recogido por Andréi Bábichev. El heroico trabajador soviético lo aloja en su casa, pero Kavalérov sólo es capaz de sentir por él odio y sobre todo envidia. La envidia del viejo mundo antes de ser engullido por los nuevos tiempos.

Envidia es una crítica a la mecanización de la vida humana, a la destrucción que de los valores humanistas –representados por Kavalérov e Ivan– llevó a cabo según Olesha la revolución soviética encarnada en el perfecto y respetado Andréi Bábichev. Y aquí la novela recuerda vagamente a La taberna errante, de Chesterton, cuyos borrachines combaten la misma imbecilidad perversa, pero en el lado del capitalismo.

El libro está en los antípodas del realismo socialista. Y no sólo en la ideología, sino también y sobre todo en su estilo desmembrado y fragmentario. Envidia está escrita con una prosa veloz, pero muy cuidada, que recuerda a nuestra fría y distante narrativa de vanguardia. Ni la verosimilitud de los episodios ni la naturalidad de los diálogos le quitan el sueño a Olesha, más preocupado por burlar con recursos de novela bufonesca la vigilancia ideológica.

Es sorprendente que una crítica tan ácida fuese tolerada por el régimen de la Unión Soviética. Ello sólo se explica de un modo: los celosos censores soviéticos no entendieron el libro, y lo leyeron como un canto al nuevo hombre soviético, cuando en realidad era una burla inmisericorde.

 

UN PÁLPITO DE VIDA

JUAN CARLOS PALMA

La piedra de la paciencia
Atiq Rahimi
Premio Goncourt 2008
Siruela
Precio: 15 €
Páginas: 120

Con origen en la mitología persa, la sangue sabur es una piedra sagrada en la que se descargan todos los sufrimientos, miserias y desgracias, un contenedor de secretos y penuria que escucha con paciencia al confesor y que finalmente acaba estallando liberando a éste. Esta especie de leyenda es la que nutre el punto de partida de la última ganadora del prestigioso Premio Goncourt, sólo que en este caso y de forma sosprendentemente original, la piedra adopta una forma humana (aunque casi vegetal), la de un herido de guerra con una bala en la cabeza, soldado y marido de la narradora, que se mantiene con vida como por milagro, quizá sólo, como se dice en varios momentos de la novela, para hacer posible la confesión, que de otra manera nunca se produciría.

Según ha relatado Rahimi (Kabul, 1962), autor de dos novelas previas, Tierra y cenizas –llevada al cine por él mismo– y Laberinto de sueño y angustia, el origen de La piedra de la paciencia se remonta a la noticia que escuchó mientras asistía al festival de cine de Corea de 2005, donde un coloquio literario fue suspendido porque una poetisa afgana que tenía que intervenir había sido asesinada por su marido. Rahimi viajó hasta el hospital donde el criminal sobrevivía tras haberse intentado quemar con gasolina. Ante la cama del paciente, pensó: “Si yo fuera mujer, me quedaría aquí a su lado, esperando verlo reventar”.

Eso es lo que hace la narradora, aunque al principio de la novela no sea consciente de ello y vaya abandonando las oraciones para quejarse en voz alta del trato recibido a lo largo de los años por un marido casi permanentemente ausente, con el que fue obligada a casarse en una ceremonia que desvela el sinsentido de gran parte de la cultura tradicional islámica: no sólo no hubo noche de bodas sino que el novio, desplazado a la guerra, fue reemplazado por una foto suya ante la premura de celebrar los esponsales.

La mujer, que sólo sale de la habitación para ir a dormir con sus dos hijas a casa de su tía –quizá el único personaje que comprende su angustia y que es retratado con cariño–, confiesa su “infidelidad” para esa procreación que tanto quería su familia política, el desprecio que siente hacia el enfermo, la ambigua relación con su padre o las miradas libidinosas que suscita en sus cuñados en un tono que se va haciendo más agrio a medida que avanza la acción dramática –pues casi transcurre íntegramente entre las cuatro paredes de la habitación–, desnudándose para el lector con la morosidad que requieren unos sentimientos tan intensos como complejos.

Utilizando una simbología (los pájaros, el movimiento de las cortinas, el gotero…) y una descripción de ambiente tan sencilla como efectiva, Rahimi consigue meternos dentro de esa habitación obligándonos a ser testigos de todo lo que allí acontece: desde la violación consentida de la protagonista a la curiosidad silenciosa de las niñas, de una represión sexual que sale a flote a la realidad palpable de una sociedad en guerra permanente mediante el sonido de los disparos o los gritos de una vecina anciana que lo ha perdido casi todo.

La piedra de la paciencia es un testimonio crudo y descarnado de la situación actual no ya en Afganistán, pues como se encarga de explicar el autor, la novela podría transcurrir perfectamente en cualquier otro lugar. Cuestiones trascendentales de la realidad más viva como el fanatismo, los derechos de la mujer o la guerra planteada como necesidad espiritual son abordadas aquí sin recurrir a grandes aspavientos literarios ni a grandes escenas de acción.

 

FUMATA BLANCA

MARIANELA NIETO

La casa de los siete pecados
Mari Pau Domínguez
Grijalvo
Precio: 22 €
Páginas: 440

Fumata blanca. Fumata negra. Nubes de humo que se hacen lágrimas cuando lloran las chimeneas de La casa de los siete pecados, con una deliciosa metáfora en la que Mari Pau Domínguez descarna la tragedia de la muerte de Elena Zapata, la amante de Felipe II. El humo se hace mensajero de la lujuria y del infortunio en el retrato de un inmueble histórico, cofre de secretos fantasmagóricos y actual sede del Ministerio de Cultura. Con un relato imbuido en las sombras, la autora de El diamante de la reina nos muestra con pulso certero el lado tenebroso de una España brillante, las entrañas de la monarquía del Siglo de Oro, retorcidas por las conspiraciones de la corte y el vaivén emocional del rey y su cuarta esposa, su Anna de Austria, adherido a una férrea religiosidad que no descarta el misticismo y la flagelación.

El apesadumbrado monarca que decide casarse con su sobrina tras la muerte de su anterior esposa, Isabel de Valois, para perpetuar la corona con un varón, se desprende de su viudedad y se descubre como un ser escindido entre su poderoso sentimiento religioso y el deseo carnal hacia su amante, con una lucha tan oscura como el seno del pudridero, en el majestuoso Monasterio de El Escorial.

La autora recrea con pericia este retazo de la España del siglo XVI, con un ambiente tenebroso de inusitado realismo que vuelve a demostrar su pericia para manejarse en la recreación histórica de salones y aposentos reales.

Las líneas de esta historia fluyen como el humo de la casa que la protagoniza, un relato merecedor del primer Premio Caja Granada de Novela Histórica, aunque es seguro que esta fumata no será etérea, ya que se sustenta en la maestría de una periodista que ha sabido capturar con las redes de la literatura una época apasionante.

 

CREACIÓN EN LIBERTAD

PAUL VIEJO

Mirar al agua
Javier Sáez de Ibarra
Páginas de Espuma
Precio: 15 €
Páginas: 192

Si las cosas funcionasen de una manera medianamente lógica, este libro debería ser uno de los títulos destacados del año, uno de esos pocos afortunados que logran sobrevivir al envite de las novedades para ser recuperados después al final de curso, recorrer el camino de la recomendación y, más tarde quizá, ingresar en esa nómina algo azarosa de libros condenados a perdurar. La razón extraliteraria es que Mirar al agua fue el ganador del I Premio Internacional Ribera del Duero, es decir, se hizo con el galardón más alto con el que un libro de cuentos pueda soñar, uno de los certámenes mejor dotados del país y, tiempo al tiempo, uno de los más importantes, el que más en su categoría. Pero a esta razón se le vienen a sumar diecisiete razones puramente literarias. Las que arrojan estos dieciséis “cuentos plásticos”, como los subtitula el libro, y una más, el conjunto en sí: una verdadera exposición más que un libro, una feria de arte contemporáneo.

Como la crítica especializada en el campo del arte tiene más complicado que la literaria verse reducida a mera reseñista de los cuadros o a encontrar las faltas de ortografía de las instalaciones y performances, suele desarrollar, junto a su labor informativa, cierta actitud provocadora al cuestionar no sólo la obra, su técnica o su desarrollo, sino cada uno de los motivos que la han provocado y los que darán lugar a obras nuevas, poéticas diferentes. Y es gran parte de esa actitud la que Javier Sáez de Ibarra ha incorporado a sus cuentos, bajo un hilo conductor, además, presente pero al final no condicionante. Los relatos de Mirar al agua parecen seguirle la pista a un buen número de preocupaciones de los artistas plásticos y de la crítica que los analiza, para incorporarlos de una manera espectacular a la narrativa. Verá el lector cómo se cuestiona el papel de los objetos y su representación (narrativa), el significado y la función de producir imágenes (con palabras), o la importancia de asuntos como la representación de la belleza, la intervención política y el propio trabajo de creación en el espectáculo del que participa la literatura. Pero no debemos pensar que este es sólo un libro de intenciones intelectuales, en el que el autor trata únicamente de teorizar en torno a sus propias intuiciones, porque éste es un libro de historias, cuentos, narrativa y solamente narrativa, que además alcanza unas cotas de emoción y conexión con el receptor realmente altas. Ocurre que Sáez de Ibarra parece haber renunciado en sus textos a ser simple transmisor de una historia, o una recreación estética de ciertos hechos. ¿A cambio de qué? De ejercer la libertad más exagerada en su escritura, y para lograrlo, técnicamente, hará uso también de varios símiles pictóricos (las veladuras del estremecedor “Un hombre pone un cuadro”, el collage en “El disfrute de la palabra”, el ready-made, o el autorretrato –impresionante– del cuento homónimo). Un libertad que, como sabe todo creador, una vez alcanzada no tiene por qué significar triunfo. Sino más problemas.

En sus libros anteriores, El lector de Spinoza y Propuesta imposible, ya había mostrado Sáez de Ibarra esa entrega incondicional a la libertad en la creación, que le había granjeado el tímido asentimiento de parte de la crítica pero, quizá por su renuncia a las concesiones, un buen número de lectores decidió quedarse a un lado. Este es el momento de corregir los errores porque, redondeando esos mismos planteamientos y aportando aún más, Mirar al agua es una de las mejores cosas que le podía haber sucedido al cuento del siglo XXI.

 

LECTURAS PREMIO IBEROAMERICANO DE NARRATIVA PLANETA-CASAMÉRICA

LAS MÁSCARAS DEL ALMA

MARIO ELVIRA

Ella, que todo lo tuvo
Ángela Becerra
Planeta
Precio: 21,50 €
Páginas: 424

No somos lo que tenemos, sino lo que sentimos. Esta es la columna vertebral de una historia de pérdidas, soledades, amores truncados, enigmas y sobre la necesidad de reencontrarse a uno mismo después del dolor. La protagonista es una escritora que tras sufrir un accidente, en el que pierde a su marido y a su hija, deja de escribir y viaja a Florencia para restaurar libros; una manera simbólica de restaurar su identidad y sus emociones. En ese refugio se sentirá atraída por el hallazgo de un diamante, por un diario-novela a la que le falta el final y por una historia familiar que une ambas cosas con una restauradora de libros que se hace llamar la Donna di Lacrima y que muestra su cuerpo a los hombres a cambio de que ellos le revelen sus secretos.
Con esta trama, estructurada entre el mundo de la ficción y el de la verdad, con resonancias góticas y del Quattrocento italiano, repleta de personajes que no son lo que dicen ser y que se observan entre sí, Ángela Becerra construye el suspense de un relato con el que envuelve al lector entre la atmósfera mágica de Florencia y una gincana literaria, hilvanada de mensajes cifrados en libros de Proust, Pessoa, Dante y Neruda entre otros, que hablan y esconden secretos. El premio de este juego es la resolución de un enigma que se extiende a las relaciones que van tejiendo los personajes (el restaurador, el librero que oculta un amor frustrado y que lee periódicos atrasados, el vagando tenor, la Donna di Lacrima y la escritora protagonista) igual que si fuesen las parejas de un baile de máscaras con las que ocultan las heridas del alma y las piezas de un puzzle, bajo el que se esconden amantes, pesadillas, abusos sexuales, esquizofrenias y seres solitarios que intentan sobrevivirse a sí mismos.

 

NOVELA DE MISTERIO CON SOTANA AL FONDO

JUAN GAITÁN

El dinero del diablo
Pedro Ángel Palau
Planeta
Precio: 20 €
Páginas: 280

Un jesuita aparece decapitado en su habitación. Un jesuita que investigaba en un misterioso archivo de la ya de por sí misteriosa biblioteca vaticana. Qué más se le puede pedir a una novela de intriga si, además, el encargado de resolver el caso es otro jesuita. Lo misterioso, si viste sotana, es más misterioso todavía, y ya si el ensotanado arrastra consigo toda la oscura leyenda de la Compañía de Jesús, su “papa negro”, su concepto de soldado de Cristo (lo de “Compañía” no es gratuito, se conducen como en un ejército), y a eso le sumamos órdenes secretas, espías, contraespías y varios asesinatos, ya tenemos todos los ingredientes para una novela algo más que entretenida.

Eso es lo que ha conseguido Pedro Ángel Palou con El dinero del diablo, tejer una trama en dos espacios temporales distintos (el actual y otro que se desarrolla en los años inmediatamente anteriores al comienzo de la II Guerra Mundial) que se cruzan y mezclan entre sí hasta darnos una visión nada amable de cómo se mueven los asuntos en las altas esferas del poder, ya sea del poder político o del religioso, presentándonos un relato sobre una de las leyendas negras de la Iglesia (cuya historia está tan salpicada de ellas desde el principio), pues la novela contiene también una acusación sobre el proceder de la Iglesia Católica durante la II Guerra Mundial, su connivencia con el fascismo y el nazismo, su entrega al dinero, al mal, porque, como se recuerda en un pasaje, “no se puede servir a dos amos al mismo tiempo, a Dios y al dinero”, y lo poco escrupulosos que pueden llegar a ser algunos de sus más altos mandatarios, capaces de todo (incluso de matar a un papa) con tal de alcanzar sus oscuros objetivos.