ROMA LOZANA
Callejero romano de La lozana andaluza, de Francisco Delicado.
FANNY RUBIO
Una de las grandes expertas en La Lozana andaluza, del escritor jiennense Francisco Delicado, huido de su tierra por persecución de la inquisición, la profesora Patricia Botta, de la Universidad de Roma “La Sapienza”, ha escrito en alguna ocasión de su escasa difusión y de la inexistencia de una edición totalmente fiable. El ejemplar conservado en la Biblioteca nacional de Viena y reproducido desde el siglo XIX, no aporta fecha ni datos de impresor, mientras que la edición romana de su primera versión supone en 1524, antes de la definitiva, seguramente en Roma en 1527, en tanto que la veneciana remite al año de 1528, siguiendo los pasos de su autor.
Según la referencia argumental, la protagonista Aldonza, Lozana, pese a la erudición y fuentes de las que se sirve, aparece retratada por Francisco Delicado “del natural” como la han conocido dentro y fuera de Roma. El autor dice haber compuesto su libro a finales de mayo de 1524, no obstante terminado tras el saco de Roma de 1527. Los estudiosos se refieren a la riqueza de las lenguas habladas, los dialectos españoles y romanos, el plurilingüismo, la gama de matices, la frescura de los diálogos, los neologismos, la escogida sintaxis, el bello discurrir de la oralidad en un ambiente de barrio y cosmopolitismo al mismo tiempo. También resaltan la oportunidad de las ilustraciones, concretamente los grabados, que sitúan a la viva y bella protagonista en su entorno doméstico.
El autor nos dice que Lozana “entra” en Roma. Una Roma que recuerda, en tanto que la ciudad más libre, al mismo Cervantes. Lozana pregunta por el barrio de Pozoblanco, a pocos pasos de Piazza Navona, ejemplo multicultural, con gentes venidas de lugares andaluces conocidos de ella. Justamente en mi primer paseo como directora del Instituto Cervantes, entre Piazza Navona Piazza Navona, (“quien come la romaracha y va en Nagoya torna otra vez en Roma”, dice Rampín en el mamotreto XIII) y Corso Vittorio Emanuele, la profesora Botta me señaló la inscripción en la bella fontana conmemorativa de “Pozo Blanco”, por donde pasa Lozana buscando a una camisera, y gracias a esa visita la protagonista de la novela localiza a costureras de Baeza y se divisa una penumbrosa callecita en la que inmediatamente destacaba por antigua y semiabandonada una casa repintada de azules, de dimensiones modestas, de dos plantas) y unas celosías tapiadas entre columnas empotradas. Pudo haber sido la casa de la Lozana andaluza.
Mas si los datos del autor de la novela son escasos, más aún lo son los relativos a la vivienda de la protagonista. Sin embargo, sí aparece, entre Corso Vittorio Emanuele y el río Tevere, Tíber, el mercado de Campo de Fiori, en cuyo mamotreto VII dice Lozana que “en Campo de Flor muchos de aquellos charlatanes, que sabrían medicarla por debajo de la vanda izquierda”, por debajo del el bazo. La plaza está todavía llena de mercaderes, vendedores de pescado y huertanos, charlatanes, especialmente los domingos por la mañana, casi en el mismo estado en que debió encontrarlo el autor de la Lozana, pues en esta plaza se alternan construcciones medievales y renacentistas, aunque no estuviera situado todavía el monumento a Giordano Bruno quemado en la hoguera en 1600.
Ya en el “mamotreto” o capítulo VI Lozabna expresa su deseo de asistir a la coronación del Papa León X, un Médici lleno de preocupaciones arquitectónicas (que añadió el pórtico y el artesonado del techo a Santa maria in Domenica que data del siglo VII, su residencia) cuando era cardenal Giovanni. Los investigadores apuntan la expresión de Lozana “tan lindo es, y bien se llama León décimo, que así tiene la cara” hacia el año 1513. León X fue el Papa que mandó construir la iglesia de san Giovanni dei Florentini con el fin de mostrar la superioridad de Florencia frente a Roma. El templo fue construido a lo largo de cien años. En la iglesia gótica Santa María sopra Minerva, construida sobre un templo pagano, está su tumba junto a la de muchos italianos célebres como Pietro Bembo o Fra Angelico.
También nos habla la lozana de la judería a la que escapa Rampín en el mamotreto XXXIII, doble del autor en ese instante, y la sinagoga, junto al Arco de Octavia; del Panteón, que pasó de ser el templo de los dioses pagano a símbolo de la ciudad; de la Colonna “labrada” de Trajano. De iglesias en las que encuentra estatuas o sepulturas (Lucrecia Romana, Rómulo y Remo); de las calles en las que habitan mujeres concretas, como se hace con la calle llamada de Calabraga en el diálogo de Lozana con Beatriz del mamotreto IX, quien dice: “Id vos allí a casa de una napolitana, mujer de Jumilla, que mora aquí arriba en Calabraga”, estando situada esta callejuela entre los barrios de Ponte y Parione. De la calle Asinaria, para marcar la casa junto al río. Del puente Sixto, construido por Sixto IV en 1474 para unir el Trastevere con el centro de Roma, citado en el mamotreto LVIII y en versión irónica relativa a los pecados contra el sexto mandamiento ;Del Coliseo, como el fin de un camino conocido por la Lozana, de los puentes sobre el famoso río y de la casa donde se hace la moneda. Para ser una novela de interiores abundan los detalles urbanos, pero es cierto que los personajes van buscando casas, puertas para llamar, no calles o fuentes con el descriptivo “aquí mora” una cortesana, un eclesiástico, o un centro temido, como “Torre Sabela”, tribunal y cárcel de Roma.
La moza se siente romana y conocedora de la ciudad o a través de sus ojos detrás de la celosía, desde la que, paralelamente, su autor también tuvo su arte disfrazándose de libertino, hasta que “el saco de Roma” de 1527 los expulsa, tanto al autor como a la protagonista, ya que constatan ambos que en la ciudad no queda un ser tan pacífico como ellos.



