EL TIRÓN DE LOS CLÁSICOS

Viven su mejor momento porque son joyas bien editadas, valores seguros y a buen precio para un tiempo de crisis.

MIGUEL ÁNGEL DEL ARCO

Las relecturas, las lecturas pendientes y los libros recomendados en los institutos parecían los clientes de unas cuantas editoriales especializadas en publicar a los clásicos, desde los griegos y latinos a los grandes de la literatura. Alianza, Cátedra, Crítica, Espasa Calpe, Castalia, Planeta, Gredos… eran los sellos donde se podían encontrar. Hace una década se sumaron a la corta lista del ramo clásico editoriales como Pre-Textos, Alba o Acantilado. Hoy todas las editoriales han vuelto su interés a estos libros. Unas crean colecciones específicas, otras nacen con esa única idea en su catálogo, las hay que encargan a autores de hoy que reinterpreten o incluso reinventen a los clásicos, como 451 Editores. En las librerías, podemos encontrar las versiones de Mio Cid hechas por Antonio Orejudo o Rafael Reig, en 451 editores; La Divina comedia de Dante, en Gadir; ¡Absalón, Absalón! de Faulkner, en La otra orilla; los siete volúmenes de En busca del tiempo perdido de Proust, en Lumen; Grandes esperanzas de Dickens, o La Ilíada de Homero en BackList; Ferragus de Balzac, en Minúscula. Claro que en este creciente interés caben igual las recuperaciones que los descatalogados, los grandes autores, los olvidados, los mejores textos o las joyas perdidas, como si el concepto de clásico estuviera tan repartido como confuso.

Maite Castaño es la editora de BackList, un sello editorial que nació en marzo de 2008 con el objetivo de recuperar algunas obras claves de la literatura. Para ella, “este tipo de libros están siendo cada vez más habitual en la lista de bestsellers, y cada vez más editoriales están incluyendo autores clásicos en sus catálogos. Creo que es un mercado que está en alza, ya que precisamente este auge en la publicación está propiciando que muchos lectores que antes se asustaban ante la etiqueta de “clásicos” se sientan cada vez más motivados a acercarse a ellos”.

Enrique Redel, editor y alma de Impedimenta, tiene observado que desde hace ya unos años se está produciendo una tendencia interesante “el surgimiento de editoriales centradas en el concepto de la recuperación. Como lectores que somos, antes que otra cosa, unos cuantos editores comenzamos a publicar aquellos libros que marcaron nuestras vidas, o los fundamentales de nuestro bagaje cultural”.Y cita los casos de antecedentes de su sello, como Cátedra, Acantilado, Gadir, “y sobre todo Alba, un modelo para cualquiera que pretenda publicar clásicos en España. Posteriormente otros hemos tomado el relevo, como Nórdica, Impedimenta, Periférica, Veintisiete Letras, Ediciones del Viento, Rey Lear, Sexto Piso, Atalanta o Libros del Asteroide”. El denominador común de todas estas ofertas, a las que sumarles también la colección Clásicos andaluces de la Fundación José Manuel Lara, es que son libros magníficos. Como tiene escrito el profesor Carlos García Gual, “libros clásicos son aquellos que nos ha legado nuestra tradición cultural envueltos en un perdurable prestigio y una fuerte resistencia al olvido”. Así que lo que recuperan estas pequeñas editoriales son joyas muy bien editadas, con nuevas traducciones, y, lo que es más interesante, a buen precio. Entre la recuperación de las voces necesarias y el descubrimiento de un nicho de mercado, los clásicos viven su mejor momento. Puede que también influya en eso la crisis y el lector busque el valor seguro. Las editoriales manejan distintos indicadores para enterarse de las tendencias del mercado y obrar en consecuencia. Con ellos miden índices de lectura, apetencias comerciales y necesidades de consumo. Maite Castaño asegura que ellos disponen de uno de los más prestigiosos indicadores, el ACNielsen, según el cual, aproximadamente el 10de las ventas de libros corresponden a títulos clásicos. Y si, a pesar de la crisis, en 2008 se vendieron en España 250 millones de ejemplares, según datos del Gremio de Editores, veinticinco millones eran de clásicos.

Josune García, directora Editorial de Ediciones Cátedra y editora de Letras Hispánicas y Letras Universales, ve el evidente interés que existe por estos libros, aunque avisa de que “últimamente, el término “clásico” ha sido eufemísticamente sustituido por “recuperados” o “descatalogados”, pues se asocia clásicos a algo pasado de moda, obligatorio y por tanto aburrido”. Su lista de libros más vendidos es impresionante, “en el pasado eran los que estaban relacionados con la prescripción de lecturas en el enseñanza media y en la universidad. En los últimos años, al no existir ya una prescripción tan estricta, los más vendidos responden más al canon del gusto de cualquier lector culto” Y le salen el Poema de Mio Cid, La vida es sueño, Fuente Ovejuna, Lazarillo, El árbol de la ciencia, Rayuela, Pedro Páramo, El túnel, Madame Bovary o Las flores del mal…

VENTAJAS

Todos los directores editoriales coinciden, con pocos matices, a la hora de dibujar el perfil del lector de clásicos. Es culto, formado en la lectura desde la infancia, busca la calidad literaria al margen del género o las modas del momento, y sobre todo es alguien para quien leer y comprar libros es algo natural. Porque al fin y al cabo son los lectores, a lo largo de varias generaciones los que otorgan la categoría de clásico a un libro. Para García Gual “son esos libros que una persona de sólida formación cultural debería leer y haber leído. Son los que los retóricos citan y muchos hipócritas afirman haber releído, y que uno, para quedar bien, desearía tener leídos”.

Cada editorial tienen su filosofía para afrontar su catálogo y elegir sus autores consagrados, unas aportan una traducción nueva y otras un estudio crítico para sumar un plus. Si se editan clásicos, casi todos son ventajas.

A saber: pueden ser publicados por cualquiera sin necesidad de pagar derechos; aguantan más en la librería que una novedad; estos son enseguida reconocidos por el público; los precios de venta al público pueden ser asequibles e incluso hay clásicos que se pueden convertir en auténticos best Sellers. El Quijote es el libro más vendido en el mundo después de la Biblia. Los centenarios son un seguro para las editoriales, este año es el segundo del nacimiento de Edgard Allan Poe, lo que hace que media docena de editoriales coincidan a la hora de publicar sus cuentos.

Pero sin llegar a esas cifras y coincidencias, cada sello tiene los títulos que son su referente, los que mantienen el tirón de la editorial y los que se reeditan continuamente. En el caso de BlackList, son Grandes esperanzas, de Charles Dickens y El laberinto español de Gerald Brenan. En ambos casos, el número de ejemplares vendidos ha sido de 3.000, lo que supone una cantidad importante para las cifras que maneja la edición española. Para Funambulista el tirón se lo mantienen los libros de Henry James o los de Wilkie Collins. Su editor, Max Lacruz cree “los clásicos siempre se han vendido bien, ¿quién no recuerda las colecciones de clásicos de Alianza o Espasa? A pesar de esta tendencia, España todavía no alcanza el nivel en cuanto a edición de clásicos de otros países de nuestro entorno, como Francia, Inglaterra o EEUU. De modo que aun queda margen para editar unos libros que constituyen, como decía Italo Calvino, que propuso hasta 14 definiciones de “clásico” en su libro ¿Por qué leer a los clásicos?, “una riqueza para quien los ha leído y amado, pero también una no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos”.