NARRATIVA

Vicente Molina Foix, Fermín Bocos, Felipe Alfau, Javier Pastor, Sándor Márai y Julio Ramón Ribeyro

 

LECTURAS NARRATIVA

LECTOR EN ZUGZWANG

RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN

Mate Jaque
Javier Pastor
Mondadori
Precio: 13,90€ 
Páginas: 112

En ajedrez se denomina zugzwang a una situación en la que, obligado a jugar, quien ejerce su turno en la partida empeora la disposición de sus piezas, hasta el punto de que, casi siempre, acaba por perder primero material y más tarde el juego. Padecer una posición de zugzwang es una de las experiencias más frustrantes que cualquiera que haya jugado al ajedrez con cierta constancia y exigencia, puede llegar a conocer. Algo así como quedar atrapado entre cuatro paredes que, además, no dejan de aproximarse hacia nosotros, robándonos el aire que respiramos. Una tortura en toda regla.

En más de una ocasión, durante los últimos años, confieso haberme sentido, con respecto a la nueva narrativa española, como un lector en zugzwang. Impelido casi por imperativo moral a frecuentar ciertas voces que desde distintas antologías, diversos suplementos literarios y demás tribunales meliorativos se me presentaban como «lo más interesante de entre lo nuevo», he padecido la ominosa sensación de que mover pieza me conducía a una situación bastante peor que la de inicio. La consecuencia ha sido que, nueve veces de cada diez, he optado por regresar al tablero de Rafael Chirbes. O de Juan Benet. O incluso de Ramón María del Valle Inclán. Valores seguros, quiero decir, escritores con mayúscula.

Por eso descubrir Mate jaque, de Javier Pastor, no sólo me ha obligado a reconsiderar mi posición de lector de literatura contemporánea en zugzwang, sino que me ha convertido, aunque sea durante el par de horas que exige la lectura de este breve libro, en portador del peón que corona y se transforma en dama de cedro. El intenso texto de Pastor hace palidecer buena parte de los (presuntos) experimentos de vanguardia que la narrativa contemporánea española viene abordando en el último lustro y convierte toda vocación de realismo programático en poco más que humo y tiniebla. Aquí la mejor vanguardia, la de verdad (la que alimenta a Pessoa y a Nabokov, verbigracia), y los temas «reales» (sexo, muerte y duración, sobre todo), los de siempre, cohabitan con absoluta y diáfana naturalidad.

Hay mucho escritor en los 99 escaques con aspecto de página que componen Mate jaque como para que este libro se convierta en otro título más entre la aplastante nómina de los publicados cada año o quede reducido a una sospechosa denominación de origen, sea «autor mutante», sea «autor del 62» o sea «autor bendecido por Juan Goytisolo», rótulos tan del gusto de nuestro tiempo, empeñado obcecadamente en la conquista de fórmulas que oculten lo único importante: la vieja, inexcusable, terrible dialéctica que no deja títere con cabeza y nos obliga a asumir que sólo hay dos clases de escritores: prescindibles y necesarios, simulacros y originales, anecdóticos y perdurables.

Lo que importa, más allá del marbete escogido, es que Pastor –escritor necesario, original y perdurable– logra no sólo dignificar el propio hecho de la escritura (hay una lengua de muchísimos quilates, un español de oro puro en este palíndromo que es Mate jaque), sino engrandecer la estatura del lector. Los libros torpes, tontos, banales, esos que habitualmente nos rodean y construyen el bosque cotidiano, castran, hacen rebaño, dibujan lectores que viven una segunda infancia a la que le falta la coartada de la inocencia. Son libros como Mate jaque, que obligan al lector, que no se lo ponen fácil, que le confunden pero jamás le engañan, los que producen la savia de una sociedad literaria que se quiere viva y pujante.

 

VIDAS EXCÉNTRICAS

JAVIER GOÑI

Con tal de no morir
Vicente Molina Foix
Anagrama
Precio: 17 €
Páginas: 232

A cierta edad, la de Vicente Molina Foix, por ejemplo, que ya es un señor maduro de buen ver y de bien estar, aquella que ya no sale en las solapas, aunque sí su muy amplia bibliografía. De poeta se inició, y novísimo es el sambenito que le colgó para los restos Castellet. Como narrador ha participado, en las tres últimas décadas, en varias remontadas de la nueva narrativa española, con varios y sonados premios (desde un Barral inicial al Nacional de Narrativa 2007 con El abrecartas, una muy intensa y espléndida novela). Traductor más o menos ocasional, de Shakespeare, pero también del Radiguet de El diablo en el cuerpo, una deliciosa novelita de iniciación sexual (es un recuerdo generacional). Ingrediente de muchas salsas (crítico, director, adaptador), nada del cine o del teatro le es ajeno. Pero lo que no sabía es que, además de todas estas cosas, y otras que quedan en el aire por falta de espacio, Molina Foix es un excelente escritor de relatos largos, como esta docena que conforman Con tal de no morir, que van a complacer –y sorprender– a su parroquia. Poseía en mi biblioteca una rareza editorial, que sin duda don Juan Benet le consiguió, gratis total, a Rosa Regás para su magnífica editorial La Gaya Ciencia: el libro, de 1975, se titula Tres cuentos didácticos, y en él aparecen como jóvenes y brillantes autores Félix de Azúa, Javier Marías y, claro está, Molina Foix. Ninguno de los tres, por cierto, cultivarían el género con asiduidad, así que ya es hora de comentar esta docena de historias de seres excéntricos, que nos da Molina Foix y que –se dice en la contracubierta– las ha ido escribiendo en estos dos o tres últimos años, tras la publicación de El abrecartas. Un Molina Foix, por tanto, en plena madurez nos regala (y se…) un extraordinario puñado de vidas excéntricas, y no tanto éstas, vidas raras o extravagantes, como quiere el diccionario, sino también, como igualmente lo quiere, vidas de seres que están desplazados respecto a su centro, alejados del mismo. Vidas golpeadas de soledad, de frustración; vidas excéntricas, sí, pero también tiernas, algo ácidas. Podríamos empezar –da título– con un cuento elegante, amable, como de “teléfonos blancos” o como aquellos filmes españoles de posguerra que huían como bandada de asustados pájaros de la cruda realidad, en el que lo fantásticamente posible irrumpe con naturalidad en sus vidas –¿el mito de Fausto?, vale, si así lo prefieren, yo escojo a Antonio Casal en un relato de W. F. Flórez: ¿Rafael Gil?–. Luego estaría una triste y ácida historia de (mal)amor, con uniforme, y sin él. O una historia de soledad, de silencio y de desgarro vista o no desde una ventana –¿indiscreta?– y con la irrupción del repartidor de telecomida y mujeres, maduras, divorciadas, desaparecidas en combate, u hombres, claro. Hay también una historia de maltrato iluminada por los destellos del primer bombardeo de Bagdad con la CNN de fondo. Y un chispazo, que es un equívoco. O las dos caras de una misma moneda: la soledad. Humor, sí, y ternura, en el enredo de peluqueros londinenses, y así hasta la docena. Así que un estupendo manojo de historias excéntricas, de historias cotidianas, algo ácidas, algo tiernas, y escritas –además– en un lenguaje que se adapta perfectamente a cada situación, a cada rostro, a cada soledad, sin que nada chirríe; al contrario, muestra Molina Foix audacia, riesgo. Creo, en fin, que ha escrito estos relatos en plena libertad y madurez narrativas y, sobre todo, en verdadero estado de gracia (literaria).  

 

LOS HUESOS DEL APÓSTOL

PEDRO M. DOMENE

El informe San Marcos
Fermín Bocos
MR Ediciones
Precio: 19,50 €
Páginas: 272

El periodismo es una de las formas de la expresión literaria y, por añadidura, es un medio estrechamente conectado con los orígenes de la modernidad, y surge como ese espíritu crítico que se consagra a las libertades humanas; la asimilación del periodismo como una de las corrientes de la creación literaria se convierte, por consiguiente, en ese fenómeno que se ha repetido en todas las literaturas modernas. Fermín Bocos (Santander, 1949) ha entendido, desde siempre, que la ficción se sirve de la exposición divulgativa de algún tipo de conocimiento asimilado por una firme vocación periodística y así lo expuso en El libro de Michael (1997); reinventó la historia con El resplandor de la gloria (1998) e insistió, algunos años más tarde, en La venganza de Byron (2005), realizando el retrato de un personaje trasgresor tanto en la vida como en el arte. Con el paso del tiempo, como habría de ser obvio, el oficio de Bocos le ha llevado a un mayor planteamiento de sus invenciones, quizá a adentrarse en el laberíntico propósito de cambiar el rumbo de la historia y donde poder, política, espionaje y periodismo convierten El Informe San Marcos (2009) en la mejor representación que pudiéramos imaginar de las tensas relaciones entre poder y prensa.

Un intento de robo en San Marcos, la catedral de Venecia, desencadena un haz de sucesos en los que policía, iglesia, prensa y posteriormente, toda una intriga política se ven envueltos para desentrañar una auténtica y vertiginosa aventura por las ciudades de Venecia, Dubrovnik, París y Londres, porque la cortina de humo en que se convierte el intento de sustracción de las reliquias del santo, y en las que se ven envueltos el sagaz comisario jefe veneciano, Marco Sforza y el inspector Benzoni, son la excusa de Bocos para realizar un repaso del mapa político y social de la problemática surgida tras la guerra en los Balcanes y de las aspiraciones de la antigua Macedonia para devolverle al país el esplendor del rey Filipo II y de su hijo, el gran Alejandro el Magno. El periodista crea, con una habilidosa pulcritud, una auténtica trama de espionaje, tanto criminal como cultural, para demostrar que los restos de San Marcos, custodiados en la catedral de la ciudad de los milagros y de los misterios, no son los que responden al apóstol, sino que siguiendo escrupulosas técnicas de investigación del ADN confirmen la confusión y se desvele al mundo el grave error histórico. Y al hilo de esa trama esencial, la puesta en escena y la participación de la Interpol, la red Echelon, el sofisticado sistema de escuchas olvidada durante la Guerra Fría, la sombra alargada del Vaticano, en una auténtica intriga que va más allá de una novela histórica, esa mezcla equilibrada de ficción y documentación, sino en un auténtico thriller, una novela de intriga, en la que buena parte se traduce en suspense o convierte la investigación en un elemento fundamental del relato, donde los personajes creados para la ocasión se coordinan durante unas semanas y mantienen en jaque a algunos sistemas democráticos como la actual Croacia, porque un oscuro personaje, Merkurio, quiere restituir en la Macedonia eslava el porcentaje de valor histórico que se le atribuía a la república en tiempos de Alejandro el Magno, aunque los descendientes del gran conquistador sobrevivieran al Imperio Bizantino, a la colonización de Bulgaria, incluso prolongasen su historia como provincia otomana de Rumelia, asumieran la invasión Serbia, y tras las dos grandes guerras, formasen parte de las provincias federadas de la antigua Yugoslavia. Mientras que Mirko Lauer, su personaje más carismático, sueña, Fermín Bocos se permite en El Informe San Marcos un particular testimonio en forma de crónica o reportaje, donde reflexiona sobre los rasgos humanos y políticos de una Europa aún por concretar.

 

ATXACA EN EL CONGO

IÑAKI ESTEBAN

Siete casas en Francia
Bernardo Atxaga
Alfaguara
Precio: 19,50 €
Páginas: 272

Si buscamos en el inventario de Bernardo Atxaga elementos exóticos, seguramente los hallaremos en algún cuento o en parte de su literatura infantil, o incluso en los pasajes californianos de El hijo del acordeonista, en caso de que en estos tiempos del turismo y la televisión consideremos a California como una parte de la tierra ajena y foránea. Pero si prescindimos de esa entrañable labor de sabueso literario a la caza de los pequeños detalles, nos encontraremos con otra cosa, con la primera novela de Atxaga en la que el autor no pisa el País Vasco y se mete en las aguas nada menos que del río Congo, con todas las resonancias de Conrad y de la literatura de aventuras cruzando la obra, y con una contextualización en la época colonial del rey belga Leopoldo II que naturalmente conduce al matiz moral.

En Siete casas en Francia, Atxaga muestra su cada vez más pulido manejo de la carpintería novelesca, de las tramas y subtramas, de los personajes que irrumpen con fuerza y que luego desaparecen para luego regresar con igual o mayor brío, como el caso de Chrysostome. Es precisamente la llegada de este oficial recto y religioso a un asentamiento de la selva congoleña la que inicia la obra. Allí viven arrastrados por la molicie del calor, y con la esperanza de hacerse ricos cuanto antes, el capitán Lalande Bran, poeta de fama moderada, el teniente Richard Van Thiegel alias Cocó, un militar tirando a mezquino, y otros oficiales secundarios y borrachines como Richardson.

Lalande Biran y Cocó comercian ilegalmente con los colmillos de elefantes y la caoba, compinchados con un amigo del primero, también poeta y miembro de la corte de Leopoldo II. Aparte del ambiente exótico y aventurero, la ambición cuenta mucho en la última novela de Atxaga. El capitán aborrece la selva, pero no tiene más opción que permanecer en ella, porque su mujer Christine le exige comprar siete casas en Francia, y está a punto de adquirir ya la última, en la Costa Azul. Por su parte, Cocó también piensa en su retiro en Amberes y en el negocio que abrirá allí con su ayudante Donatien. Incluso Chrysostome, aparentemente insobornable, cultiva una poderosa afición por las piedras preciosas.

El asentamiento militar se prepara para recibir al rey, que viene con el obispo y un periodista para colocar una imagen de la recién creada Virgen del Congo. El monarca cancela su viaje, mientras que los otros dos se desplazan a la selva con una actitud más observadora que proselitista. Los roces y los odios empiezan a emerger en aquel entorno asfixiante y llega un momento en que todos tienen algún agravio contra alguna otra persona, como el indígena Livo, colaborador de los belgas, a quien le va poseyendo un tremendo deseo de venganza. La olla está que revienta, con el casto Chrysostome enamorado de una también indígena que aparece asesinada, y aquí paramos con el argumento para no reventar la novela.

Por su temática, el libro es novedoso dentro de la obra de Atxaga. Pero hay también detalles que se repiten, como la importancia de los símbolos. No es casual que Christine, la mujer de Lalande Biran, quiera siete casas en Francia, ni lo es que Chrysostome tenga esa afición por las piedras preciosas o que Livo trate de exterminar el asentamiento mediante unas serpientes. Por lo demás, el retrato del colonialismo y de su inmundicia moral queda bien perfilado, aunque por supuesto la novela no contiene ni un gramo de panfleto. En este sentido, la figura del propio Lalande Biran, que todos los jueves desvirga a una indígena pero que se somete sin rechistar a los deseos a distancia de su mujer, encarna la barbarie colonial, aun con sus finas maneras.

Atxaga exhibe su madurez literaria con esta obra, bien pensada y calculada, y que a la vez mantiene la frescura de la novela de aventuras.

 

LAS NUEVAS MUJERES

ANTONIO GARRIDO

Cuando se abrió la puerta. Cuentos de la Nueva Mujer (1882-1914)
AA. VV.
Alba
Precio: 32 €
Páginas: 518

En la primera carta que Mina envía a Lucy en Drácula y aún dentro de los esquemas clásicos de la era victoriana, que el vampiro hará saltar por los aires, se refiere a que está practicando taquigrafía y mecanografía –la máquina de escribir se empezó a producir en masa en 1874 y Drácula se publicó en 1897–. Fue precisamente a finales del siglo XIX cuando en el mundo anglosajón de ambas bandas del Atlántico apareció la nueva mujer a la que la editorial Alba dedica una antología excelente, seleccionada por Marta Salís.

Sara Grand, seudónimo de Frances Elisabeth McFall, publicó en 1898 el cuento Cuando se abrió la puerta que da título a la antología y muy adecuadamente por cierto. La autora alcanzó el éxito y el escándalo con dos novelas en las que se hablaba sin tapujos del derecho de las mujeres a la libertad y la independencia. El cuento es de gran calidad literaria y transmite un mensaje que resume muy bien la posición de los hombres. El personaje que aparenta ser muy civilizado le cuenta al narrador que a él le gusta el arte y la literatura, la tranquilidad; a ella, la vida social. Llegan al acuerdo de que cada uno cultive sus aficiones. Una noche, ella va a ir a un baile de máscaras. Se marcha y él se queda en casa. Como por casualidad le viene el pensamiento de qué tal se lo estará pasando su esposa. Decide averiguarlo y se disfraza como un español del siglo XVII y se marcha al baile. La reconoce por su traje de dominó gris plata con forro de seda rosa y ribete de encaje. Se le acerca y se inicia un diálogo y unas acciones que son insostenibles para un marido tradicional. El cuento tiene dos efectos finales magníficos que no desvelaré.

Los cuentos ofrecen una tipología muy diversa y no sólo inciden en aspectos concretos de la vida sino que también ofrecen el universo del sueño, de la imaginación y del deseo. La antología abarca el periodo 1882-1914 y se ordena de manera cronológica. El primer relato, La calle del Jacinto de Constance Fenimore Woolson es una historia de amor en el que la mujer demuestra un temple y una independencia que va tomando forma. Frente al diletante, la voluntad, frente a la frialdad cortés, la pasión. Elinor de Charlotte Mew es un acabado ejemplo de misterio y hasta de suspense: la mujer que estudia, gran pecado para el orden tradicional.

En el otro extremo, Revuelo frente al Café Royal de Clarence Rook donde encontramos a una de las primeras detectives de la literatura. No faltan los autores que apoyan a estas nuevas mujeres. Es el caso de Henry James con Alas rotas en la que una escritora y un pintor, en un plano de absoluta igualdad, se cuentan los equívocos que le impedían encontrarse para confesarse el duro camino del fracaso que se esconde como éxito en una sociedad de apariencias. No falta el humor de Saki con un método revolucionario de educación de la mano de una mujer libre.

 

JUEGO LITERARIO SERIO

SANTOS SANZ VILLANUEVA

Locos. Un a comedia de gestos
Felipe Alfau
Backlist
Precio: 20 €
Páginas: 282

El barcelonés Felipe Alfau (1902-1999) tiene asegurado un lugar de privilegio en la categoría de escritores raros (por haber escrito con una originalidad insólita) y olvidados (el mayor de los silencios lo acompañó durante decenios). Aun hoy mismo apenas posee más entidad que esa difusa condición de los llamados autores de culto, es decir, jaleados por unos cuantos e ignorados por la mayoría.

La historia externa de Alfau –lo poco que se sabe– se resume enseguida. Hijo de un diplomático aventurero, llegó a Estados Unidos a comienzos del pasado siglo. Su gran devoción fue la música. En un intento de solventar el cocido, escribió en inglés, en 1928, la novela Locos, que se publicó en 1936. Un trabajo como intérprete en un banco le liberó de urgencias económicas y de la perentoriedad de escribir. En 1948, hizo Chromos, también en inglés, pero no pudo darla a conocer. Fue una sombra en el paisaje literario, tanto de su país natal como del adoptivo.

La suerte de Alfau cambió cuando un editor americano halló casualmente en 1987 un ejemplar de Locos y rescató el libro. Tuvo éxito con su otra única novela cuarenta años después de escribirla. Murió pobre y demente en un asilo de Nueva York. Nadie supo –supimos– de aquel hombre misterioso y escritor inexistente en todo ese tiempo hasta que la traducción en Seix Barral de ambos títulos a finales de los ochenta descubrió un autor tan personal. Se trató de un hallazgo que, además, aportaba un eslabón perdido de nuestra literatura (es un decir, porque Alfau renunció al castellano) en la cadena de innovación formal y de cuestionamiento de las convenciones narrativas de entreguerras.

En realidad el término novela es poco riguroso para lo que hace Alfau, pues sólo nexos mínimos otorgan aparente unidad a una sarta de relatos. Locos engarza ocho historias casi independientes que sacan a luz tipos de trazo pintoresco, excéntricos en sus caracteres, actividades y preocupaciones. Son personajes inverosímiles, como extraídos del grand gignol y no de la tradición literaria ni de la vida. Un denominador común los relaciona: su insegura identidad. Así que remiten a una inquietud sustantiva de los años veinte. Entroncan con las figuras dubitativas, etéreas o estrambóticas de aquel tiempo. Por una parte, con los medio seres que Gómez de la Serna encarnó en El incongruente. Por otra, con el individuo deseoso de reafirmar su personalidad en lucha con su creador, al modo del unamuniano Augusto Pérez de Niebla, aunque, en Alfau, sin ningún agonismo trascendental. Y, en fin, con los personajes pirandellianos que buscan asentar la existencia más allá de las apariencias de la realidad.

Los protagonistas de Alfau, sin mayor dimensión psicológica que las marionetas, se saben criaturas imaginarias, sufren su existencia dentro de la ficción, padecen por no pertenecer al mundo, y están libres de toda referencia testimonial (así ha de entenderse una impasible galería de mendigos). Esas vidas sin importancia nada más son imágenes en el espejo de la ficción, se le rebelan al autor y éste las manipula ante los mismos ojos del lector con sobresaliente ingenio. Locos, “procesión de gentes extrañas y distorsionados fenómenos”, muestra también, sin embargo, una España solanesca o absurda, y no llega a faltar un puntazo regeneracionista. En cualquier caso, Locos es una gozada, producto de la creatividad propia de los escritores que andan por libre, de un autor fresco, sutil y divertido que se toma la literatura como un experimento formal y un juego, serio aunque no lo parezca.

 

DIÁLOGO DE LAS COSAS OCURRIDAS EN GRECIA

JEÚS MARTÍNEZ GÓMEZ

Pecados griegos
Javier Torneo
Ediciones B
Precio: 16 €
Páginas: 160

Resultaba complicado imaginarnos sin la dosis anual de Javier Tomeo (Huesca, 1932) y ésta ha llegado –como Perséfone– con la primavera. Qué mejor estación, además, para presentar Pecados griegos, novela en la que pugnan, una vez más, instintos y razón, la exaltación más hedonista o la juiciosa contención. En su amplia trayectoria novelística destacan El cazador (1967), El castillo de la carta cifrada (1979), Amado monstruo (1984) o Bestiario (1988), Y si es en el terreno del relato corto, puede presumir de ser uno de sus grandes resistentes y valedores con títulos como Historias mínimas (1988), Problemas oculares (1990), o Cuentos perversos (2002). Un cuentista redomado y contumaz que siempre gustó de navegar a su aire, aunque fuera en un trirreme y con la brisa lenta y fresca de un ventilador. En Pecados griegos, asistimos en el exterior del Palacio de Teseo al encuentro de Fedra, esposa de éste, y del enano Godofredo, el mejor adivino y vidente de Trecene, quien ha sido requerido por Fedra para que interprete el significado del largo gemido que la ha despertado de la siesta. El augur le suplicará la anulación del viaje que ésta ha programado a los Misterios de la ciudad de Eleusis, que cada primavera celebran el regreso de Perséfone, la esposa de Hades, al Reino de los Vivos. Godofredo le advertirá de las nefastas consecuencias que acontecerán, si Fedra decide asistir, y de la imposibilidad, una vez iniciado el proceso, de torcer el curso del destino y de unos acontecimientos que derivarán en un final trágico que arrastrará a todos los miembros de su familia.

Con esta obra, Tomeo retoma su afición a la condición dramática del relato, mediante el uso del diálogo como forma expresiva dominante y vehículo ideal para que sean los propios protagonistas los que, con el menor desgaste del narrador, se muestren descarnados ante el lector. Un diálogo interrumpido sólo por el graznido recurrente de un mochuelo macho que reclama hembra, y por el que irán apareciendo toda suerte de personajes y referentes mitológicos. Ello convertirá a Pecados griegos en un pequeño vademécum de ese tiempo mágico y único, la llamada Edad de Oro, cuando aún dioses y hombres se disputaban, en la vieja Grecia, el amor de las mortales. Un acrisolado, tragicómico teatro de la vida y de la muerte en el que se representan inadvertidos, dominados por fuerzas superiores y oscuras, todos y cada uno de los pensamientos, de los funestos deslices y yerros que ocupan los sueños de una sociedad ególatra e insatisfecha, una sociedad que intentará, en su desvarío, racionalizar los gruesos instintos que pugnan en ella.

Tomeo lo hará con justeza y claridad de estilo, con una prosa franca y directa, y con esa conjunción de delicado lirismo y medido exabrupto, tan característica del autor, lo que le sirve para ahondar, a su manera, en las doradas cloacas desde donde arranca nuestra civilización y de las que se nutre nuestra más humana condición, siempre cuestionada, pero siempre representativa de la esencialidad, para bien o para mal, que nos distingue como especie.

Estos Pecados griegos nos recuerdandos dos cosas: que los grandes dilemas que acometen al hombre son tan eternos e irresolubles como su propia condición, y que a Tomeo, sardónico, mordaz, cínico e irónico –al cabo, pecados griegos–, poco o nada le importan otros temas que, como la soledad, la libertad, el destino o la animalidad, no sean los recurrentes en su narrativa. En definitiva, una novela más, que si bien no marcará un antes y un después en su trayectoria, sí es cierto que no decepcionará a los fieles seguidores de este autor singular y sobresaliente.

 

AMARGA LUCIDEZ

FERNANDO GARCÍA ROMÁN

Diarios, 1984-1989
Sándor Márai
Salamandra
Precio: 15 €
Páginas: 224

Cuando Sándor Márai celebra su onomástica el 18 de marzo de 1944, se encuentra en el cénit de su carrera literaria y periodística. Ese día, en el domicilio de la calle Mikó en Buda, un amigo le telefonea y le anuncia que los alemanes están ocupando Budapest. Márai se retira de la vida social centrándose en la redacción del primer volumen de sus Diarios (1943/45). Luego vendría el comunismo intentando reconducir su marcada independencia y Márai se rebela contra el adocenamiento cultural dirigido. Aprovechando una invitación a Ginebra sale del país y viaja por Europa hasta afincarse en San Diego. En ese tiempo sigue trabajando y en estos precisos diarios, donde refleja con amarga e irónica lucidez que no teme a la muerte sino a la forma de irse, su falta de creencia en el Dios y su rechazo a las invitaciones de regreso a Hungría. Agradece también a América la acogida y siempre menciona sus constantes lecturas: poesía húngara, Krúdy, Goethe, El Quijote, como estímulo ante la melancolía. Impresiona la integridad que muestra en sus escritos ante el progresivo deterioro que se llevará a Lola después de más de 62 años juntos, sumiéndole en una profunda soledad. Y con la destreza con la que utilizó la intriga en su obra literaria, la elección final se convierte en elemento narrativo de gran enjundia. Poco después de morir Lola el 4 de enero del 87, Márai se compra una pistola y cincuenta balas. Pasados unos meses asiste a clases de tiro y el 21 de febrero de 1989 ejecuta su inapelable voluntad de morir. El gran valor de estos Diarios, 1984-1989 es el de aproximarnos a la figura humana y literaria de uno de los más grandes del siglo pasado.

 

EL HUMO DE LA LITERATURA

MARIO ELVIRA

Sólo para fumadores
Julio Ramón Ribeyro
Menos Cuarto
Precio: 7 €
Páginas: 84

El tabaco perjudica seriamente la salud pero no resulta igual de dañino para el talento y la creatividad literaria. Al menos es lo que parece demostrar este magnifico relato de Julio Ramón Ribeyro. Uno de los mejores autores de relatos del siglo XX, autor de Cuentos de Circunstancias y de Prosas Apátridas, que afirmó que la escritura era un sucedáneo del tabaquismo. Una “sentencia” que subyacen en este divertido relato en el que plasma su relación de amor-odio con la nicotina y las inquietudes de aquellos fumadores cuando no tienen a mano un cigarrillo o cuando el tabaco perjudica sus vidas. Ribeyro, tan agudo y hedonista en su obra, hace partícipe al lector de su confesión de fumador empedernido a través de esta pequeña historia de las marcas que fumó a lo largo de su vida: los Derby de su adolescencia, el Chestefield de la facultad, los Bisontes de su estancia en España, los Gitanes que fumaba en París o los Muratti que compraba en Amsterdan. Esta adicción le descubrió la vergüenza de pedir cigarrillos a desconocidos, le llevó a lanzarse por una ventana para recuperar un paquete y a vender los libros de su biblioteca para poder comprar tabaco. Las peripecias a las que añade su simpatía por aquellos escritores, como Flaubert, Gorki o Hemingway, que compartían su pasión por la nicotina. El hábito que afectó su salud y que le llevó a numerosos intentos fallidos de liberarse del tabaco, bajo la vigilancia de su mujer y de su médico. Un objetivo que careció de una verdadera determinación, al menos durante la escritura de este singular libro donde Ribeyro dejó la huella de brillantez literaria y un punto final porque se le había acabado el paquete.

 

EL INFIERNO INTERIOR

GUILLERMO BUSUTIL

Un paseo solitario
Gul Y. Davis
Periférica
Precio: 16 €
Páginas: 168

Chesterton escribió que loco no es el que ha perdido la razón, sino el que lo ha perdido todo, todo, menos la razón. Esta idea del célebre autor británico define perfectamente la primera novela de Gul Y. Davis, Un paseo solitario. La contundente y conmovedora historia de Will, un adolescente internado en diferentes sanatorios mentales que se debate entre el peso de sus demonios interiores, sus desórdenes con la comida, el dolor que le produce su conciencia y su rechazo a un mundo que le oprime. Will sueña con escapar, con encontrar una sirena que lo conduzca al mar liberándolo de su vida tormentosa. Una fuga a través de la imaginación que vincula esta historia con la de Alguien voló sobre el nido del cuco y con El guardián entre el centeno. Los dos referentes que utiliza el autor para construir narrativamente, con emotiva brillantez y un fondo de cicatrices reales, la soledad de un individuo diferente, sensible, rechazado por su familia, consciente de su culpabilidad por no saber acomodarse a las normas y capaz de encontrar la ternura y la inocencia en la convivencia con otros enfermos. Davis no pretende convertir en inocente al personaje víctima de la enfermedad y del desafecto ni juzga los usos y abusos de la violencia y de ciertos métodos nocivos de los centros para enfermos mentales. Su intención y su logro es mostrar el corazón y la conciencia de un enfermo consciente del aislamiento al que se le condena, negándole la oportunidad de encontrarse, de vivir la vida lejos de los viciados convencionalismos e intereses, considerados normales por los presuntamente cuerdos. Por eso el protagonista no se rinde, no odia a sus carceleros ni se esconde dentro de su demencia. Únicamente pugna por demostrar que su libertad no es de este mundo.