MARTA RIVERA

"Los objetos son pistas que revelan nuestra identidad"

GUILLERMO BUSUTIL

Marta Rivera de la Cruz (Lugo 1970) es escritora y periodista. En 1998 ganó el Premio Ateneo Joven de Sevilla con su primera novela Que veinte años no es nada. Posteriormente ha publicado Linus Daff, inventor de historias. Hotel Almirante y el ensayo Tristezas de amor, entre otros títulos. En 2006 quedó finalista del Premio Planeta con su novela En Tiempos de prodigios. Ahora acaba de publicar La importancia de las cosas (Planeta), una historia en torno a un profesor de Escritura Creativa sin ambición y autor de una novela de éxito que hereda un piso de renta antigua en el que se ha suicidado un hombre, dejando una extraña colección de objetos. Su amor por una profesora y las pertenencias del inquilino lo llevarán a indagar en la vida de ese hombre solitario.


Su novela se centra en un misterioso hombre muerto cuya vida se va desvelando a través del rompecabezas de sus objetos.

Si. Las cosas son las grandes protagonistas de la novela. Los objetos que guardamos son como pruebas de nuestro paso por la vida, son pistas que revelan nuestra identidad y que a veces tienen una importancia en nuestro destino. Hay un bonito poema de Borges que lo expresa muy bien “¡Cuántas cosas, láminas, atlas, copas, ciegas y extrañamente sigilosas! durarán más allá de nuestro olvido, no sabrán que nos hemos ido”. Por otra parte la intriga es un tema presente en la literatura. Todos los libros son de misterio.


Mario Menkell y Fernando Montalvo, los dos protagonistas, son dos hombres grises e inseguros. ¿Así ve al antihéroe moderno?

En la novela quería hacer un reconocimiento a las personas normales que no suelen llamar la atención pero que en un momento de su existencia son capaces de un heroísmo. Por otra parte el concepto de héroe antiguo ha evolucionado y cambiado e incluso los valores que se aplican al heroísmo están pervertidos. Hoy día, cualquier persona normal en apariencia puede encerrar en su interior una persona extraordinaria.


El amor también es un ingrediente importante en su novela.

Yo quería que la novela también fuese una historia de amor. La de un amor como redención, como superación del personaje que tiene la oportunidad de conquistar a la persona de la que lleva tiempo enamorado, como el caso de Mario y Beatriz y también la de un amor secreto, generoso e imposible.


¿El personaje de Menkell que no ha vuelto a escribir después de publicar una novela de éxito, catorce años atrás, representa al autor que no cree en sí mismo?

Efectivamente. Menkell es un escritor que escribió un libro porque tenía una buena historia familiar que contar pero no porque tenga una vocación o un proyecto literario. Él está convencido de que realmente no es un escritor y por eso no se plantea volver a escribir un libro nuevo, aunque le cueste perder su trabajo. Yo quería tratar el tema de que en todas las familias hay una historia literaria que contar. Siempre le digo a los adolescentes que hablen con sus abuelos, que les pidan que les cuenten cosas y verán como descubren que en su familia hubo un personaje fascinante, excéntrico o un secreto. Casi todas las vidas tienen algo de novela.


Esto es lo que descubre también Menkell al investigar la misteriosa vida de Montalvo y que usted cuenta con el recurso del libro que encierra otro libro.

Así es. Es un viejo recurso que, a pesar de no ser original, nos gusta mucho a los escritores. Y también es parte del misterio que hilvana la novela, la búsqueda de una padre perdido y el vínculo que existe entre libro que escribió Menkell, el personaje de Montalvo y el desenlace de la historia que no vamos a desvelar.


Siguiendo con la literatura, usted trata el tema de los talleres literarios en los que los jóvenes tratan de emular a David Forster Walllace y también aborda el papel de los editores a la caza de nuevos talentos y de posibles éxitos de ventas.

Son temas actuales que me resultan interesantes. Creo que los talleres literarios, que en España comienzan a desarrollarse en la década de los noventa, son un gimnasio formidable para practicar. En estas clases siempre hay un autor de moda que representa el modelo a seguir, antes era Carver, ahora es Forster Wallace y mañana será otro, pero lo importante es que el escritor encuentre su propia voz. Y el editor es una figura vital en la literatura, alguien tiene que publicar los libros, buscar autores de talento, saber cuidarlos y retenerlos en su editorial, conseguir que el libro triunfe y se venda. Me parece bien que el libro sea un negocio; lo contrario y terrible sería una literatura subvencionada.


En la novela usted lleva a cabo una crítica hacia ese modelo de universidad para gente de dinero, de rectores dudosos, de alumnos hijos de papá. ¿No le gusta la universidad privada?

 Es verdad que he cargado las tintas al utilizar ese modelo más cercano al americano, pero ese tipo de universidad vinculada a gente de dinero y de apellidos también tiene algo de Arcadia académica en la que terminan convergiendo la élite intelectual y la élite económica y en la que al final se premia la excelencia del estudiante. Ese modelo privado no existe aquí, en España la mejor enseñanza, los mejores docentes, están en la universidad pública.


En un momento de la trama los alumnos se rebelan a favor del profesor Menkell, al que consideran su guía. ¿Un homenaje a la película El Club de los poetas muertos?

Siempre he pensado que entre los buenos profesores y los alumnos se crean lazos de lealtad. Todos hemos tenido algún profesor por el que nos hubiésemos rebelado contra el sistema y al que todavía recordamos. Lo de la película es un referente de mi generación, una película que nos marcó por esa reflexión en torno al docente cercano, ético, independiente.


Dentro de la historia también introduce termas sociales de actualidad: los alquileres de rentas antiguas, la transformación del barrio de Chueca…

En mis anteriores novelas el pasado tenía un peso importante y en esta quería que lo tuviese el presente, el mundo contemporáneo. Por eso he introducido la especulación inmobiliaria, la transformación de un barrio conflictivo en un barrio ideal, etc. Son temas de los que casi todos hemos sido testigos directos y que posibilitan tener una complicidad con el lector.


A parte de a literatura, la música es la otra disciplina que juega un importante papel en la historia: la señora Szherny, Cole Porter, La Casa Verdi.

Siempre he envidiado a la gente que sabe música, que la estudia, que compone. Y especialmente he admirado a Cole Porter, un genio y un brillante personaje del siglo XX. Sin él la música no hubiese cambiado. Y también está la Casa Verdi que existe en Milán. Un lugar precioso que es una casa de reposo para músicos mayores.

 

VIDAS CRUZADAS

¿El escritor inventa o pone palabras a los hechos reales?, ¿la inspiración es un trabajo de búsqueda o es un accidente del azar? Estas preguntas las resuelve Marta Rivera en La importancia de las cosas. La novela que protagonizan dos hombres solitarios que se han conformado con una vida sin ambiciones ni sobresaltos. Uno es Mario Menkell, profesor de escritura creativa en una prestigiosa universidad privada. El otro, Fernando Montalvo, es un profesor de música que colecciona objetos y que se suicida en el piso que es propiedad del primero. La separación de una compañera del profesor universitario, enamorado en silencio de ella, provoca que éste le ofrezca el piso que deben “limpiar” de las cosas que ha dejado el suicida. Esta tarea les hará descubrir otras facetas de Montalvo y entablar relación con algunos de sus alumnos, como la señora Szcherny. Poco a poco, Menkell y su compañera Beatriz irán adentrándose en una indagación hacia el misterio que envuelve la vida del profesor de música, a la vez que estrechan su relación y hacen frente a los problemas de la universidad y al acoso del rector, propiciado por un editor interesado en contratar la próxima novela de Menkell. Algo difícil porque Menkell considera que no tiene nada que contar y que su única novela fue fruto de una historia familiar que le transmitió una tía. Este es el armazón con el que Marta Rivera compone una hermosa historia sobre un amor devoto y secreto y sobre como la vida real a veces es superior a la ficción. Y lo hace engarzando la existencia de un hombre vivo y sin ilusiones a la de otro hombre muerto que vivió con una gran ilusión. Vidas cruzadas y salpicadas también por las diferentes maneras de enfrentarse a la soledad, la obsesión emocional, la fidelidad de los alumnos hacia el profesor al que consideran un guía, al chantaje laboral, a la figura de los editores, al talento y a la mediocridad creativa, a la orfandad y a temas actuales como la especulación inmobiliaria y los claros oscuros de las universidades privadas. Una historia definida por la riqueza psicológica de los personajes, por los exquisitos detalles y atmósferas, por el tono coloquial y preciso de la narración. Los aciertos con los que Marta Rivera consigue otorgarle a su novela un excelente clima de credibilidad y cercanía y demostrar que la inspiración, que las historias, están ahí fuera, esperando ser descubiertas y contadas.