POESÍA Y ENSAYO
Robin Lane Fox, Sánchez-Terán, Dominique Noguet, Stanislaw Lem, Sylvia Plath, Antonio Gamoneda.
LECTURAS ENSAYO
EL MAPA DE LOS DIOSES
GULLERMO BUSUTIL
Héroes viajeros
Robin Lane Fox
Crítica
Precio: 29,90 €
Páginas: 596
Robin Lane Fox, catedrático de Historia Antigua y profesor en Oxford, ha demostrado en sus libros, Alejandro Magno y El mundo clásico, tener una poderosa capacidad narrativa con la que contagia a los lectores su pasión por la épica y la epopeya de la historia. Para Lane Fox el historiador es un viajero a través del tiempo que “usa su imaginación para interpretar las pruebas interrogándolas, siendo consciente de que sus respuestas deben estar siempre controladas por la evidencia”. Con esta filosofía de trabajo, Rober Lane Fox vuelve, en su último libro Héroes Viajeros, a centrar la atención del lector en el siglo VIII a.C., el tiempo en el que “las culturas mediterráneas se formaron en parte gracias a los viajes y los contactos”. En este período de importantes movimientos migratorios, en China, la India, el reino de Israel y en el Mediterráneo, y de la expansión del comercio que dio lugar a la creación del triángulo formado por Chipre, Sicilia y el Levante español, los fenicios desempeñaron un papel primordial. Ellos establecieron un amplio mapa comercial, aportaron nuevos inventos y crearon el alfabeto, pero “la falta de un Homero y de un Sófocles explica que los escritos fenicios no hayan sobrevivido, aunque su alfabeto si que facilitó el desarrollo de la escritura griega”. A partir de las aventuras occidentales de los fenicios, Robert Lane Fox rastrea la estela de viajeros y mitos griegos, los muthoi, que en un principio se transmitían a través de los relatos orales, con los que el pueblo sentía poseer un pasado lejano más brillante que el de otras culturas, y posteriormente mediante los oráculos, como el Delfos, donde los dioses hablaban de sí mismos en términos míticos. Para el historiador británico “los griegos daban por sentada su identidad, porque compartían un mismo lenguaje y una adoración parecida hacia sus dioses, pero los mitos reforzaban este sentimiento de “grieguismo” al hablar de héroes, volviéndolos más personales, y conectarlos con lugares de la geografía griega”.
En este recorrido que no deja de lado el significado que ha tenido la cerámica para arqueólogos e historiadores que, gracias a sus restos, averiguaron hábitos y costumbres de los pueblos de este siglo, Lane Foz hace especial hincapié en La Odisea. El libro, donde por primera vez en la literatura universal aparece el sentimiento de nostalgia, que analiza minuciosamente para ahondar en la riqueza y en el misterio de la épica de Homero, al mismo tiempo que lo utiliza a modo de cartografía para indagar en las claves de la cultura griega y en el significado que tuvieron la simbología del paisaje, los rituales y la fenomenología de los monstruos que “fueron extremadamente importantes a la hora de favorecer que los mitos pasasen de una cultura a otra”. La Odisea, cuyo protagonista es el modelo del viajero más allá de los límites conocidos, supone también un testimonio, al igual que La Ilíada, de las incursiones de los griegos hacia Oriente Próximo con el propósito de establecer nuevos centros comerciales y nuevas ciudades estado. De ese modo los elementos homéricos de ambos libros contribuyen, como señala Lane Fox en gran parte de este excelente y ameno viaje a través de la historia, a identificar la expansión de los mitos y de la cultura griega en el mundo real del siglo VIII a.C. y sus años posteriores. Cuando el lector arribe al puerto del final de esta apasionante aventura didáctica tendrá un profundo conocimiento de los orígenes de Europa y de la importancia, en el imaginario del hombre contemporáneo, de una huella homérica que aún hoy a muchos les lleva a pensar, muchos siglos después, en los dioses y en los héroes.
UN EDITOR EXCEPCIONAL
EDUARDO CHAMORRO
La transición. Síntesis y claves
Salvador Sánchez Terán
Planeta
Precio: 23 €
Páginas: 266
España ha tenido y tiene editoriales muy bien dirigidas, así como excelentes directores literarios. Ahora, bien, si de lo que hablamos es de la historia española contemporánea, entonces el editor es, sin la más mínima duda, Rafael Borrás. Si contamos los años de la revista La Jirafa, previos a su prolongada experiencia con Planeta, el resultado es un proyecto editorial tan imaginativo como realista o pragmático, intachable desde el punto de vista del pluralismo político e ideológico, puesto en marcha y desarrollado durante más de medio siglo, se dice pronto.
De modo que no sólo hablamos de un editor excepcional; también lo fue su proyecto y lo es, y sigue siendo, esa su obra, hasta el punto de constituir el fundamento de la tesis que David Escobar presentó el pasado 3 de diciembre, bajo la dirección de M. Vincent Garmendia, ante un jurado de la Université Michel de Montaigne-Bordeaux III.
El trabajo lleva por título Mémoire et édition pendant la transition démocrastique espagnole: la collection Espejo de España des Editions Planeta de 1973 a 1978, y se trata de la investigación científica de un fenómeno intelectual abordado en su periodo más significativo y arriesgado, desde cuatro suertes de perspectiva: a) el panorama de la memoria cultural de la época entre el control de la censura y la desaparición de esta bajo las circunstancias de la transición; b) el recorrido del proyecto editorial de Rafael Borrás, b) la puesta a punto de los recursos editoriales establecidos por José Manuel Lara en Planeta, y d) el despliegue de la colección Espejo de España, su incidencia en el mercado y sus efectos colaterales en el panorama editorial.
La tesis de David Escolar plantea el contexto en el que se inserta con la debida coherencia la nueva colección dirigida por Rafael Borras en Planeta, España Escrita. Ambas colecciones forman ahora la reconstitución de un proyecto bifronte. Si con Espejo de España se buscaba la expresión de una historia que no estaba en los escritos, con España Escrita se persigue el mantenimiento de la vigencia de unas memorias y unos recuerdos amenazados por una novísima y esquinada concepción de la “modernidad”. Ante una escuela que funciona como banderín de enganche para cazafortunas y buscavidas afanados en la condena de una transición que, según ellos, se hizo mal o nunca se debió hacer como se hizo, la renovada serie de libros promovida por Borras regresa a la fisiología de la España contemporánea y examina los talleres en los que se decidió, negoció y llevó a cabo una operación tan delicada como la Transición, con tantas fechas de caducidad como ahora –con todos a cubierto– se quiera, y con tanto esfuerzo y aciertos como treinta años de sosiego merecen reconocer.
El libro de Salvador Sánchez Terán La Transición. Síntesis y Claves es un buen ejemplo programático de lo que Espejo de España dio de sí y de lo que España Escrita puede mantener vigente desde el punto de vista del análisis político y la crítica histórica. Sánchez Terán es un político que procede de las ciencias y la técnica, y observa las cosas de las que habla –y en las que intervino– desde un punto de vista a baja temperatura, para contarlas con una pluma meticulosa y administrativa, en una combinación de método y sistema bastante adecuada para considerar en frío, imparcialmente, aquella arquitectura de decisiones a la que llamamos Transición. Un periodo de mano hirsuta en guante a veces de terciopelo, que ahora puede contemplarse como revisa el peregrino el rastro de sus pasos antiguos, y el pensionista, los fundamentos de sus haberes pasivos, pero que entonces –en un tiempo y en un país fundamentalmente dramáticos– fue una erizada secuencia de reyertas entre el sentido común y una galería de fantasmas más o menos armados, más o menos fantasmas.
IMPOSIBLE HISTORIA POSIBLE
FÉLIX ROMEO
Lenin Dadá
Dominique Noguez
Península
Precio: 16,90 €
Páginas: 160
Ahora, que Enrique Vila-Matas ha reconocido en un artículo a Dominique Noguez (Bolbec, Francia, 1942) como “antiguo compañero de juergas”, es posible que se amplíe su obra traducida en España, limitada a su novela Amor negro (Alianza). Y quizá la próxima entrega sea Vingt choses qui nous rendent la vie infernale, de la que Vila-Matas afirma que es “un catálogo razonado de todo aquello que le produce leves malestares graves”. Mientras tanto, se puede disfrutar ya de Lenin Dadá. Publicado originalmente en 1989, se presenta como un erudito ensayo histórico y guarda algún parecido con los falsos documentales, pero tiene una gran diferencia, Noguez utiliza datos reales: el Cabaret Voltaire existía en Zurich; Lenin vivía a muy pocos metros del Cabaret Voltaire, donde Dadá tenía su sede; es posible que Lenin, a quien le gustaban las tabernas, cayera por el Cabaret Voltaire... A partir de ahí, todo, o casi todo, es especulación durante la mitad del ensayo. Especulación realizada con gran habilidad narrativa que, paradójicamente para los intereses de Noguez, es tan buena que resulta sospechosa, por su escasez entre la historiografía erudita. Como muestra, basta su análisis de un cuadro de Dalí, “Alucinación parcial: seis imágenes de Lenin sobre un piano” (1931), en el que quizá pintara no tan crípticamente la relación de los dadaístas con el líder comunista: “y las seis “imágenes” o “apariciones” de Lenin sobre el piano son como una forma de significar seis veces la presencia de Lenin junto a cada uno de los seis miembros de la “Orquesta Voltaire” [Tzara, Arp, Ball y cia.]”.
Tras la exposición de esas “relaciones históricas”, que nunca dejan de tener un aire humorístico, y conociera Lenin a los miembros de Dadá o no los conociera, está el asunto central de la tesis de Noguez. El revolucionario ruso habría sido quien llevara los presupuestos teóricos de los dadaístas (contradicción, simulacro, crimen, ubuismo) a donde esa cuadrilla de literatos gamberros jamás se habría atrevido a llevarlos: a la acción política, a la administración pública, a la justicia... Y la acción política, la administración del Estado y la justicia de Lenin, tras la revolución, fueron un desastre mayúsculo. Resumiendo: primero, asesinato sistemático de sus enemigos (en un amplísimo sentido), y, posteriormente, asesinato sistemático de sus camaradas, delineando ya la línea maestra de su sucesor, Stalin, el terror.
La segunda mitad de Lenin Dadá, a partir del capítulo “Política Dadá y principio de contradicción”, que aborda la llegada de Lenin al poder, es buena, aunque el humor negro de Noguez casi nunca puede sostener tanta brutalidad, tanto desvarío. Escribe: “A partir de julio, mientras que él mismo manda fusilar a 23 personas en Moscú, 10 serán ejecutadas en Murom, 35 en Viatka, 428 en Iaroslav, 78 en Kazan, 512 en una sola noche en Petrogrado –eso sin contar los asesinados en Klin, Voronej, Sestrorietz o Stavropol, cuyo número exacto se desconoce, ni los oficiales fusilados o degollados en Nijni-Novogorod (varias docenas), en Odessa (algo más de 400) o en Kiev (unos 2000). Empezando por la matanza de Armavir, donde perecerán 1342 personas entre enero y febrero, casi todas las demás masacres tendrán lugar antes de fines de agosto de 1918”.
En el epílogo, Noguez explica que quería escribir un ataque contra la historiografía tramposa que usa datos reales para fabricar mentiras. En su Lenin Dadá también baraja tramposamente datos reales, pero su retrato de Lenin y de su violencia es veraz.
UNA LECCIÓN MAGISTRAL
MARTA SANZ
Vacío perfecto
Stanislaw Lem
Impedimenta
Precio: 21 €
Páginas: 328
Quizá el mejor homenaje que podemos tributar a Vacío perfecto, colección de reseñas sobre libros inexistentes, sea escribir una crítica sin haberlo leído subrayando la idea de que la palabra (la crítica, la literatura) funda lo que no existe (la lectura de un libro, el libro en sí, el mundo). Perderíamos una ocasión de gozo.
Andrés Ibáñez, en sintonía con Lem, coloca este libro-mundo al lado de la enciclopedia de Borges en Tlön, Uqbar y Orbis Tertius. La posmodernidad, partiendo de la desconfianza en el lenguaje, genera un potente imaginario: espejos, trampantojos, mise en abyme, fragmentos del yo; y, a partir de la duplicación, sus binomios interpretativos: realidad y ficción, verdad y mentira, lo auténtico y su falsificación, lo natural y lo artificial, en las producciones humanas y en el universo que, tal vez, sea producto de una partida cuyos jugadores no se mueven por razones éticas sino por la lógica que el juego impone: así se explica en el único texto que no es una reseña, sino el discurso de un Nóbel de Física. Dios, las matemáticas, el cosmos y el azar se unen en una literatura-ficción coherente con el género que fascinó al autor de Solaris.
La literatura es el artificio que destaca sobre la historia, la ciencia, la crítica. Las ficciones de ficciones revelan que lo que no existe es posible –al menos verosímil– aunque altamente improbable, pero que nada existe en realidad: son tantas las probabilidades de que algo no suceda que resulta extrema la dificultad de la vida. Lem se ríe de sus razonamientos y consigue que el escritor, el científico o el crítico se resten importancia a través del recurso paradójico de dársela toda, sintetizando distanciamiento y mirada narcisista, la humildad y la soberbia inherentes al proyecto creativo. Es imposible no disfrutar con la fértil imaginación de Lem y de su eficacia como contador de historias; con ellas arroja un guante: los lectores podrían convertirse en escritores que reconstruyen la periferia textual a partir del núcleo, rellenan el hueco, perpetrando así la ilusión democrática de la literatura como diálogo. ¿Se está riendo Lem de las fantasías demagógicas de la posmodernidad? Sobre proyectos y probabilidades fallidas con las que el lector juega trata “Do yourself a book”: tras su lectura no reprimo la hipótesis de que, cuanto más perezoso es el público-lector, más quiere participar en el texto a través de recursos infantiles que, con su dinamismo, distraen del tipo de lectura, profundo y reposado –divertidísimo–, que exige Vacío perfecto.
Lem disecciona los tópicos que configuran el canon a través de la parodia de la genialidad, la autoficción o el servilismo del autor respecto a los lectores. Más allá de metaliteraturas, sobresale la dimensión ética de una obra que, en definitiva, trata de los deseos, las historias no contadas, la utopía, la distopía y la posibilidad de que a veces sea preferible que algunos deseos no se cumplan o de que se queden en el tintero algunos relatos. Lem no se mete el dedo en el ombligo y le da vueltas. Habla del mundo. Estas páginas no se reducen a lección magistral o divertimento para letraheridos. El lector, al entrar en esta maraña de pseudonovelistas, pseudocríticos y pseudofilósofos, se transforma en un lector con mayúsculas: las pseudomasturbaciones de la inteligencia creativa necesitan ser desentrañadas y son estímulos para aprender cosas nuevas de la sabiduría de Lem y desarrollar la habilidad de pensar desensoberbeciendo a la vez el pensamiento.
LECTURAS POESÍA
EL CUERPO ENTERO DEL MITO
ISABEL PÉREZ MONTALBÁN
Poesía completa
Sylvia Plath
Bartleby Editores
Precio: 28 €
Páginas: 704
Inevitable. Antes de llegar a las librerías el volumen de la Poesía completa de la norteamericana Sylvia Plath (1932-1963), traducidas al español y editadas por Bartleby (impecable su selección de autores extranjeros), ya podía preverse el éxito de ventas (poético, claro, lo que se traduce en unos pocos miles de ejemplares). Ya se anuncia la segunda edición. Inevitable porque hace décadas que esta autora se convirtió en uno de los mitos literarios del siglo XX, un icono feminista, existencial y trágico. Este apasionante libro, que se presenta bilingüe, respetando la introducción y la edición cuidada por su marido, el poeta Ted Hughes, traducido y anotado con esmero por Xoan Abeleira, supone el acercamiento, cuando no el descubrimiento, de una escritura destinada a perdurar.
El traductor considera que deben separarse sus logros estéticos de su experiencia biográfica, pues sus textos “más allá de su mero valor confesional, adquieren una trascendencia que está por encima de las limitaciones temporales, geográficas o individuales para conectar con el lector en un lugar del sentimiento, de la inteligencia o de la vida”. Tiene razón, pero no. Imposible negar en este caso (tal vez en ninguno) la vinculación entre la vida y la obra de la escritora. Imposible olvidar su enfermedad y su suicidio si se quiere comprender el alcance de su poesía y la recepción de la misma. La obra de Plath se ha instalado entre notoriedad y mito, admiración y devoción, buena literatura y genialidad. Cuesta adivinar cómo se leería de ignorarse su inestable existencia, más todavía cuando su obra la refleja y se alimenta de ella; de sus amores, sus depresiones, sus hijos, su entorno y sus aspiraciones.
Del mismo modo que la obra de Lorca no puede ser la misma cuando se escribió que cuando el receptor la descubre o la retoma después de que su asesinato y el tiempo la hayan trascendido para otorgarle otra lectura (ejemplo: el poema “La cogida y la muerte” del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías pudo ser en origen un homenaje al torero y a la fiesta nacional, pero ya en todo el mundo sólo puede leerse como un escalofriante relato de la muerte). Así, los poemas de Plath se reciben hoy desde el conocimiento de su tragedia, adquiriendo así una magnitud autodestructiva transmutada en arte, y favoreciendo un análisis íntimo del subconsciente, del daño que provoca vivir en la fragilidad humana. No se trata de cubrirla con los tópicos que el mito ha creado, pero tampoco cabe quitarle toda la piel para encontrar en la hipodermis sólo las palabras, pues la piel y los vestidos de Silvia Plath vienen a conformar su cuerpo entero, la esencia misma de su simbolismo y su modernidad, los ingredientes de su plasticidad lingüística. Toda su intensa capacidad expresiva se origina y crece gracias a sus experiencias vitales, sus derivas psicológicas y su destino.
Se dice de estos creadores-mito que su biografía ha superado la propia obra. Es cierto que la trascendencia alcanzada se debe en parte a sus circunstancias vitales, pero también que éstas han favorecido la difusión de una obra importante, que es tal porque se gesta en lo personal y el entorno. No es sino su vida (más su talento) la que posibilita a Sylvia Plath desplegar la agonía de su sensibilidad, el hallazgo de la trastienda del léxico; el impulso para dar el salto más allá de la tradición, para enaltecer lo pequeño y escribir con la fuerza incesante de un pulso poético más grande y más largo, eso sí, que su propia vida.
LA RESPIRACIÓN DEL NO SER
JAVIER LOSTALÉ
Extravío en la luz
Antonio Gamoneda
Casariego
Precio: 50 €
Páginas: 80
Antonio Gamoneda ha vuelto a recluirse en el seno de esa luz blanca, anuncio del no ser, y a dejarse fecundar por la idea de la muerte. Y a los dos años de la obtención del Premio Cervantes nos ha entregado un nuevo libro formado por seis poemas en los que, fiel a su proceso de creación, se ha deshabitado hasta ese vacío engendrador de desapariciones aún con pulso, y ha escuchado más que nunca, con todo su cuerpo transformado en conciencia, el sonido de lo inexistente. Así ha nacido Extravío en la luz, una obra en la que Gamoneda, con un despojamiento que produce escalofrío, ha interiorizado en su lenguaje lleno de emanaciones físicas y psíquicas toda su existencia, y lo ha hecho “extraviándose” (hasta ser asumido) en la luz que, para el poeta, es un hecho terminal, lo que precede a la cesación de la vida. Umbral donde, al ser genéticamete rescatado por la memoria, adquiere su pleno sentido el entramado de dolor, amor, orfandad, sucesos, gestos, injusticia, mentira, corrupción, suicidios, represión y asesinatos colectivos durante nuestra guerra civil y posguerra, vividos por el autor ovetense. Lugar donde siguen “ardiendo las pérdidas” (recordemos el título de otro de sus libros), y con la desnudez de la proximidad a lo invisible la escritura se convierte en interna acción moral, en la que están comprometidos pensamiento y contemplación, alumbradora del recuerdo, el olvido, las preguntas, los sueños, lo amado, con la fisicidad que siempre tienen los versos de Gamoneda, donde hasta la materia tiene pulsaciones y cada órgano corporal, cada residuo del organismo, se individualiza en experiencia vital: “Amo el estambre celular, las heces / blancas al fin, el orificio / de la infelicidad, las médulas / de la tristeza, los anillos / de la vejez y las sustancias / de la tiniebla intestinal. Amo los círculos / grasientos del dolor y las raíces / de los tumores lívidos”. Y aparecen las manos, tan necesarias en su poesía, en la que el tacto es revelación, conocimiento y curación: “Unas manos pasaban sobre mi rostro y envejecían dulcemente.¿Qué / fue existir entre cuerdas y olvido? / ¿Quién fui en los brazos de mi madre, quién fui en mi propio corazón?”. Hay en Extravío en la luz, como en general en toda la obra de Gamoneda, un cordón umbilical nunca roto con la infancia y, sobre todo, una presencia del agua en el poema central del libro, “Ha de llover”,que nombra calando, ya fuera del tiempo y del espacio por su intensidad primigenia, todo el dolor, el horror y la dignidad de una vida: la del propio poeta. Agua que es purificación: “Ha de llover en los pantanos / rebosantes (se dice) de fascismo y de / tristeza imperial”, resurrección: “Sí ha de llover: hoy es martes / especialmente. Hoy resucitan / los fusilados de Villamañán”, bautismo del sufrimiento hasta el tuétano para un eterno amanecer redentor: “¿Está lloviendo? / Sí, está lloviendo. Las madres/son blancas y locas. Vienen/al penal y a los laboratorios/de la tortura. / Ya / están aquí las madres. Traen/fuego y amor. / ¡Ah de la lluvia, / sobre las madres!”
Extravío en la luz es un libro desplegable como un gran lienzo de la existencia, en el que junto a los poemas de Antonio Gamoneda pueden leerse, no sólo verse, los veinte grabados del poeta Juan Carlos Mestre que reflejan magistralmente la idea mantenida por Gamoneda de que en la poesía se llega a crear una función lingüística que integra lo cierto en lo inverosímil, por eso en ellos se funde la invisibilidad con la certeza de números y, estremecedor, de nombres de fusilados durante la guerra civil. Lienzo en el que también son esenciales los dos preámbulos de la profesora Amelia Gamoneda. Todo ello encarnado por esa artista de la edición que es Isabel Casariego.¿Cabe mejor acompañamiento para otra obra mayor de nuestro Premio Cervantes?



