NARRATIVA
Herman Melville, José Saramago, Arthur Miller, Menéndez Salmón, Roberto Calasso, Carlos Puyol.
LECTURAS NARRATIVA
PIRATAS Y GALÁPAGOS
LUIS ALBERTO DE CUENCA
Las Encantadas
Herman Melville
Berenice
Precio: 16 €
Páginas: 168
En 1535, un grupo de españoles pisó por primera vez unas islas al este del Océano Pacífico, a 900 kilómetros de la costa americana y a la altura del Ecuador. Asombrados ante su constitución volcánica, su extraña y arcaica fauna (que hizo que se las conociera más tarde como islas de los Galápagos o islas Galápagos a secas) y sus alucinantes paisajes, las llamaron Encantadas. Pero los visitantes españoles las abandonaron muy pronto, y aquellas islas se convirtieron en escondrijo favorito de piratas, que les dieron nombres ingleses y las enriquecieron con toda una sugestiva y variopinta mitología aventurera.
El norteamericano Herman Melville (1819-1891) recorrió de joven los mares del sur a bordo de un ballenero, lo que le procuró el conocimiento y experiencia necesarios para escribir Moby Dick (Nueva York, Harper & Brothers, 1851), una de las novelas más hermosas de las letras universales. Fue su coetáneo Nathaniel Hawthorne, otro narrador memorable, quien lo inició en la literatura. En 1856, Melville dio a las prensas The Piazza Tales (Nueva York, Dix & Edwards), un conjunto de relatos previamente publicados, salvo el inédito “The Piazza”, en Putnam’s Monthly Magazine. Esa estupenda compilación alberga joyas literarias como el prekafkiano Bartleby the Scrivener (ya saben el tipo que repetía obsesivamente “preferiría no hacerlo”), el espléndido Benito Cereno y los diez breves textos que componen The Encantadas, una pequeña obra maestra en la que se juntan tres magias: la del cuento, la del diario de viaje y la del poema en prosa, constituyendo uno de los momentos creativos más felices de su autor.
Precede a cada prosa una breve composición en verso. Se sabe que la mayoría de esas citas en verso proceden de una suerte de refundición y, a veces, contaminación de pasajes de La reina de las hadas (The Faerie Queene), el célebre poema épico-alegórico de Sir Edmund Spenser publicado originalmente en tres libros (1590) y luego en seis (1596). Los exordios poéticos subrayan el carácter de obra lírica sui generis que ofrece Las Encantadas y el trasfondo simbólico de la obra. El desolado espacio natural de las islas Galápagos se adaptaba perfectamente a la imaginación de Melville, a su cosmovisión nihilista e irónica. La descripción octava, titulada “La isla de Norfolk y la viuda chola”, es, acaso, la que presenta un desarrollo más narrativo, deteniéndose en una especie de Robinson Crusoe femenino, la chola Hunilla, quien, abandonada en una isla desierta, aguarda en vano durante largos años la llegada de un buque salvador. La novena, “La isla de Hood y el ermitaño Oberlus”, también está protagonizada por un ser humano, el repelente Oberlus, digno de figurar en las logias borgianas de la Historia universal de la infamia (por lo menos). No tiene desperdicio tampoco la descripción séptima, “La isla de Charles y el rey de los perros”, pero no quiero seguir eligiendo, porque se trata tan sólo de un centenar largo de páginas y todas ellas son deliciosas.
El genial polígrafo mallorquín Cristóbal Serra (Palma, 1922) fue quien me descubrió Las Encantadas en la magnífica traducción que hizo de las diez prosas melvilleanas en 1970 (Barcelona, Seix Barral, “Biblioteca Breve de Bolsillo”, con cubierta de Ángel Jové). Reproduje esa modélica versión como volumen quinto de mi colección “La cabeza de Medusa” (Barcelona, Mondadori, 1992, con cubierta del inolvidable Daniel Gil). Ahora, merced a esta nueva edición auspiciada por Berenice, Las Encantadas vuelve a los escaparates de las librerías españolas. Hay que agradecérselo al joven cordobés David Cruz Acevedo, pues él es el responsable de la traducción castellana, de una sabrosa introducción y de una siempre útil bibliografía.
LA MUERTE QUE JUSTIFICA LA VIDA
TOMÁS VAL
El viaje del elefante
José Saramago
Alfaguara
Precio: 18,50 €
Páginas: 280
En la última novela de José Saramago, titulada El viaje del elefante, hay un personaje que, de pronto, se encuentra perdido en la niebla, en un lugar cercano a la frontera luso-española. Extraño animal es este bicho hombre –Saramago dixit– que es capaz de quedarse dormido en ese océano de bruma y entregarse así a una muerte casi cierta por congelación o por el ataque de lobos próximos. Lo que salva a nuestro inconsciente durmiente es el sonido atronador de un barrito, el rugido del elefante que le despierta y le conduce hasta el campamento cercano.
El elefante que barrita es Salomón y el hombre próximo a la muerte bien podría ser Saramago, muy gravemente enfermo durante el periodo de escritura de ésta su última novela. Novelistas hubo que creyeron que mientras escribieran seguirían vivos.
La crónica de El viaje del Elefante comienza en Lisboa, cuando el rey Juan III tiene la idea de ofrecer a su primo Maximiliano de Austria, yerno del emperador Carlos V, un regalo muy especial: un elefante, Salomón, que llegó de la India hace más de dos años. Maximiliano se encuentra en Valladolid y hasta esa ciudad castellana han de trasladar a Salomón para que, con su nuevo amo, continúe viaje hasta Viena atravesando un crudo invierno europeo.
El cuento, en sí mismo, parece sencillo, pero Saramago consigue alcanzar esa peculiaridad que poseen los clásicos: enmascarar lo complejo bajo los ropajes de lo sencillo. Es cosa que causa asombro, en el siglo XVI, época en la que transcurre el relato basado en una anécdota histórica, la contemplación de un elefante y así nos encontramos a los emperadores, a los soldados, a los labriegos y a todos los que habitaban aquel mundo pequeño, mirar con la boca abierta el tránsito del exótico animal por los caminos de Europa.
Como siempre –Saramago en todas sus obras reivindica la presencia del escritor; el lector ha de saber que es José Saramago quien cuenta la historia y que esa circunstancia no es inocua, que las cosas varían dependiendo de quién las mire– nos encontramos con las reflexiones típicas del portugués, con sus idas y venidas por el tiempo, con sus obsesiones y reflexiones, con sus peculiaridades sintácticas… El viejo mundo mira pasar a un elefante, ese animal tan distinto de los bueyes y los asnos, los perros y los lobos con los que están familiarizados, y llega a pensar que tan extraordinaria presencia es cosa del destino. Y unos –como al destino– le piden milagros, otros le arrojan agua bendita para exorcizarlo; otros ven el él la oportunidad de crecer profesionalmente… Nadie se mantiene impasible ante el fenómeno.
Pero también, y principalmente, es el elefante el que mira este mundo tan alejado del de la India. A través de Subhro, el cornaca, el conductor que viaja encaramado en su lomo, Saramago nos ofrece el punto de vista del animal y logra un personaje inolvidable que pasará a engrosar el padrón de nuestro universo literario.
Ironía, ternura, crítica social, buena literatura, grandes dosis de humor son los elementos de este viaje que lleva a un elefante de Lisboa a Viena a través de páramos y de montañas nevadas. Salomón morirá dos años después y sus patas se convertirán en paragüeros a la entrada de un palacio. Sostiene Saramago que es la muerte lo que justifica las vidas; el final del paquidermo es la metáfora del cuento. El autor, en la dedicatoria del libro, afirma que fue Pilar del Río, la traductora y la mujer del portugués, quien no le dejó morir. Fue bueno que Saramago superara la enfermedad y nos entregara esta novela, tan buena como las mejores que ha escrito.
CRÓNICA DE AQUEL DÍA DE MARZO
SANTOS SANZ VILLANUEVA
El corrector
Ricardo Menéndez Salmón
Seix Barral
Precio: 17,50 €
Páginas: 144
Entre la trivial novela de consumo que predomina en el momento presente se van haciendo su hueco algunos relatos con ambiciones serias. Varios narradores de última hora, quizás como respuesta a un sentimiento extendido de que vivimos una época de crisis, van desgranando observaciones sobre los registros morales de nuestro tiempo. Ahí está Isaac Rosa con su testimonio del miedo contemporáneo, o, en curiosa proximidad temática y casi intencional, la crónica de las variedades del terror que acompañan a la existencia cotidiana que presentaba hace poco Ricardo Menéndez Salmón en Derrumbe (2008).
El nuevo libro de este ya respetado autor asturiano, El corrector, viene a ser una ampliación o apéndice del planteamiento muy abstracto del anterior, pues retoma idéntico asunto, el terror, y lo sitúa en un contexto concretísimo, el 11 de marzo de 2004, fecha del salvaje atentado contra los ferrocarriles madrileños. El protagonista, Vladimir, escritor que abandonó su vocación y trabaja, según señala el título, como corrector de textos, relata su desasosegante vivencia de aquel día. El dolor y el espanto acumulados a lo largo de la jornada van surgiendo a través de unas pocas conversaciones (con un amigo, con el editor del libro de Dostoievski que anda revisando, con los padres y con su mujer) y de sus propias reflexiones y evocaciones suscitadas por el criminal suceso.
Esa dura experiencia no la pone Vladimir por escrito de forma gratuita sino con plena conciencia de hacer su “crónica de aquel día de marzo” y sacar de ella consecuencias generales. Por ello el testimonio adopta un pertinente enfoque analítico que se aproxima con frecuencia a lo discursivo y ensayístico (bien apoyado con cláusulas oratorias, con énfasis retórico o con anáforas), sin que esta modalidad comunicativa ignore tampoco el registro emocional requerido por la circunstancia y que se ve en la vehemencia reflejada ocasionalmente por la expresión vulgar (“¿De qué cojones se pueden reír” esos “grandísimos hijos de puta?”).
Un discurso, pues, complejo para trascender lo anecdótico a categoría universal. A este efecto, diseña Menéndez Salmón de entrada una imagen creativa: la vida es frágil, inestable y sobre lo inefable de la existencia penden dolores y errores, erratas, diríamos, que obligan a hacer correcciones; en cierta manera, somos correctores del texto deturpado de la existencia. Esta buena metáfora sirve para acoger el mensaje de la novela, que viene a ser una guía para salvarse del mundo implacable. El amor es la gran triaca contra la hostil realidad (“tenemos que amarnos desesperadamente”; todo negocio puede ser aplazado, “salvo el amor”, sostiene el corrector); la pareja, la familia, la amistad son asideros para ponerse a resguardo de la mentira, del lenguaje tramposo, de los políticos. Este planteamiento general no obsta para que la novela agregue un alegato específico contra la actuación del gobierno en aquella horrible fecha, de modo que tiene un alcance político preciso porque solo constata una parte de los errores y desvergonzadas manipulaciones y silencia otros.
El corrector confirma a Menéndez Salmón como un autor a quien merece la pena leer. Tiene planteamientos formales propios y una clara voluntad literaria, aunque en esta ocasión su prosa caiga en descuidos (un chirriante “nos hallamos extinguido”). Y, sobre todo, es un escritor con inquietudes morales capaz de estimular la reflexión del lector, desasosegarle y llevar a su ánimo preguntas esenciales.
UN HOMBRE QUE SE APAGA
ANTONIO OREJUDO
Cuentos
Arthur Miller
Tusquets
Precio: 17 €
Páginas: 208
No soy buen lector de cuentos como no soy buen espectador de maratones. En atletismo me gustan las distancias cortas, pero en literatura prefiero el largo recorrido. Y tampoco siento mucha simpatía por Arthur Miller, ese progresista que abandonó a un hijo con Síndrome de Down. El niño afeaba esa imagen que él supo cultivar como nadie a base de intelectualidad socialdemócrata y gotitas de ‘star-system’. Así que reconozco haber leído Presencia a la contra, buscando en este puñado de relatos argumentos que fundamentaran mi antipatía por el autor. Pero no los he encontrado, lo digo de entrada. Todo lo contrario. La ficción ha vuelto a vencer a la realidad, y la lectura de estos cuentos sobrios, casi minimalistas, ha conseguido hacerme olvidar a la persona que los escribió.
Presencia se compone de seis relatos, tal vez los últimos que Miller escribió. El libro da la impresión de ser un sumario, un adiós melancólico a los temas, recuerdos y asuntos que todavía preocupan a un hombre que se apaga. Pese a que se trata de una recopilación de relatos publicados en diferentes lugares, Presencia no es un surtido, sino un volumen con una extraña unidad. Y no sólo con unidad. También con estructura, casi con argumento. La colocación de los relatos es sutilmente cronológica: desde el despertar sexual de un adolescente en el Nueva York de los años 30 a una onírica imagen de la desaparición final, pasando por piezas protagonizadas por hombres, siempre hombres, con una edad aproximada a la del último Miller.
‘Bulldog’ el primero, es un pequeño relato de iniciación. Un adolescente acude a una casa para comprar un cachorro, y lo que va a ser una simple transacción se convierte en una peculiar iniciación sexual. Le sigue ‘La función’, la historia de un bailarín de claqué que le cuenta al narrador-periodista la función que tuvo que dar ante Hitler, y que nos es ‘re-contada’.
El tercer cuento, ‘Castores’, es el que menos relación tiene con la colección, pero sirve de cesura a los tres restantes. ‘El manuscrito desnudo’ nos habla del ocaso del escritor y del sexo como motor de creación, aprovechando la ocurrencia de un Clement –trasunto de Miller– para acabar con su bloqueo creativo: escribir sobre el cuerpo desnudo de una joven, a la que Clement contrata mediante un anuncio de prensa. Una delicatessen para fetichistas.
‘La destilería de trementina’ trata abiertamente de la presencia de las personas que se han ido y de la presencia del pasado en el presente. Levin, un anciano que visitó Haití con su mujer, regresa a la isla tras la muerte de aquella. Lo hace en busca de otra presencia, la de Douglas, un estadounidense que lo dejó todo para montar una destilería de trementina que generara puestos de trabajo y ayudara a levantar la región. Un relato sobre el compromiso social, sobre el entusiasmo de una idea, sobre el anhelo de hacer cosas que perduren, y en definitiva sobre la esperanza.
En último cuento da título al volumen. ‘Presencia’ es un extraño relato que se desarrolla en una atmósfera onírica, sutil alegoría la muerte. Paseando por la playa, el narrador sorprende a dos amantes. A la vuelta la mujer lo está esperando, y tras una breve conversación con ella, ambos se bañan juntos en el mar, se abrazan y salen. El narrador se tumba para secarse al sol y cuando se levanta, la mujer ya no está. Antes estaba y ahora ya no. La presencia de la mujer permanece, pero su cuerpo ha desaparecido. Un relato corto como la vida. Un relato sencillo y misterioso como la muerte.
FANTASMAS DEL PARNASO
EUGENIO FUENTES
El complot de los Románticos
Carmen Boullosa
Siruela
Precio: 17,75 €
Páginas: 272
Tres personajes surcan los arenales sin fin que se extienden por el sur de los Estados Unidos y el norte de México: una estadounidense, una mexicana y un enjuto florentino de ojos apagados. Erguidos en la trasera, abierta al sol y el viento, de un “pick-up”, los tres viajeros se dirigen al Distrito Federal en una misión exploratoria que han iniciado en Nueva York a lomos de ratas gigantes. El florentino es Dante Alighieri, miembro, como casi todos los escritores difuntos, de El Parnaso, una fantástica sociedad establecida en el siglo XIX que cada año se reúne en Congreso. Su objetivo, y el de sus dos acompañantes, es determinar si el DF ofrece condiciones para albergar el cónclave de 2006.
Carmen Boullosa (Ciudad de México, 1954) consiguió el Premio de Novela Café Gijón por El complot de los Románticos, una entretenida narración, plena de guiños a la tradición literaria y a las querellas de escritores, que estos días comparece en las librerías. Boullosa, poeta, dramaturga y novelista, añade con El complot de los Románticos un nuevo panel a la ya larga trayectoria narrativa que inició en la década de 1980 con incursiones en los territorios de su infancia. Su escritura derivó más tarde hacia un registro violento y descarnado, vehículo de obras sobre la Conquista y, en los últimos años, ha dado un cierto quiebro hacia el universo de lo fantástico. De hecho, su última novela está colocada, entre otras, bajo la advocación de Arthur Machen.
El complot de los Románticos tiene, por supuesto, como protagonista a la plana mayor de la tradición literaria occidental y a algún exótico invitado. Reunir en un mismo espacio a Ovidio, en disputa con Horacio sobre Augusto, a la grey latinoamericana, a los románticos, a Céline, Kafka, Celan y a cuantos escritores, con o sin whisky, pueda imaginar el lector es una tentación y una apuesta arriesgada de la que Boullosa, que tiene bien aprendidas las lecciones de La Divina Comedia, sale razonablemente airosa. No acaba, sin embargo, ahí la cosa; junto a ellos, tres ciudades se erigen en coprotagonistas: una Nueva York cosmopolita plagada de solitarios “gringos” provincianos, un México DF con la violencia extrema esbozada como telón de fondo y un Madrid alegre cuya atmósfera permisiva desliza a no pocos fantasmas por el tobogán de la transgresión: Mishima reproduce su suicidio, para pasmo de viandantes, en plena Puerta del Sol.
Para dar forma a este ingente magma, Boullosa ha ideado un juego metaliterario en el que el personaje narrador, narradora para ser precisos, le disputa la conducción de la historia a la autora, a la que se enfrenta, critica e insulta a riesgo de ser destituida de sus funciones. Esta pelea entre mujeres enlaza con una vindicación feminista que, a la larga, acaba siendo el oculto motor de la novela y el desencadenante de la revuelta que le da título. No en vano, los congresos de El Parnaso han sido boicoteados desde sus inicios por las figuras señeras de la literatura castellana. Nunca se ha visto en esas reuniones a Cervantes, Quevedo, Lope, Góngora o Garcilaso. ¿Complejo de superioridad? En modo alguno. Tan grandes plumas, simplemente, protestan de ese modo por la exclusión de autoras como la extraordinaria pintora Sofonisba Anguissola, a la que se atribuyen textos secretos, o la muy reconocida María de Zayas. Un arranque solidario difícil de imaginar en tan egregios varones. Una juguetona venganza de Boullosa en la estela de Moctezuma.
EL GUARDIÁN DE LA LUZ
JESÚS MARTÍNEZ GÓMEZ
El rosa Tiepolo
Roberto Calasso
Anagrama
Precio: 19 €; Páginas: 312
A Roberto Calasso (Florencia, 1941) hay dos cosas que no pueden imputársele: haber sucumbido al conformismo uniformador de un tiempo poco dado al riesgo y a la aventura intelectual, o dejarse llevar por la monótona ortodoxia que abriga de los vientos más tempestuosos, aquéllos que dictan el pulso literario de un país, una época o un autor. Y es que desde su entrada, apenas veintiún años, en la prestigiosa editorial Adelphi, que hoy preside, o desde que iniciara su andadura literaria con El loco impuro (1974), Calasso se ha caracterizado por una serena osadía que le ha hecho afrontar el ejercicio literario como serio divertimento sin más compromiso frente a la tradición que la propia libertad creadora, convirtiéndose por ello en uno de los autores más brillantes, inusuales y emprendedores de la literatura italiana contemporánea.
Partidario de lo que él denomina literatura absoluta y poseedor de una cultura enciclopédica, Calasso ha ido tejiendo una trayectoria jalonada por piezas muy diversas y difíciles de clasificar, en la que, junto a algunos libros de ensayos, destacan cuatro obras: La ruina de Kasch (1983), Las bodas de Cadmo y Harmonia (1988), Ka (1996) y K (2002), fundamentales para entender una propuesta, la suya, tan ambiciosa como heterodoxa. En ellas reflexiona con audacia y sabiduría sobre el origen y ejercicio del poder, la importancia del elemento mitológico en culturas y civilizaciones como la griega o la hindú, la influencia y presencia de estos bastiones culturales en el mundo del arte y la literatura a lo largo del tiempo, o incluso sobre referentes literarios como el propio Kafka. Son obras en las que se mezclan la narración, los aforismos, el ensayo, el análisis crítico, la observación pseudofilosófica o un historicismo riguroso y desahogado.
No es extraño, pues, que El rosa Tiepolo (2009) sea la cima de un entramado de compleja y novedosa arquitectura en la que el pintor italiano le sirve de inexcusable referencia para transitar por los más variados corredores del arte, el pensamiento, los mitos, la religiosidad y la literatura de todas las épocas. Calasso revisará, describirá, troceará, exprimirá y servirá –con inigualable guarnición intelectual– la obra del genial pintor barroco veneciano que más y mejor iluminó el s. XVIII, y al que considera como “el último soplo de felicidad en Europa”.
Así, partiendo de piezas muy conocidas, de algunos óleos y muchos de los frescos que enriquecen los palacios de Udine, Labia, Würzbug o los del Palacio Real de Madrid, pero muy en especial de los Caprichos y los veintitrés aguafuertes que conforman los Scherzi, Calasso nos adentra en el alma y en los sueños del artista, en sus filias y fobias, en las dificultades a las que tuvo que hacer frente, nos acerca a los protagonistas de las piezas, su intrahistoria, el sentido religioso o pagano que las impregna, nos informa de la idolatría del veneciano por la luz, de su capacidad para alcanzar sin esfuerzo aparente el arte verdadero. Todo aderezado con su desbordante erudición y la presencia de algunas escogidas referencias sobre Tiepolo que informan la obra de aquellos literatos como Baudelaire, Proust o Twain, que han hecho posible, según Calasso, que la palabra literatura signifique hoy otra cosa más diversa y menos definible que la literatura precedente.
En definitiva, un libro concebido por y para la exaltación de los sentidos y el gozo del intelecto que, con una prosa rica en imágenes y fácil en su disposición, se ofrece desafiante a los ojos del espectador. Quizá así cobre sentido la afirmación de Goethe, recogida por Calasso ante el Scherzo 14, al afirmar: “Pensar es más interesante que saber, pero no que mirar”. Más que un simple libro, una deliciosa exquisitez.
MUERTOS S.A.
PEDRO M. DOMENE
Antes del invierno
Carlos Pujol
Menos Cuarto
Precio: 15 €
Págnas: 200
Durante la década de los ochenta una amplia relación de títulos relataba una ficción histórica que planteaba cuestiones muy generales, aunque apoyada en una sólida base culturalista, sobreentendida como esa actitud evasiva respecto a ciertos problemas de actualidad más acuciantes. Los nombre de Graves, Yourcenar o Eco, pesaban en nuestros narradores y, el mejor ejemplo de buena literatura, era un hoy casi olvidado Jesús Fernández Santos que se decantaba por el empleo de tan variados como alejados marcos temporales en su narrativa, pero de referencia inequívoca en la actualidad. Lo mismo podríamos afirmar de Carlos Pujol (Barcelona, 1936), quien, desde sus inicios, mueve sus personajes por escenarios pretéritos aunque en muchas de sus obras sus historias se “superponen parcialmente”, con ciertos rasgos comunes de mayor amplitud, casos de La sombra del tiempo (1981), Un viaje a España (1983) y El lugar del aire (1984). En las novelas de Pujol conviven personajes reales, inventados y, por supuesto, parodiados: la revolución francesa, la guerra carlista o algunos de los protagonistas de Proust, pueblan las páginas de las novelas citadas; como en La noche más lejana (1986) y Jardín inglés (1987). El narrador catalán, reconstruye y fabula, proyecta de forma trascendente el pasado sobre el lector y aprovecha la distancia temporal para ejercitarse en el estilo, y solo así habrá que entender el resto de su producción, Cada vez que decimos adiós (1999) o Los días frágiles (2003). Queda, incluso, la misma huella en su colección de relatos, Fortunas y adversidades de Sherlock Holmes (2008), y en su última novela Antes del invierno (2008) que, como en ocasiones anteriores, rinde su tributo a la novela de espionaje y policíaca, con un protagonista estoico y escéptico en una España franquista, un extraordinario relato de esos tiempos difíciles.
La novela Antes del invierno rezuma ironía y jocosidad en sus páginas, exhibe un agudo sentido del humorismo más tradicional para dejar constancia de esa sensiblera farsa vivida durante la postguerra franquista, sobre todo esa inequívoca convivencia entre los vencedores y los vencidos, cuando las relaciones familiares, paternofiliales, han sido abandonadas y un escéptico padre, protagonista, vuelve para reencontrase con un hijo convertido, tras la victoria, en un “poeta oficial con camisa azul” que, detenta su poder en la fuerza de una visionaria renovada lírica. Padre e hijo protagonizan Antes del invierno aunque, tras el reencuentro, el relato da extraño giro y se decanta por contar una historia de espías con esa inequívoca referencia a la II Guerra Mundial como trasfondo. Pero al hilo de los acontecimientos, de una exquisita crítica político-social de las exigidas fuerzas falangistas, sobresalen otros personajes que se convierten en ese elemento de relación, además de ofrecer algunos caracteres representativos del momento. La sutilidad con que Pujol cuenta estos episodios es la misma que el tono general del relato, protagonizado por espías ingleses y alemanes, asesinatos inexplicables, ineptos inspectores de policía o hermosas damas y una no menos enigmática joven pitonisa. El desinterés de muchos de los personajes por todo lo que ocurre a su alrededor es lo memorable en la novela, como si la situación histórica careciera de la suficiente importancia como para dejar constancia de ella. Aunque, en realidad, el enredo en que se ve metido don Emilio se muestra como una impostura del régimen, como si nada de lo que estuviera ocurriendo tuviera sentido y su trascendencia no ofreciera significación alguna en el futuro inmediato. Nada es lo que parece, incluso en una sociedad tan asfixiante y opresiva como la franquista de la época.
LA IDENTIDAD SOLUBLE
MARIO ELVIRA
Sal
Manuel García Rubio
Lengua de Trapo
Precio: 24 €
Páginas: 516
Desde el siglo XVIII la novela no ha dejado de centrarse en la construcción del yo y en su relación con el mundo. Manuel García Rubio parte de esa tradición para reflexionar sobre la identidad del sujeto moderno, a través de la historia de Urbano Expósito, guionista inédito y alumno de un taller literario que intenta convertirse en protagonista de su propia historia, a la vez que entreteje su vida con la de otros personajes como la profesora Bovuá, Avellaneda, Selmo, Tino y la misteriosa Mrs. Gladstone. Las vidas cruzadas de estos personajes y contradictorios, que intentan ser los dueños de su propia vida, reflejan la propiedad que poseen algunos sólidos, como la sal, que les permite volverse líquidos al absorber la humedad del aire. Este concepto lo aplica García Rubio a la disolución de la identidad, a la obligación de ser alguien diferente y a los interrogantes que plantea la vida entendida como una respuesta inconsciente a preguntas que uno se formula sin saberlo. Pero aunque este argumento parezca un psicoanálisis literario, lo cierto es que García Rubio lo convierte en una interesante y arriesgada novela experimental, impregnada de humor, de críticas a temas actuales, de indagación sobre el proceso creativo y la muerte de la novela. y que el escritor trama con agilidad, con inteligencia y con un estilo que funde la técnica cinematográfica y la novela con claros homenajes al cine de Dreyer, a la nouvelle vague, a Niebla de Unamuno y al Ser o no Ser hamletriano, que subyace en esta novela distinta, exigente y melancólica.



