CLÁSICO

QUEVEDO Y EL DICCIONARIO

Francisco de Quevedo es el autor con más voces incluidas en el diccionario Autoridades.

ANTONIO GARRIDO

La tradición lexicográfica española es de una riqueza extraordinaria, baste citar a Nebrija y a Covarrubias. El siglo XVIII asiste a la creación de la Real Academia Española y a la publicación de su diccionario, el llamado de Autoridades, cuyo sexto volumen se editó en 1739. Los académicos eran conscientes de que un diccionario no se acaba nunca y de que hay que perfeccionarlo de manera permanente. Desde 1739 hasta 1770 en que aparece el primer y único volumen de la segunda edición, con las letras A y B, la academia se dedicó a revisar y a mejorar lo publicado. Es muy importante destacar el sentido democrático de la institución española, frente a su modelo francés, por su criterio nada restrictivo a la hora de incluir el léxico en el diccionario. El objetivo era hacer un diccionario lo más abundante posible que reflejara el buen uso general del idioma. Cuando analizamos el único volumen publicado de la segunda edición, el de 1770, se observa un cambio importante en el estilo general de la redacción. Los artículos son más breves, más sintéticos y el trabajo de revisión fue muy importante. Se suprimieron seiscientas veinticinco entradas y se introdujeron más de dos mil doscientas. La institución estableció unos criterios de supresión para los nombres propios de la historia y de los lugares geográficos o todas las voces que se consideraban deshonestas e indecentes; así como para las palabras metafóricas que no fueran de uso general y las inventadas, aunque lo fueran por grandes autores, sea cual fuere el motivo y en especial si lo fueron por jocosidad.

Este es el grupo que me interesa. Ya en Autoridades, Quevedo es el autor que la Academia considera como más creativo del idioma, por el número de voces incluidas en la obra y nacidas de su ingenio. La creación de palabras por don Francisco es una realidad indiscutible a la que se trató de poner freno en la segunda edición. La razón de suprimirlas es fácil de comprender, eran voces que no tenían refrendo en el uso común del idioma. ¿Qué voces se eliminaron? Fueron cuarenta y cinco, lo que supone un 7,2 del total. Quevedo es el creador máximo con mucha diferencia, diecinueve palabras, un 42.22 del total. Estas son: abernardarse, adanismo, agrillado, aleluyado, antemulas, apodadero, arbitrería, arbitriano, archidiablo, archigato, archipobre, arremete, aruñón, atarascer, avisón, bodar, bolsicalavera, borgoñarse y butyro.

Veamos dos ejemplos de este léxico personal, de este universo de creación.

Abernardarse. Se define como Hacer el guapo y valiente, encendiéndose en cólera. Es voz jocosa y voluntaria de que usó Quevedo para dar a entender que uno se puso colérico, amenazando de no dejar cosa a vida, como vulgarmente se dice que hizo Bernardo del Carpio en Roncesvalles. El ejemplo: Los demonios me están tentando de mataros a puñaladas, de abernardarme y hacer Roncesvalles estos montes.

Arbitrería, tiene una clara intención irónica. Se define como semilla de arbítrios o generación de arbitristas. Es voz jocosa e inventada. Ejemplo: Era tan inmensa la arbitrería que producía aquella tierra, que los niños en naciendo decían arbitrio por decir táita. Recordemos que los arbitristas, que proponían soluciones disparatadas y absurdas en la mayoría de los casos a los problemas de la sociedad, especialmente a los de la hacienda pública, fueron objeto de las más descarnadas burlas de Quevedo entre otros autores de la época.

Como vemos, otras voces las creaba con el prefijo archi- como ese gran diablo que es el archidiablo. No le faltaba ingenio a don Francisco, desde luego que no y lo muestra que el DRAE conserva cuatro: adanismo, arbitriano, aruñón y avisón. Un largo viaje el de estas palabras.