LORENZO SILVA
"La culpa es una manera de responder moralmente a las cosas"
GUILLERMO BUSUTIL
Lorenzo Silva (Madrid 1966) es autor de La flaqueza del bolchevique, El lejano país de los estanques, Del Rif a Yebala y de Laura y el corazón de las cosas entre otras novelas. En el año 2000 ganó el Premio Nadal con El alquimista impaciente y en 2004 el Primavera con Carta Blanca. En su último libro, El blog del Inquisidor, publicado en destino, Lorenzo Silva recurre al siglo XVII y a un proceso inquisitorial contra las monjas del convento de San Plácido de Madrid para contar el oscuro pasado de un hombre del siglo XXI y las posibilidades de internet.
La novela se abre con un prólogo donde usted explica que ha editado y traducido una historia encontrada en internet. ¿Un homenaje moderno al recurso del manuscrito encontrado?
Sí, pero mientras que en el recurso del manuscrito encontrado el lector se enfrenta a un solo texto, el blog es una carta en una botella lanzada al mar y que puede llegar a muchas orillas. La idea es mostrar que internet es una herramienta que potencia los mensajes de la comunicación, sin olvidar que el escritor es heredero de la tradición pero también un testigo de su tiempo.
La narradora es una mujer que reconstruye lo que le sucedió al hallar el blog El cuaderno del Inquisidor y cuenta esta historia porque el escritor necesita al lector.
Así es. Un narrador es un ser incompleto hasta que encuentra al lector. Contar es ponerse en otras manos, en otros gustos. Es como si el escritor le dijeseal lector “voy a ser lo que tú quieras que sea”. Esto es un acto de solidaridad y un hermoso acto humano.
El relato que el personaje de Teresa encuentra en la red se presenta como una crónica del proceso inquisitorial del convento de San Plácido de Madrid. Un hecho histórico que usted aborda como si fuese una leyenda ¿por qué?
Aquel proceso fue real, pero la historia que nos ha llegado es otra cosa. De hecho aquel proceso engloba cuatro versiones, la del inquisidor, la de la priora del convento, la versión popular que lo consideró un escándalo y la que contó Menéndez Pelayo en su Historia de los Heterodoxos españoles. ¿Cuál es la verdadera? Es difícil saberlo. El lector es el que debe tratar de buscar su verdad. Esto convierte la novela en un duelo intelectual.
La crónica que hace el escritor del blog del inquisidor es una reflexión sobre la culpa y la redención, y también un examen de con ciencia sobre su oscuro pasado ¿Quiere decir con esto que la novela puede ser una forma de catarsis?
La culpa es uno de los grandes temas de la literatura, desde el pecado original. Hay autores como Dostoiesvki en Las Noches Blancas y en Crimen y Castigo y Kafka en El Proceso que han tratado brillantemente la culpa, la duda y la imposibilidad de convertir en valores universales los condicionamientos de nuestra conducta. No seríamos humanos si no nos sintiésemos culpables. La culpa es una manera de responder moralmente a las cosas, además de que nos enseña a saber redimirnos y a superarnos. Sobre todo esto trata de reflexionar el personaje protagonista que se identifica con el inquisidor, con el confesor y con la priora de aquel proceso, al enfrentarse a un hecho de su pasado que le cambió la vida.
La indagación y la reflexión que hace este personaje le permite a usted poner de manifiesto las numerosas contradicciones de la Inquisición.
La Inquisición española no fue tan dura como la que se produjo en Francia durante el periodo medieval. Aquí llegó en el siglo XV por una bula Papal y de hecho los inquisidores se pasaron todo el tiempo invocando reglas y procedimientos legales. Sólo se recurría a la tortura excepcionalmente y al final no se quemaba a casi nadie en las hogueras. El máximo exponentede esta contradicción fue el proceso de Zugarramurdi en 1610, en el que el propio inquisidor cuestionó que las acusadas practicasen brujería. Esto explica que lo que realmente escondían aquellas acusaciones eran venganzas personales, supersticiones y el interés de los Reyes Católicos por mantener la cohesión de España que estaba cogida con pinzas.
El tema de la venganza y la traición también aparece reflejado a través del enfrentamiento que existió entre la comunidad judía.
El problema de los judíos consistió en que los conversos ricos que accedieron a cargos públicos para mantener sus bienes y su poder se sintieron amenazados por los falsos conversos que eran malos judios disfrazados de malos cristianos. Esto motivó un proceso de traiciones y venganzas que, por otra parte, es una vieja cuestión de la condición humana, a la vez que demuestra que muchas veces las propias víctimas han sido cómplices de su desgracia.
Hay un momento en el que la novela abre otra novela en su interior, centrada en la relación que establecen los dos protagonistas: el narrador que intenta mantenerse oculto y la narradora que insiste en desvelar qué hay detrás de la historia.
Es una metáfora de la literatura y del conocimiento de las personas. Somos nuestra propia historia. Lo que nos ha pasado cuenta y explica lo que somos. En la novela, la protagonista muestra su identidad y su interés por conocer más de la historia que encuentra, mientras que el escritor del blog es una especie de Capitán nemo escondido en su gruta y que no quiere que se descubra su secreto. Al igual que en las viejas novelas de aventuras, lo importante es llegar al misterio y desvelarlo.
El personaje del Inquisidor dice, en una parte del relato, que le interesa la historia del proceso de Teresa del Valle porque el Santo Oficio y ella representaban la pureza de la fe. Sin embargo, la Inquisición fue un método eficaz para el control de las conciencias.
La pureza del dogma era la coartada pero, al igual que los regimenes totalitarios, la inquisición buscaba instalar un terror que fue utilizado para la venganza privada y claro terminó instaurando un sistema para el control del pensamiento, de aquellos que eran diferentes. Lo peor es que este sistema, que en España duró mucho tiempo, fue el culpable del grave retraso científico y cultural que alcanzó hasta el siglo XIX.
¿Cree usted que sigue existiendo ese Santo Oficio pero con otros nombres?
Por supuesto. Hay gente que, aún estando en democracia, no se atreve a decir o a escribir lo que piensa.
En la novela también hace usted una curiosa reflexión acerca de las clases de personas y de los tipos de amor.
Es un juego con cierta verosimilitud. Las personas podemos ser catalogadas en contables y pródigos. Unos que llevan la cuenta de todo y otros que pasan. Son perfiles, maneras de ser y entender la vida que a veces sólo afloran en situaciones límite. Lo de los amores que salvan o que agitan es un guiño a esa novela del XVIII que representa un duelo de sexos. Esto está presente en toda la novela, donde hay un inquisidor y una priora, un escritor y una lectora, aunque al contrario que en mis novelas de Bevilacqua, aquí el narrador, el punto de vista, es femenino.
¿Ha querido explicar que en la red está todo: la documentación histórica, la nueva narrativa, otra manera de relación entre el autor y el lector y también otra forma de seducción?
La red es una representación de la realidad construida con palabras y también un espacio de vida y de seducción que forma parte de la expresión verbal. La afinidad entre la literatura e internet es grande y por eso la literatura no puede darle la espalda a la red.
Dos de las conclusiones que transmite su novela es que se puede vivir si se encuentra dentro de uno mismo la resolución de salir adelante y que no hay que perder nunca el afecto por lo que hubo en tu vida.
Estas ideas entroncan con Kant, de quién siempre he sido un admirador. Estoy convencido de que el hombre necesita el imperativo kantiano para salir adelante en lo personal, en lo intelectual y en lo afectivo. Uno no puede convertirse en un cínico.
EL ÁNGEL EXTERMINADOR
GUILLERMO BUSUTIL
El blog del Inquisidor
Destino
Precio: 18 € ; Páginas: 256
Los escritores románticos eran aficionados a leer volúmenes de procesos judiciales en los que encontraban el embrión de sus historias. Lorenzo Silva estudió derecho y también ha echado mano del proceso que el santo Ofi cio llevó a cabo contra veinticinco monjas y el confesor del Convento de San Plácido para tramar una historia del siglo XVII proyectada al siglo XXI, en la que aborda las complejidades de la culpa y de la redención. Pero en lugar de hacerlo desde el género histórico, en el que sí que enmarca el proceso inquisitorial narrado por un enigmático escritor y que seduce a una historiadora que lo encuentra en internet, Lorenzo Silva construye una “red” compuesta por varias tramas. Una se ocupa de la revisión moral del procedimiento religioso, otra de las posibilidades de la red como nueva manera de relación, tanto entre personas como entre el lector y el escritor. Finalmente introduce el juego de la seducción y del misterio desde una perspectiva contemporánea que analiza la importancia de mantener a salvo los viejos afectos, el desajuste entre hombres y mujeres y la posibilidad de que todos llevamos dentro un ángel exterminador. Lorenzo Silva ha sabido adecuar los tonos y los ritmos de cada uno de los relatos, articulados como si fuesen un rompecabezas cercano a la novela policiaca en la que la protagonista narradora irá indagando lo que oculta el escritor que utiliza el proceso inquisitorial del XVII como catarsis de su propio pasado.
El resultado es una novela arriesgada e inteligente que evidencia la capacidad narrativa de Lorenzo Silva y las posibilidades literarias de Internet.



