CLÁSICO
Detective Hammett
Hammett, el detective de la agencia Pinkerton que se convirtió en un clásico de la novela negra
Andreu Martín
De Hammett se desprende la imagen de integridad y coherencia en la descripción
de la sociedad desde su lado más oscuro
Cuentan de un detective privado que trabajaba para la agencia Pinkerton de Estados Unidos y que, un día, asumió la misión de investigar un caso de contrabando de oro. Por lo visto, en algún lugar de un trasatlántico de lujo se escondía el cargamento y el detective debía viajar en el crucero hasta dar con él. Un buen trabajo que le permitiría pasar días felices tomando copas en compañía de gente distinguida. Pero cuentan que el detective descubrió ese alijo antes de que el barco abandonara el puerto. Y, aunque podría haber callado y esperado a estar en alta mar mientras consumía daiquiris y ligaba, ese detective redactó su informe y se quedó sin viaje de placer. Esto debió de suceder entre 1915 y 1921 y el detective se llamaba Dashiell Hammett.
En la Pinkerton, Hammett aprendió mucho sobre la guerra sucia de patronos contra obreros, de los métodos violentos que equiparaban los honrados empresarios a los más despiadados gángsters, y puso esa información al servicio de su literatura y, por tanto, de toda su vida.
Tanto sus cinco novelas principales (Cosecha roja –1929–, La maldición de los Dain –1929–, El Halcón maltés –1930–, La llave de cristal –1930–, El hombre delgado –1934–) como la infinidad de relatos cortos, concebidos para divertir y apasionar, contienen un análisis impecable de esa sociedad dura cuyo único objetivo es ganar dinero y, para conseguirlo, todo vale.
En Cosecha Roja describe con estas palabras la situación de los obreros en su país: “Elihu el Viejo contrató hombres armados y esquiroles, pidió ayuda a la Guardia Nacional e incluso al ejército. Cuando el último cráneo estuvo partido y la última costilla rota a patadas, el sindicato de Personville tenía tanta fuerza como un petardo usado”.
Ese hombre honrado, convertido en guionista de Hollywood, no eludió responsabilidades, contribuyó a un fondo de apoyo a la República española cuando la sublevación de Franco, apoyó la candidatura a las elecciones de 1940 de miembros del partido comunista y por todo ello cumplió seis meses de cárcel y, más tarde, en marzo de 1953, compareció ante la comisión del senador McCarthy.
De Hammett se desprende la imagen de integridad y coherencia, de esa ingenuidad que hace ondear la bandera de la defensa de la justicia y que cree que los héroes de verdad son sólo aquellos que mueren en el empeño.
Raymond Chandler dijo de él: “Hammett ha sacado al crimen del búcaro de cristal veneciano y lo ha arrojado a la calle”, señalando la ruptura con la novela de enigma que hasta entonces se había resumido en inofensivas charadas y pasatiempos. Hammett juega también, como todo autor de novela negra que debe respetar unas reglas que lo circunscriben a ese género concreto, y juega sin duda cuando crea el personaje de cómic Agente Secreto X9, dibujado por Alex Raymond, un clásico de esa forma de arte que, como la novela de crímenes, ha sido ignorada (en los dos sentidos del término) por quienes consideran que la cultura sólo es para los elegidos.
Juega Hammett, pero no exquisitas partidas de ajedrez, sino a juegos callejeros y brutales, a persecuciones, a policías y ladrones, e incluye un elemento que a partir de su obra será inevitable en este tipo de obras: la descripción de la sociedad desde su lado más oscuro. Y, si la escritura de ficción se justifica como el mejor camino para analizar y reflexionar sobre la realidad, no cabe duda que empezó con Hammett ese exorcismo de los miedos cotidianos que siempre nos ofrecerá la novela negra.



