ENTREVISTA
GIOCONDA BELLI
"Las mujeres necesitamos más coherencia que los hombres entre lo que pensamos y lo que hacemos"
Entrevista de Guillermo Busutil
Gioconda Belli (Nicaragua, 1948) es poeta y novelista. Participó, en la lucha contra la dictadura de Anastasio Somoza, como miembro del Frente Sandinista, lo que le obligó a vivir exiliada en Mexico y Costa Rica. Es autora de los poemarios Truenos y Arco Iris, Apogeo y Fuego Soy Apartado y Espada Puesta Lejos, entre otros, y de las novelas Mujer Habitada, Waslala, El País bajo mi piel y El Pergamino de la Seducción. Con El Infinito en la Palma de la Mano acaba de ganar el Premio Biblioteca Breve 2008 (Seix Barral) .
El Infinito en la palma de la mano es una fábula sobre la libertad de elección y también sobre la esperanza de recuperar la inocencia.
Podría decir que la novela propone una explicación distinta al mito de la expulsión del Paraíso. Por ejemplo, una de las cosas que suceden cuando Adán y Eva comen de la fruta prohibida es, según el Génesis, que la muerte entra en el mundo. Lo que nos hace suponer que, antes de comer, Adán y Eva eran inmortales. Y también hace pensar que el mundo que se proponía el creador –que en la novela se llama Elokim, el nombre que se le da a Dios en el hebreo original en que se escribió el Génesis– habría sido un lugar absolutamente diferente, poblado por inmortales. Lo que yo propongo en la novela es que Elokim le deja a Eva la decisión de si quiere o no el mundo como existe actualmente, con sus gozos y tribulaciones. Ella opta por ese mundo, el nuestro, menos perfecto, porque el reto de la existencia humana le parece más estimulante e interesante que la paz inmutable del Paraíso terrenal. Ese reto de vivir como seres humanos falibles y mortales empieza para Adán y Eva con la expulsión del Paraíso. Si eso es o no un castigo queda a juicio del lector. En cuanto a lo que se quiere recuperar, yo no diría que es la inocencia, sino más bien la felicidad.
En El libro de Enoch, que usted ha consultado entre otro material documental, aparece el primer testimonio del árbol de la sabiduría del que come Eva. ¿El pecado original representa el deseo de saber y la incompatibilidad entre fe y conocimiento?
Aunque uno generalmente sólo recuerda el Árbol del Conocimiento, en el Génesis aparecen dos árboles: el Árbol de la Vida y el Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal. El conocimiento ha sido, desde el principio de los tiempos, una motivación humana, que es común aún para las personas que profesan la fé. En la novela el conocimiento se entiende como una necesidad de quienes existen en un mundo en el que tienen que comprender cómo funcionan las cosas para poder dominarlas. Sin el reto de la sobrevivencia, el conocimiento pierde su sentido. Hemos aprendido cuanto hemos aprendido porque hemos tenido que sobrevivir y para esto necesitábamos explicarnos el mundo y lo que pasa a nuestro alrededor.
La serpiente de su novela no resuelve del todo las dudas de Eva, pero la hace pensar e intuir. ¿Simboliza la serpiente la importancia de preguntarse a uno mismo, de asomarse al interior de nuestros temores?
En algún momento de la novela, Eva se pregunta si la Serpiente no será la Eva de Elokim, o sea su lado femenino. La Serpiente comprende la tentación del saber. Como Eva, es la que se siente atraída por los claroscuros de la condición humana.
Eva no puede ni quiere negarse a la llamada de la libertad y prueba del árbol. Esta reivindicación de la libertad de la mujer, la trató en su novela Sofía de los Presagios (1990)
Creo que el hombre es más dogmático que la mujer; es más capaz de separar la experiencia cotidiana de su vida, de las ideas que profesa. Eva incorpora las ideas a la vida y se da cuenta de que pensar de tal o cual manera significa llevar una vida de acuerdo a lo que se piensa. Para ella, el ejercicio de la libertad no es una decisión meramente intelectual, es una opción vital. Creo que eso refleja cómo funcionamos en el mundo los hombres y las mujeres. Somos distintos en este sentido. Creo que las mujeres necesitamos más coherencia entre lo que pensamos y lo que hacemos.
Esto que usted dice explica la complejidad de Eva. ¿Cree que este personaje que tanto le fascina está estigmatizado?
Ciertamente que el personaje de Eva me ha fascinado desde hace mucho. Ella es el arquetipo con que se construyó la imagen de lo femenino desde la antigüedad. Eva ha llegado hasta nosotros como la mujer curiosa, irresponsable, impulsiva, que nos condenó a la muerte y nos sacó del Paraíso. Es una imagen injusta contra la que me rebelé desde muy jóven. Me parecía que se la culpaba por algo que cualquiera de nosotros habría hecho. Encontré su profunda humanidad no sólo seductora, sino sabia desde muchos puntos de vista. He tratado de reivindicar a Eva en mi obra poética. Tengo un libro que se llama De la Costilla de Eva y en esta novela creo que los lectores encontrarán una Eva de carne y hueso con la que, espero, podrán identificarse sin juzgarla, ni acusarla.
Abel y Aklia simbolizan la inocencia y la sumisión, mientras que Caín es la rebeldía y Luluwa la sensualidad. Sin embargo, su historia parece negar la atracción entre los polos opuestos y apuesta más por el concepto del reflejo.
Las afinidades también se atraen, no nos olvidemos. Ahora bien, las relaciones entre los hijos e hijas gemelos de Adán y Eva: Caín y Luluwa, Abel y Aklia, tienen más que ver con las particularidades del carácter de cada quién que con el reflejo de unos en los otros. Luluwa, Caín y Aklia son más afines que Abel, quien es el más místico de los tres, el que tiene un espíritu más etéreo y una inocencia que lo hace más afín con la naturaleza. Los otros tres luchan más con las contradicciones entre su lado espiritual y su lado más terreno, más proclive a las pasiones.
Usted ha afirmado en alguna que otra ocasión que su poesía nace de la felicidad. Esa felicidad también está presente en el vitalismo de la Eva de su novela.
Eva sabe encontrar la profunda belleza y el reto en las imperfecciones y conflictos de la naturaleza humana. En esto, la identifico más con la capacidad femenina de comprender las atracciones y rechazos de nuestro ser terrenal, sujeto al llamado del cuerpo, por un lado, y a las aspiraciones de trascendencia por el otro.
Al final de la trama, usted plantea la esperanza de recuperar la inocencia. ¿Es la inocencia el grado máximo de la felicidad?
No creo que la inocencia sea el grado máximo de felicidad. Creo que lo que la novela plantea es que el bien y el mal son componentes de la existencia y que, de alguna manera, la felicidad reside en aceptar lo que somos y en asumir los retos que nos da el ser libres y conscientes de esas contradicciones que existen en nuestra interioridad.
El pecado de la libertad
G.B.
En uno de los poemas de Gioconda Belli puede leerse que todas las profecías cuentan que el hombre creará su propia destrucción, pero también engendrará una generación de amadores y soñadores. Estos versos representan en parte la esencia de la novela ganadora de la 50 edición del Premio Biblioteca Breve, centrada en la revisión de la expulsión del paraíso de Adán y Eva a partir de los Pergaminos de Qumrán, El Libro de Enoch y los Midrás judíos, en los que se narra el nacimiento de Caín y Abel junto con dos hembras gemelas para facilitar el emparejamiento de la procreación. La aportación de los textos heterodoxos le permiten a Gioconda Belli construir una fábula que aborda la atracción por el conocimiento, la fuerza de la pasión incontrolable, el pecado entendido como la libertad para elegir y el regreso a la inocencia que conduce a la recuperación del Paraíso. En esta novela Eva, el personaje con más conciencia de la vida, de la muerte y el deseo, representa la intuición de que la serpiente y Dios son la misma tentación de la libertad. Eva se erige a la vez en aguda observadora y protagonista de un destino que sólo ella parece comprender. Así lo demuestra el sorprendente final de esta historia, poética y plástica, que nos cuenta el origen de nuestra humanidad desde una vertiente femenina.



