ENTREVISTA
DONNA LEON
"Es fácil distinguir entre lo legal y lo ilegal pero no entre el bien y el mal"
JUAN CARLOS RODRÍGUEZ
A pocos autores conocemos tan bien, porque escasos son los que transpiran, sienten y actúan a través de sus personajes. Que son, en este caso, básicamente dos: el comisario Guido Brunetti y su esposa, Paola, protagonistas de 17 novelas. Todas sin excepción atraviesan los canales de Venecia y conforman la cosmovisión de esta mujer tan obsesionada con la independencia que se sigue negando a que sus novelas se traduzcan al italiano, no vaya a salirle al paso la fama. Pese a ello, es una de las grandes de un género negro que vive una época dorada, una vez que todos han asumido que hace las veces de la moderna novela social. Ahora publica La chica de sus sueños (Seix Barral), una de las mejores novela de la serie.
La decimoséptima entrega de Guido Brunetti… ¿no son muchas? Y que por mí, que conste, que vengan otras 17…
Me halaga en exceso. Desde luego, espero que haya muchas más, pero para escribir otras 17 tendría que seguir hasta cumplir 82 años y me temo que no se puede planificar a tan largo plazo. Pero sí. Habrá más; tal vez no llegue a las veinte, pero habrá más.
Su escepticismo –el de Guido, el de Paola, el suyo– sigue a flor de piel. ¿Brunetti es su escudo? Y se lo pregunto en el sentido en el que lo dice Paola: “mi escudo contra la idea de que todo es un caos horrendo y que no hay esperanza para nadie”.
Si tengo algún escudo, será la bendición de unos genes que me aportan felicidad. Mi familia es gente alegre, siempre he logrado ser feliz a pesar de esta época miserable. Pero es una respuesta emocional ante la vida: mi respuesta intelectual es bien distinta y muy negra.
“Para que el lector disfrute de la ficción, interesa que no sea incrédulo”
Usted actúa con Guido y habla a través de Paola. ¿Ahora le preocupa más actuar o hablar?
Según aumenta mi desesperación ante el rumbo actual del mundo, me doy cuenta de que no tengo mucha energía para hacer algo. Sólo me queda hablar, aunque justifique mi letargo al decir que, como escritora, hacer y decir son básicamente lo mismo. Sólo hay que mirar a los candidatos para el puesto más alto de Italia y los Estados Unidos: si busca la desesperación, ahí encontrará en qué basarse…
Usted es una autora de referencia de la “novela negra europea”, ¿o no se ve así?
Sí. Pero sigo pensando que la ética que prevalece en mis novelas es norteamericana y anglosajona. Eso explica, por ejemplo, el gran éxito que tengo en Alemania, porque los alemanes tienen de Brunetti un concepto anglosajón y no lo ven como italiano.
Todas sus novelas tienen un marcado tono social: inmigración ilegal, racismo, expolio cultural, lucha a favor del medio ambiente. ¿Son esas también sus principales preocupaciones?
Claro. Yo escribo sobre lo que a mí y a mis amigos nos preocupa. De los temas que comentamos en una cena como puede hacerlo usted con sus amigos. Creo que todos los europeos estamos conectados por esos mismos temas, y por eso nos interesan a todos.
En esta última novela, la Iglesia y los “extracomunitarios” de nuevo como elemento de reflexión, pero su mirada esta vez es más agria, sin misericordia, impotente. ¿La percibe así?
Creo que el mundo, sobre todo el mundo desarrollado, es más bien impotente ante el deseo de la gente pobre de tener lo que nosotros tenemos. Quieren venir aquí y vivir como nosotros y no creo que haya ninguna forma de pararles. Por lo que se refiere a la Iglesia, creo que lo que quiere es que vivamos como ellos nos manden, no como ellos viven.
Usted gusta de describir un mundo en donde no hay bien ni mal, donde el uno se confunde con el otro. Así en La niña de sus sueños entre una familia de ladrones y una familia aparentemente honesta no se sabe muy bien dónde está el bien y donde el mal, ¿no?
Es que el mundo es así: confuso, donde es difícil distinguir entre el bien y el mal. Porque tenemos leyes, es fácil distinguir entre lo legal y lo ilegal, pero entre el bien y el mal, es otra cosa bien distinta.
¿Lo fundamental es concienciar al lector?
No, no. Yo no hago homilías. De todos modos, los libros no cambian a las personas. Como mucho te hacen plantearte ciertas cosas... a mí lo único que me interesa es que, como decía Coleridge, el lector, para disfrutar de la ficción, sea capaz de suspender su incredulidad.
A juzgar por su éxito, lo hace…
Escribo los libros, en primer lugar, para divertirme, gustarme y entretenerme. Ya que las ideas presentadas en los libros no son siempre mis propias ideas o creencias, no quiero que la gente crea lo que diga cualquier personaje… aunque asumo el discurso de Guido y de Paola. Sólo pretendo que el lector piense en el tema, quizá desde otro punto de vista.
Brunetti sigue fiel a los historiadores griegos y romanos.
Él siempre lee lo que yo estoy leyendo justo cuando escribo la novela, al igual que Paola, que prefiere las novelas victorianas, Henry James, Dickens y Austen. Los grandes historiadores griegos y romanos no tienen respuestas para explicar lo que nos ocurre, pero sí tienen comentarios que nos son útiles. Hay paralelismos históricos: la invasión de Mesopotamia, el fin de Alejandro, lo que le ocurrió a los ingleses en Afganistán... y volvemos, sin embargo, a errar.



