EDITORIAL
UN ESTADO DE ÁNIMO
El Barroco,cuyo estilo artístico y movimiento cultural se desarrolló durante los siglos XVII y XVIII, expresó la conciencia de una crisis causada por las guerras y las enfermedades como la peste, que diezmó una cuarta parte de la población española, provocando que el hombre tuviese una visión pesimista ante la fugacidad de las cosas, la sensación de inestabilidad y el concepto del mundo como laberinto, representado en las obras de Gracián, de Quevedo y de Góngora. Esa visión trágica dio lugar a que la literatura optase indistintamente por la evasión de la realidad, como hizo Lope de Vega, por el estoicismo que expresaba las quejas acerca de la vanidad del mundo, defendido por Calderón, por la corriente moralista representada por Saavedra Fajardo y por la sátira de la realidad que simbolizaron Quevedo y la novela picaresca. Estas distintas formas de interpretar este período contribuyeron al renacimiento de las letras clásicas en un intento de defender la capacidad de superación del hombre, por medio de la razón, al mismo tiempo que propiciaron el placer de lo mundano y lo carnal. Las contradicciones entre lo popular, el esteticismo, la religión y el erotismo, se dieron también en el arte y en la arquitectura que favorecieron que el barroco también fuese una época de brillante creatividad. En este número, diferentes catedráticos y especialistas abordan el espíritu del barroco, sus características y la influencia que tuvo en Andalucía.
Este estado de ánimo del barroco cobra cierta vigencia en el presente siglo donde el hombre parece desenvolverse entre las mismas dudas y contradicciones, entre la picaresca, el desengaño, la sensualidad y la vanidad que definen el mundo actual igual que definieron el mundo del barroco.



