LECTURAS NARRATIVA

NARRATIVA

Fernando Savater, Ray Loriga, Ann Beattie, Ángela Vallvey, Natsuo Kirino, Dominique Lapierre, José María Zavala,
Manuel Rico, Nativel Preciado, Guadalupe Nettel, Rabih Alameddine, Berta Vias, Carmen Posadas.

EL JUEGO DE LOS CABALLOS

IGNACIO F. ARMENDIA

La hermandad de la buena suerte
Fernando Savater
Premio Planeta 2008
Precio: 20,50€
Páginas: 288

Desde la publicación de Caronte aguarda (1981), al margen de su faceta primordial de ensayista, Fernando Savater ha incurrido ocasionalmente en el ámbito de la ficción –y alguna vez del teatro– con obras tan estimulantes como La escuela de Platón (1991), una deliciosa fabulación sobre los personajes del cuadro homónimo de Jean Delville, o El jardín de las dudas (1993), libro bello y luminoso y de perdurable recuerdo con el que el autor quedó finalista del mismo premio Planeta. Si entonces Savater rendía homenaje a uno de sus manes tutelares, el siempre admirado Voltaire, ahora ha hecho lo propio con otra de sus pasiones confesas, el turf o “deporte de los reyes”, al que Savater ha dedicado artículos y ensayos que participan de eso que uno de los personajes de su nueva novela llama el “culto romántico a los caballos de carreras”. La Hermandad de la Buena Suerte se presenta como una clásica narración de aventuras que contiene todos los ingredientes del género: buenos personajes, un misterio por resolver y abundantes dosis de acción, en este caso aderezadas –“aliño filosófico”, lo ha llamado el autor– por chispeantes sentencias acerca del placer, la belleza, el azar o la muerte.

La intriga gira en torno a la extraña desaparición de un jockey cuya participación se antoja imprescindible para que el caballo Espíritu gentil, un soberbio purasangre que correrá por última vez en la Gran Copa antes de retirarse de la competición, gane una cita que se le escapó la temporada anterior por no haber contado con un jinete adecuado. El Dueño del animal, enfrentado a muerte con su rival el sultán, contrata los servicios del Príncipe, quien recurre para la búsqueda a un grupo de leales amigos –el Profesor, el Doctor, el Comandante– que lo fueron antes de su padre, asesinado en oscuras circunstancias. En el curso de su investigación, los improvisados detectives traban contacto con la Hermandad mencionada en el título, un puñado de gentes extravagantes a las que une la obsesión por la buena suerte –su fulgor “radiante e implacable”–, cuyo peso en la trama –y es lástima– resulta menos importante de lo esperado. El mayor acierto del autor radica en la excelente caracterización de los personajes, que va más allá de lo exigible en una novela de género, especialmente de los dos que asumen funciones narrativas. En efecto, tanto los sueños o pesadillas del Profesor como las confidencias del Doctor a su esposa muerta marcan el contrapunto intimista al desarrollo de la acción y dotan de profundidad a sus peripecias. Quizá, al contrario que el comandante –el más taimado y chusco–, no son demasiado creíbles como mercenarios, pero ambos brillan como narradores. Cuajada de detalles y anécdotas del mundo hípico, la historia derrocha encanto y sabiduría y buen humor, bromas y guiños y algún chiste prescindible.

Desde el propio título elegido, el planteamiento predispone a disfrutar de una genuina aventura al modo jubiloso de Stevenson o de Chesterton, cuyo padre Brown aparece fugazmente citado –frente a Holmes– como paradigma en el arte de la pesquisa. La novela contiene escenas estupendas: el episodio del carterista, la memorable entrevista con el Hermano mayor de la cofradía, y buenos actores secundarios como el tenaz entrenador Wallace, el afortunado Narciso Bello y la melancólica Siempreviva. El intento de atentado en el hipódromo, la expedición en busca del jinete perdido y el capítulo final –hilarante parodia de las retransmisiones televisivas– hacen de estas páginas un ejemplo regocijante del tipo de narraciones que Savater defendió en aquel ensayo pionero, La infancia recuperada.

 

A ESTE LADO DEL ESPEJO

FÉLIX ROMEO

Ya sólo habla de amor
Ray Loriga
Alfaguara
Precio: 18€ 
Páginas: 184

Sebastián quien “ya sólo habla de amor”, afirma la portera de su edificio. Sebastián no ha podido conservar el amor de una mujer. Está destrozado, como nunca antes lo ha estado. Y sufre. Se desgarra. Sebastián es escritor, pero se compara con personajes de ficción, con Alicia y con Gulliver: “ni Carroll ni Swift hablaban de otra cosa que de las brutales contorsiones del ego”.

Sebastián no necesita cruzar al otro lado del espejo ni viajar por los mares. Ya está a este lado del espejo: “Solo, rodeado de muñecos de madera y vampiros y zarzuelas y operetas y boleros y dramas ajenos repetidos ya mil veces, por los que caminar como un turista, mientras duren las fuerzas y el dinero”.

Sebastián ha sido invitado a Suiza para que hable sobre Robert Walser. Robert Walser también sabe lo que es el amor: escribió más de cien relatos de amor. Sebastián no piensa ir a Suiza. También ha sido invitado a un baile en la embajada Suiza. Sebastián va al baile. Le acompaña una mujer muy guapa, de la que no consigue enamorarse y con la que tampoco consigue bailar.

Durante el baile en el que no baila, Sebastián piensa en el amor, en su vida, en su dolor, en su desolación, en lo que puede y en lo que no puede hacer: “No puede uno viajar libremente en el tiempo y regresar a su pasado que también es el de los demás implicados y sacar cuentas a su manera, como si los otros y la percepción que los otros tienen de los más íntimos detalles comunes no existieran”. Y piensa en la locura real, que conoce porque “la había contemplado en respetuoso silencio, desde niño, en su propia familia”.

En Ya sólo habla de amor apenas hay acción. En la novela entramos en la cabeza de Sebastián, de la mano de un narrador que lo conoce a fondo: sus rincones oscuros, sus más negros pensamientos, sus breves instantes de iluminación.

Sebastián es un tipo elegante y le gusta estar a la moda. Sebastián no quiere engordar, porque sigue la consigna de Kerouac: “prefiero ser flaco que famoso”, que era la cita que abría la primera novela de Ray Loriga (Madrid, 1967), Lo peor de todo (Alfaguara). Le gusta ir de bares y enamorar a las chicas, aunque ya no pueda enamorarse y no sea capaz de escuchar lo que dicen. Ni las chicas ni nadie. Sebastián se siente como un animal de museo. Sebastián tiene una ex mujer y tiene dos hijas. Tiene más deudas que dinero. Es un tipo chistoso que ha dejado de hacerse gracia. Sebastián corrige traducciones de Blake y de lee masters, tratando de recomponer la belleza original de los poemas.

El monólogo interior de Sebastián apenas es interrumpido, y sólo logra alterarlo un joven millonario suizo que encuentra muy exótico hablar con un escritor. Habla con él porque quiere levantarle a su chica: bailar con ella y hacérsela. Pero sin mal rollo. El joven millonario suizo es una especie de gato de Cheshire, que no hace más que recordarle su locura a Alicia: “tienes que estar loca, o no habrías venido aquí”. Es el gato de Cheshire, pero es también la materialización de un jugador de polo con el que Sebastián fantasea. El joven millonario le altera porque amenaza su mundo de mentira.

Sebastián sólo habla de amor pero no puede decir las cosas que piensa del amor. Sólo las puede pensar. Pensar por ejemplo: “esperar a ser querido por una mujer que no te quiere es uno de los placeres más grandes que este mundo puede regalarme”. Ray ha escrito su novela más triste, y la ha llenado de un extraño y hermoso amor.

 

LA RESACA DE LOS SETENTA

JESÚS MARTÍNEZ GÓMEZ

Postales de invierno
Ann Beattie
Libros del Asteroide
Precio: 18,95€
Páginas: 384

Hay dos tipos de novelas: las que son hijas de su tiempo y las que lo detienen, las novelas que se enmarcan en una época y las que, como Postales de invierno (1976), marcan época. Escrita por Ann Beattie (Washington, 1947), supuso su bautismo literario y, al tiempo, su canonización, ya que consiguió paralizar los relojes de gran parte de la sociedad de los años 70 entre sus páginas y mostrar las arritmias puntuales de amplios sectores de ella en la larga convalecencia sufrida tras los “excesos” de la década anterior.

Desde entonces, Beattie ha edificado una sólida y amplia trayectoria, alternando destacables novelas, Love Always (1985) o Picturing Hill (1990), con libros de relatos como Park City (1998). Figura clásica ya de la narrativa norteamericana, a la altura de Cheever, Salinger o Updike, en Postales de invierno retratará, con maestría y un objetivismo ácido, veraz, a todo un sector de la juventud de los 70 incapaz de superar la resaca generada por el fracaso de unas irrealizables y utópicas pretensiones.

No sorprende, por ello, la reedición de esta “perfecta novela”, como la califica R. Fresan en el análisis del espléndido prólogo que la acompaña y para quien “no es otra cosa que una love story en la que un joven de 27 años que ya no se siente joven camina y conduce por una ciudad a la que nunca se nombra (pero que es Washington) intentando no comprender qué sucedió sino cómo hacer para que deje de suceder”.

Y es que Beattie cuando inmortaliza los sueños, la rutina, las relaciones amorosas y profesionales, el día a día entre Charles, su hermana Susan, su amigo Sam; las complejas relaciones con su desequilibrada madre, Clara, o con Pete, su padrastro; la obsesiva y amorosa pretensión hacia la casada Laura; las idas y venidas de la lesbiana bisexual Pamela; lo que hace es dibujar con pinceladas breves y precisas el paisaje desértico en el que unos seres desvalidos desandan cada día lo andado el anterior, pues sumidos en la desesperanza sólo aspiran a ser parte de esa nada que todo lo invade y reproduce sin piedad.

Estamos en los 70 y atrás han quedado la lucha por los Derechos Civiles, el mayo francés, Woodstock, la llegada a la luna, el pop art, la revolución sexual, el amor libre, los alucinógenos, la rebelión contra el sistema y las grandes expectativas, y atrapados en ellas, intentando sobrevivir a la sensación colectiva de fracaso y derrota, las jóvenes generaciones que las alentaron. Pero tras la primavera llega el invierno y Beattie lo capta con una prosa cronística, no exenta de humor, y un estilo periodístico que dibuja a los personajes presos entre la esperanza del ayer y la incertidumbre del mañana. Sólo les queda el verbo y la música celestial de quienes llenaron su corazón y su cabeza de poderosos anhelos. De ahí las múltiples referencias literarias y musicales, ilustrando influencias, deudas, pasiones: Hemingway, Salinger, Kerouac, Austen, Pynchon, Donleavy, Fitzgerald, o Donovan, Joplin, Clapton, Rolling, Beattles y Dylan, siempre Dylan, son algunos de los apóstoles que calman y abastecen en lo espiritual a unos protagonistas cuya fe es puesta a prueba.

Postales de invierno no es sino la gran crónica del desencanto generacional de la juventud norteamericana de los setenta, derrotada por el sistema y refugiada en los iconos sentimentales de la década precedente. Una colección de estampas que el acierto de Beattie conseguirá fijar en la memoria colectiva y hará que nuevas generaciones de lectores vuelvan los ojos hacia ella cuando quieran sentir de nuevo el gélido sabor de la derrota escondida entre la diaria cotidianeidad.

 

ÁNGELA VALLVEY

"Lo bueno que tiene la Lieteratura es que puedes hacer justicia"

TÓMAS VAL

Ángela Vallvey (San Lorenzo de Calatrava, 1964) es la reciente finalista del Premio Planeta con su obra Muerte entre Poetas. El mundo poético no es desconocido para esta escritora, que con su poemario Nacida en Cautividad, obtuvo el Premio Ateneo de Sevilla de poesía, y es en ese ambiente donde se sitúa la narración ahora galardonada.

La obra de Ángela Vallvey reúne ya un buen número de títulos, entre los que cabe destacar Los estados carenciales (Premio Nadal en 2002), No lo llames amor (2003) o La ciudad del diablo (2005) que supuso una primera incursión en la literatura policíaca o de misterio, género al que pertenece la novela finalista del Planeta 2008.


Tenía la impresión, al leer su novela, de que Nacho, el detective protagonista, va a tener continuación en otras obras.

Sí, espero que sí. En realidad estoy escribiendo otra, que era una obra anterior, la primera de la serie, pero me robaron el ordenador y perdí las doscientas páginas que tenía escritas.


Dice que está escribiendo la novela “anterior” a ésta. ¿Es eso sencillo?

Muchas veces, cuando escribes una cosa, te das cuenta de que esos personajes han tenido un pasado y lo que te apetece es volver para contar ese pasado, para explicar su presente. En este caso me ha ocurrido, me dije que en la vida del personaje tenían que haber sucedido cosas. ¿Por qué es huérfano? ¿Por qué vive con su tía? Todo eso te da pie para tirar del hilo del pasado más que del futuro.


Su personaje, Nacho, parece bastante ingenuo. Esa circunstancia no sugiere, a priori, un pasado muy novelesco.

Es posible, pero no todo el mundo tiene el colmillo retorcido, afortunadamente; todos los personajes tienen algo del escritor que los crea. Nacho tiene muchas cosas mías.


Su novela transcurre en un ambiente de poetas. ¿Ese mundo es más “retorcido” que el de la narrativa?

Posiblemente. No he ejercido de poeta ni he estado en las tribus ni plazas poéticas, pero conozco un poco ese mundo. Como no hay una industria detrás de la edición de la poesía, como sucede con la narrativa, todo el mundo tiene otro oficio, nadie vive de los libros ni de los premios, hay un teatro de operaciones más propio para las venganzas, los celos y los odios africanos.


La suya es una novela de crímenes canónica, se ha hablado de Ágatha Christie, en donde la acción transcurre en un Congreso de poetas, en el interior de una casa. ¿Es más fácil desarrollar este tipo de tramas si los personajes se mueven en un escenario reducido y acotado?

Yo creo que es más difícil. Para escribir una novela hace falta, en primer lugar, controlar el tiempo de lo que vas a contar y acotar el escenario te obliga a ajustar la narración, tenerla más controlada. Por eso es un clásico de la narración policíaca ese tipo de novelas: porque controla bien el género, lo encauza.


Parece que, actualmente, los gustos lectores policiacos evolucionan hacia otro tipo de narración, quizás más abierta, compleja y metafísica. Pienso en Mankell, Connolly, Benjamin Black...

Sí. Pero mi novela tampoco es una novela al uso clásico. Cumple ciertas reglas clásicas, pero tampoco es Diez negritos. Es algo más contemporáneo. Siempre que actualizas algo, lo transformas y quieras que no, te sales del género.


En Muerte entre poetas, uno de los personajes centrales, Fabio, el poeta asesinado, es un ser humano vomitivo: inmoral, vengativo, pederasta... Y, sin embargo, tiene un extraordinario éxito con las mujeres. ¿Qué tienen de atractivo ese tipo de hombres para las mujeres?

Por eso acaba muerto, porque es así. Supongo que hay un cierto tipo de hombres que utilizan el poder y el halago de manera muy eficaz a la hora de conquistar.


¿El halago es un arma muy efectivo?

Con cierto tipo de mujeres lo es. Las mujeres, como los hombres, imagino, lo que queremos es que nos quieran y si te encuentras a alguien que te dice que te quiere mucho, te lo crees. Un amor puesto en bandeja siempre seduce.


¿Exige la Literatura policíaca, un género perfectamente reglado, la renuncia a ciertos impulsos creativos?

No. De todas formas, siempre digo que lo que hago mientras escribo novelas son ensayos, ejercicios. Todavía no me he puesto a escribir en serio una novela. Soy curiosa, voy explorando, tanteo posibilidades... una de las cosas que me hacen feliz en la vida es la escritura. A veces me digo que ya siendo hora, que soy mayor, que me tendría que poner a escribir una novela sin tanto afán de jugar. Pero me divierto tanto...


¿Podría servir el Planeta como guía o indicación de los gustos lectores predominantes?

No lo sé. Sí que sé que este premio ha tenido olfato para premiar a escritores que en ese momento podían tener una mayor repercusión en los lectores. El Planeta es una institución en este país y hay muchos lectores que lo compran y son solamente lectores del Planeta. o no, pero eso me da igual. Donde hay un libro, aunque haya sido comprado para no leerlo, tarde o temprano aparece un lector.


Y esa lectora que es Ángela Vallvey, ¿qué lee?

De todo. Soy una constante y apasionada lectora de poesía. Si no encuentro autores nuevos que me gusten, busco poesía clásica. En novela soy una lectora desprejuiciada. Puedo leer best-sellers, o cosas rarísimas; soy lectora de libros descatalogados, compro mucho por internet, leo mucha Historia escrita en los años cuarenta por historiadores maravillosos como José Pitjuan, que es un sabio... leo de todo.


¿Por qué ha querido que su detective sea poeta?

Mi detective es meteorólogo y detective aficionado. La idea central, la que tenía para escribir esta novela, era la del encuentro de poetas y no me quedaba más remedio que el que investigara todo aquello fuera poeta.


Nacho, su protagonista, se encuentra un poco incómodo entre sus colegas poetas, como si tuviera miedo de que no fueran a aceptarle y de hasta que le acusaran de ser una especie de impostor. ¿Esa sensación la tiene también Vallvey en los encuentros literarios?

La tuve. Soy de pueblo y en esos eventos tuve la sensación de que me quedaba grande, de que iban a pensar que no estaba a la altura, de que aquella gente no me iba a aceptar. Pero enseguida te das cuenta de que todos tenemos los mismos defectos y miserias. Cuando quieres idealizar a una persona, lo mejor que puedes hacer es mantenerla lejos.


La Literatura policíaca suele llevar equiparado un intento de enmendar las injusticias de la vida. ¿También en su caso?

Sí, claro. El mundo real nunca te deja satisfecho, nunca repara las injusticias. Lo bueno que tiene la literatura es que puedes hacer justicia.


Suele afirmarse que el género negro retrata mejor que otros el mundo actual, la inmediatez de la actualidad. ¿Es la pederastia, los lectores de su novela entenderán la pregunta, el crimen que podría definir este momento?

Sí, entre todos hemos creado un mundo pederasta. Todo está encaminado a la adoración y el deseo perverso hacia la niñez. La frontera entre juventud y niñez es muy difusa. Nuestra avaricia por vender ha propiciado unos modelos sexuales patológicos.

 

EL DETECTIVE AMATEUR

TOMÁS VAL

En Muerte entre poetas, la obra finalista del Premio Planeta, nos encontramos con los elementos más clásicos de la novela de misterio: en un Congreso de Poetas, en un escenario cerrado y con un determinado número de sospechosos, se produce un asesinato, el de Fabio Arjona, figura egregia de las letras españolas y factotum del mundo cultural. Al día siguiente de esa muerte, que despierta un gran revuelo mediático, llega al escenario del crimen Nacho Arán, nuestro detective, meteorólogo de profesión y poeta con un par de libros publicados. Hace un tiempo, quizás para huir de una vida que se nos antoja monótona y aburrida, Nacho, con la colaboración de su tía Pau, ha creado una revista virtual de detectives, el club Baskerville que investiga misterios más o menos irresolubles.

A medida que el detective amateur va descubriendo que todos los asistentes al congreso tenían múltiples motivos para vengarse de Fabio –experto en infamias, traiciones y otros crímenes–, Vallvey nos habla de la desmitificación que acarrea la cercanía, de las pequeñas guerras poéticas que se desatan por la vanidad y las miserias que suelen ocultar ciertos éxitos públicos.

Gracias a las investigaciones que realizan su tía Pau y Rodrigo, adolescente y experto hacker que colabora con la revista virtual, y a las confidencias que los poetas presentes van haciendo a Nacho, vamos desvelando los secretos de esas vidas y las razones de los odios que le profesaban a la víctima. Y más que la identidad del asesino, que conocemos pronto, lo que interesa al lector es el motivo de la venganza. Mirada ácida y desmitificadora hacia un mundo de medio pelo –no el de la poesía, sí el de los poetas– que busca la inmortalidad desde la más inmediata realidad. Ejercicio de Justicia poética.

 

BRILLANTEMENTE NEGRA

JUAN GAITÁN

Out
Natsuo Kirino
Emecé
Precio: 20,50€
Páginas: 560

Lo malo de los géneros literarios es la facilidad que ofrecen de caer en lo tópico. Sobre todo cuando un género se pone de moda (como ha venido ocurriendo en los últimos años con la novela histórica), y a muchos les basta con dejarse llevar por los lugares comunes para construir un armazón que contenga todos los ingredientes habituales, esos que, probablemente, buscan los fieles lectores del género en cuestión, ansiosos de que les cuenten, con ligeras variantes, una vez más la misma historia.

Lo bueno, en cambio, es cuando alguien decide reinterpretar un género dejándonos ver facetas hasta ese momento desconocidas o poco iluminadas y demostrando que no todo estaba dicho. Ese es el caso de Natsuo Kirino.

Escritora de éxito en Japón, donde frecuenta a menudo la novela romántica, sin embargo su éxito internacional le llegó con una novela negra lacónicamente titulada Out (con la que ganó el más importante premio de novela negra de Japón), y que ahora se edita en español. Natsuo Kirino consigue, por un lado, hilar una trama de suspense que, en ocasiones, roza lo gore, atrapándote desde el principio con una sucesión de giros inesperados que culminan en un desenlace aún más inesperado.

Pero la intriga no es la única baza que juega la autora, quien, añadiendo un alto nivel de retrato social y un poco de gore y de sutil maldad, consigue una combinación casi perfecta, de esas que pueden dejarte atado a la butaca con deseos de tragarte las más de quinientas páginas de un tirón.

Porque, sin duda, uno de los aspectos más atractivos de la novela es la semblanza que hace de una parte de la sociedad japonesa, de esa clase media-baja que tiene muy serias dificultades para alcanzar un mínimo de bienestar, que vive en minúsculos apartamentos por los que paga un desorbitado alquiler y que trabaja en deshumanizadas cadenas de producción para conseguir un salario que, de ningún modo, le permitirá cubrir todas sus necesidades.

Es esa disección de la sociedad, y no la otra, la de los cuerpos, la que más interés puede provocar en el lector más avezado, en aquel que ve, que incluso busca, el retrato de una sociedad autista donde la vida es muy dura y donde los seres humanos se sienten cada vez más aislados, más vacíos de sentimientos. Es entonces cuando están preparados, acaso sin saberlo, para cruzar ciertas fronteras que no admiten, eso sí, vuelta atrás. Es ahí cuando la novela se transforma en una brillante narración sobre los límites del ser humano y, en lugar de ser una vulgar historia de asesinos, es una original historia de los límites criminales que puede alcanzar la gente normal.

La novela está llena, además, de un simbólico sentido de la solidaridad femenina. La autora consigue crear unos personajes femeninos totalmente verosímiles, con personalidades bien definidas, muy marcadas, mientras con los personajes masculinos, todos ellos con algo monstruoso ya sea por acción o por omisión (el marido y el hijo voluntariamente mudo de Masako Katori, una de las protagonistas, son un claro ejemplo de monstruo por omisión), tienen unos perfiles mucho más difusos, menos elaborados.

Todo ello convierte a Out en una novela a ratos escalofriante, a ratos perversa, a ratos “social”, pero en todo momento brillantemente negra.

 

BITÁCORA DE LA VERGÜENZA

MARIO ELVIRA

Un arco iris en la noche
Dominique Lapierre
Planeta
Precio: 22,50€ 
Páginas: 423

Dominique Lapierre (Paris 1931), autor entre otros libros de ¡Oh Jerusalén! y La ciudad de la Alegría, ha vuelto a indagar en la trastienda de los anales de la historia para construir el dramático relato de una vergüenza: el apartheid en Sudáfrica. Ese abominable régimen de segregación racial con el que cuatro millones de blancos, escudados en 1700 leyes, sometieron a la humillación y al horror a veinticinco millones de negros, hasta que no tuvieron más remedio que abrir la mano a finales de los años noventa por las presiones y denuncias del mundo exterior. Esta epopeya, salpicada de guerras, ambiciones y del enfrentamiento entre los nativos y los colonos holandeses, británicos y franceses, es el argumento de una novela de investigación hilvanada de acción, de emociones y de los muchos claroscuros que definen el alma de la condición humana.

Con una estricta secuencia cronológica y un brillante estilo directo, propio del periodismo y que el autor utiliza a modo de escarpelo literario, Lapierre narra y disecciona la evolución de la pacífica colonización holandesa que, en unos siglos, se transformaría en un gobierno de poder blanco. El relato que se inicia en 1652 con el desembarco de unos jardineros, cuya misión es sembrar verduras que combatan el escorbuto de los marineros de la Compañía de las Indias Orientales, va desarrollando el afán de conquista holandesa, impulsado por su fe calvinista, las luchas con tribus nativas como los knois, el descubrimiento de ese el Dorado rico en diamantes, el pulso por el territorio entre los hugonotes franceses, los británicos y los holandeses, la conversión de los agricultores boérs en ricos

africaners, la construcción de Johannesburgo y el desarrollo de un gobierno de inspiración nazi que masacró a los auténticos hijos del país.

 

LA PRINCESA ESTÁ TRISTE

AMALIA BULNES

La infanta republicana
José María Zavala
Plaza y Janés
Precio: 18,50€
Páginas: 272

Vaya por delante este pequeño apunte biográfico: Hija de isabel II y hermana de Alfonso XII, la infanta Eulalia fue una princesa rebelde, que intentó escapar del rígido protocolo de la monarquía. Rivalizó en amoríos con su marido, Antonio de Orleáns; se enfrentó a su sobrino Alfonso XIII y transformó su despecho en arrebatos de republicanismo y feminismo (“algún día el pueblo sacudirá las coronas y, liberándose de ella s, nos libertará de paso a nosotras”); vivió una apasionada historia de amor con el rey de Portugal, Carlos I de Braganza; publicó en 1911 un libro, Au fil de la vie, donde contaba todas las miserias de los suyos; y años antes, enviada a Cuba para apoyar a las tropas españolas, se posicionó a favor de los revolucionarios.

Este adelantado –y apresurado– curriculum no viene sino a certificar la pertinencia más absoluta de la recuperación de esta mujer provocadora que, como ella misma relató en sus memorias, “no nació para ser infanta de España”. Pues bien, con este material excepcional, que configura en sí mismo el personaje, ‘la infanta republicana’ (Plaza y Janés) realiza una suerte de ensayo –eludiendo una magnífica oportunidad de novelar e interpretar la vida de la infanta– que se esfuerza por defender la emancipación de la mujer y realiza una crítica velada de las miserias de la monarquía.

Su autor, José María Zavala (Madrid, 1962), recoge la biografía de esta mujer con una profusión de datos que, sin embargo, funcionan como un apretado corsé que oprime hasta el vahído el cuerpo del texto. Aún así, la excusa, de tremendo interés periodístico, del hallazgo de las cartas que certifican su relación sentimental con Carlos I de Braganza –oculta durante más de 50 años–, constituye el mayor acierto de este libro. Sólo esto justifica ya su lectura.

 

SENDEROS QUE SE BIFURCAN

JUAN CARLOS PALMA

Espejo y tinta
Manuel Rico
Bruguera
Precio: 16,50€
Páginas: 144

Cuando aún está reciente la aparición de Verano (Alianza), su última novela, Manuel Rico, consumado poeta, conspicuo lector, agudo crítico y editor de gran olfato, demuestra ahora su pericia en el difícil arte del relato largo con Espejo y tinta, dos piezas que responden a la simetría sugerida por el título –el espejo que refleja nuestro físico, la tinta que horada nuestro interior– presentando a dos personajes unidos en una especie de degradación paulatina –física en el primero, moral en el segundo– que amenaza con socavar los cimientos de su monótona existencia.

Empresario y oficinista gris, Ernesto Silva y Luis Orueta comparten una sin horizontes, amores encallados –el primero se desfoga en prostíbulos, el segundo parece ignorarlo– y sueños de escritor frustrado. En el autobús que le conduce a su solitario hogar, Silva se encuentra con el hombre que pudo ser, conoce a la mujer que alguna vez amó y lee las páginas que podría haber escrito. Orueta, en cambio, cree inocentemente que la posesión de la pluma estilográfica acertada hará brotar su oculto talento literario, y, en su enfermiza obsesión, no dudará en llegar al robo y al asesinato para saciar su sed de tinta y concluir que quizá sólo ha nacido para la contemplación.

Con Espejo y tinta Manuel Rico nos recuerda que la vida casi nunca es la que habíamos soñado.

 

CUANDO LLEGUE LA PRIMAVERA

PEDRO M. DOMENE

Llegó el tiempo de las cerezas

Nativel Preciado

Espasa

Precio: 19,90€

Páginas: 272

Cada nuevo día supone el comienzo del resto de toda una vida, escribió un anónimo pensador. Es esta una actitud que convertimos en la consecuencia inmediata de lo cotidiano, de esa búsqueda permanente de un mundo nuevo. Quizá por eso en Llegó el tiempo de las cerezas (2008), la nueva novela de Nativel Preciado, se muestra una peculiar reflexión sobre el paso del tiempo, y también sobre el miedo o sobre la inseguridad como esas inequívocas indecisiones que se repiten, una y otra vez, a lo largo de nuestra existencia.

Un estado de ánimo, una extrema intensidad emocional con cierto desbordamiento, un vacío hasta llegar casi al límite, permiten al personaje Carlota ofrecer fragmentos de una realidad que oscilan entre la ficción y la farsa, entre el disfraz y la apariencia, entre el deseo y la quimera. Y cercana la madurez, hacer el recuento de una existencia frente al momento más inseguro y vacilante de toda una vida. Como en obras anteriores de Nativel Preciado, las referencias autobiográficas abundan en títulos y autores, películas, geografías reconocibles, incluso canciones que remiten al título de la propia novela, Le temps des cérises, una inequívoca alusión al tiempo de la felicidad. Pero la historia de esta divorciada y madre de una hija no tendría nada de particular si la narradora madrileña no mezclara experiencias propias con una trama ficticia para plasmar con intensidad la actitud vital de toda una generación marcada por la dictadura franquista, herida con ese haz de inseguridades y vacilaciones propias de una edad que se debate en caer en la certeza de una soledad absoluta o la perdida de la memoria. Para no rendirse, Carlota, que a lo largo de las páginas de Llegó el tiempo de las cerezas, se muestra como un personaje creíble por su dimensión humana, frágil por sus indecisiones, valiente por su tenacidad, capaz de sobrevivir a los días triviales de su existencia, en ocasiones segura para iniciar un giro en su vida en el preciso momento en que comienza un particular ajuste de cuentas con su pasado, decide buscar y encuentra nuevos objetivos en la vida, mientras se olvida de Benjamín un ex-marido prescindible en su presente, y se aleja de su hija Claudia que la acusa de madre impostora por ese afán maternal de controlar y arreglar las vidas ajenas.

Conmovida por la violencia de ese devenir del tiempo, Carlota dedica todo su esfuerzo a superarlo a través de una evocación de imágenes fragmentadas, de las que uno se sirve en literatura para poner a salvo algunos recuerdos del pasado, instantes irrepetibles de una existencia anterior, frente a la desfachatez de las marcas que provocan la vejez o la muerte. La protagonista provoca con su historia una experiencia tan entera como moral, tan concentrada que destila en todo momento un relato lúcido, intenso y de comedida extensión, características que causarán en el lector la apasionada visión de una realidad tan cercana como creíble porque, como suele ocurrir en muchos casos, alguien o algo nos sustrae la mayor parte de las nimiedades de la vida cotidiana, esas que Carlota va rememorando en su sencillo relato: el agradable recuerdo de su madre, los momentos felices con Benjamín, los primeros pasos de su hija, la nevera que tantos años ha durado, las lecturas y las películas inolvidables, ese ámbito estricto del intimismo que en ocasiones le resulta ajeno frente a una realidad colectiva degradada con el paso de los años. Y cuando alguien se cruza en su camino, Gorka, el personaje masculino, solo entonces aprenderá a sosegar algunos de sus juicios, atemperar el ánimo o a disfrutar del tiempo de las cerezas, cuando ya es capaz de seleccionar algunos de sus recuerdos y de olvidar algunas de sus obsesiones, y aprende a vivir con las contradicciones y la razón de las huellas que va dejando el paso del tiempo.

 

LA FLOR DE MI LOCURA

FÉLIX J. PALMA

Pétalos y otras historias incómodas
Guadalupe Nettel
Anagrama
Precio: 13€ 
Páginas: 144

Como el resto de los personajes que pueblan los cuentos reunidos en Pétalos, la pareja protagonista de Bezoar carga desde su nacimiento con una manía obsesiva que condiciona sus existencias: ella tiende a arrancarse compulsivamente el cabello hasta el punto de abrirse en la cabeza claros difíciles de disimular, y él no puede evitar crujirse los nudillos día y noche, produciendo una sostenida melodía de chasquidos capaz de arruinar toda convivencia. Decididos a combatir su mal, la pareja acude a un grupo de terapia de compulsivos anónimos. Sin embargo, dicha estrategia fracasa estrepitosamente porque al resto de participantes, aquejados de las dolencias clásicas y comprensibles de los fumadores, toxicómanos o comedores compulsivos, los tics de los protagonistas les parece una broma, resultándoles difícil creer que alguien pueda ser adicto a eso. Y esa es justamente la sensación que experimentamos al aventurarnos en esta barraca moderna, rebosante de seres estrafalarios, que nos ofrece la mexicana Guadalupe Nettel.

La autora exige al lector una gran empatía para poder identificarse con unas criaturas dominadas por unas manías tan peculiares que casi disculpan el frágil andamiaje de sus peripecias: un hombre se enamora de una mujer porque uno de sus párpados está tres milímetros más cerrado que el vecino, otro se identifica tanto con los cactus que empieza a actuar como ellos en su vida privada, y el Grenouille barato que protagoniza Pétalos sigue la pista de una desconocida por las manchas que ésta deja en los retretes de los bares. Quizás sea este cuento, rematado por un final bellamente lírico, el que mejor ilustra el propósito de la Nettel: incomodarnos al mostrarnos la belleza larvada en la fealdad del mundo.

 

LOS CONFINES DE LA IMAGINACIÓN

MARIANELA NIETO

El contador de historias
Rabih Alameddine
Lumen
Precio: 22,90€ 
Páginas: 663

El hakawati trova en una tierra en la que ser cuentista no es hacer gala de un porte peyorativo, sino garante de una condición de mago capaz de cautivar al oyente. Este contador de historias que, según el autor libanés de origen jordano, “se gana la vida hechizando al público con relatos”, es el auténtico protagonista de este tangram maravilloso, donde el consabido rompecabezas -de simplicidad estructural aparente- acaba convirtiéndose en una lluvia beneficiosa de siluetas narrativas para ejercitar la mente y deleitar el espíritu. La tradición oral resucita en la maestría de un Alameddine –autor de Koolaids: The art of war y de I, the Divine– que orienta al lector en una travesía para deambular encantado por los confines de la imaginación, salpimentada de aventura, sensualidad, divertimento e incluso retazos de la historia reciente de la capital libanesa. Esa Beirut de naturaleza convulsa que amamantó a Amin Maalouf –galardonado con el Goncourt por La roca de Tanio– es la ciudad que recibe a Osama para ver a su padre postrado en una cama de hospital y desde la que este nieto de cuentacuentos desvela los secretos familiares más estrafalarios entre relatos de emires y princesas, esclavas y derviches, entre otros personajes como el rey Baybars –cuya historia se contó en 372 noches, que simularían hoy capítulos de telenovelas– o el niño Yardown, que como un pequeño roedor salvó la vida a sus compañeros de ser devorados por un monstruo.

Esta obra –considerada las mil y una noches del siglo XXI– es un zoco genial en el que el mercader capaz de modelar la ficción a su antojo supera a Scherezade y ofrece galante las piezas narrativas con el único regateo del tiempo dedicado a la lectura y el fin de hacer feliz a quien sabe escuchar.

 

EL PODER DE LA PALABRA

MARTA SANZ

Los pozos de la nieve
Berta Vías
Acantilado
Precio: 17€
Páginas: 221

Los pozos de la nieve se descifra como esos pasatiempos en los que los niños rellenan con color masas punteadas que, al final, descubren la imagen del elefante o del tigre. Se lee como ciertos poemas. Es quizá un poema narrativo, alentado por el problema del lenguaje, en el que la lírica y los periódicos no son habitaciones separadas. El lector atisba los misterios que impregnan las fechas y nombres de las lápidas, y los fetiches de dentro de las cómodas. El núcleo de los misterios tiene que ver con una voz que escribe para dar sentido a otras narraciones incompletas mientras se escucha a sí misma; con a quién pertenecen los fragmentos contados y cómo se unirán. Las piezas del relato emanan de la necesidad, personal e histórica, de saber quiénes somos. Es la voz de un descendiente que, con palabras propias y ajenas, humaniza una culpa enraizada en las decisiones que se tomaron en un contexto cuyo epítome es el lugar donde se inicia la narración: el cementerio alemán próximo a cuacos de Yuste. El drama de la Historia española del siglo XX se entrelaza con el drama europeo y precisamente una forma de europeismo, marcada por el pesimismo filosófico y moral, caracteriza la escritura de Vias Mahou; de su libro, se podría decir lo que se dice de ciertas películas para alabarlas: “esta película no parece española”.

La figura de Camus planea por el texto: ser es hacer y esa certeza puede resultar terrible. Los pozos de la nieve dibuja los hilos –burdos como sogas o delicados como fibras– que entretejen las ideas con los actos y los vocabularios; habla de la imposibilidad de la equidistancia, de las huellas genéticas que nacen de la interacción con el entorno, del silencio. Por eso mismo y porque la escritura es también una forma de acción, es un libro sobre el lenguaje: “Nuestras palabras / nos impiden hablar. / Parecía imposible. / Nuestras propias palabras”... las palabras mordaza de Pedro Casariego adquieren otro significado: las palabras sirven, aunque a veces estén en la raíz de discursos que, siguiendo la veta del pensamiento posmoderno, han sido causa de la destrucción; palabras que impelen al movimiento o la quietud como las de los letreros con los que se titulan los capítulos. Aquí las palabras son un arma de redención y de belleza que invita a pensar que la memoria no es siempre un dispositivo épico, que existe una memoria anti-épica que convierte al género humano en una masa de vencidos extendida sobre una geografía llena de costras –la metáfora es de la autora– y de dolores que impregnan los objetos, las fotos –reminiscencias de Sontag y de Berger–, esos espacios de la domesticidad que tanto significan en Los pozos de la nieve. Tanto como la consanguinidad y las fisonomías, porque este libro también es una indagación sobre los lazos de familias con apellidos cuya inicial es más mayúscula que otras.

El libro de Vías Mahou surge de una paradoja poética: la del poder de la palabra para emborronar, desvelar y refundar el mundo. Con sus imágenes nos recuerda que la escritura es acción y que hay palabras mordaza, grito, espejo, palabras descubrimiento y palabras autoridad. La autora le devuelve al lenguaje, a veces demasiado hermosamente, la condición literaria que se le niega en ciertos libros de éxito, logrando una profundidad que mueve a la reflexión y nos asusta en su reivindicación de humanidad para ciertos demonios de la Historia y en la certidumbre de que hay dolores para los que no existen cuidados paliativos.

 

VIDA Y LEYENDA DE MADAME CABARRÚS

EVA DÍAZ PÉREZ

La cinta roja
Carmen Posadas
Espasa
Precio: 21,90€
Páginas: 360

En los últimos años de su agitada vida, Teresa Cabarrús escribió una carta a un amigo en la que decía “¡Qué novela mi vida!”. Desde luego, pocos personajes tuvieron una biografía tan interesante como la de esta española que vivió la revolución francesa. Carmen Posadas ha tenido el acierto de adentrars en la historia de esta mujer única, llena de claroscuros, un delicioso personaje que atraviesa, siempre en primera fila, el sugerente fresco histórico del París revolucionario y la época napoleónica.

Lo sorprendente es que el personaje de Teresa Cabarrús estuviera prácticamente virgen para la literatura, ya que aparte de su rescate en algunos ensayos, la petite espagnole de gran belleza, amante del revolucionario Tallien y que llegó a ser una de las musas del Directorio, apenas es conocida. Como tantos personajes españoles –por ejemplo el Abate Marchena que también vivió el fascinante y temible París de la revolución-, faltaba la cabarrús convertida en materia novelesca.

Frente a la actual degeneración imparable de la novela histórica con argumentos absurdos e inverosímiles llenos de conspiraciones y banalidades esotéricas y religiosas, siempre es bienvenido un libro que parte de materia histórica de primera. ¿Para qué construir engendros pseudohistóricos si la realidad es mucho más interesante? La cinta roja (Espasa) demuestra un buen trabajo de investigación y documentación histórica, pues la autora uruguaya se ha sumergido a conciencia en el París prerrevolucionario y en los años bajo la sombra de la Louisette –la gran guillotina- hasta llegar a 1835, año en el que Cabarrús muere ya aburguesada y madre de once hijos en un castillo belga.

Dado lo atractivo y sugerente de la vida de Teresa Cabarrús, Posadas ha optado por dejar hablar a la realidad y así presentar la historia como unas memorias noveladas donde la literatura no existe más que a la hora de componer y narrar el relato de esta heroína. Cabarrús cuenta su autobiografía desde el presente lo que le permite mirar el pasado con asombro, pero también con distancia, consciente de sus errores y de haber dejado huella en sus coetáneos. Por ello, Posadas introduce en la narración cartas y documentos en los que varios personajes de la época dan su impresión acerca de una mujer sobre la que pesaron no pocas murmuraciones. Así, Cabarrús presenta su leyenda para quien quiera juzgarla.

Y no sorprende porque quien fuera hija del célebre banquero Francisco Cabarrús pronto desató las habladurías en el jugoso París del último tercio del siglo XVIII. Por su vida pasaron varios amantes, entre ellos el temido Tallien –mano derecha de Robespierre- o Paul Barras, uno de los líderes del Directorio. No podía pasar de puntillas por la Historia una mujer que había seducido en los salones y en las galantes fiestas campestres de la aristocracia, que llamaron Madame Termidor, pero que también intercedió salvando de la guillotina a no pocos desgraciados, lo que le valió el apelativo de Nuestra señora del Buen Socorro, que estuvo a un pie de la guillotina y que luego llegó a ser una de las Tres Gracias del Directorio –Josefina, ella y madame Recamier-.

Posadas se ha metido en la piel de Cabarrús sin caer en la hagiografía, haciendo verosímil a un personaje no siempre con altura ética. Ante la habitual galería de heroínas de falsete que suele ser tan popular entre algunas escritoras que ejercen sin pudor el oficio de ‘literatas femeninas’ es de agradecer el trabajo sincero de Posadas al devolvernos a una mujer de verdad e injustamente olvidada.