POESÍA Y ENSAYO

Andrew Dalby, Édouard Launet, Manuel Gregorio González, Pere Gimferrer, Manuel V. Montalbán.

LECTURAS ENSAYO

 

LA INTELIGENCIA CONTRARIADA

RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN

El infierno imbécil
Martin Amis
El Aleph Editores
Precio: 20€
Páginas: 320


No me agradan las recensiones que comienzan refiriéndose a un libro mediante la comparación con otro, sobre todo cuando ese otro libro ni siquiera es del autor sujeto a escrutinio, pero el aire de familia resulta en esta ocasión lo suficientemente iluminador como para permitirse semejante pecado.

Durante la lectura de El infierno imbécil (expresión que Amis toma prestada de Bellow), el espíritu burlón aunque profundo de David Foster Wallace aleteó sobre las páginas facturadas a finales de los 70 y comienzos de los 80 por el autor de Campos de Londres para medios tan dispares como The Observer o Vanity Fair. En efecto, sin perder de vista el momento de su redacción, la procedencia geográfica de los autores y la inconmensurabilidad de sus talentos, El infierno imbécil no sólo anticipa muchos de los temas que décadas más tarde Wallace abordará en Hablemos de langostas, sino sobre todo su carácter heteróclito, su vocación de fresco.

Algunos de esos intereses tan dispares entre sí son la estupidez y malestar de la cultura americana (que Amis rastrea en ámbitos como el universo Playboy, Palm Beach, los crímenes raciales o el sida antes de Rock Hudson) y la excelencia literaria (que Amis codifica en una serie de retratos del elenco de creadores que hasta bien entrado el pasado siglo dominaron la narrativa estadounidense). Por encima de estos motivos, actuando como una especie de pegamento moral, Amis radiografía el ambiente reaccionario, carismático y fundamentalista de la era Reagan, marbete temporal bajo el que transcurren la mayoría de sus crónicas.

Los relatos acerca de la estulticia y el miedo americano son eficaces, divertidos y ácidos, y en ellos la pluma de Amis se mueve a placer en ese registro suyo tan característico: el de la inteligencia contrariada, una inteligencia a quien nada gusta el ánimo humanista que inviste a cierta izquierda bienintencionada, pero que tampoco logra congeniar del todo con el maximalismo conservador. Los encuentros con escritores son, en cambio, muy desiguales, pues junto a retratos excelentes (Capote, Mailer, Vidal), Amis factura otros decepcionantes (Heller, Vonnegut) y algunas lecturas difíciles de asumir (su interpretación de Philip Roth, por ejemplo). resulta aleccionador, en este sentido, comparar el texto que Amis dedica a Updike, «John Updike: conejolandia y Bechville», con el que Wallace dedica al mismo autor en «ciertamente el final de alguna cosa, o por lo menos eso es lo que a uno le da por pensar». Del cotejo de estos dos breves documentos se puede colegir la distancia que media entre un lector bueno y otro excepcional. De hecho, este reseñista debe constatar con sorpresa que Amis le parece mejor hermeneuta del cine (sus aproximaciones a de Palma y Spielberg son espléndidas) que de la literatura.

Y aunque, atendiendo al factor del tiempo transcurrido, Amis resiste como analista sociopolítico, pues sus crónicas acerca de la constelación Reagan –crónicas que, siguiendo la línea de argumentación adoptada, podrían compararse con el «arriba, simba» que Wallace dedicó a Mccain durante la campaña del 2000 para la nominación republicana– no sólo están estupendamente escritas, sino que arrancan muchos velos de ignorancia, en cualquier caso, la impresión resultante es que El infierno imbécil es un libro astuto y ferozmente escrito que llega tarde al público español.

Quizá porque treinta años son, sin duda, mucho, demasiado tiempo, cuando se intenta retratar el Zeitgeist de Estados Unidos.

 

LA MUJER DE QUÍO

FÉLIX ROMEO

La reinvención de Homero. El misterio de los orígenes de la épica
Andrew Dalby
Gredos
Precio: 25€ 
Páginas: 328


La tesis fundamental que defiende Andrew Dalby en La reinvención de Homero es que quien dictó a un escriba la Ilíada y, con veinte años de diferencia, la Odisea, fue una mujer. Es una tesis provocadora, aunque menos desde que hace algunos años Harold Bloom viera, como explicó en El libro de J (interzona), la mano de una mujer en la escritura de algunas partes de la Biblia.

En cualquier caso, esa afirmación es la coda a un impecable análisis de los dos poemas épicos que fundan la literatura occidental. Impecable en su redacción, clara, y en su erudición, vasta pero sin resultar abrumadora.

Andrew Dalby, formado en Cambridge, realiza una disección completa de los dos textos. Habla de los vínculos entre la realidad histórica y los hechos que describe Homero: y cómo la historiografía tendió a confundir una y otros hasta fechas recientes. Habla de la geografía griega, la física y la humana. Habla de la vida cotidiana: las costumbres y la política. Por ejemplo, a propósito del llanto en los funerales, recuerda la prohibición del gobernador solón de “lamentarse siguiendo un texto”, porque quería que fueran una “expresión espontánea del dolor”. Habla de la coexistencia de varias lenguas en Grecia. Habla de cómo llevaban a cabo su trabajo los cantores. Habla de vasijas de barro, y de la complementariedad entre el primer poema y el segundo, razón suficiente para negar la existencia de dos autores.

A diferencia de Penélope, que teje para destejer, Andrew Dalby va haciendo cada vez más tupida su composición. El lector asiste a una suerte de elevada investigación policial, y lo que podría ser otro trabajo filológico se convierte en un gran ensayo de historia cultural: todo está conectado y sólo hace falta hacer visibles las conexiones. Conectar la ausencia de “palabras” en la escritura china con los poemas épicos serbios, vivos en la memoria popular hasta hoy.

Andrew Dalby avanza agarrándose continuamente a los versos de Homero, y cubriendo las partes que faltan con un profundo conocimiento de la época. Por ejemplo, para explicar la transmisión oral de la literatura y del pensamiento en Grecia, echa mano de la filosofía de Platón extraída de las palabras de Sócrates.

Me interesa mucho su teoría sobre la realización material del poema (una de las claves para defender su teoría de la autoría): la relatora y el escriba, las largas jornadas de declamación y las pieles de cabra necesarias. Me interesa la historia de la suerte de los poemas, después de convertirse en libros escritos. Y me interesa cómo surge el Homero mitológico, que acabó siendo “verdaderamente” el autor la Ilíada y la Odisea: un proceso que fascinaría a Borges.

Pero, por encima de todas estar razones, La reinvención de Homero me gusta por su interpretación de los libros: en los que el hombre está íntimamente unido a los dioses, pero los actos que realiza son de su entera responsabilidad. Escribe Andrew Dalby, casi al final de su ensayo, explicando una de las mayores grandezas de las obras de “el hombre de Quío”: “Los humanos tenemos que encontrar por nosotros mismos la manera de hacer que nuestras acciones se ajusten a la ley y a la moral, y tenemos que decidir qué hacer cuando la ley y la moral se han visto vulneradas”.

Un gran ensayo: acabé la lectura sintiéndome más listo y sintiéndome heredero de unas obras que siguen vivas. Y misteriosas.

 

SEXO PARA TODOS

HÉCTOR MÁRQUEZ

Sex Machine. La ciencia explora la sexualidad
Édouard Launet
Alba Editorial
Precio: 16€
Páginas: 192


Con los temas de sexo siempre solemos andar de puntillas, con lo difícil que es fornicar así, salvo para los del Circo del Sol. Cuando en el sexo solemos usar palabras éstas tienen el doble peligro de exiliarnos la libido para siempre. Hablar de lo prohibido exige tener un doble diccionario a punto y la atención puesta en las mejillas encendidas del otro. No: el monólogo, la gaya ciencia o la chispeante ocurrencia no son maneras útiles de hablar del sexo en su transcurso. Sin embargo, bien elegidos el tono y las ocasiones, pueden ser excelentes vías para abrirnos el apetito. Édouard Launet es un periodista científico francés que lleva años escribiendo en Liberàtion, entre otras cosas, unas fantásticas columnas llenas de palabras y datos científicos sobre sexo. Como buen divulgador y conocedor de la ciencia, conoce todos los truquitos del enseñar deleitando. Sabe bien que todas las cosas son susceptibles de ser nombradas de varias maneras y que él no es ninguna autoridad en lo de enseñar posturas coitales o trucos de SIMCA 1000. Launet siempre habla de estudios científicos publicados en revistas. Habla de tantos por ciento, de prácticas extravagantes medidas en laboratorios y de extraños experimentos que la ciencia hace para medir cosas como la intensidad del orgasmo en varones y hembras, la frecuencia de la masturbación en edades provectas. Con todo eso hablado a través de 50 columnas, Launet ha reunido materia para culminar un libro fresco, dinámico, divertido, facilísimo de leer y lleno de curiosas revelaciones. Sex Machine (la ciencia explora la sexualidad), publicado en España por Alba en su colección Freak es, también, un buen manual de preseducción para adictos al dato y a la anécdota porque en su capacidad de hacernos sonreír abre una de las primeras puertas del contacto. Launet, sin dejar de levantar la ceja al hablar de estudios que muchas veces deben someterse a la poca fiabilidad de las confesiones del sujeto estudiado –¿quién dice la verdad de lo que se arrima y cómo lo hace?– se pregunta y responde a cómo sería un coito en gravedad cero. E incluso revela que el amor y el deseo pueden medirse algebraicamente. O cómo los jóvenes yanquis creen que –ay, la sombra de Clinton– las prácticas de sexo oral o anal no son sexo en estado puro sino una suerte de ejercicios preparatorios para la coyunda clásica.

Se ríe el autor junto a nosotros durante cada artículo de la tremenda importancia que se le concede al sexo y a la nunca bien ponderada manía íntima de sufrir por no saber nunca qué lugar ocupamos en la escala de los amantes rivales que en el mundo han sido, son y serán. ¿Huelen mal mis pudendicias? ¿me amaino en exceso solo? ¿Te pongo cuando me miras o miras cuando me pongo? ¿soy mala si grito mucho? Launet desvela una a una muchas de nuestras preguntas. Y nos dice, datos en la mano, que se puede concluir que a las mujeres, en general, la longitud se la suda, no tanto así los grosores. O que el tamaño medio de un pene inglés en erección es de trece centímetros y que nada tiene que ver su longitud con el número de calzado que gasta. O que las mujeres que más gritan y fingen suele tener más amantes de media que las que cultivan el sottovoce. Y todo esto con más datos que Solbes explicando el IPC. Mucho mejor que éste, vaya, que con Èdouard te irías luego a tomarte unas cañitas con la confianza en que además de único no eres sino un número más de los que se comen la cabeza por no saber si estás pegando bien el sello. Al cabo, todos venimos de las mismas humedades.

 

UNA PROSA FEBRIL

IGNACIO F. GARMENDIA

El arte inútil
Manuel Gregorio González
Metropolisiana
Precio: 20€ 
Páginas: 128


La colección El Observatorio de la nueva editorial Metropolisiana ha iniciado su andadura con dos libros muy distintos pero igualmente valiosos: el concienzudo ensayo –Un cine febril– sobre El enigma de Kaspar Hauser de Werner Herzog que firma el joven crítico sevillano Alfonso Crespo, una apretada monografía que sorprende por el rigor y la inteligencia de su discurso, y esta colección de glosas que hace el cuarto de los libros del también sevillano Manuel Gregorio González (el

Porvenir, 1970). Ganador del Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías 2007 por Don Álvaro Cunqueiro, juglar sombrío, una personalísima aproximación al sustrato anímico e intelectual del que nace la obra inmensa del escritor de mondoñedo, González es autor de otro ensayo biográfico dedicado al Gran Piscator de Salamanca, Torres Villarroel, a orillas del mundo (2004), y de una colección de semblanzas literarias que tituló Gran Sur (2003), obras todas emparentadas en la forma y en la intención, repletas de referencias librescas pero desdeñosas de la bibliografía, dado que el autor no se postula como erudito sino como hacedor de literatura, y por ello no practica el análisis metódico de los estudiosos sino la intuición libérrima de los creadores

Acogidas al “hondo magisterio” de Eugenio D’ors, prosista exquisito y proverbialmente oscuro de quien González celebra, en feliz paradoja, la “claridad barroca”, estas prosas son asimismo deudoras, como en los títulos citados, de la peculiar forma de ensayismo (Larra, Lorca, Valle, Ramón) que practicaba Umbral, con quien el autor comparte la vocación de articulista, el culto extremado del estilo y el apego a una tradición que prima el hallazgo verbal sobre el asunto, bajo el signo de un lirismo alucinado que fructifica en la acuñación de frases memorables. Se trata de un linaje poco frecuentado hoy al que nuestro ensayista, que debería plantearse incurrir en el ámbito de la genuina invención, se ha mantenido fiel desde su primera entrega, tan parecida a ésta en lo que tiene de recopilación de estampas breves, condensadas, autónomas, que ahora merodean en torno de la historia universal a la búsqueda de momentos estelares del arte y la literatura, fogonazos que alumbran las manos aurorales que tallaron la Venus de Willendorf o los horrores del infierno de el Bosco o los canales soñados por sir Percival Lowell o la minuciosa geometría de Borges.

El arte inútil, pues que abocado a la caducidad y en última instancia al olvido. Hay una voluntad inequívocamente esteticista en estas páginas, una melancolía desesperada que brota una y otra vez entre la espesura neobarroca, como el magma en el que combaten furiosas las palabras, chocando unas contra otras como partículas enloquecidas. Manuel Gregorio González cultiva una prosa densa, culturalista, populosa de nombres y conceptos, a veces apabullante, pero que tiene en el pecado –el exceso– su mayor logro, pues esa “sintaxis breve, sentenciosa, enfática que querría parecerse a la de don Eugenio D’ors” se aproxima en efecto a las cualidades del maestro, entre ellas la musicalidad y cierta ilustrada malicia, lo que unido a la insolencia de su ambición panorámica convierte esta gavilla de inquisiciones en una propuesta heterodoxa y absolutamente recomendable. Es un estilo gloriosamente inactual que habrá quien juzgue, ya decimos, demasiado lleno de gente, pero que ofrece en cada página, como los buenos poemas, un generoso puñado de lúcidas intuiciones envueltas en hermosas imágenes, impecablemente hilvanadas y a menudo sorprendentes.

Pura literatura.

 

LECTURAS POESÍA

 

DELIRIO Y AMANTE

JAVIER LOSTALÉ

Tornado
Pere Gimferrer
Seix-Barral
Precio: 18,50€ 
Páginas: 192


La obra de Pere Gimferrer es un orbe solar donde todo se integra e irradia a través de lenguaje. En ella la vida resuena total, en fecunda síntesis de los acontecimientos externos y de una vasta cultura germinada en su creación, tanto poética como en prosa, merced a una prodigiosa memoria y a una imaginación con fuerza estelar. Traspasada por una vibración amorosa de distinta intensidad y coloratura, por las huellas del paso del tiempo y de la muerte y una constante tensión de belleza, el “yo” alienta en ella unas veces tras una máscara literaria, histórica o cinematográfica, como sucede en Arde el mar y La muerte en Beverly Hills, ambos libros escritos en castellano, y otras se manifiesta en primer plano al ser interlocutor en el diálogo del poeta con su conciencia. Esto sucede en la segunda época, donde la lengua materna es el catalán y publica, entre otros poemarios esenciales, Els Miralls (Los espejos), Hora foscant (Hora oscurecida), L’espai desert (el espacio desierto) y Mascarada, “uno de los más bellos y exaltados cantos de amor de la lírica hispánica del siglo XX”, en opinión del crítico Luis García Jambrina, libro amanecido con el pulso de la pianista y escritora Maria Rosa Caminals, gran pasión de su vida hasta su muerte el 29 de noviembre de 2003, tras la cual, y fiel a las últimas palabras de la artista catalana, “sólo te autorizo a casarte con Cuca Cominges”, se reavivó como una llama inextinguible hasta consumarse una antigua relación nacida en 1969 y frustrada entonces. Misterioso advenimiento relatado con el latido de la ficción por Pere Gimferrer en una pequeña joya literaria titulada Interludio azul, y que trepanó el idioma con su delirio en la primera obra poética escrita directamente en castellano desde finales de los sesenta: Amor en vilo. Volumen integrado por ciento cincuenta y un poemas que, este otoño, dos años después de su publicación, ha desembocado en un texto, Tornado, que es un verdadero huracán de imágenes, de pulsaciones, de referencias culturales encarnadas en la celebración del amor, de versos que se abren como un fruto y destilan su líquido interior. Todo es táctil en este poemario, que posee el brillo del diamante, donde la lengua no sólo revela, sino que copula. Clasicismo y vanguardismo se injertan de un modo natural en esta tempestad que moja, yo diría inunda, a los lectores. Tornado es una epifanía de luz, donde cada parte, cada poro del cuerpo de la amada, es para el amado fuente de vida, anunciación y fundamento del mundo, lugar donde desaparecer fundiéndose con ella, siempre salvación. Algunos versos escogidos al azar nos dan la temperatura del libro: “Y estoy tan reposado y repujado en ti / como la madrugada repuja el alhelí / y estoy tan agostado por tu llama turquí/como entre las lianas se encendió el colibrí. / Y sólo sé que quiero morir un día así: / entregado a tus ojos como al viento al neblí (…) yacer sólo en los ojos de tu playa,/ verme en la nube de tu respirar. (…) y tu mirada es el tañer del tiempo / es el taller del tiempo destallado (…) y ya el pezón del día es tu pezón, / y tú no te distingues ya del día (…) me pierdo en el boquete de tu cuerpo / y el cielo ensortijado se desborda / como la marquesina del champán, / y no serás más mía que el relámpago / ni menos mía que mi propia muerte…”

Pere Gimferrer o el lenguaje que hace respirar la vida, alcanza con Tornado una de las cimas de la literatura española en los últimos cuarenta años. Su altitud es ya la del clásico.

 

LA METÁFORA DE LA FELICIDAD

MANUEL RICO

Poesía completa. Memoria y deseo, 1963-2003
Manuel Váquez Montalbán
Península
Precio: 18,50€
Páginas 400


El 14 de octubre de 2003 moría, en la soledad del aeropuerto de Bangkok, Manuel Vázquez Montalbán. Dejaba concluida la novela Milenio, la última aventura de Carvalho, y ultimados dos libros de poesía trabajados a lo largo de una década: el primero, Teoría de la almendra de Proust, y el segundo, muchas veces anunciado y de título con resonancias cinematográficas, Rosebud. El libro ha sido publicado con el añadido de los dos libros inéditos y, algo esencial, con una actualización del histórico prólogo que Josep María Castellet escribió para la edición de 1986.

Manuel Vázquez Montalbán, que se consideraba ante todo poeta, fue víctima de un olvido consciente por la mayor parte del establishment poético de nuestro país, algo a lo que contribuyó su extensa (y sólida) obra narrativa, de un lado, y su ingente labor como ensayista y como periodista, de otro. La edición definitiva de Memoria y deseo, nos permite situar su obra poética en un lugar merecido e imprescindible: el que ocupa una poesía nacida en el núcleo del impulso de renovació  que vivió nuestra lírica a finales de los sesenta/comienzos de los setenta del pasado siglo. Con una diferencia: en su caso está sustentada en una visión crítica de la realidad. Se trata de una poesía experimental y civil. Emocionada y técnicamente innovadora, deudora de la cultura popular y, a la vez, atenta a las manifestaciones más elaboradas de la “alta cultura” y con una vertiente intimista (sobre todo en su poesía amorosa) y radical. No es casual, por ello, que desde el primer poema de su libro inicial, Una educación sentimental, hasta los textos inéditos de Rosebud, su escritura mantenga ese equilibrio integrador entre elementos a primera vista contrapuestos. Los ecos de la copla de Concha Piquer, las melodías de Los Beatles o de Elia Fitzerald conviven con Lombroso o Marx, con Capote, Welles, Eliot o Ferraté, entre otros. Son referentes culturales que vinculan a Vázquez Montalbán con el primer momento novísimo, pero que en su poesía se funden con una base experiencial, con un trasfondo de memoria: ya sea de lo vivido directamente, ya lo sea de lo transmitido por la generación que protagonizó la guerra civil y sufrió la derrota, ya lo sea en relación con un presente fundado en lo cotidiano y próximo. Sus libros póstumos suponen un ahondamiento en esa respiración de fondo: si Teoría de la almendra lo hace a la vez que indaga en el misterio de la creación artística (no en vano está compuesto de poemas escritos con motivo de una exposición, celebrada en 1996, del pintor Benet Rossell), Rosebud supone un estremecedor canto/homenaje a la madre muerta, una búsqueda en el origen, en la memoria fragmentaria del origen.

La poesía de Vázquez Montalbán ha sido –es– una lírica a contracorriente, inspirada en el binomio memoria y deseo aprendido en Eliot y que da título al volumen. Pero el sentido que él da a ese binomio es diferente. Si es conocido el que otorgó al concepto memoria como lugar de las raíces, como herencia de los antepasados vencidos (“Nada quedó de abril”), no lo es tanto el término deseo. Para Vázquez Montalbán es metáfora de la utopía, de la felicidad, también como lucidez ante los avatares de la Historia. La edición de su poesía completa permitirá al lector acceder a un universo de gran complejidad lingüística pero transparente, a una obra que reflexiona, desde la inteligencia crítica, sobre el mundo y su destino, que ilumina las contradicciones de la existencia y que investiga en las potencialidades de la palabra. Poesía heterodoxa, valiente y emocionada. Poesía.