NAJAT EL HACHMI

"A veces el multiculturalismo es pornografía étnica"

MIGUEL ÁNGEL DEL ARCO

Nahat el Hachmi es un símbolo aunque ella no quiera serlo. Nació en Nador, hace 29 años, con ocho llegó a Vich y en sus calles creció, hablando con su familia árabe, catalán en la escuela y castellano en las calles. Y se hizo escritora. con segundo libro, El último patriarca, ganó el premio más importante de las letras catalanas, el Ramón Llull. En ella cuenta, desde el punto de vista de una niña, las peripecias de Mimoun, cruel, celoso, prepotente. Desde que nació en un pueblo de Marruecos, su relación con sus hermanas, su primera llegada a Barcelona, con 16 años, la vuelta, su matrimonio, su relación con las mujeres. Su asentamiento en Cataluña. Una historia de emigración, de integración, de choque de culturas y de generaciones, desde dentro, llena de jirones. Un hombre violento, promiscuo, tramposo, una mujer que aguanta, una hija que se rebela. Así que empiezan a considerarla la Zadie Smith catalana. Un referente. Ella dice que sólo es una escritora que escribe en catalán historias que se le ocurren o que ha vivido.


¿Le parece que ha hecho un libro valiente?

¿Tú crees?


Prefiero que conteste usted

No, para mí es una novela normal, es mucho de lo que conozco de cerca. Es un libro que conjuga elementos de ese entorno que a mí muchas veces me fascina. Lo que he intentado es de alguna forma explicarme a mí misma, reformularme esta realidad para darle un poco más de sentido


Es dura y, al ser buena parte autobiográfica, ¿ha tenido miedo de contar cosas que pueden molestar a su entorno?

No, la verdad es que cuando escribo puedo ser libre al cien por cien. Sinceramente cuando me pongo delante del ordenador no pienso si está bien decir esto o no. Es un proceso creativo en el que ves cómo dices las cosas, desde qué punto de vista, y te olvidas de si lo que estas contando puedes recibir más o menos críticas. Si tienes que pensar a quien puede escocerle lo que cuentas, no podrías seguir.


Su primer libro, Yo también soy catalana, era usted igualmente.

El título es llamativo y mucha gente se puede confundir. No es ninguna consigna patriotera, es decir simplemente que eres de un lugar donde llevas viviendo veinte años de tu vida y de donde son tus seres más queridos.


En todo caso, los dos son autobiográficos

El primero son reflexiones alrededor de experiencias propias, sobre temas importantes como la identidad, las lenguas, la religión, las mujeres. La no ficción te obliga a acotarte mucho. La novela es una novela, por mucho que hable de cosas que yo he visto, o de personas cercanas a mí. En la ficción te sueltas el pelo, no tienes límites. Puedes coger un personaje como Mimoun y llevarlo al extremo. Un personaje peculiar que intenta imponer su voluntad a todos los que le rodean.


Es un poco energúmeno, un patriarca agresivo, posesivo, promiscuo. Ni siquiera su padre y su suegro son así.

Con el esperpento nos damos más cuenta de las cosas que con el realismo más evidente. Es la forma de intentar comprender esa realidad y llamar la atención sobre ella. Están a la vuelta de la esquina y estamos totalmente anestesiados ante eso, no reaccionamos. Es un personaje que reúne varias características: es un maltratador, tiene distintos tipos de problemas, una sicología muy compleja.


¿Por qué cree que no reaccionamos ante un maltratador así?

Nos vendieron que aquí no pasa eso, que ya no hay diferencias entre hombres y mujeres. Y por otro lado estamos insensibilizados ante el dolor ajeno. Recibimos todos los días situaciones trágicas que nos dejan indiferentes. Digamos que los mensajes feministas tradicionales consiguieron mucho a nivel de derechos públicos pero en la práctica fallaron estrepitosamente: no consiguieron un cambio en las relaciones de pareja. Si a nivel práctico no se ha conseguido ese cambio sustancial, no podemos ir por la vida abanderando ese feminismo.


¿Han leído sus padres el libro?

Bueno, se lo han traducido a la expresión oral del Rif. Les parece curioso alguna cosa de las que cuento. A mi madre le sorprende que recuerde según que historias que yo escuché y ella también había escuchado, porque era muy pequeña.


Usted fue mediadora cultural y no le gustó.

Estoy de acuerdo con la figura del mediador, pero debe ser igual para las dos partes. Hasta ahora no es más que una herramienta para hacer pasar a la gente por el tubo. Es una injusticia, siempre son los que vienen de fuera los que deben adaptarse a la situación.


Tampoco le gusta ser un icono cultural

No, porque yo quiero ser escritora. Cada uno hará su lectura pero yo no me siento excepcional en ninguna sentido. Llegué a España con 8 años, me establecí en cataluña y tenía esa afición por la literatura. Recibir un premio con 29 como el que he recibido yo sí es algo excepcional. En todo caso yo intento desvincularme. Lo mejor que puedo hacer es seguir trabajando en lo mío y no dedicarme a otras cosas.


Y el término multicultura le pone de los nervios.

Es que niega la diversidad de las procedencias: tú puedes venir de Marruecos, vivir en una zona de Nador con una cultura concreta y no tienes nada que ver con alguien de Casablanca. El orientalismo, del que habla Edward Said, es que el extranjero responda a un cliché, por eso tenemos el  stand del morito o el del subsahariano. Yo no puedo estar ejerciendo de morita toda la vida porque a lo mejor mi aspecto físico no tiene nada que ver con mi itinerario vital o mi bagaje cultural. La cultura no es comer la comida típica. A veces el multiculturalismo es pornografía étnica, se intenta destacar del otro los rasgos más exóticos, los que nos parecen más alejados de nuestra realidad.


Lo que cuenta en su libro, lo que puede haber visto en Cataluña, ¿tiene algo que ver con lo que pasa en los barrios París?

Francia lleva mucho más tiempo recibiendo gente de fuera y no hizo bien el trabajo. El problema de francia no es el velo, el problema es que tiene dos millones y medio de personas que no se sienten representadas. Hay un montón de gente en absoluto desarraigo porque ya no conocieron el país de origen, donde vivieron sus abuelos y viven en un país que tampoco los ve como propios. Aquí estamos en un momento decisivo. ¿Vamos a construir una sociedad donde se intente borrar todo signo de distinción? ¿Vender la moto de que todos somos iguales? o ¿vamos a otro modelo?.


¿Hay un problema lingüístico en Cataluña?

Yo creo que más bien lo contrario. son reivindicaciones de normalidad, se habla catalán y cuando alguien es extranjero, inmediatamente se habla en castellano. Yo llegaba del Rif y, me daba igual que me hablaran en una lengua como en otra, pero hacían el esfuerzo de hablar castellano. Yo creo que a veces el catalán tiene complejo.


¿Entonces las campañas para salvar al castellano?

Eso no es cierto y es lamentable que algunas mentes privilegiadas, supuestamente intelectuales, se manifiesten. Si en las calles de Barcelona se habla más castellano que catalán. Yo no entiendo esa utilización política de las lenguas.


Ha criticado la blandura de los familias con los hijos. ¿Es usted es una madre dura?

Hay una tendencia de los padres a desertar de su función. Dicen que son amigos de los hijos y cosas así que no van a funcionar. Hay que imponer limites. Yo soy dura cuando me dejan, porque los niños son muy vivos y aprenden a torearte.


Hay una imagen en el libro, hormigas en las axilas del patriarca, ¿eso es una descripción, es realismo mágico?

No lo sé. Las cosas me salen y las cuento. Es un poco para simbolizar el deterioro de una persona que ha tocado fondo. Lo dejo a la interpretación del lector.


Ha dicho que la literatura catalana o se contamina o muere, ¿donde está ahora?

Todas las literaturas, pero la catalana en concreto, tienen que dejarse impregnar por lo que está pasando. Tienen que salir autores diferentes y que hablen de otro tipo de realidad.