FEZ, RÍO DE LAS JOYAS

La más antigua y bella urbe del mundo árabe medieval.

SALVADOR LÓPEZ BECERRA*

Hay una canción cuya dulzura nunca la sacia el olvido. Se trata del poema de amor que compuso Adelouahab Mohamed para ser glorificado por la voz de la mítica Oum Kaltoum y que yo suelo regalar a los amigos que acompaño a explorar la Medina de Fez. Para quienes han paseado sin prisas por sus calles y la han contemplado, no con los ojos del cuerpo, esta melodía exuberante se convierte en himno inmemorial, en evocación de un tiempo detenido en el armazón del alma del visitante. El título de la canción es Fakarouni (“recuérdame”). Porque contar de Fez es decir fulgor, memoria, música, fascinación; sentir Marruecos, su médula espiritual. Desde su fundación (atribuida a Idris II) hasta nuestros días, esta metrópoli viene prestando un papel trascendente en la vida del país. En la época contemporánea se le debe el nacimiento del nacionalismo marroquí que tanto contribuyó a la independencia del país. Aquí surgió el Partido Istiqlal (“independencia”) actualmente en el gobierno. Aunque con el devenir de la historia Rabat y Casablanca se convirtieran oficialmente en las capitales política y financiera, Fez sigue siendo el barómetro social, su corazón y su memoria histórica. Hoy día coexisten varias Fez bien diferenciadas: Fez al-Bali, (“fez la antigua”, la Medina. Siglo IX); Fez al-Yedid (“Fez la nueva” donde se ubica la vieja judería. Siglo XIII) ambas contiguas, ocupando en conjunto una extensión de unas 350 hectáreas; alejada de la belleza abigarrada de estas dos últimas se encuentra la Ville Nouvelle fundada por los colonos franceses. Esta zona de moderno trazo actual es el centro administrativo, cuyas construcciones de estilo colonial destilan un aire de melancolía frente a los suntuosos edificios de flamante construcción. Las dos primeras (Fez al-Bali y Fez al-Yedid ) son el espacio donde florece la nostalgia del sueño de Al-Andalus; donde poesía y memoria se funden con el latido de las estaciones detenidas en el fluir de las fuentes de mandalas de azulejos multicolores. Ámbito sagrado donde el rumor de las mezquitas se hace próximo y eterno, nunca anónimo. Reconozco que es Fez al-Bali la que me embelesa porque, aparte de ser la más antigua de las villas imperiales marroquíes, ésta no es una ciudad cualquiera sino la más bella urbe del mundo árabe medieval.

Sí, escribir de Fez es para mí decir, esencialmente, su Medina. No ha habido un solo artista o viajero de raza que la visitara y no dijera algo hermoso de ella, al igual que hicieron Ali Bey, Gómez Carrillo, Titus Burckhardt, Amín Maalouf, Pierre Loti, Paul Bowles, Anais Nin, Abdellatif Laabi, Tahar Ben Jelloum… fue en Fez al-Bali donde se instalaron, a ambos márgenes del “río de las joyas” (Wad al-yawahir), exiliados andalusíes y de Kairauan (Tunicia), fundado así “Adwar al-Andalus” lo que hoy conocemos como “Barrio de los andaluces” y “Adwar al-qárawiyine” como “Barrio de los kairauaníes” aportando estas comunidades un impresionante legado cultural, al ya existente, declarado por la UNESCO en 1981 Patrimonio de la Humanidad. Fez al-Bali, que como la Meca fue considerada en la edad media ciudad santa del orbe islámico, no precisa de símiles, por muy altos que estos sean; su gloria y hermosura es tanta que no puede admitir comparativos, no por soberbia sino por humildad, respeto y conocimiento de sí; aunque muchos la señalen como la Atenas de África o la Bagdad de Occidente. Dice un proverbio local que en Fez al-Bali no hay un metro cuadrado de suelo en que no haya vivido un santo, pero mi Fez tiene su pudor y prefiere guardar sus secretos en silencio, como un hermoso amor inabarcable, sólo para quien con rectitud y atención debida quiera cortejarla, descubrirla, sentirla…; aunque aquellos visitantes que vayan de paso y sólo la vislumbren en la lejanía, o en un corto paseo, tampoco escaparán de su seducción, permaneciendo su memoria impregnada del indeleble perfume del ensueño. Es compasivo comprender que ante tantísima belleza, el anodino turista quede petrificado, sin capacidad de reaccionar, porque Fez al-Bali sólo puede ser cantada/contada en un poema. Si es que una ciudad o el transito de la luz –como un poema– pudiera ser expresado con vocablos corrientes. ¡oh, Fez ya siempre! Fakarouni, fakarouni, fakarouni…

(*) Director del Instituto Cervantes de Fez.