JUAN GOYTISOLO

"Todo arte brota de la contradicción. Si se tiene todo claro, no se escribe"

EDUARDO CASTRO

Juan Goytisolo ha dado ya a la imprenta un total de 50 títulos, la mayoría de ellos traducidos a diferentes idiomas y publicados en numerosos países. También es autor de otras nueve obras de narrativa, entre ellas las novelas Makbara (1980) y Paisajes después de la batalla (1985); diez libros de ensayo, siete de viajes y reportaje, tres de memorias, dos de artículos periodísticos y uno de difícil catalogación, El universo imaginario (1997), además del guión televisivo de la serie Alquibla (1988) de Tve, la edición de la Obra inglesa de Blanco White (1972) y su famoso Diálogo con Günter Grass sobre la desmemoria, los tabúes y el olvido (2000).  A pesar de su desin terés por los premios, cuatro de los que ha recibido a lo largo de su carrera han tenido para él especial significación: el Europalia de 1985, el Nelly Sachs de 1993, el Octavio Paz de 2002 y el Juan Rulfo de 2004. Su último libro es El exiliado de aquí y de allá (círculo de Lectores/ Galaxia Gutenberg).

A pesar de haberse definido a sí mismo como un apátrida, hay quien afirma que España es para usted una especie de Ítaca particular, como si su vida fuera un continuo viaje que no tendrá fin hasta que termine arribando de nuevo a ella.

Es que, más que de España, yo hablaría de cultura española. Lo que dije exactamente es que, por el hecho de vivir fuera, he sustituido la noción de tierra por la noción de cultura. Porque mi relación, a partir de Señas de identidad, ha sido sobre todo con la cultura española. Hay un concepto que he expresado varias veces, lo que yo llamo el árbol de la literatura y la necesidad de que cada escritor aporte algo nuevo a ese árbol. Y, en mi caso, esta conexión con las distintas raíces de la cultura española ha sido muy importante.


A sus 77 años, sigue usted teniendo fama de intelectual que no se somete a las leyes del mercado ni a las doctrinas políticas anquilosadas. Parece como si se empeñara en ir siempre a contracorriente de las modas.

Si uno acepta ser un escritor de moda ya sabe a lo que se arriesga, pues antes o después pasará de moda. De esto tuve una experiencia directa en Italia entre los años 1958-59 y 1965. Entonces era yo el escritor español de izquierdas de moda, pero en cuanto empecé a escribir cosas que no se correspondían con aquella imagen que se habían creado de mí, de inmediato dejaron de traducirme. Si una obra vale, se leerá, se estudiará y quedará; pero si no vale, por mucho que se hable de ella, seguirá sin merecer la pena. Mire, Manuel Azaña, en un ensayo extraordinario, habla de la diferencia entre actualidad y modernidad. Hay una modernidad que circula, que hace que yo lea La lozana andaluza como un autor contemporáneo mío. Lo mismo puedo decir de La Celestina o de Don Quijote. Y con la poesía me pasa igual, es decir, que soy tan devoto de san Juan de la Cruz como de José Ángel Valente.


Usted ha afirmado en alguna ocasión que, sin la contradicción, ni el arte ni su obra hubieran sido posibles.

Sí, para mí, todo el arte brota de la contradicción. Me parece que si se tiene todo claro, no se escribe. La gente que se cree en posesión de la verdad absoluta, que no ve ningún problema, pues no escribe. Cuando a mí me dicen “usted se contradice”, yo contesto: “Pues claro que me contradigo; si no, no escribiría”.


En cuanto a los nacionalismos, como bien deja patente en sus artículos referidos a la inmigración, también parecen producirle cierta aversión.

Es que soy antinacionalista por principio y convicción, pero también al mismo tiempo un defensor acérrimo de cualquier cultura, sin distinción. Yo he defendido siempre la literatura catalana, lo cual me reconocen ahora, pero no soy en absoluto ni catalanista ni nacionalista, lo hago desde un punto de vista estrictamente cultural, porque forma parte de mi herencia, como el francés o el castellano.


¿No existen ya culturas puras?

Efectivamente, no creo que pueda haberlas ya, lo que hay ahora son culturas “contaminadas”, entre comillas. Lo escribí en alguna ocasión: toda cultura es la suma de las influencias exteriores que ha recibido a lo largo de la historia. Cuando oyes a estos nacionalistas vascos, como el señor Arzallus, diciendo: “Los vascos no nos hemos movido de sitio en 30.000 años”, pues vaya pena. Aparte de no ser cierto, lo importante, precisamente, es tener contacto con los demás y saber aprender de los demás en ese contacto.


Hace cincuenta años, con La Chanca, usted denunció la situación de pobreza y marginación que existía en Almería. Esta provincia que ha pasado en sólo unas décadas de ser tierra de emigrantes a serlo de acogida de inmigrantes, de ser la última de España a una de las primeras en renta per capita, ¿qué le parece?

Ese cambio ha sido demasiado rápido. En otras zonas ha ido de forma más gradual. En cambio, aquí se ha producido con tal rapidez que no ha habido ni la capacidad cultural de asimilarlo, ni la capacidad ciudadana. Ha sido un cambio tan brutal de estatus que yo no lo he visto en ningún otro país del mundo. Lo normal hubiera sido una evolución paulatina, como en el resto de España, pero aquí ha sido como subir en ascensor desde el sótano hasta la terraza en términos económicos, pero una ascensión que no ha ido acompañada de ninguna educación, de ninguna cultura y de ningún espíritu cívico.

 

JUAN GOYTISOLO

"El terror se ha convertido en una mercancía"

AURELIO LOUREIRO


En su última novela no deja títere con cabeza y consigue que todo parezca una gran parodia, ¿quizá una broma pesada...?

Espero que sea una broma ligera porque todo lo pesado a mí me fastidia. Es una irrisión del mundo tal como yo lo veo. Cuando alguien se parodia a sí mismo puede parodiar e ironizar sobre todo lo demás. Es un libro que sólo puede interesar a los lectores que tengan sentido del humor.


¿No está el mundo demasiado triste y cabizbajo como para hacer bromas a su costa?

Yo creo que el humor, por corrosivo que sea, siempre resulta estimulante. Es una forma distinta de hacernos ver la realidad. En esta novela, muy cervantina desde luego, hay, sin embargo, una gran influencia del Candide de Voltaire, del humor de Jacques le fataliste de Diderot, que es mi autor de cabecera, y luego del Bouvart y Pecuchet de flaubert.


Usted, que no ha dudado en inmiscuirse en cuantos asuntos le han salido al paso y en transitar por la realidad hasta sus últimas consecuencias, se declara un perpetuo exiliado. ¿Cuál es el lugar ideal para el exiliado? Y ¿puede el exilio ser vitalicio?

Cualquier sitio que se sitúe en la periferia de la sociedad. Hace bastantes años me autodefinía diciendo: “castellano en Cataluña, afrancesado en Madrid, español en París, latino en Norteamérica y moro o gitano en todas partes”. En cuanto a lo del exilio vitalicio he de decir que siempre me he encontrado a gusto donde he estado, quizá porque todos los sitios donde he vivido los he elegido yo y han sido sitios que me han estimulado: París, Estados Unidos, Tánger o Marrakech.


¿Existe alguna razón que pueda avalar la práctica del terrorismo? ¿Quién es el equivocado: el terrorista o el sistema al que ataca?

Desde luego, no. Cuando estuve en Argelia durante la terrible guerra civil lo que más me impresionó fue que hablé con una señora a la que acababan de matar el marido y no sabía ni quién lo había matado ni porqué lo habían matado. Me pareció que esto era lo más terrible que le podía ocurrir a alguien. No saber quién ni por qué te matan. Lo que intento mostrar es la manipulación del discurso nacionalista, el discurso ideológico y el discurso religioso, que utilizan a los que sólo sirven si se sacrifican como víctimas. Los numerosos suicidas que hay ahora están al servicio de gente que en nombre de una ideología, una tradición nacional o una tradición religiosa, lo único que quieren es dinero, poder y mando.


¿Cuáles son, en su opinión, los puntos oscuros o las zonas sombrías del mundo en la actualidad?

La globalización me parece un desastre en general. Asistimos a lo que Octavio Paz llamaba la venganza de los particularismos, étnicos, religiosos, etc. Mis experiencias bélicas de la década pasada me han vuelto muy pesimista respecto a la condición humana. Basta cualquier discurso inflamado para enloquecer a toda una población y llevarla a realizar matanzas de una brutalidad sin límites.


¿Y a España cómo la ve desde esa distancia del exiliado perenne?

Creo que los españoles viven ahora mejor que en ningún momento de su historia económicamente hablando. Claro que lo que predomina es la ley del mercado y eso no siempre es bueno para la cultura.

 

UN MUNDO EN CRISIS

Cinco años después de la publicación de Telón de boca, Goytisolo vuelve a la ficción con una parodia sobre lo absurdo de la existencia

GUILLERMO BUSUTIL

El exiliado de quí y allá
Juan Goytisolo
Galaxia Gutenberg
Precio: 18€ 
Páginas: 152

 

Juan Goytisolo es un intelectual independiente y cáustico que, desde hace muchos años, se implica en los cambios y dramas de la realidad como un francotirador del periodismo. Su talante incisivo, el compromiso de despertar las conciencias, mediante sus testimonios y reflexiones y la continua búsqueda de nuevos modelos narrativos definen la trayectoria literaria del escritor catalán. Goytisolo acaba de publicar El exiliado de aquí y allá. La vida póstuma del Monstruo del Sentier donde retoma, veinticinco años más tarde, al protagonista de Paisajes después de la batalla asesinado por un grupo extremista. Una vez que el personaje le confiesa al lector que la muerte puede ser encontrarse en un cibercafé del tamaño de un estadio olímpico, mantenerse flotando en el espacio o atrapado en un atasco junto a un taxista cabreado, decide regresar al barrio parisino de sentier dispuesto a averiguar los porqués de su absurda muerte. Internet es el pasillo que une el más acá y el más allá, permitiéndole al excéntrico y lúcido personaje realizar un viaje de ida y vuelta entre la vida y la muerte. Lo primero que descubre a su regreso es que se han cumplido las profecías que lanzó en la anterior novela del autor: el terrorismo indiscriminado, el mercadeo con la intimidad/identidad, el fin de las utopías, las revueltas del mestizaje en su barrio y la estúpida credulidad de la Humanidad ante los discursos del poder. Entre un mundo y otro utilizará la red donde se intercambian mensajes, secretos, conspiraciones, falsas identidades y discursos doctrinarios, en su intento de llevar a buen fin sus pesquisas. su peregrinaje, entre lo detectivesco y lo flaneur, le conducirá a contactar con los comandos antisistema, liderados por Alicia, un imán fundamentalista travestido de estrella porno, y por un monseñor pedófilo cuyo objetivo es llevar a cabo atentados bajo la coartada de ser un grupo dedicado a conseguir la paz entre civilizaciones.

Este es el argumento de una fábula literaria que alterna el formato blog y la crónica periodística para poner el dedo en la llaga de la sociedad actual y plantear lúcidas preguntas sobre la globalización, la violencia indiscriminada, la sociedad del espectáculo, la corrupción de las ideologías, el afán de dinero y poder, el diálogo intercultural, la difusa frontera entre los servicios secretos, el estado y el anti-estado, y acerca de un mundo atrapado entre el consumismo, la hipocresía, el terror y la video vigilancia. con una prosa mordaz, torrencial, fragmentaria, basada en la parodia y en la crítica, Goytisolo dibuja un desolador e inquietante paisaje de los tiempos actuales y del futuro más cercano. En el despliegue de este relato de acción que le va estallando al lector, nada le es ajeno a Goytisolo. Ni Berlusconi, ni Bush, ni Bin Landen ni Benedicto XVI, ni la sociedad del espectáculo, ni el ladrillo destructor, ni la conferencia episcopal, ni los campos de golf, ni la ¿fantasía? militar de crear una bomba de feromonas que impulse a los soldados a la homosexualidad, se libran de la sátira de este escritor heterodoxo, a contracorriente siempre de escuelas, caminos trillados y del espíritu de lo políticamente correcto, cuya obra es también una certera y crítica crónica de la realidad. De hecho, con esta novela le toma el pulso a un mundo moribundo sin dejar de ser un escéptico que prefiere plantear lo absurdo de la existencia desde la comedia y la inteligencia, antes que hacerlo desde el drama y la emotividad.