SEÑAS DE IDENTIDAD
La evolución desde el realismo social hasta la autobiografía y la voluntad de ruptura
MARÍA DOLORES DE ASÍS*
Desde que apareciera Juegos de manos en 1954 se perciben ya las tres direcciones en las que se mueve la producción literaria de Juan Goytisolo: crítica y agresión a los mitos de la españa tradicional y sagrada, destrucción de la herencia burguesa y cristiana de su yo, experimentación de las nuevas formas y modos de la novela contemporánea. La primera etapa del autor catalán abarcaría la producción publicada entre 1954 y 1966, años en los que aparece Señas de dentidad, subdividida por los críticos, basándose en la evolución y declaraciones del propio Goytisolo, en un periodo subjetivista al que pertenecerían sus dos primeros libros: Juegos de manos y Duelo en el Paraíso, otros de transición político-revolucionaria que comprende la trilogía titulada con una frase de Antonio Machado, “el mañana efímero”, al que pertenecen Fiestas (1957), Circo (1957), La resaca (1958); novela esta última de donde arranca una predilección del autor por el realismo objetivo que habría de cultivar en sus libros de viajes: Campos de Níjar (1960), La Chanca (1962) y en sus novelas La Isla (1961) y Fin de Fiesta (1962) junto con el volumen de relatos Para vivir aquí (1960).
La evolución de Goytisolo desde el subjetivismo de Juegos de manos –donde imaginación y realidad se alternan y en la que la insatisfacción social, la denuncia o el aburrimiento de la juventud, se conjugan con ciertas preocupaciones existenciales– al objetivismo posterior hay que verla en la línea que el mismo escritor expresa en sus reflexiones teórica que agruparía en el volumen Problemas de la novela (1959). Este libro aparece en pleno auge de la novela social y es una justificación de la misma, a través de la defensa de autores como Faulkner, Steinbeck, Baroja o los posteriores Cela, Sánchez Ferlosio, Fernández Santos y, en general, toda la novela conductista y objetivista, ofreciendo ideas cercanas a las de Lukacs, Brechet y Natalie Sarraute. Es la etapa del Goytisolo realista, el que asiste al Primer coloquio internacional de Novela de Formentor, reunión expresiva para la novela española de los años cincuenta, caracterizada por su intención social y por la crítica a la realidad española.
POLOS DE UNA BÚSQUEDA
Con Señas de identidad (1966) se inicia una segunda etapa –la de las novelas Reivindicación del conde don Julián (1970), Juan sin tierra (1975), Makbara (1980) y los ensayos Furgón de cola (1967), Disidencias (1978), etc, ciertamente la etapa del escritor maduro –el propio Goytisolo ha juzgado a su obra anterior como “de mero aprendiz”– en la que el contenido y los aspectos formales son expresivos de la evolución de la novela contemporánea. Sin embargo, Señas de identidad, cuyos aconteceres giran en torno de Álvaro Mendiola, un español exiliado voluntario que, durante la estancia de tres días en una finca cercana a la Barcelona de 1963, busca su identidad y la de su país a través de fotos familiares, documentos, recortes de periódicos y conversaciones con amigos, presenta rasgos en su protagonista que coinciden con los de los personajes de su novela anterior y con algunos conflictos referidos también en libros anteriores. Todo ello indica la labor de síntesis del escritor que, en una novela caracterizada por ser una autoconfesión de la misma voz narrativa, necesita aunar las inquietudes de sus voces en otras narraciones para presentar ese ser marginal que es Álvaro Mendiola, continuamente en contradicción consigo mismo y radicalmente escindido. Las características técnicas de la obra: la disminución del relato en tercera y segunda persona (aspecto este último que subraya la ambigüedad del protagonista); los saltos temporales del pasado al presente, así como la intertextualidad, demuestran que la búsqueda de identidad del protagonista no es exclusivamente individual, sino la historia de España. en este caso, la reciente, la de la juventud rebelde y revolucionaria de la postguerra. Es decir, existe el intento de formular una postura crítica hacia los mitos, costumbres y valores de la cultura española. La ruptura consigo mismo y con su país termina en Señas de identidad con el deseo del protagonista de unirse a los parias y rechazar los valores de su clase.
LA TRAICIÓN EN LA IDEOLOGÍA Y EN LA ESCRITURA
De aquí arranca la novela Reivindicación del conde don Julián, que aprovecha la figura legendaria de don Julián, el traidor que abrió las puertas de España a la invasión árabe en el año 711, para vengarse del rey visigodo don rodrigo. Goytisolo reivindica al conde traidor a través de la identificación progresiva de la voz del narrador con el personaje de leyenda. Mediante tal identificación aniquila todas las visiones de la España tradicional y cristiana a partir de los reyes católicos. Quiere agredir incluso a la lengua, uno de los elementos sobre el que la Generación del 98 apoya su búsqueda del ser nacional. “Para violar la leyenda, los mitos y valores hispánicos tenía que violar asimismo el lenguaje, disolver uno y otros en una misma agresión violenta”, declara Goytisolo y como contrapartida impone la reivindicación de los árabes y su cultura como factor esencial. El signo existencial, que caracteriza a la literatura del siglo XX, se manifiesta en el género narrativo por la abundancia de relatos con talante autobiográfico. Escribo talante “autobiográfico” por la dificultad de definir qué es realmente la autobiografía, que por otra parte cuenta con una vieja tradición en occidente. En esta corriente de explosión de la autobiografía hay que situar En los reinos de Taifa (1986), una continuación de su narración anterior Coto vedado (1985), referida a la primera etapa de su existencia. Abarca En los reinos de Taifa un periodo que se corresponde con los últimos años de la década de los cincuenta y toda la siguiente e incluso los primeros años de la década de los setenta. En sus páginas narra sus actividades políticas frente al régimen de franco, sus relaciones con la izquierda europea, sobre todo con París, y sus contactos con los que luchaban dentro de España. Es interesante cuanto nos cuenta del paso de Simone de Beauvoir por Madrid y la cena que le prepara él mismo, así como de sus amistades con Genet, Sarte, etc. El que Goytisolo se refiera a temas centrales de aquel momento histórico explica el éxito de este libro. Sin embargo cabría preguntarse por su perennidad. La historia dice que sólo han perdurado las obras maestras de la autobiografía y aquellas otras que sirven para conocer la interioridad de un gran escritor. El doble objetivo perseguido por Goytisolo: el afán de veracidad frente a su “yo” y la voluntad de ruptura, que en busca de lo auténtico da sentido a su entera obra literaria, se acomodan a los registros exigibles a una biografía, en el caso de que, una parte, lo avale la calidad literaria de En los reinos de Taifa y, de otra, sirva a ese espejo que cada hombre es de la universal condición humana. Pero existe otra causa que puede contribuir a la permanencia de esta obra, lo que cualquier autobiografía posee de mito de Narciso. Se trata de la forma literaria en la que se da más perfectamente la vinculación entre autor y lector. Si el autor escribe su autobiografía por la necesidad de contemplarse a sí mismo, la misma necesidad de contemplación lleva al lector a leerla, ya que, en definitiva, es su propio rostro el que encuentra reflejado en las aguas de esta literatura.
(*) Catedrática Emérita de la Universidad Complutense de Madrid



