NARRATIVA

Junot Díaz, Antonio Gala, José María Merino, Antonio Ferres, Carlos Salem, Pedro Zarraluqui, Stanislaw Lem, Frédéric Beigbeder, Antonio Prieto, Andrés Pérez Domínguez, Julio Llamazares.

 

LECTURAS NARRATIVA

 

TENDER LA ROPA

FÉLIX ROMEO

La maravillosa vida breve de Óscar Wao
Junot Díaz
Mondadori
Precio: 22,90 € 
Páginas: 336

Para Lola, su hermana, acosada por una madre tirana, Óscar está llamado a ser el “James Joyce dominicano”. Los sueños de Óscar también son literarios, pero van por otro lado: quiere convertirse en el “Tolkien dominicano”. La realidad no le acerca ni a uno ni a otro, ni al prestigio vanguardista ni al éxito popular. Aunque sí consigue emular a un escritor afamado: su aspecto obeso hace que su amigo Yúnior le encuentre parecido con Oscar Wilde. Y la pronunciación deformada del apellido del escritor irlandés le convertirá en Óscar Wao, nombre que él asumirá como propio, como una más de las condenas que le ha tocado cumplir en la tierra.

Wao sabe que el planeta es un infierno y por eso en las novelas de ciencia ficción que compulsivamente escribe, inspiradas en las novelas futuristas feministas que consumió en su adolescencia, no hace otra cosa que destruirlo. Destruirlo para hacerlo, por fin, bien... quedará sólo él en el universo, acompañado de una chica guapa y serán los nuevos Adán y Eva. Pero la realidad es tozuda y será el planeta quien le devore a él, poco a poco, como una lenta tortura, como si estuviera poseído por un fukú, y de una forma brutal.

Óscar y lola viven en Estados Unidos. Son hijos de una dominicana que dice quererlos. Lola encontrará en el estudio, y más tarde en el deporte, una forma de escape. Óscar es un nerd, un friki de manual: incapaz de seducir a una chica (lo que le convierte siempre en un dominicano de segunda, o más bien en un “no dominicano”), obsesionado por los juegos de rol y de ordenador (tanto que creerá que la industria de las consolas podrá salvarlo del abismo), por la ciencia ficción, por los superhéroes Marvel y también por los de DC, y, progresivamente, por los cómics underground, por las películas de serie B, por la cultura japonesa... en la novela se describe a Óscar como a un personaje gordo y sudoroso de Daniel Clowes, pero la huella de los tebeos de los hermanos Hernández es más acusada que la del autor de Bola Ocho: latinas exuberantes, malos rollos domésticos, costumbrismo ácido y tramas culebronescas.

Viven en un suburbio norteamericano pero la historia del lugar del que llegaron, la república dominicana, escapando del régimen de terror de su tirano presidente Rafael Leónidas Trujillo, les sigue pesando. El relato histórico es en bastantes momentos una crítica a La fiesta del chivo, la novela de Vargas Llosa sobre el dictador dominicano.

La maravillosa vida breve de Óscar Wao se construye así sobre dos texturas muy diferentes: la de la comedia, aunque sea una comedia muy triste, y la del drama (o más bien la de los dramas: el individual y el colectivo, el de la República Dominicana y el de Estados Unidos). Ambas confluyen en un final que, sorprendente pero no tan paradójicamente, escapa del costumbrismo y de la crónica del mal para defender una hermosa poética que se llama “vida” y que, como en Brooklyn Folies de Paul Auster, llega demasiado tarde. Una vida en la que tiendes la ropa y peinas el pelo y acaricias a quien amas.

Me fascinó el debut de Junot Díaz (Santo Domingo, 1968), Los boys (Mondadori), un libro de relatos. Había en ellos intensidad, una ruda belleza, una verdad honda y sutil, un extraño exilio. En La maravillosa vida breve de Óscar Wao todo es más premeditado, pero también, después de unas páginas de pesadilla, deja en el lector la misma sensación de melancolía, de fracaso.

 

 

VENECIA, MON AMOUR

PEDRO M. DOMENE

Los papeles del agua
Antonio Gala
Planeta
Precio: 22 €
Páginas: 450

Antonio Gala reúne los suficientes requisitos de popularidad y de complacencia de sus lectores para que cada nueva obra suya se convierta en un éxito. Desde su primera entrega, El manuscrito carmesí (1990), su controvertida, La pasión turca (1993), o el retrato de la incontenible dama de Más alla del jardín (1995), su prosa muestra la expresión de una voz engalanada, preciosista, y se caracteriza por contar historias tan efusivas como eruditas que nos envuelven en un pasado exótico y atrayente, o nos aproximan a un presente verosímil y reconocible, características delimitadas por un sensual lirismo de fuerte contenido sexual, cuando describe las pasiones de sus protagonistas. Quizá porque el corazón no aprende, y el amor no se repite nunca, Gala insiste en presentar personajes de una inverosímil e incalculable psicología femenina que detentan una amplia actitud de miras.

Con esta nueva entrega, Los papeles de agua (2008), resume el carácter, y así habría que entenderlo, de cada una de las protagonistas femeninas de sus anteriores novelas, alternando los recuerdos de una pobre Asun, descrita en sus rasgos autobiográficos más elementales, soy una pobre mujer, redicha pero imbécil, llegará a afirmar de sí misma; o la, insuperable, caracterización de una áspera, estricta y hasta puritana Deyanira Alarcón, escritora de éxito, retirada tras un fracaso personal y matrimonial. Sin embargo, emborrona unos cuadernos secretos, un tipo de espejo, en realidad, que le ayudan a pensar, tras una primera y extensa disertación, acerca de su vida pasada, mientras se pierde o se encuentra, en una enigmática ciudad, Venecia. La primera parte, el mejor Gala, resulta inclasificable, como especifica el seudoprólogo de la editorial, porque el texto oscila entre un dietario, una reflexión íntima, un elevado ejercicio literario que atesora citas y referencias de corte dantesiano, y en ocasiones ofrece una escritura fragmentaria, cuando memoria y evocación están presentes. Pero será en Venecia, mientras se decide a sobrevivir aun renunciando a su literatura, calificada como un invento para jugar, cuando salga de su decadencia al tiempo que nos descubre la cara oculta de una ciudad descrita como llena de oportunidades, de callejas silenciosas, plazuelas aisladas donde nadie te ve ni te roza, ni te compadece y donde conocerá a dos jóvenes, Bianca y Nadia y, sobre todo, a Aldo. Con ellos explorará nuevas sensaciones y otros caminos en el amor, incluido el lésbico con ambas adolescentes y otro más sensual, no tan destructivo como en su vida anterior, en el joven veneciano.

Deyanira descubrirá cómo nada de lo escrito hasta el momento había sido cierto, y su existencia trocada en imaginaria, esnob, duplicada, soñada y añorada: falsa en definitiva. La realidad, lo sabía, era muy diferente, porque en los ojos y en el cuerpo de Aldo le sorprenderá la verdadera vida y ambos encontrarán en sí mismos y en el otro lo que buscaban sin saberlo. Será en una segunda y definitiva parte, más imaginativa, donde la fuerza de su pasión y la extraña desaparición de su amor, le hagan implicarse aun más en una historia de ficción auténtica hasta sentirse una mujer confundida y engañada por aquellos a quienes desconoce y considera enemigos, pero víctima, en definitiva, de su desconocimiento y de la ignorada atmósfera asfixiante de una ciudad en la que todo el mundo, como se relata en Los papeles de agua, es de la mafia o protagonista de su propia mafia y, por añadidura, amo de la destrucción de la existencia de muchas personas, incluida la narradora que, como epílogo a su vida supo, mejor que nadie escribir sobre su propia muerte.

 

SUPERCAPULLOS Y MAQUINENAS

FERNANDO VALLS

Las puertas de lo posible. Cuentos de pasado mañana
Jose María Merino
Páginas de Espuma
Precio: 15 € ;
Páginas : 224

Regresa Merino al cuento de ciencia ficción para contarnos el imperfecto futuro que se nos avecina, mostrándonos las puertas de lo posible. Las diecisiete piezas transcurren en un pasado mañana que es el siglo XXIV, enmarcadas por una cita inicial de Marineti, de la que procede el título, junto con un prólogo del profesor Eduardo Souto en el que presenta el prólogo estas piezas como la versión literaria de los datos de un informe científico, excepto “viaje inexplicable”, producto de la imaginación del escritor. Toda ellas transcurren en un entorno en que los hombres conviven con robots, el espacio habitable se ha degradado, y apenas existe ya la naturaleza ni los animales, a la vez que las relaciones humanas se han complicado aún más si cabe. Un mundo, pues, en el que los terroristas “vienen muy bien para cargarles la culpa de todo” (p. 123), sin que por ello se les reste responsabilidad alguna por sus atentados.

¿De qué tratan estos relatos? En primer lugar, de pasiones humanas tales como la fama, la soledad, el deseo y el amor, del fracaso y la felicidad, en suma; al tiempo que se ocupan del ecosistema y los mecanismos de que se vale el poder para manipularnos, con más o menos sutileza. Una de las grandes cuestiones recurrentes que se plantea el libro es la incapacidad creciente para distinguir lo verdadero de lo virtual, habida cuenta de que la realidad ha sido reemplazada, a veces, por simulacros, como se nos relata en Playa única.

Para contar todo esto, se vale el narrador de distintos registros, y si bien impera el tono trascendente, lo dosifica con el humorístico. Un buen ejemplo de esto último se halla en la terminología que crea, de claro sabor realista, pero con ribetes divertidos; así, por ejemplo, los edenes, con sus bebederos, divertidores, burgas, lubines y esnicolas. Mis términos preferidos, de todas formas, son: los Estudiosos (robots que ayudan a los niños en su vida escolar), las quimeras (cruce de murciélago y hiena que pueden acabar devorándose entre ellos) y las maquinenas (bellas mujeres artificiales que proporcionan placer mercenario). Este léxico inventado convive en armonía con otro conocido e identificable como telecasco (a través del cual le calientan la cabeza al personal), bareto o supercapullo.

Todas las historias que se cuentan están estrechamente vinculadas con la profesión del protagonista, casi siempre oficios nuevos, mal pagados y solitarios, hoy inexistentes, pero que podrían ser un buen ejemplo de las nuevas necesidades que se avecinan. Tampoco faltan reflexiones metaliterarias en “el viaje inexplicable”, un homenaje al libro, a la ficción, o en “tu rostro en la red”. Pero en esta sociedad tecnificada también tienen su presencia individuos heterodoxos o robots que se rebelan contra las imposiciones arbitrarias, o que optan por vivir al margen, así como máquinas más sensibles que los humanos, según ocurre en Ese Efe Can.

El escritor, en definitiva, es capaz de transformar la leyenda clásica de la dama robada por su amante en el castillo de Loarre, en un relato de ciencia ficción (“una leyenda”), además de rendir homenaje a algunos de los autores que lo han precedido en el género, una fértil tradición que va del español Enrique Gaspar y H.G. Wells (véase La isla de Moró) hasta Aldous Huxley (inventor del soma), Isaac Asimoc (se alude a sus tres leyes de la robótica, p. 150) o Arthur Clarke, para mostrarnos un futuro poco apetecible, aunque optimista, pues en realidad piensa Merino que aún irá a peor... Por fortuna, aunque se nos tache de egoístas, no estaremos aquí para vivir ese mundo hipertecnificado, en el que no parece que las gentes vayan a ser más dichosas.

 

NARRATIVA PLURAL

SANTOS SANZ VILLANUEVA

El caballo y el hombre y otros relatos
Antonio Ferres
Gadir
Precio: 17€
Páginas: 164

Antonio Ferres formó parte del núcleo duro madrileño de la novela social del medio siglo junto a sus amigos López Salinas y López Pacheco, ya desaparecido. Su primera novela, La piqueta (1959), es título de referencia de aquel movimiento literario de oposición al franquismo. De ahí que soporte el sambito reductor de escritor socialrealista. Una cosa es que siga fiel a un ideario de la literatura como actividad comprometida y solidaria hasta hoy mismo y otra que su manera de escribir se anclara en el realismo documental. De hecho, y desde bien temprano, buscó medios expresivos distintos del objetivismo e incluso hizo incursiones experimentales. Esto vale para sus novelas y también para la narrativa corta, en parte recogida hace un cuarto de siglo en un tomo de Cuentos (1983) y que ha seguido cultivando con perseverancia aunque sin darla siempre a conocer. Por esto El caballo y el hombre y otros relatos tiene un doble alcance: muestra su perfil de narrador plural, dicho con término de moda, y da a la luz pública un amplio número de cuentos inéditos.

Este nuevo libro de Ferres reúne 16 piezas. Van primero 10 relatos sin fechar pero recientes o de una última etapa del escritor. Luego vienen 4 cuentos de la época social. Y como colofón figuran 3 narraciones del periodo en que trabajó en universidades de Estados Unidos. Entre las narraciones datadas en el medio siglo, se rescata “cine de barrio”, inédito a pesar de haber obtenido el prestigioso premio Sésamo en 1954. Un tanto a la manera de Aldecoa, con sencillez y sin detalles, con ternura, muestra el temor de un perseguido por la policía. Los otros cuentos de ese momento comparten un ambiente rural con paisaje olivarero donde tienen lugar tragedias de una España pobre y oprimida, con graves desigualdades sociales, injusta y opresiva, marcada por ánimos vengativos. Estas notas de época aparecen en una atmósfera que llega a alcanzar un tono espectral por el que se vinculó a Ferres con Faulkner, y es que no falta una coincidencia básica entre ambos en la presentación de las dramáticas situaciones.

Los cuentos de los años americanos desplazan su temática a aquellas tierras y trazan estampas del medio oeste y de una civilización tecnológica y deshumanizada, donde el autor percibe amenazas de destrucción del mundo. En ellos deja ver también las razones de un exilio lleno de nostalgia. La soledad, motivo básico de estas historias, tiene un tratamiento un tanto visionario y se aleja del puntillismo documental de los relatos sociales.

De esta misma actitud literaria participan en su mayor parte los cuentos recientes. Se tiende a la alegoría y la abstracción, según ocurre en el enigmático “el caballo y el hombre”. La anécdota suele perder nitidez. Sugieren o insinúan más que aclaran. Incluso en “mendigos” se deja en el aire la leve trama de suspense que lo sostiene. Los espacios se difuminan y se elude el dato verificable del lugar de la acción. Funciona la memoria difusa o la duermevela. Se contraponen realidad e ilusión. Y en un caso no falta la dimensión más ideológica del autor: en “E.T.A.” reivindica el idealismo de la juventud clandestina del franquismo, cuyo heroísmo celebra, frente una revolución falsa.

El muestrario suficiente de la trayectoria general de Antonio Ferres recogido en El caballo y el hombre... demuestra cómo el escritor ha sido víctima de simplificaciones. La intención política, innegable, no hipotecó la búsqueda de un arte eficiente y creativo.

 

UN ASESINO EN EL CAMPO NUDISTA

JORGE EDUARDO BENAVIDES

Matar y guardar la ropa
Carlos Salem
Sato de página
Precio: 18,50 € 
Páginas: 256

Una cuestión imprescindible que nadie debe olvidar cuando se lee alguna novela de género negro –en realidad, de cualquier género – es que ante todo se trata de literatura. Y esta se maneja con idénticos criterios de exigencia para cualquier ficción literaria. Es cierto que el género impone a la historia ceñirse a ciertas coordenadas y trabajar con elementos característicos: la intriga, la investigación, el detective, algún cadáver, mucho whisky... elementos todos estos que al mismo tiempo le hacen correr el peor de los riesgos, a saber: que se convierta en un pastiche, una caricatura del género en sí. Por ello, Matar y guardar la ropa, del hispanoargentino Carlos Salem, logra un indiscutible sobresaliente respecto al desafío que supone abordar una historia que observa todos los requisitos del género y que agrega otros, de personalísima cosecha, para darle frescura y vitalidad a la narración.

Juanito Pérez Pérez, con su cuarentena a cuestas, se halla en una encrucijada personal, pues lleva una vida más bien pusilánime de oscuro vendedor mayorista de artículos higiénicos, enfrentado a la decepción y el reproche constante de su ex mujer, así como al posible desencanto de sus hijos, que están en esa edad en que papá ya no es más un superhéroe sino simplemente papá. Y Juanito Pérez Pérez es un simple papá por excelencia. Pero no sólo: también es el número tres. Pertenece a una organización confusamente mercenaria que le hace llevar una doble e inquietante vida de la que los suyos no tienen –ni pueden tener– la más mínima idea.

La novela se pone en marcha cuando dicha organización le encarga un trabajo especial, en una playa nudista, haciendo trizas sus planes de unas vacaciones tranquilas con sus hijos, a quienes se ve obligado a llevar consigo. En la playa nudista coincide con su ex mujer y su actual novio, un juez brillante y valiente por el que Pérez Pérez (más bien el número tres) siente gran admiración. Y aparece un amigo de la infancia. Y también algún que otro siniestro personaje de la organización. Y un viejo escritor de novela negra, elegante, agudo y que cumple a cabalidad con el papel de padre para Juanito Pérez Pérez.

Pues con estos elementos que rozan peligrosamente lo esperpéntico y el pastiche, Salem ha logrado construir una novela inteligente que no otorga el mínimo respiro al lector, pulverizando todas las posibles salidas a la intriga que crece arborescente, como una tupida tela de araña, envolviendo desde el principio a los personajes y de paso cualquier resquemor del lector que sigue página a página la evolución de esta trama bien dosificada, ingeniosa, llena de trampas, como exige lo mejor del género negro. Ahora bien, parte de la ficción tiene presente un cierto animus iocandi que actúa como catalizador entre la tensión argumental y el dramatismo de la situación personal que se nos cuenta, más allá de la impecable trama que funciona sin fisuras ni desperfectos. Y es que la historia no descuida en ningún momento que Juanito Pérez Pérez está viviendo una crisis personal, un momento particularmente difícil de su vida en que parece sentirse acabado, sin posibilidad de redención, además: es un tipo peligroso como asesino a sueldo, pero también parece serlo (o al menos él lo cree) como padre o como pareja. Esa terrible unicidad en el desamparo del personaje es lo que constituye una de las bazas mejores con las que Salem hace de Matar y guardar la ropa una novela magnífica, más allá de los convencionalismos del género.

 

NACER DE NUEVO

FÉLIX J. PALMA

Todo eso que tanto nos gusta
Pedro Zarraluki
Destino
Precio: 20 € 
Páginas: 304

Yo no conduzco, por lo que nunca he deseado subirme a un coche y emprender una huida a ninguna parte, pero más de una vez, esperando en el andén de alguna estación, he sentido el irrefrenable impulso de tomar al azar un autobús que tras unas horas de carretera me depositara en un destino ignoto, un escenario distinto en el que empezar una nueva vida, poder ser otro, nacer de nuevo. Se trata de un arrebato primordial que nos sorprende a todos por igual, especialmente cuando las circunstancias de nuestra vida se confabulan para ahogarnos como la soga de un verdugo. En esos momentos de desesperación la huida irresponsable se nos antoja la mejor opción, pero también la que más coraje requiere, porque el pánico a lo desconocido siempre es mayor que el miedo a lo que ya conocemos, por muy terrible que sea.

En esa situación se encuentra Tomás, el protagonista de Todo eso que tanto nos gusta, la última novela de Pedro Zarraluki, un arquitecto setentón al que su deseo por una joven delineante llevó a abandonar a su mujer y que ahora, una vez liquidada la aventura pasional, se encuentra con un puñado de ascuas en las manos que no hacen sino revelarle lo insatisfactorio de su vida. Cuando comprende que si no toma cartas en el asunto para conjurar su depresión, apurará los últimos años de existencia en aquel estado vegetativo, Tomás decide cortar por lo sano, es decir, huir lejos, fugarse de sí mismo, tratar de ser otro en otra parte. Investido del valor desesperado de los kamikaces, pone rumbo alTtíbet, deseoso de conocer el Palacio de Potala, aunque no pasa de Camallera, ni falta que hace, pues Zarraluki demuestra de forma verosímil y natural cómo un nuevo escenario, en este caso un bucólico pueblo de Gerona, sumado al trato con otras gentes, puede hacer surgir de nuestro interior una persona distinta, quizás ésa que realmente somos o debemos ser.

Pero no sólo Tomás consigue reinventarse a sí mismo, sino también Ricardo, su hijo, el narrador de la historia, quien obligado por su madre sale en su persecución, y Cristina, la propia madre. Todos ellos se sumarán al club de los despropósitos que brota casi por combustión espontánea en la umbría intimidad de Camallera, donde Tomás renacerá como arquitecto, convirtiendo algunas casas desvencijadas del pueblo en una fundación para artistas bajo los dictados de la millonaria Bárbara Baldosa, uno de los muchos y pintorescos personajes que pueblan esta novela, a los que la mirada de retratista del autor logra dotar de una terrible humanidad.

Tras ganar el Nadal con Un encargo difícil, Zarraluki nos sorprende ahora con un manual para aprender a disfrutar de la vida disfrazado de novela, una obra conmovedora que habla de la búsqueda de la felicidad, o más exactamente de cómo encontrar un lugar en el que sentirnos cómodos, nuestro lugar en el mundo, aunque nada tenga que ver con el que tanto nos ha costado construirnos. Todo eso que tanto nos gusta es un libro curativo, un regalo para el espíritu que parece haber sido escrito en estado de gracia. No es casualidad que haya sido confeccionado en la propia localidad de Camallera, que este libro promociona mejor que cualquier guía turística. Si la cantidad de publicaciones que se amontonan en los escaparates nos han hecho dudar de que los libros puedan cambiar a los lectores, esta novela nos devuelve la esperanza. Léanla y podrán sentir el poder de la literatura, ése que nunca debió perder.

 

STANISLAW APUNTA A LEM

EUGENIO FUENTES

El hospital de la transfiguración
Stanislaw Lem
Impedimenta
Precio: 21,95 € ;
Páginas: 336

Un manicomio puede ser un destilado del espíritu de su época, un museo de las almas, como apunta el poeta Sekulowski, uno de los personajes más relevantes de El hospital de la transfiguración. Pero también puede ser, o parecer, un refugio contra la tormenta, un punto de anclaje en mitad de la locura que recorre Europa en 1940, el año en el que el polaco Stanislaw Lem (1921-2006) situó su primera novela, escrita en 1948 y hasta ahora inédita en castellano.

El hospital de la transfiguración, las vicisitudes del descenso a los infiernos del joven doctor Stefan Trzyniecki, no es, a diferencia del grueso de la obra del autor de Solaris o Diarios de las estrellas, un relato de ciencia ficción. Por sus páginas no desfilan androides, sino médicos y locos. No hay complejos ingenios científicos explorando mundos desconocidos, sino polacos de todas las condiciones intentando acomodarse al nuevo orden establecido por soldados nazis y cosacos ucranianos. Realismo, pues, aunque atravesado a menudo por destellos oniroides y discursos filosofales. Eso encontrará el lector en unas páginas que comienzan cuando Trzyniecki, desorientado como tantos en el marasmo de la ocupación, decide seguir el consejo de un condiscípulo y comienza a trabajar en un psiquiátrico aislado entre bosques. El resto del viaje es el relato de la pérdida de la inocencia de Stefan, lanzado de lleno a un mundo de brutalidades en el que no resulta sencillo atribuir mayor ruindad a la soldadesca que al distinguido sanedrín de los psiquiatras.

Como tantas operas primas, El hospital de la transfiguración contiene la semilla de muchas de las ideas que vertebrarán la obra posterior de Lem: la mediocridad del ser humano en un universo regido por fuerzas azarosas, las limitacion es del conocimiento, las dificultades de la comunicación… Para moldearlas, el joven Lem contaba ya con una sólida formación humanística y científica, reforzada por un penetrante discurso filosófico del que da sobrada muestra en estas páginas. Ahora bien, como tantas operas primas, la del autor de Congreso de futurología presenta algunos de esos decaimientos a los que suelen conducir la voluntad de estilo o la incapacidad para callar y dejar que la inteligencia lectora rellene por su cuenta los silencios. El primer capítulo, una extensa incursión en la familia del protagonista a través del funeral de uno de sus tíos, rezuma costumbrismo romo. La presentación de los moradores del psiquiátrico coquetea a veces con el tópico. Los diálogos con el poeta Sekulowski, mentor intelectual de Stefan, no desmerecerían como separata académica. Las descripciones paisajísticas, en fin, superan con dificultad la correría en pos del adjetivo.

Con todo, ha de apuntarse en favor de Lem que sus encontronazos con la censura comunista le obligaron a reescribir una y otra vez el texto, por lo que no es posible descifrar qué párrafos están destinadas a contentar a los censores. Y si eso no bastase, añádase en su haber que los logros superan con mucho a los yerros, como prueba el escalofriante pasaje, de corte lovecraftiano, en el que un rayo estremece una subestación eléctrica. Bien construida, la novela demuestra un gran control de los tiempos y un trazo vigoroso y ágil en la ejecución de momentos culminantes. De ahí que, llegada a su tercio final, crezca impetuosa hacia su desenlace hasta dejar al lector sin aliento y con el regusto dulce de haber sabido perseverar en una obra que, conviene advertirlo, acaba muchísimo mejor que empieza.

 

UN ESCRITOR CON GAS

AMALIA BULNES

Socorro, perdón
Fréderic Beigbeder
Anagrama
Precio: 17 €  
Páginas: 256

Socorro, perdón es una lectura obligada para todos aquellos que leímos con avidez 13,99 euros, la novela más exitosa del francés Frédéric Beigbeder de cuantas se han publicado en nuestro país (El amor dura tres años, Último inventario antes de liquidación). Es este libro una suerte de continuación temporal –que no secuela– en la vida de su protagonista, Octave Parango, brillante creativo publicitario dispuesto a desnudar todas las miserias de la industria para la que trabaja (se dice que la publicación de 13,99 euros causó su despido fulminante de la agencia de publicidad donde trabajaba).

Pues bien, pertrechado de un cinismo, una provocación y una lucidez idéntica a la novela anterior (arma con la que derribó a la industria editorial y se convirtió en uno de los principales best-sellers europeos), Beigbeder regresa con la intención de escribir la versión postmoderna de la Lolita de Nabokov. El libro –estructurado en cuatro partes, coincidentes con las cuatro estaciones del año– es la larga, alucinada y agónica confesión de su protagonista a un cura ortodoxo en una vieja iglesia de Moscú, ciudad en la que se sitúa la acción, y a donde el protagonista –ahora convertido en un cazatalentos al servicio de la industria de la moda– se ha trasladado para encontrar a la belleza eslava del siglo XXI, preadolescentes sin menstruación que permiten a Beigbeder, en su bucle delirante de la provocación, jugar incluso con el monstruo de la pederastia (o criticar el desfile de niñas indefensas en que se ha convertido el mundo de la moda, porque ya en este libro nunca queda claro qué es denuncia y qué es simple fanfarria).

Y digo esto porque, sin dejar de ser divertida, un mero entretenimiento, la última novela del autor francés de moda (showman televisivo, crítico literario e intelectual aferrado a un nihilismo postmoderno contagiado de Lipovetsky y del fenómeno Houllebecq), se aferra a la incorrección política, al escándalo y a la visión amoral de las grandes lacras del siglo XXI como únicos aportes literarios. La novela carece de ritmo y la provocación no parece más que un simple juego de ingenio, fruto de las muchas lecturas que lleva encima y que le gusta mostrar a Beigbeder (o a su  protagonista Parango, con quien las similitudes biográficas e intelectuales son más que sospechosas). No obstante, éstas son las que, por otra parte, pueden ayudar a salvar el libro. Eso sí, yo diría que con Socorro, perdón se ha acabado la broma.

De fondo está una Rusia vendida al capitalismo más salvaje. El autor disfruta criticando con fiereza a este país, su historia, habitantes y la falsa libertad casi en cada página (“valía la pena hacer la revolución sesenta años para acabar transformando Moscú en las Vegas”, pag. 81). Octave Parango, ya lo vimos en 13,99 euros, es un hombre moldeado por su entorno, un superviviente que sabe mudar de piel y camuflarse en el paisaje. Tanto es así que el escenario, el Moscú que ha cambiado un totalitarismo por otro, donde –la democracia es sólo aparente– (dice el personaje), es el otro protagonista indiscutible de esta novela.

Pese a todo, el francés ha vuelto a hacer lo mismo de siempre. Tenía la ingenua ilusión de que Beigbeder había puesto por fin su inteligencia y dotes de observador al servicio de la literatura. Pero él mismo lo dejó claro en una ocasión en la que era entrevistado. Podría traducirse como que es un escritor con gas, unas veces un excelente champán y otras una infumable gasesosa.

 

UN LUJO NECESARIO

JESÚS MARTÍNEZ GÓMEZ

La metáfora inacabada
Antonio Prieto
Seix Barral
Precio: 18,50 € ;
Páginas: 224

Desde que Antonio Prieto (Almería, 1930) iniciara su andadura con Tres pisadas de hombre (Premio Planeta, 1955), todo indicaba que estábamos ante un escritor de recorrido extenso, pero pocos imaginaban que medio siglo después aún siguiera haciendo crecer una trayectoria jalonada por una veintena larga de obras, y que destaca por la honestidad conceptual y la preocupación estilística con la que el autor ha entendido siempre el oficio de novelar, más preocupado por indagar en los temas y en las obsesiones que animan su pulso creativo, que por conseguir el favor de una crítica o unos lectores entregados a causas mayores y más fáciles. Elegía por una esperanza (1972), El embajador (1988), El ciego de Quíos (1996), Isla blanca (1997) o Una y todas las guerras (2003), son títulos representativos de esa preocupación por el nexo indefinido que une a personajes y personas, a ficción con realidad o al presente con el pasado, y conforman ese universo del que La metáfora inacabada (2008) es el último exponente.

Novela concebida como una profunda y serena reflexión sobre el sentido de la vida, hurga en los sentimientos más primarios, en la experiencia personal o en la devastadora acción del paso del tiempo, sin otros límites que los impuestos por la propia realidad o por una ficticia percepción de la misma, encastrada de forma imperceptible en la conciencia individual y colectiva.

La trama arranca con el viaje del protagonista, Gabriel, a la pequeña población costera del sureste que le vio nacer, y donde buscará el sosiego y las respuestas que le permitan reencontrarse, tras su fracaso matrimonial, con el momento en que los sueños, las ilusiones, y hasta el amor, torcieron su rumbo virginal, convirtiéndolo en el adulto resignado y descreído que es hoy. Allí trabará amistad con Francisco, anciano oriundo de la villa, y Lázaro, un extraño individuo rigurosamente enlutado que pasea, incansable y misterioso, por las gibas de las colinas aledañas al mar.

Con ellos compartirá sentimientos, recuerdos y emociones en un ejercicio terapéutico de recuperación mutua, de regeneración moral, que aspira a cristalizar en la conquista de otra oportunidad. Ésta tiene nombre y es el de Blanca, el gran amor de juventud al que renunció, vencido por la presión familiar de ella y por su propia cobardía para reclamarla. en Blanca creerá posible sustentar un futuro diferente, un mañana soñado en la soledad de la derrota, y gozado fugazmente junto a ella. Pero ya se sabe que el futuro es inmaterial y sólo el presente se ofrece, como Blanca, descolgado del tiempo. Finalmente, Gabriel regresa solo a la ciudad, sin saber si será posible, y si merecerá la pena, vivir instalado en la ficción de un pasado reconstruido a nuestro antojo, y desde el que atrincherarse frente a la muerte y el olvido.

Ése es el sentido último de La metáfora inacabada, una espléndida metáfora de la vida, una novela sobre la esencialidad de lo cotidiano y el sueño de lo real, en la que el paso del tiempo y sus efectos, o la constante reinvención de la realidad, se erigen en los auténticos protagonistas. Una obra en la que el autor demuestra un sólido dominio técnico, con la narración en primera persona y el diálogo como ejes estructurales sobre los que edificar un relato pleno de lirismo, y donde el lenguaje otorga credibilidad y se pliega con justeza a los personajes. Ellos forman el verdadero paisaje de la obra, una geografía física y humana, cargada de símbolos, de referencias, de complicadas metáforas que nos trasladan a un universo vivido o imaginado; en todo caso, un lujo necesario, como la novelística del autor.

 

GÉNERO BUSCA LECTOR

JUAN GAITÁN

Tus ojos serán silencio
Carlos Vadillo
El Brocense
Precio: 9 €

La “novela corta”, un género que en el mundo anglosajón tiene una gran aceptación entre el público, es sin embargo en la literatura española una especie de rareza. Sin el favor de los lectores ni el de los editores, que prefieren obras más extensas, se mantiene vivo gracias a unos pocos premios que hacen un enorme y loable esfuerzo por conservarlo. Y, sin embargo, debiera ser al contrario. El siempre citado como creador de la novela moderna, Miguel de Cervantes, también se tenía a sí mismo por el pionero en la novela corta (así lo deja escrito en el prólogo a las “Novelas ejemplares”), y aunque esto no fuese del todo cierto, pues ya otros (Pérez de Hita con El Tuzaní de la Alpujarra o Mateo Alemán con Ozmín y Daraja) habían dado los primeros pasos en ese sentido, la verdad es que el género parece tener un pasado hispano pero no un presente ni un futuro.

Entre los pocos autores en castellano que cultivan el género se encuentra Carlos Vadillo Buenfil, ganador del XXXI Premio Cáceres de Novela Corta 2006, recién editado, con la obra Tus ojos serán silencio, un monólogo a modo de cartas dirigidas a Bengala, la ausente protagonista.

Vadillo echa mano de su envolvente lenguaje para crear un ambiente lírico con momentos casi poemáticos en los que el anónimo narrador va desgranando, carta a carta, una serie de mínimas historias cuyo único enlace parece ser la memoria del que escribe.

Carlos Vadillo se muestra en ocasiones como un excelente narrador, como un fabulador en estado puro (especialmente en la historia de la tía Marcia), y conserva las características esenciales del género, mantener el hilo narrativo sobre un único y concentrado fragmento de la realidad y lograr una única vibración emocional que va aumentando hasta el muy lírico final.

 

EL SÍNDROME DE MOWGLI

JOSE MARÍA MERINO

El síndrome de Mowgli
Andrés Pérez Domínguez
Algaida
Precio: 20 € ;
Páginas: 328

Conocí a Andrés Pérez Domínguez cuando fue ganador del Premio de cuentos Max Aub –formaba yo parte del jurado– y he tenido ocasión de leer otros cuentos suyos también interesantes, pero sus publicaciones más difundidas son dos novelas: La clave Pinner y El factor Einstein. En ambas, Pérez Domínguez presenta ciertos ámbitos del mundo del espionaje al hilo de circunstancias históricas: en la primera se reconstruyen con acierto determinados aspectos de la sórdida España de postguerra, y en la segunda, aparte de la evocación también afortunada de diferentes espacios españoles, alemanes y norteamericanos de la época, se recrea el personaje de Albert Einstein en la peligrosa cercanía de una agente nazi descontrolada por un peculiar fanatismo.

Sin abandonar el campo del espionaje, en ambas novelas es evidente el propósito de elaboración de un texto marcado por la profundización en los personajes, un lenguaje literario expresivo y un ritmo no acuciado por las convenciones del género.

El síndrome de Mowgli, XVII Premio Luis Berenguer, mantiene la tónica estilística y hasta dramática de aquellas novelas, y aunque Pérez Domínguez ha abandonado los espacios históricos de la segunda guerra mundial, la novela ofrece una atmósfera propia de ciertas películas del thriller americano de la década de los años cincuenta del pasado siglo, y hasta el tipo de lenguaje, y su ritmo, también pausado, hecho a lo que pudiéramos llamar “planossecuencia”, está interpolado por diálogos que son claros homenajes a aquel tipo de cinematografía.

El protagonista más evidente –pues resulta el narrador– es Rafael Montalbán, boxeador fracasado por escrúpulos morales, ocasional colaborador de un hombre poderoso, por fin matón a sueldo para aviso de morosos, adúlteros furtivos y otros especimenes similares en los márgenes de los usos sociales más aceptados, aunque siempre cumplidor de ciertas normas éticas que lo separan del sicario vulgar. Lector de novelas y hasta con ciertas tentaciones de escritor, el desengañado Montalbán, entusiasta de Kipling, se considera a sí mismo como un remedo del protagonista de Los Libros de la selva, incapaz de integrarse en la manada de lobos pero también de encontrarse satisfecho entre su propios congéneres. Sin embargo, por la misteriosa fuerza de los arquetipos –que trajeron al verdadero Mowgli de otros modelos, entre los que no son los menos importantes aquellos hermanos, fundadores de Roma, que alimentó una loba –el personaje de montalbán es heredero también de otros, como en un momento señala Lola, su “amor de perdición” y verdadera antagonista: “… siempre fuiste un caballero. Un caballero andante”. Y el arquetipo del caballero andante, sin tacha y sin miedo, es el que a la postre impregna a este perdedor cuyo profundo desarraigo no es capaz jamás de hacerle infringir su código del honor, que llega a lo quijotesco.

En cuanto a Lola, viene a ser otra “Mowgli” femenina que, trazada con menos elementos –al fin y al cabo la novela se construye como una especie de memoria/flujo de conciencia con focalización en Montalbán– consolida una personalidad desconcertante y sugerente, a pesar de los escuetos datos que de ella se nos ofrecen.

El síndrome de Mowgli nos vuelve a mostrar a un escritor capaz de imaginar historias que parecían ajenas a la ficción española, sin abandonar ni los escenarios reconocibles ni el empeño en conseguir una decidida palpitación literaria.

 

MÁQUINAS DEL TIEMPO

TOMÁS VAL

Las Rosas de piedra
Julio Llamazares
Alfaguara
Precio: 24,50 €
Páginas: 592

Los libros son la impresión que, al concluirlos, dejan en el lector; el poso que permanece dentro de nosotros después de cerrarlos por última vez y colocarlos en la estantería. Allí, en la librería, en la letra elle, hay ya unos cuantos títulos que pertenecen a Llamazares, a Julio. Si hemos sido cuidadosos y los hemos ido ordenando cronológicamente, veremos que el primero de ellos es La lentitud de los bueyes (1979, su primer libro de poemas, tenía el autor veinticuatro años). Para encontrar su primera novela habremos de trasladarnos al año 1985, Luna de lobos.

Más de una docena de títulos, casi tres décadas, hasta llegar a este último, Las Rosas de piedra (Alfaguara), que Llamazares ha publicado y que constituye la primera de las dos partes de un viaje por las catedrales de España. Colocará el lector el volumen en su lugar –ese gesto ya es significativo, el libro no ha sido condenado al montón de los prescindibles– y será entonces cuando Las rosas de piedra alcancen su verdadera identidad. Varias ideas asaltarán a nuestro hipotético lector: la sospecha de que Julio Llamazares ha culminado un muy viejo proyecto, que se remonta mucho más atrás que a ese comienzo del tercer milenio que confiesa en el prólogo. Siempre le atrajeron los caminos al autor leonés y parece que esa senda de catedrales andaba dando vueltas por su deseo desde hacía muchos años. Otra impresión duradera es la peculiaridad del viaje, la sorpresa que produce –en estos tiempos de vértigo– la crónica pausada y sin prisas de este itinerario. a veces, si no estamos atentos, podemos olvidarnos de que estamos en el 2008, de que es ahora cuando Llamazares pasa por arcadas románicas y góticas, y pensar que estamos leyendo una de aquellas viejas crónicas de viajeros recopiladas por García Mercadal. Y es que las catedrales, bajo la pluma de Llamazares, son máquinas del tiempo, relojes detenidos en medio de nuestras ciudades. Tal vez porque ellas sean el único espectáculo que se ha mantenido invariable desde hace siglos; acaso porque constituyen una de las escasas posibilidades que tenemos de mirar lo que otros ojos antiguos, con el mismo asombro, miraron antes; o porque sea cierto que el alma necesita la amistad de la piedra y eso no cambia aunque cambien las generaciones, lo cierto es que nos olvidamos del calendario entre las páginas de Las Rosas de Piedra.

Comienza el cronista su viaje en Galicia, en Santiago. No llueve, brilla el sol ese día primero de septiembre. ¿Qué lugar mejor para iniciar un recorrido por las catedrales que éste? Es posible que al viajero –así se llama a sí mismo el narrador– le haya asaltado la misma tentación que a los antiguos dibujantes de mapas, colocar su lugar en el inicio, en el centro, que al fin y al cabo el mundo es redondo, y comenzar su periplo por León, por la que casi un centenar de páginas más adelante llamará la catedral de vidrio. Pero no, comienza por Santiago; donde acaban todos los caminos, él los emprende.

Orense, Mondoñedo, Oviedo, Astorga, Zamora, Burgos, Valladolid, Ávila, Bilbao, Calahorra, Santo Domingo, Huesca, Teruel, La Seo de Urgel, Barcelona, Tortosa… Cuántos lugares, cuántas catedrales van recibiendo a Llamazares en ese recorrido sin prisas que logra que el mundo exterior parezca desbocado. Quién diría que todavía hay tantos canónigos, ministrales, sacristanes, guías aficionados, cofrades, viejas rezadoras, abominables turistas, historiadores locales… Y una vida que gira alrededor de la catedral; un espacio que las ciudades han preservado para influencia exclusiva de esos templos, como si respiración alcanzara mucho más allá de sus muros. sigue siendo, como fueron siempre, el centro de las ciudades, aunque la vida moderna haya huido hacia otros extrarradios.

No se limita Llamazares a visitar y explicarnos las peculiaridades de cada catedral. A menudo al lector le gustaría empujar por la espalda al viajero para que deje ya las umbrías naves, los sepulcros de piedra y las sotanas y salga al exterior, que nos cuente qué le pasa, con quién se encuentra, qué le dicen en esos alrededores por los que se extiende la sombra catedralicia.

Hay gente en el mundo, hay presencia humana cerca de esas iglesias que tienen obispo asignado. Julio Llamazares la ha visto, ha hablado con ella y nos lo cuenta en Las Rosas de Piedra, en lo que es la primera parte de su viaje. Ha ido de una ciudad a otra, de misa mayor a misa de ocho, ha mirado los cruceros y ha conversado con las viudas que conservan su soledad en la humedad de las catedrales.

Y luego ha salido a comer, a dormir, a esperar que se hiciera la hora para que abrieran de nuevo y poder seguir mirando para poder contárnoslo en Las Rosas de piedra.