UN PUÑADO DE POETAS GRANDES

Semblanzas de los poetas más importantes de la generación del Cincuenta

MIGUEL ÁNGEL DEL ARCO

Luis Rosales (1910-1992) es el mayor exponente de la generación del 36. Escribe sus primeros versos en Cruz y Raya, la revista de José Bergamín, participó en la guerra civil en las filas de la falange e intentó salvar la vida a suamigo Federico García Lorca. Como poeta fue denostado durante un tiempo por el auge de la poesía social, pero hoy ya está considerado uno de los grandes autores del siglo XX. Títulos como Abril, La Casa encendida, Diario de una resurrección o Un rostro en cada ola son de lectura imprescindible. De hondo lirismo, busca de las formas clásicas, obtuvo el Premio Cervantes en 1982.


José Hierro (1922-2002) fue procesado al finalizar la guerra civil y estuvo en la cárcel hasta 1944. La memoria y la conciencia solidaria están en sus poemas. Hombre vital con una visión pesimista del mundo, ganó el Adonais, en 1947, con ‘alegría’. Varias veces premio Nacional y de la Crítica, la obra que le llevó el reconocimiento y un sorprendente éxito de público fue Cuaderno de Nueva York, en 1998. Premio Príncipe de Asturias y Cervantes, fue elegido académico en 2001, pero murió sin leer su discurso.


Ángel González
(1925-2008) es representante de la generación del Cincuenta y el maestro que abrió caminos a varias generaciones de poetas. Logró meter el ingenio y el humor en sus versos. Con Áspero mundo tuvo un accésit al Adonais, en 1961. Luego vendrían títulos fundamentales como tratado de urbanismo o Palabra sobre palabra. Premio Príncipe de Asturias en 1985 y Reina Sofía en 1996, el académico pisó escenarios dando recitales junto a los cantantes Joaquín Sabina o Pedro Guerra.


Pablo García Baena
fundó en 1947 la revista Cántico, donde defendía la estética frente al realismo social. Rumor oculto fue su primer libro y en 2002 apareció una de sus antologías más importantes: En la quietud del tiempo. Premio Príncipe de Asturias en 1984, es el último premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Por ese motivo la Universidad de Salamanca le dedica una antología, de la que se encarga el poeta Antonio González Iglesias, profesor de latín y premio Loewe.


Claudio Rodríguez (1934-199) ganó el Premio Adonais en 1953 con su primer libro de poemas, El don de la ebriedad, un arrebato entusiasta, entre el éxtasis y la armonía, como contó el propio poeta zamorano. Luego publicaría Conjuros, Alianza y condena, El vuelo de la celebración o Casi una leyenda en los que fue ahondando en la contemplación de las cosas, en la melancolía, en la emoción, lejos de la retórica. Lector de español en Cambridge, fue traductor de T.S. Elliot. Académico, premio Príncipe de Asturias, Reina Sofía y Castilla y León de las Letras.


José Ángel Valente
(1929-2000), enseñó literatura en Oxford, Ginebra y París. Complejo, hermético y riguroso, entendía la poesía como una vía de conocimiento. Alejado de sus coetáneos del 50, bautizó él mismo a su escritura como “poesía de la meditación”. Su poemario, A modo de esperanza le valió el Premio Adonais en 1954. Poemas para Lázaro, El inocente, No amanece el cantor, Nadie son sólo unos pocos títulos de uno de los poetas más prolíficos. Fue Premio Príncipe de Asturias en 1998 y un año después Caballero de las Artes y de las Letras francesas.


Jaime Gil de Biedma (1929-1990) miembro destacado de la Escuela de Barcelona y de la generación del Cincuenta. Desde su poesía ironizó, cuando no ridiculizó, los esnobismos e hipocresías de la burguesía, que tan bien conoció. El amor, el placer y el erotismo están muy presentes en sus versos, ricos y frustrantes al tiempo. En 1974, censurado, apareció Diario de un artista seriamente enfermo, que se publicaría completo tras su muerte con el título Retrato del artista en 1956. En Las personas del verbo está casi toda su obra, que incluye “moralidades”, “compañeros de viajes” y “Poemas póstumos”.


José Manuel Caballero Bonald nació en Jerez, en 1928 y ha cultivado tanto la lírica como la narrativa. En 2006 obtuvo el Premio Nacional de Poesía por Manual de infractores. Antes escribió poemarios: Las adivinaciones, Memorias de poco tiempo o Descrédito del héroe; y novelas: Dos días de septiembre, Ágata ojos de gato, o En la casa del padre. Es un perfeccionista del lenguaje, y al contrario que los de sus generación se aleja del coloquialismo y busca el adjetivo insólito. Seguramente es el escritor que más veces ha sido rechazado por la Real Academia Española.