NARRATIVA

Marta Sanz, Anna Gavalda, Juan Pedro Aparicio, Rosa Montero, John Fante, Pablo de Santis, Ignacio Ferrando, Juan Manuel Gil, Douglas Coupland, Edgar Keret, Cristina García Morales.

 

LECTURAS NARRATIVA

 

AUTORRETRATO SIMBÓLICO

SANTOS SANZ VILLANUEVA

La lección de anatonía
Marta Sanz
RBA Libros
Precio: 18 €
Páginas: 304

la todavía joven Marta Sanz viene acotando con sus novelas (Animales domésticos o Susana y los viejos) un ámbito de preocupaciones propio, al margen, intencionado, de modas estilísticas o temáticas dominantes. Tiene una clara voluntad de testimonio contemporáneo que se mueve entre el documento social y la descripción crítica de valores morales. En semejante órbita se sitúa La lección de anatomía, sólo que con un enfoque inédito en la escritora, algo esperable en alguien que confirma con ello su propósito de no encasillarse en un modelo fijo, lo cual le resulta posible porque entre sus cualidades figura la versatilidad formal.
El modelo al que ahora se acoge tiene hoy gran predicamento: la escritura confesional que identifica autor real y narrador. La lección de anatomía se sostiene sobre un soporte autobiográfico: la protagonista se llama Marta Sanz, se dedica a escribir, se ha doctorado en filología, ejerce como profesora..., detalles menudos que coinciden con la información proporcionada por las solapas de sus libros. Sin embargo, tengo dudas sobre la completa verdad del fondo autobiográfico (hay pasajes inventivos de traza expresionista) o, mejor, acerca de que su intención última sea mostrarse ella misma en un relato. Algo de esa carnaza que despierta la vulgar curiosidad de la maruja que (casi) todos llevamos dentro sí que existe, pero no hay ni una sola huella del egocentrismo que mueve a tanto dietarista de la hora actual.
Creo que, ajena al solipsismo que lastra la escritura del yo, Marta Sanz utiliza su propia experiencia personal para construir un relato simbólico. Sin que por ello renuncie a lo más doloroso o representativo de la privacidad: anhelos, frustraciones, cierta imagen de patito feo... Para mí tengo que ha procedido a sustituir el camino del espejo stendhaliano por su propia persona y que dedica la novela a presentar ese reflejo no por su interés intrínseco sino porque le sirve para construir un arquetipo literario universal, una novela de aprendizaje y maduración vital. Lo que se denomina “bildungsroman” o relato de formación.
Infancia, colegio, amigas de adolescencia, familia, estudios, ocupación laboral, vocación literaria, marido, maternidad rechazada, poética de su escritura..., en suma, el conjunto de rasgos que constituyen la identidad total, mas no a la manera de un retrato abstracto. Sustituye lo genérico por el referente muy preciso de una mujer de este tiempo nuestro que lleva marcas específicas en todos los órdenes de la vida, desde el espiritual al moral, algunas de las cuales son a la vez determinantes para ambos sexos.
Salta Marta Sanz así del yo al nosotros, referido éste a un colectivo preferentemente femenino, y enlaza la peripecia autobiográfica con la base general de su escritura. en el fondo de esta historia, lo mismo que en las anteriores, brotan un desconcierto quizás de siempre pero más de ahora, y en cualquier caso de nuestra naturaleza. dentro de tal precariedad, a lo largo de toda la novela se vive con particular fuerza la amenaza de la soledad.
Con estos mimbres hace Marta Sanz su literatura analítica y moral. El título de la obra resume la deliberación de ahondar con sentido ejemplar bajo las apariencias. “el ser humano es su máscara”, aclara al final, y, después de haber mostrado la suya, “sólo queda desvelar el desnudo”. Una lección muy seria la de esta novela a la que pongo un reparo: habría sido igual de interesante de haber podado materiales secundarios que hacen un poco prolijo el cuento y rebajan su intensidad.



ALGO MÁS QUE HISTORIAS DE AMOR

EVA DÍAZ PÉREZ

El consuelo
Anna Gavalda
Seix Barral
Precio: 21 €
Páginas: 640

La joven escritora francesa Anna Gavalda se ha convertido en los últimos años en un fenómeno editorial en su país –y en otros– con millones de ejemplares vendidos, un público satisfecho que se engancha a sus historias y una crítica que la trata con benevolencia. Tiene cierta lógica, porque Gavalda ha conseguido aunar en sus novelas argumentos sencillos sobre historias humanas –amor, soledad, muerte, desengaños, o sea, lo de siempre pero reivindicado con cierta dignidad– con una narrativa de apariencia sencilla pero muy posmoderna y diferente.
Tras el éxito de Quisiera que alguien me esperara en algún lugar publica La amaba o Juntos, nada más, todas publicadas en España por Seix Barral. En todas estas historias hay un elemento común que también encontramos en su nueva novela: El consuelo. Anna Gavalda presenta a personajes náufragos, perdidos en sus mundos cotidianos. a partir de un hecho concreto, a menudo fruto del azar, algo se rompe, se quiebra para dar paso a la tragedia de quien se da cuenta de que no vive sino que vegeta. Los personajes se enfrentan al verdadero rostro sin máscaras de la vida.
Gavalda plantea estas historias de aparente costumbrismo de lo cotidiano con habilidad narrativa y una fuerza especial al presentar a personajes que se redimen gracias al encuentro con el otro. En eso consiste El consuelo: Charles Balandra, un exitoso arquitecto parisino presiente el fin de su matrimonio, una evidencia que al principio no quiere asumir. Su vida es aparentemente perfecta. Es un gran arquitecto que hace años se mudó con la mujer de su vida y su hijastra, a la que adora, a una casa ideal. Sólo que esa casa es como una casa de muñecas.
A partir de la noticia de la muerte de una vieja amiga, La madre de su mejor compañero en la infancia y con la que mantuvo una extraña relación amorosa, descubrirá el vacío de su vida. Quizás para olvidar su presente, decide cerrar de forma definitiva la página del pasado buscando a su antiguo amigo, que vive en un pequeño pueblo a 500 kilómetros de la capital.
Allí encontrará a Kate, una mujer con una historia estremecedora –terrible y hermosa al mismo tiempo– que lo salvará volviendo del revés su vida. la historia se traslada de París a un lugar llamado las vesperes, que parece perdido en los mapas, y donde se desarrolla la mejor parte de la novela.
Sí, es cierto, parece una simple historia de amor, incluso se podría decir que las novelas de Gavalda son en muchas ocasiones sólo eso: personajes que se encuentran, se enamoran y se salvan gracias a los sentimientos. Y a estas alturas de la historia literaria el tema puede llegar a cansar por lo frágil de argumentos que sólo se sustentan en hermosas historias de amor. Pero El consuelo es mucho más.
La literatura de Gavalda se caracteriza por su economía narrativa, por la eficacia a la hora de contar la historia
y por dejar hablar a los personajes. Apenas existe descripción, sólo sugiere, insinúa, deja interpretar al lector. Aparentemente, la autora está ausente, pero guía con sutileza al lector que –casi sin darse cuenta– lee la historia
a través de distintas voces narrativas: un narrador omnisciente que habla o pregunta al protagonista; una primera persona que va alternando de personaje; el fluir de conciencia y diálogos entretejidos fruto de una asimilación del inevitable lenguaje audiovisual, del vértigo moderno, de las elipsis inteligentes y un saludable olvido a las plúmbeas descripciones decimonónicas que aún lastran a buena parte de la literatura contemporánea.


UNA REFLEXIÓN SOBRE EL DOLOR

JORGE EDUARDO BENAVIDES

Tristeza de lo infinito
Juan Pedro Aparicio
Menos Cuarto
Precio: 13 € 
Páginas: 144

Como en anteriores novelas –aunque de temática muy distinta a simple vista– Juan Pedro aparicio nos ofrece aquí una nueva prospección intimista, una aguda mirada a la condición humana, casi como si la novela fuese un simple punto de apoyo para lanzarse a la reflexión. Aparicio, autor de una veintena larga de novelas, cuentos e incluso cuentos brevísimos, tiene un bien ganado prestigio de narrador solvente, de escritor que trabaja con minucia la gravedad de la literatura, de lo mucho que se puede decir con historias aparentemente simples. Porque Tristeza de lo finito es ciertamente una reflexión teñida por la nostalgia y las páginas de la novela parecen ser traspasadas por un viento melancólico, preñado de añoranza, que resulta aquí la atmósfera necesaria de lo que ya nos da cuenta el propio título.
El narrador de la historia, Adrián, va componiendo el cuadro de la vida de su madre a través de fugaces estampas y reflexiones, mientras se suceden los funerales y posteriormente el entierro de la misma, clara. Y así, poco a poco, los lectores vamos descubriendo a una mujer que parece sepultarse en vida simplemente porque le tocó vivir los años de la sublevación de 1934 (a través de lo que le contaba a la vez su padre, sobre todo), la Guerra civil y las penurias físicas y morales de la posguerra, de manera que la novela también nos va dando cuenta de toda esa época. Pero no se trata de una novela más sobre la Guerra Civil, como algún lector despistado podría pensar de inmediato. Y no lo es en primer lugar porque se trata de una novela de magnífica hechura, cuya trama más bien etérea se convierte en el poderoso conducto por donde transitan las reflexiones más íntimas de Adrián respecto a su madre y, sin caer en ningún patetismo, va contagiando la hondura de su dolor a los lectores. Y en segundo lugar porque esa atmósfera descaecida y opresiva que pinta Aparicio con trazo seguro se impregna rápidamente en la historia, pero no como el catálogo superficial o efectista que suponemos en la descripción de un hombre dolido por la muerte de su madre, o por los inevitables horrores de los que nos dan cuenta tantas novelas que tocan la Guerra civil, no; esa atmósfera magistralmente lograda tiene que ver con el retrato intimista de una mujer valiente y al mismo tiempo aterrada, honda y trivial, algo infantil por ratos y profundamente madura por otros, y el narrador va contando todo ello sin juzgar, sin hacer de su reflexión una crítica manifiesta como sucede en Cinco horas con Mario, novela con la que guarda cierto paralelismo, por la puesta en escena, pero sobre todo porque la muerte del ser querido es el disparador de la trama y la evocación
su argumento. En Tristeza de lo finito, Juan Pedro Aparicio, uno de los más sólidos representantes de lo que se ha dado en llamar el circulo leonés, parece decirnos mucho más de lo que a simple vista ocurre y en todo caso, se trata de una interpelación sobre la condición femenina, pero una interpelación que no cede al recurso fácil que suele devenir en maniqueísmo. Y también, qué duda cabe, nos ofrece una nueva mirada sobre aquellos años tan infames como terribles donde le tocó vivir a Clara, quien parece ser recién descubierta por el hijo ya mayor, el hijo que la llora en silencio mientras escucha el responso del jesuita que llama constantemente a su madre “hermana Clara”. Así como ella escuchaba con espanto de boca de su padre la sublevación de 1934, así Adrián también parece marcado por los recuerdos de su madre, como si en realidad Aparicio nos explicara que los legados más profundos suelen estar tocados también por el dolor.


MAÑANA SERÁ OTRA HISTORIA

JESÚS MARTÍNEZ GÓMEZ

Instrucciones para salvar el mundo
Rosa Montero
Alfaguara
Precio: 19,50 €
Páginas: 320

Parece inverosímil proponer tabla de salvación o decálogo con el que escapar de lo que se asemeja, desde el Big Bang, como el “crack” más ilustrativo de la estupidez humana, me refiero a la destrucción de nuestro querido planeta. Así que al leer el título de la novela de rosa montero (madrid,
1951), Instrucciones para salvar el mundo (2008), uno no sabe si arrojarse enardecido a su interior con la Indiana esperanza de compartir el feliz hallazgo del Santo Grial, o escapar raudo ante la posible enajenación de quien, hasta hoy, siempre dio sobradas muestras de cordura e inteligencia. ¿Habrá sido la autora abducida por las tendencias mesiánicas más recientes? ¿tentada con una irrechazable suma por un libro de autoayuda o, acaso, habrá visto “la luz”?
Pero nada más lejos de estas tesis que la consistencia narrativa de quien a lo largo de tres décadas ha edificado una trayectoria con títulos como Te trataré como a una reina (1983), Temblor (1990), Bella y oscura (1993), La hija del caníbal (1997) o La loca de la casa (2003). De ahí la necesidad de una lectura que resolviera las urgencias de este valedor de Rosa Montero y las dudas anteriores. Y aunque aún desconozco la esencialidad de la propuesta: si el mundo tiene solución o no, también debo reafirmar la condición novelesca, la sencilla y eficaz arquitectura de una trama que se sustenta sobre pilares efectivos, los de una historia muy de siempre y muy actual.
En ella convergen las vidas de cuatro personajes que, por avatares, formarán una cadena en la que cada uno será el sorpresivo eslabón que termine rescatando la existencia de todos ellos del sufrimiento, de la rutina, el desamor, la maldad o la muerte. Sensaciones, vivencias o sentimientos que unen a cuatro perdedores: Matías, el taxista, que acaba de enviudar de Rita y morir a medias con su pérdida; el médico de urgencias, Daniel Ortiz, tan hastiado de su trabajo y del matrimonio que sólo halla consuelo en una realidad paralela y artificial; la bellísima Fatma, joven de color huida del terror en Sierra Leona y ahora sometida por su chulo en un club de las afueras de madrid; y, por último, Cerebro, antigua catedrática universitaria, expulsada tras una denuncia de lesbianismo en los postreros años de la dictadura, y superviviente vencida por el alcohol y la memoria.
Pues bien, con las frustraciones, los desengaños, el dolor de cada nuevo amanecer, estos seres encallados por la vida y unidos por el azar, averiguarán cómo crece la flor en el estiércol, por qué los umbrales de la derrota son tan relativos como los del triunfo y, sobre todo, sabrán de la ilusión tras enfrentarse al fantasma de la muerte sin más munición que el asombro de su propia resistencia. A Rosa Montero no le interesa ninguna tabla con los nuevos mandamientos para lograr lo que se antoja poco menos que imposible, sino mostrar cómo supuran las heridas del corazón, la inconcebible resistencia de la voluntad humana y esa fe ciega en el mañan, tan teñida de insconciencia como de esperanza. Es la suma de los pequeños actos, de los gestos diminutos y su positiva repercusión en los otros, la única instrucción desde la que viene siendo posible salvar al mundo y continuar haciéndolo.
No hay narrativamente ninguna novedad, ningún aporte espectacular que suponga un salto cualitativo en su obra, pero ni lo busca ni lo necesita. Su prosa fluye con la madurez de quien hace tiempo que dejó atrás la mayoría de edad literaria y puede darse el gusto de afrontar historias como esta novela con aroma a cuento áspero, duro, sangriento, con final casi feliz, al que quizás sólo le sobre ese adelanto de futuro por un narrador, demasiado omnisciente, privando al lector inteligente, del placer de hacerlo él.


FRAGMENTOS Y TRAMAS

ANTONIO OREJUDO

Inopia
Juan Manuel Gil
El Gaviero
Precio: 14 € 
Páginas: 130

Esta novela de Juan Manuel Gil (Almería, 1979), que ya se dio a conocer en 2004 con un excelente libro de poemas, Guía inútil de un naufragio, se abre con tres imágenes poderosas, tres fragmentos, tres sinónimos de Inopia (escasez, pobreza e indigencia), tres espacios en los que las personas acaban de desaparecer.
Inopia, la segunda parte, el corazón del libro, trata de la desaparición. La sostienen cinco historias fragmentadas y entrecruzadas: la de Héctor, un escritor que se parece a Ray Loriga, y de su novia, Lola, a los que les gusta desaparecer pero al mismo tiempo seguir siendo vistos; la historia de Pier Paolo Pasolini, que desapareció a golpes; la de Marco Pantani, que desapareció a solas en un hotel; la historia de la cajera Carmela y el inmigrante Yassine, que desaparecen para dejar de ser invisibles; y la historia del bibliotecario Mateo Garcés, que desaparece por el sumidero de su propio sueño. A estas cinco hay que añadir otras tantas insertadas a lo largo de la narración, que se cierra con un breve fragmento, ‘Euforia’, el capítulo final.
Pese a las apariencias, Inopia no es hostil a las tramas. Sin duda muestra una evidente insatisfacción con el relato lineal, pero no renuncia al argumento ni a la verosimilitud. Ni pierde de vista su naturaleza textual. Bajo su apariencia sincopada y rota hay una red de hilos sutiles, de redundancias, que van tejiendo la tela del texto. El puzzle que compra Sofía Carano para su hijo remite al puzzle-texto que nosotros tenemos en las manos. Italia, donde se localizan varias de estas historias de desapariciones, hilvana sucesos separados en el espacio y en el tiempo. La transparencia del joven que asesina a Pasolini es la piel transparente de Carmela cuando se une al cuerpo de Yassmine. Sangra el bibliotecario Mateo por heridas imaginarias, y sangra la Lola de ese patético Héctor. De hecho, en cita de Malcom Lowry que abre el libro está cifrada la estructura de Inopia, que comienza en el capítulo 100 y termina en el 0, como si el libro, a medida que avanza la lectura, se estuviera precipitando al vacío, hacia su propia extinción.
Desde el siglo XIX la novela no ha hecho otra cosa que replegarse y ceder competencias. ¿Nuevas experiencias? mucho mejor las drogas. ¿Vivir otras realidades? mucho mejor los videojuegos o la realidad virtual. ¿Viajar a otros mundos? Para eso están las compañías aéreas de bajo coste. ¿Retratar un lugar o un personaje? ¿Traer a los ojos, como decían los retóricos, una atmósfera? Mejor comprarse una buena cámara digital, y colgar las fotos en nuestro blog. En los periodos, como el presente, de transición cultural y búsqueda, hay escritores que resisten y escritores que buscan. Buscan los temas que solo pueden ser tratados con palabras. Buscan en qué ámbitos la sintaxis supera a otros modos de expresión. Buscan la parcela que se les ha quedado tras ceder terreno a las nuevas modalidades de entretenimiento.
Inopia busca. Bastaría con esto para destacarlo entre las mil novedades que se solapan las librerías. Pero no solo busca. También encuentra. Encuentra una narración rápida, veloz, minimalista, despojada de datos innecesarios, pero cuidada, que va directa al asunto; quizás la única manera de dirigirse hoy por escrito a nuestros contemporáneos. Y prefigura la que quizás sea la vía más adecuada para narrar, una vía a medio camino entre lo fragmentario y lo argumental. Tomar la agilidad y la potencia expresiva del fragmento sin renunciar al placer de la trama.


EL OPTIMISMO SEGÚN FANTE

RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN

Llenos de vida
John Fante
Anagrama
Precio: 15 € 
Páginas: 160

Aunque entre Julius Epstein –uno de los muchos aspirantes a guionista de Casablanca– y William Faulkner –el gigante de la literatura que malvendió a los estudios su talento en películas tan imposibles de conducir a buen puerto como Tierra de faraones– el célebre volumen Cincuenta años de cine norteamericano, firmado a cuatro manos por Jean-Pierre Coursodon y Bertrand Tavernier, no reserva espacio alguno a John Fante, es precisamente a partir de 1952, año de publicación de Llenos de vida, cuando el escritor angelino decide abrir un paréntesis en su carrera de novelista para dedicarse durante las siguientes dos décadas al cine.
Llenos de vida es, como su título indica, una novela optimista, algo que acaso desconcierte a los seguidores del autor de Espera a la primavera, Bandini, y es también una novela divertida, desopilante en ocasiones, en la que un tal John Fante, próspero guionista de la Paramount y autor de tres novelas, lo pasa fatal. El motivo: que va a ser padre. Y que su magnífica casa, de la que tan orgulloso se siente, está infestada de termitas. Y que a su esposa Joyce, a la que sigue deseando a pesar de su estado, le ha florecido un retoño de religiosidad. Y que el padre de Fante, un albañil originario de los abruzzos, irrumpe en la vida de su hijo y en la de su nieto in pectore poniéndola patas arriba. Y que la madre de Fante, una matrona que ha hecho del desvanecimiento una ciencia exacta y de la superstición un álgebra para la supervivencia, llena de dientes de ajo y manojos de albahaca fresca la habitación del desdichado escritor.
Crónica de un héroe pusilánime, incapaz de imponer sus criterios y deseos por nimios que ambos parezcan, Llenos de vida puede leerse como una novela que indaga en la dirección de una doble crisis: de un lado, la de un modo de concebir el mundo, ese american way of life que, en ciertas ocasiones, oculta termiteros bajo sus imponentes cimientos; del otro, la de un hombre que, preso de los cuatro principios sobre los que se asienta semejante cosmovisión (la glosa perfecta de la américa wasp: familia, patria, trabajo, religión), se siente desconcertado ante la llegada de su primogénito.
Es en el retrato íntimo de familia donde Llenos de vida alcanza sus mejores logros, aunque no tanto en la relación entre el Fante que va a ser padre, su esposa Joyce y el inminente vástago, sino entre el Fante que ya es hijo y sus dos impagables progenitores, el obrero y la pitonisa mencionados. Guardianes de las esencias del viejo mundo (en un momento de la acción el padre de Fante insta a su hijo a que duerma con su mujer a la italiana, no a la americana; esto es: en la misma cama, no en camas separadas), los padres de Fante demuestran sin embargo una increíble capacidad de empatía con la realidad por venir, independientemente de que suceda en una ciudad tan hostil como los ángeles. Frente a ellos, frente a su efectiva praxis, John Fante parece un desdichado con éxito pero sin principios, un tipo honesto pero sin amarras, un hombre vacío de sentido en un mundo resonante de él.
Y es aquí, en esta búsqueda del sentido, donde la novela se orienta hacia el happy end sugerido. Porque, a lo que parece, es detrás de una puerta neogótica, en la pequeña capilla de una maternidad, donde el esforzado padre de familia hallará las respuestas. Queda a interpretación del lector acatar semejante epifanía con una sonrisa cómplice o, a lo peor, con una inquietante sensación de final de Hollywood para almas bellas.


CONFESIONES ESCRITAS

JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA

El ladrón de chicles
Douglas Coupland
El Aleph Ediciones
Precio: 18 €
Páginas: 288

Nos encontramos en la tienda de material de oficina Staples. Aquí trabaja Roger Thorpe: “un hombre gordo de cuarenta y tres años con la piel amarillenta bajo la luz del único tubo fluorescente, casposo, con manchas rojas en el cuello cabelludo donde suele rascarse la seborrea”. Un personaje anónimo que está convencido de que cuando mete su cuerpo en el interior del Hyundai se convierte en el Hombre invisible; entonces podría cometer cualquier crimen y los testigos declararían que el asesino era “un tipo que iba en un coche”. El coche es lo único que funciona en la vida de Roger.
Bethany trabaja en la misma tienda que Roger. Ella es una veinteañera gótica que habita en un inmenso panteón. La muerte la rodea por todas partes y le obsesiona, hasta sueña con muertos. La mayor parte del tiempo desea estar muerta. Bethany rechaza el sol, lleva pintalabios negro y le importa un bledo que su peso supere las normas establecidas por el gobierno.
El resto de los compañeros de trabajo de la tienda de material de oficina Staples se interesa sólo en decidir qué tono seleccionar para su teléfono móvil.
Roger y Bethany se escriben cartas. No se mandan ningún e-mail sino que se confiesan por escrito, se desahogan el uno con el otro, desvelan sus anhelos y sus frustraciones, las anécdotas que les suceden, las reflexiones, lo cuentan todo, la realidad más burda y las reflexiones más trascendentes. Abren su corazón: “es increíble cómo, por muy gilipollas que seas, tu alma sigue dispuesta a acompañarte”. Hay entre ellos un pacto de silencio: “recuerda, no me reconozcas a la cara que has leído esto”.
Roger es el empleado más viejo de Staples y ahora se dedica a escribir una novela titulada Glove Pond: un sofisticado drama de adultos protagonizado por dos escritores rivales y sus respectivas mujeres. Bethany es su musa. Ella se implica en la novela, le regala ideas, se pone en el lugar de los protagonistas: Steve y Gloria, Kyle y Britanny. Steve ha escrito cinco novelas que han resultado un éxito de crítica y un desastre de venta. Gloria es una actriz a la que ya nadie contrata. Ambos pasan el día bebiendo. Lo único que hay en la despensa de la cocina es whisky. El frigorífico está vacío. Las vidas de Steve y Gloria son muy pequeñas, tan pequeñas como el punto al final de esta frase. Steve y Gloria reciben a cenar a Kyle Falconcrest y Britanny. él es un joven y guapo novelista que ha cosechado gran éxito y vende miles de ejemplares. Ella es una afamada cirujana. Llamarán a un restaurante chino para que les lleve la comida. Asistiremos a esa reunión e iremos descubriendo que hay personas que desean escapar de sus vidas por mucho que éstas puedan parecer magníficas desde fuera. Bethany se implica tanto en la novela de Roger que la confunde con la realidad. Lo mismo le sucede a Dee Dee, la madre de Bethany; una mujer a quien le encantaba conocer extraños en los bares de los aeropuertos y contarles su vida porque sabía que nunca los volvería a ver.
Douglas Coupland construye en El ladrón de chicles un entramado de pequeños mundos que van relacionándose y encajando entre sí. Novelas dentro de novelas. Historias concéntricas. Un juego de muñecas rusas que bajo su aparente ingenuidad ocultan algunos de los secretos más insondables de la condición humana. el dolor y la amargura, la incomunicación y la soledad de unos protagonistas que sólo son capaces de desnudarse por escrito. unos personajes entrañables, irónicos y lúcidos que nos irán conquistando con su secreta ternura.



DE ENTRE LOS MUERTOS

FÉLIX ROMEO

Pizzería Kamikaze y otros relatos
Etgar Keret
Siruela
Precio: 15,90 € 
Páginas: 128

Etgar Keret se dio a conocer en castellano hace un par de años con La chica sobre la nevera y otros relatos (Siruela), un libro estupendo de cuentos muy cortos, como pequeñas explosiones, en los que había conejos que salen decapitados de la chistera del mago, sueños, sexo, risa negra, violencia, a veces invisible y a veces muy visible, surrealismo, irracionalismo, pesadillas, guerra, mala leche, relaciones imposibles entre hombres y mujeres, animales por todas partes, memoria, vómito, celebración, angustia, terror y mucha más risa. Relacionarlo con Julio cortázar es muy tentador, pero cualquiera que llegue a leerlo por esta comparación verá un mundo, sin duda, diferente.
Desde entonces, Etgar Keret (Tel Aviv, 1967) se ha convertido en la estrella más internacional de la nueva cultura de israel: ha triunfado como director de cine, con la obtención del Premio Cámara de Oro con su largometraje Medusas en el festival de Cannes de 2007, y se han multiplicado las ediciones de sus tebeos, hechos en colaboración con dibujantes como Rutu Modan.
Pizzería Kamikaze no es una recopilación tan buena como La chica sobre la nevera. El relato más largo del libro, y el que le da título, es una historia alegórica, una pseudoversión de orfeo, que es mucho más eficaz en su adaptación al cómic, dibujada por Asaf Hanuka en un blanco y negro muy potente y recién publicada por La Cúpula, que en el relato de Keret. Un suicida, condenado a vivir en el Purgatorio, emprende un viaje para buscar
a su amada. El road relato por ese lugar del ultramundo, que se parece muchísimo al mundo que habitamos los que no hemos muerto, les lleva a una comunidad de iluminados que quieren escapar como sea de ese agujero.
De los otros cuatro cuentos del libro, hay uno bueno, “la chaladura de Nimrod”, el segundo más largo, en el que se cuenta cómo influye la muerte de Nimrod en el grupo de sus tres amigos treintañeros que siguen vivos: todos se ven afectados, cíclicamente, por una locura que les lleva a convertirse en personas muy diferentes de las que creen ser: “cuando los tres estábamos juntos, aunque no pensáramos en él, él estaba allí”.
Mucho más breve, con un aire también misterioso, porque el término religioso es muy inadecuado, es “el cóctel del infierno”, en el que Etgar Keret crea, o revisita, un cuento de aire tradicional, también en una tradición órfica. Los habitantes del infierno pueden salir de él una vez cada cien años, por una puerta situada en un pequeño pueblo de Uzbekistán. a los fans de Buñuel nos suena cercano: su deseo, contado en sus memorias, Mi último suspiro, era poder salir de vez en cuando de la tumba para leer los periódicos. cuando el infierno decide cerrar totalmente sus puertas todo se hace más cansino y más indolente, y el verdadero amor queda encerrado al otro lado, entre gritos y golpes.
“La historia del conductor de autobús que quería ser dios” y “Útero” también son cuentos muy breves. En el primero, se cuenta la historia de una redención: en la que dos tipos que renuncian a sus principios (laborales y amorosos) son capaces, sin tener ninguna relación entre ellos, de volver a vivir una vida soportable. En “útero”, más cerca de los relatos incluidos en La chica sobre la nevera, se cuenta en una delirante historia de desamor y enfermedad: la belleza de un útero hace que tras su extirpación sea exhibido en un museo. De nuevo la risa, una risa extraña en un mundo entre aquí y el más allá.


EL ESPEJO DE VELÁZQUEZ

JUAN CARLOS PALMA

La mujer de Roma
J. L. Martín Nogales
Ediciones B
Precio: 19 € 
Páginas: 320

Junto a Fernando Valls, José Luis martín Nogales es uno de los más reputados estudiosos del cuento literario en España. Su antología El cuento español 1975-1990 es referencia ineludible en el marco universitario más allá de nuestras fronteras. Pero además, el autor de esta sugestiva primera novela, dirige la revista Lucanor, y es un excelente teórico del artículo en prensa, habiendo arrojado recientemente una brillante antología en la editorial Cátedra.
Sirva esta breve introducción para aclarar que si algún demérito podemos achacar a La mujer de Roma es su zambullida ocasional en un tono didáctico que lastra la acción principal: las peripecias del joven Martín en Londres, Madrid y Roma para descubrir la procedencia de una supuesta copia de La Venus del espejo de Velázquez de cara a su posible venta. En su investigación, que el autor ilustra con acierto presentando escenas de la vida del célebre pintor, descubrirá que la disyuntiva vital de Velázquez, escindido entre su amor y familia italianas y su seguridad en la corte, está muy cercana a la suya, con la certeza de un trabajo bien remunerado en Madrid y la promesa de un noviazgo sin asideros económicos ni profesionales.
Si bien la reiteración de esta idea, así como la del leitmotiv de la novela, inciden en ese afán pedagógico ya comentado que parece destinado a que el lector no se pierda en el camino, debemos destacar en el ahora novelista Martín Nogales su habilidad para las descripciones, su conocimiento del proceloso mundillo de la compraventa de obras de arte y su capacidad para conjugar los dos planos temporales con la maestría de un narrador de largo pedigrí.




INSÓLITA BABEL

PEDRO M. DOMENE

La sexta lámpara
Pablo de Santis
Destino
Precio: 20 €
Páginas: 300


Los rascacielos, catedrales del presente, resumen los conocimientos y ambiciones de toda una época, así lo manifiesta el joven arquitecto Balestri a su amigo Oskar Pollak, un experto en arte, quien declaraba, a su vez, que aquellos edificios no eran sino una colección de espacios vacíos. En realidad, este personaje, reconocible por su amistad con Kafka, y cuya sombra se extenderá a lo largo de toda la novela, bucea en las cosas con una visión de carácter microscópico, escudriñando secretos, indagando en los recovecos de todas las cosas. La historia del arquitecto Silvio Balestri es la de un anhelo imposible: la construcción del mayor rascacielos que diera una respuesta arquitectónica al mito de la torre de Babel. Es así como La sexta lámpara (2008) se convierte en la novela más ambigua, amarga y extraña de cuantas ha escrito hasta el momento Pablo de Santis (Buenos Aires, 1963), autor de El calígrafo de Voltaire (2001) y El enigma de París (2007), dueño del talante festivo y lúdico de la prosa de Borges y de Bioy Casares, heredero de una tradición literaria que desacraliza lo policial o la ciencia- ficción aunque apuesta por un artificio verbal especulativo, aparentemente casual que impone la asociación, como bien se muestra en algunos episodios de esta deslumbrante novela. Mientras miles de jóvenes mueren en los campos de batalla en una devastada europa de 1915, el joven arquitecto abandona Roma, viaja a bordo del Aquitania rumbo a Nueva York, la ciudad de los rascacielos y de sus sueños, para concebir el proyecto de su vida, el Zigurat, el complejo que reúna en un solo ejemplo, todas las torres de la isla de Manhattan, capaz de proyectar, según sus teorías, una arquitectura llena de significados. Su talento se verá muy pronto recompensado  asciende en la compañía que realiza todos los grandes edificios de Nueva York, pero se enfrentará al Club de las Seis Lámparas, secta secreta que impone sus reglas y criterios sobre estas construcciones. Moran, Morley y, sobre todo, Mactran, se unirán al proyecto, aunque tanto el arquitecto como los socios descubrirán que, cada vez que planean su ejecución, surge una complicación que modifica planos, rechaza lugares para su ejecución o se vislumbran problemas económicos. Una suerte de conspiración atenaza esta historia de ficción arquitectónica porque su realidad física va más allá de las leyes elementales del arte de construir. Balestri triunfará, a lo largo de los años, en aspectos teóricos porque, entre otras cosas, ha conocido a Caylus, dueño de un museo donde se exhiben todas las maquetas de construcciones fracasadas, y quien remitirá los escritos de su protegido a revistas especializadas y mantendrá correspondencia con colegas del mundo que pronto harán circular sus teorías por la vieja europa. Paralelamente, su vida personal se mueve por las mismas premisas que sus teorías: la joven Greta Zolla que había conocido durante la travesía, Ana, su amante, y posteriormente Vera, las tres mujeres de su vida, parecen haber perdido la significación de su existencia en medio de una ciudad impersonal. Aún así, Balestri se propone levantar su Zigurat con la dignidad que debe irradiar un edificio, con la capacidad racional de envejecer con el paso de los años.
La novela, construida cual un edificio en 100 capítulos breves, está ambientada en los albores del XX, evidencia la gran crisis y el significado de la arquitectura en el contexto del nazismo, y su significado tras la Segunda Guerra Mundial. En realidad, en La sexta lámpara, toda la historia, incluidos sus personajes, parecen nacer de una quimera, siguiendo esa condición kafkiana que afirmaba que todo libro debería ser un auténtico sueño.



VIDAS DOBLES

FERNANDO VALLS

Sicilia, invierno
Ignacio Ferrando
J de J Editores
Precio: 16,90 €  Páginas: 256


Nada hay más agradable que encontrarse con un nuevo autor, cuyos resultados satisfacen, que anuncia un futuro brillante. Este volumen está compuesto por once cuentos, una explicación y un “Deudario” (con que el autor evita, con escasa fortuna, el obvio agradecimientos). Para mí Ignacio Ferrando es un nombre nuevo en la narrativa breve española actual. Tiene 36 años y es arquitecto técnico, oficio que abandonó para dedicarse a la escritura y dar clase en la escuela de escritores de Madrid.
La primera impresión que nos producen sus relatos es debida a la singularidad de sus asuntos, a lo estrambótico de sus tramas, por usar un marbete reconocido (de Ros de Olano a la sección de La Ilustración Española y Americana, en la segunda mitad del XIX), y a cómo el conocimiento de los mecanismos del relato, la premeditación, ahoga, a menudo, la narración, lo que debe haber siempre en ella, creo yo, de espontáneo, natural, e incluso –si me apuran– de irracional. De frescura. Y no obstante, la voz de Ferrando me parece sugestiva, prometedora con unas posibilidades poco frecuentes entre los actuales narradores, en exceso dependientes de la tradición de Chéjov, Carver y el realismo norteamericano actual.
Varios de estos cuentos podrían figurar en las antologías dedicadas a los nuevos nombres del género, como “estación de tránsito”, “contactos de piel” o “Roger Lévy y sus reflejos”. En este último, quizás el más afortunado del conjunto, se vale de variantes novedosas en el motivo del doble, omnipresente en todo el volumen, para contar la historia de un hombre demediado entre la guerra y el amor de una mujer. en otros cuentos conculca la verosimilitud y los asuntos me parecen demasiado rebuscados, como en “Trato hecho” o “Simetrías”, en los que además abusa de lo extravagante. Y todos ellos se ocupan de lo extraña que puede ser la vida cotidiana, de las sorpresas que a veces nos depara.
Por otra parte, creo que hubiera sido mejor no incluir el último texto, en el que el autor aclara sus intenciones, pieza por pieza, y nos proporciona sus claves de lectura. Por dos razones, porque la condiciona, lo que no debería de hacerse con un libro recién aparecido, y porque responde a las intenciones del autor, que no siempre coinciden con los resultados que se deducen de la lectura. De todas formas, quienes lo deseen pueden prescindir del texto final. Para los más resabiados (entre los que –en fin– siento contarme), la explicación resultará utilísima, pero quizá debía haberla publicado en otro lugar; en una revista, por ejemplo. así las cosas, el riesgo que corre Ferrando estriba en que el profesor de Lectura y relato (¡en las escuelas privadas posmodernas son más pomposos aún que en la enseñanza pública!), y tiene fama de serlo muy bueno, acabe engullendo al narrador dotado.
Lo evidente es que el autor aparece bien pertrechado, aunque a veces peque de ingenuo, por lo que creo que las piezas ganarían con algo más de espontaneidad, dejándose llevar por las propias necesidades de las historias que cuenta, sin someterlas a ese férreo control de la teoría narrativa, del conocimiento, con lo que evitaría caer en lo mecánico. Los cuentos se leen con gusto e interés, dado que su mayor virtud es la capacidad de fabulación; los inconvenientes, en cambio, provienen de la condición de profesor del autor. Y, a pesar de todo, de estos leves peros, el libro me ha interesado muchísimo –al lector que soy, más que al crítico–, por el potencial que atesora, y por algunos de los resultados. No me cabe duda de que entre las nuevas voces de la narrativa breve, la de Ignacio Ferrando es una de las que puede proporcionarnos más satisfacciones.



EL PLACER DE LA BUENA MESA

 

MARIANELA NIETO

 

La merienda de las niñas
Cristina García Morales
Cuadernos de Vigía
Precio: 13 € Páginas: 100


Hubo un tiempo de funambulistas en el que Andrés Neuman aseveraba que “contar un cuento es saber guardar un secreto. terminarlo, saber callar a tiempo” (Cuentos del alambre, traspiés, 2004). el director de esta colección
–‘vigía’ certero junto a clara obligado– compartía entonces páginas con la granadina cristina García Morales, alumna aventajada cuya mezcolanza de juventud y brillantez configura el entrante idóneo para deleitarse con el placer de la buena mesa narrativa.
Hoy, esta estudiante de Derecho y Ciencias Políticas, becada por la fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores, nos invita a merendar sabrosos relatos con la dosis acertada de vocablos y silencios, como los buenos cuentistas que depositan píldoras creativas en el paladar del lector para que sigan vivas, fotograma a fotograma, sílaba a sílaba, en el regazo de la memoria.
La narradora que humanizó urbes mientras la ciudad pensaba en el relato Dilemas urbanos colma las tazas de esta merienda de prosa en ebullición, donde hierven princesas convencidas de que la vida es sueño, una sirena de andar por casa, parejas de contrastes (marido y ladrón, soldado y universitaria, liberal y fascista), viajeros del tiempo y situaciones más o menos cotidianas y surrealistas a las que concede un minuto de gloria para desem polvar su ostracismo.
La autora de Abierto por inventario (traspiés, 2007), ganadora de varios certámenes de escritores noveles, avanza con paso inteligente entre la candidez y la malicia, la dulce pericia y la imaginación esponjosa, para ofrecernos un menú de exquisita repostería de palabras, con una cocción adecuada y la medida precisa para desear una nueva invitación a compartir el placer de la buena mesa.


LECTURAS FUNDAMENTALES

MARIO ELVIRA

Cosas nuestras
Antonio Gala
Backlist
Precio: 35,50 €
Páginas: 992


En toda biblioteca que se precie debe haber una sección destinada a los libros de aquellos autores cuyos mundos, reales e imaginarios, no envejecen con el paso de las tendencias literarias. igual que sus autores tampoco pierden la brillantez y la actualidad que demostraron cuando fueron publicados por vez primera. Volver a reencontrarse con la lectura de estos libros siempre es un ejercicio enriquecedor; incluso debería ser una sana costumbre. La editorial Backlist convencida de la vigencia de la literatura que no pasa de moda, ha decidido recuperar títulos fundamentales, bajo las etiquetas de clásicos, contemporáneos de ficción y no ficción y de selectos, como Moll Flanders de Defoe y Grandes Esperanzas de Dickens, los Diarios de una nómada apasionada de Isabelle Eberhardt y las Hojas de Madrid de Umbral y las Notas personales de Josep Pla, entre otros títulos de incuestionable calidad y reconocidos autores que continúan contando con el interés de los lectores y el respaldo de la crítica.
Una de las apuestas de este sello literario es la recuperación de la interesante faceta periodística de Antonio Gala, definida por su intensidad emocional, por su elegante ironía y por la mirada intelectual con la que analizar la realidad cotidiana, recogida en Cosas Nuestras. El volumen reúne los conocidos artículos de “charlas con troylo”, “cuadernos de la dama de otoño”, “en propia mano” y “dedicado a tobías”, que el escritor cordobés escribió a lo largo de los años ochenta en forma de cartas destinadas a su perro, a una mujer y a un niño. Los destinatarios a los que Gala convierte en confidentes y cómplices de sus emociones e ideas acerca del amor, de la tristeza, de la política, del desamor y de otros temas sobre los que reflexiona en un inteligente, personal e intimista intento de dialogar con los problemas de nuestro tiempo.



EL AMOR EN EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS

SALVADOR GUTIÉRREZ SOLÍS

El judío de Shangai
Emilio Calderón
Premio Fernando Lara
Planeta
Precio: 21 €
Páginas: 336


Emilio Calderón (Málaga, 1960), se dedicó durante diez años, con gran éxito de público y crítica, a la Literatura Infantil y Juvenil.
El judío de Shanghai no es, ni por un asomo, una novela juvenil, pero no me cabe duda de que Emilio Calderón emplea buena parte de la pericia adquirida –en el pasado- en su nueva etapa literaria, como autor para adultos  Es decir, Calderón es muy ilustrativo y convincente en su narración, domina a la perfección los engranajes que han de mover la maquinaria sobre la que crece una historia, toma de la mano al lector y lo guía de una manera certera y cariñosa, cuidando que cada personaje, cada pasaje, sea absolutamente visual y encaje, sin fricción, en su hueco correspondiente.
Narra en esta novela calderón las peripecias de un diplomático español, en la Shanghai dominada por Japón, durante la II Guerra Mundial, por lograr el amor de Norah Blumenthal, viuda de un apátrida –Leon–, tan desconcertante como sinuoso, fallecido en extrañas circunstancias. El único gueto judío fuera de Europa, es el escenario asfixiante y dramático sobre la que se desliza esta novela. Novela, El judío de Shanghai, que tiene mucho de homenaje, no deja de mostrarnos las mismas ambiciones y las mismas debilidades, que El corazón en las tinieblas de Conrad.
Emilio Calderón certifica en esta novela su habilidad para desarrollar tramas y personajes que hipnotizan al lector, que lo invitan a recorrer otros mundos, a pesar de que su aspecto, como sucede en El judío de Shanghai, nos muestre una piel tan ajada y mortecina.