JORGE VOLPI
“La literatura ha de tener también elementos de desesperanza que te hagan reflexionar”
Entrevista de Tomás Val
Mentiras contagiosas no es la primera incursión en el ensayo de Jorge Volpi. El mexicano (1968) ha publicado con anterioridad La imaginación al poder, Una historia intelectual de 1968 o Una historia del alzamiento zapatista. Sin embargo, ha sido la novela la que le ha proporcionado más notoriedad y algún que otro premio, como el Biblioteca Breve de 1999 por En busca de Klinsgor. El juego del Apocalipsis, La paz de los Sepulcros, El fin de la locura y No será la tierra son algunos de sus títulos de ficción. Ahora publica Mentiras contagiosas (Páginas de espuma), una serie de ensayos acerca de la novela y sus límites, una reflexión sobre la importancia de los mundos imaginarios en la vida de los lectores.
El libro comienza relatándonos un futuro en el que la novela está muerta y donde se asegura que la asesinaron los novelistas. ¿Cree que esa es la tendencia actual?
Es una forma irónica de reflexionar sobre lo que me parece un problema grave en la actualidad de la novela y que no es su posible desaparición –se leen más novelas que nunca–, sino que el núcleo de lectores de la novela artística, o profunda, como queramos llamarla, se mantiene muy constante y no crece. Lo que crece son los lectores de la novela entretenimiento, novela virus, novela que sólo sirve para pasar el tiempo y se acaba olvidando.
Quizás algo estén haciendo mal los escritores para que las novelas “buenas” no resulten divertidas al gran público.
Exacto, es lo que yo creo. Y no es sólo culpa de los escritores, también lo es de todo el sistema que crea un prejuicio, una mentira contagiosa que me parece muy grave, y es que en el mundo actual lo que la gente necesita es llegar a su casa y leer algo ligero que no le haga pensar. Esa es una idea muy perniciosa, pues uno siempre tiene que pensar leyendo lo que sea. Y leer una gran novela, una de esas novelas que te marcan para siempre, no necesariamente es aburrido. Suele ser mucho más divertido que estar leyendo por enésima vez el mismo esquema repetido de tantas novelas de entretenimiento.
Y cuando se supone que la novela y la lectura están tan desprestigiadas, ¿por qué todo el mundo –muchos de los que han alcanzado fortuna en otras disciplinas de la vida– quiere escribir un libro?
Ese es el reino y el poder de la novela y la ficción, pero también de la concepción personal. Todo el mundo quiere creerse capaz de infectar con su propia historia las mentes de los demás. Y tiene que ver tanto con la cuestión de prestigio como de éxito comercial, que, por ejemplo, no existe en quienes quieren escribir cuentos o poesía. Lo hacen por otras razones. Y muchas de las razones que llevan a alguien escribir una novela y publicarla son extraliterarias, tienen que ver más con ese posicionamiento en la sociedad que no con la búsqueda de una forma de exploración de sí mismo y de la realidad que es la novela seria.
Continúa el libro estableciendo un paralelismo entre Ciencia y Literatura como dos formas no tan diferentes de tratar de entender el mundo. Parecería que la Ciencia ha adquirido ventaja en ese camino, cada vez destapa más velos, mientras que la Literatura puede dar la impresión de estar anclada en viejas fórmulas.
Creo que siguen siendo caminos paralelos de distintos conocimientos. La Ciencia sigue un desarrollo evolutivo lineal y sí, aunque tampoco en Ciencia haya verdades absolutas, tiene un sistema de verificación de la verdad que hace que veamos ese avance lineal. En el Arte no existe eso. No es que una obra de Arte del siglo XIX sea mejor que una del siglo XVII. Son formas que conviven, la evolución es distinta. Sigue siendo, creo, la novela una forma muy poderosa de explorar la vida, la conciencia, la inteligencia, las emociones…
Es curioso que la Ciencia, a medida que avanza, se vaya acercando más a los terrenos de la imaginación. Hoy se demuestran como posibles muchas cosas que antes eran mitología, fantasía.
Eso es fantástico. En el origen, Ciencia y Literatura, la imaginación, están muy vinculadas. Y ahora la Ciencia, que se adentra en la teoría de las supercuerdas, está llena de cosas que parecen de la imaginación más delirante.
Hay gente que asegura que Dios se esconde detrás del muro de Planck. Pero siguiendo con Ciencia y Literatura, ¿por qué los escritores de ciencia-ficción han imaginado siempre un futuro tan poco grato?
Uno revisa la historia de la Humanidad y hay muchas razones para ser pesimista. Y de las pocas cosas que nos hacen tener esperanza es la Ciencia, aunque tampoco sea así siempre.
¿Y la Literatura, ha de insuflar un poco de esperanza?
Esperanza y también elementos de desesperanza que te hagan reflexionar.
Dedica muchas páginas en Mentiras contagiosas al Quijote y a la obsesión por esa obra de Orson Welles. ¿No sería ya hora de que apareciera una nueva novela de esa talla?
Pues a lo mejor ya apareció y no nos dimos cuenta.
¿Podría ser una novela de Roberto Bolaño, de quien se ocupa ampliamente en este libro?
Es pronto para saber la influencia de Bolaño no sólo en la Literatura latinoamericana, sino en la mundial. 2666 es una novela extraordinaria y no sé si tendrá tanta influencia como El Quijote –que ya es poco probable–, pero quizás sí como otras grandes novelas como Cien años de Soledad.
Su confianza en Bolaño puede provenir –según sus palabras– de que aún no ha cumplido cuarenta años. ¿Por qué a los mayores de esa edad no les gusta tanto Bolaño?
Creo que se trata de un fenómeno generacional, por eso lo comparo con Rayuela. Cuando aparece Rayuela, los menores de cuarenta crean un culto a Cortázar, pero no los mayores. Y creo que a Bolaño, más allá de ser un gran escritor, se le está leyendo con ese espíritu generacional.
Dedica muchas páginas a romper el mito de la existencia de la “novela hispanoamericana”. Sin embargo, todos los autores de los que se ocupa son latinoamericanos.
Exacto, ahí estamos. También es parte del juego del libro. No hay una Literatura latinoamericana identificable como tal; hay una tradición de ideas que se contaminan de García Márquez a Fuentes, de Rulfo a García Márquez, de Fuentes a Pitol,
de Pitol a Bolaño… Pero eso no quiere decir que la literatura latinoamericana sea reconocible como conjunto ni que sea fácil decir qué es.
¿Y reconoce como tal alguna otra literatura, ya sea española, francesa, rusa…?
Hay que combatir la idea de las Literaturas nacionales. Y al mismo tiempo hay que reconocer esas ideas que se contaminan y que crean las tradiciones literarias. No es que porque uno nazca mexicano escribe literatura latinoamericana; lo hace porque se reconoce en cierta tradición previa. Por eso digo que Bolaño es el último escritor latinoamericano, porque él sí que conocía toda esa tradición y ahora ya no pasa, los escritores actuales no conocen la tradición de los otros países.
En Mentiras contagiosas hay algún elemento claramente borgiano, como algún ensayo “falso”. Sin embargo, Borges no aparece en el libro como figura individualizada.
Borges está presente a lo largo de todo el libro, aunque por alguna razón decidí novelistas. Para mí, el mayor escritor latinoamericano es Borges y en algún momento le dedicaré un ensayo completo.



