ENSAYO Y POESÍA
Gómez de Liaño, Eduardo García, Anunciada Fernández de Córdova.
LECTURAS POESÍA
VIAJE INTERIOR HACIA LA LUZ
JAVIER LOSTALÉ
La vida nueva
Eduardo García
Visor
Precio: 7,70€
páginas 72
El lenguaje poético con su carácter deslimitador, abierto a las zonas más abisales del ser, capaz de borrar fronteras entre la razón y lo irracional, entre lo real y la fantasía, entre lo consciente y lo inconsciente, puede relacionarse de un modo natural, sin perder ninguno de sus elementos constitutivos, entre los que destaca la tensión emocional, con la filosofía, la ciencia y la psicología, siempre que exista un poeta verdadero entregado a las palabras y su poder de revelación, conocedor de su oficio y dotado de una fecundante imaginación. Cualidades todas predicables del autor cordobés Eduardo García que, cinco años después de la publicación de Horizonte o frontera (Premio Internacional de Poesía Antonio Machado en Baeza), y tras su reciente Refutación de la elegía, ha alumbrado el poemario La vida nueva, galardonado con el último premio Fray Luis de León. Digo alumbrado más allá del hecho de su aparición, porque este libro es un renacimiento, un viaje interior hacia la luz de un sujeto inmerso en un proceso psicológico que, en algún momento, es un descenso a los infiernos, tras el que late la sombra de Dante, para ascender después a una “vida nueva” plena de entusiasmo y engendradora de una vigilia permanente poseída por los sueños: “porque podemos esculpir la vida verdadera... soñar despiertos siempre / para no renunciar al entusiasmo / y que el hombre no olvide su vocación de nube el súbito / resplandor incendiando su mirada / alfarero del mundo comadrona / que asiste al parto de sus propios sueños”. El camino que nos conduce a este final de fulgor y libertad generador de un horizonte de advenimientos en el lector, se sigue como un relato con distinto pulso, al que corresponde también una diferente modulación lingüística, en el que el Deseo es una radiación sostenida entre el cielo y el abismo por
el que atraviesa el protagonista (sin duda el propio Eduardo García), suelo y techo firme para alcanzar la resurrección: “Y prometo también a la deriva / arrojarme al encuentro del don inesperado / y al cruzar las fronteras prometo confiar / a ciegas en la flecha / del deseo”. Y junto al Deseo, la Falta, su otra cara –como dice el poeta– y el Hueco, lleno de lo que todavía no es, unas veces; respiración de un alma, o sólo fisura, otras, nuclean La vida nueva, donde hay dos escenarios íntimos principales: el que corresponde a las partes “Resplandor” y “Amanecer”, consumado en “La vida nueva”, y el representado por “Romper aguas”. En el primero de los escenarios, precedido de una “Invitación al viaje” en búsqueda del renacer, hay una respuesta a la llamada total de la vida desde la conciencia de lo que falta: “Yo sólo vine a ver brotar / mi casa en el desierto”, y una presencia, la de la amada, catalizadora de espacios y tiempos, de palabras y silencios, nutriente del origen: “Al amarte hoy a ti cerco el origen: / la grieta donde manan / las ascuas / de la vida”. Y en el segundo de los escenarios, “Romper aguas”, situado en el centro del libro, como una caída entre dos vuelos, se transparenta la fragmentación del ser, la pérdida hasta el poso, el precipicio, pero sin borrar el alba del retorno, “aunque sea con esa luz malherida / de los supervivientes”.
En resumen, los que acompañen en este viaje interior a Eduardo García sentirán que algo amanece también en ellos y comprobarán la altitud de un poeta que les será necesario siempre.
LA PERCEPCIÓN INQUIETANTE
JOSÉ MARÍA MERINO
La percepción inquietante
Anunciada Fernández de Córdova
Visor
Precio: 8€
páginas 128
La expresión percepción inquietante sería muy adecuada para describir la sustancia misma de la literatura, resultado de captar la realidad desde una mirada diferente de la habitual, que nos permite ser espectadores privilegiados de esas sombras, relieves y facetas que la rutina de los días nos impide advertir. Este libro de poemas tiene como tema y como propósito esa mirada, y ello unifica la generalidad de los textos que lo componen, más de cien poemas que fluyen de forma bastante vertiginosa en una estructura sin divisiones ni apartados.Tal ininterrumpida linealidad es, precisamente, una de las virtudes del poemario, que se caracteriza por un gran movimiento interior. La perspectiva poética se plantea desde la observación de espacios diferentes, en un desplazamiento que testifica tanto numerosos parajes reales de todo el mundo, como sucesivos estados de ánimo –hay un diálogo permanente entre la apreciación de lo exterior y el análisis de lo íntimo–, lo que le da al conjunto sutil resonancia de crónica o diario. Esa “percepción inquietante” es la que va registrando la poeta en una especie de viaje continuo, en el que es común hallar la referencia a los lugares que visita o atraviesa, pero también, como se ha dicho, a la propia disposición de quien se obliga a una visión especial de las cosas: “Te llamaría percepción/ como si antenas se erizasen sensibles/ para otear el espacio que nos separa,// consistencia alerta de no perder/ni un átomo del aire que respiras,/ ni una mota del polvo que te toca” dice el poema que da título al libro. El movimiento interior del poemario está además remarcado por el cambio de ritmo, tanto material como lírico, pues se van alternando sin estridencia los poema brevísimos, en los que no falta el homenaje al haiku –“Los viajes / un hueco en el tiempo / en otro sitio” (VIAJES). “Un beso / para saber a qué sabes” (BESO) – y los poemas más extensos, muchos con aire de balada –“Ribera sur de noviembre” o “Fuego”– al tiempo que se suceden también cierta disposición narrativa, descriptiva –“Chamanes extremeños” o “La Odisea del Atlántico”– con momentos de ensimismamiento reflexivo –“A las siete de la tarde” o “Asombro”, por ejemplo. Pero sobre todo, este es un poemario cargado de impresiones, de “percepciones” capaces de desentrañar la cifra de lo que mira o siente la poeta.
Atención a las cosas, a los lugares, sensaciones carnales, instantes de la vista y del tacto, intuiciones y júbilos del cuerpo, el mundo externo e interno que la poeta recorre mantiene despiertos y receptivos todos los espacios de su sensibilidad, en una especie de peculiar carpe diem. Y todo ello está expuesto y desarrollado sin retórica, o mejor dicho con una retórica de la naturalidad que no evita ninguna palabra aunque pueda no pertenecer a la tradición convencional del “discurso poético” siempre que se ajuste con certeza a lo que pretende expresar. Un libro, en fin, rico en matices, que denota una voz personal bien modulada, muy sugerente y con un indudable patrimonio de experiencias poéticas.



