NARRATIVA
Quim Monzó, Gustavo Martín Garzo, Agustín Fernández Mallo, Jorge Edwards, Natsume Soseki, Óscar Aibar, Rolando Menéndez, Alejandro Sawa, Ricardo Menéndez Salmón, Cristina Grande, José María Álvarez, Montero Glez.
LECTURAS NARRATIVA
LA VIDA MECÁNICA
FERNANDO VALLS
Mil cretinos
Quim Monzó
Anagrama
Precio: 15 €
páginas: 176
En uno de los cuentos más afortunados de este libro, la pareja protagonista, para referirse a los médicos y a los ancianos que viven en un geriátrico sin conciencia de la penosa existencia que llevan, los llama cretinos. ¿Mil cretinos? En el conjunto del libro, apelaría en cambio a aquellos seres que pululan por la ciudad, los cretinos (estúpido, necio, según la RAE), que nos hacen la vida más incómoda y antipática, como los protagonistas de “La plenitud del verano” que actúan como dibujos animados, con gestos mecánicos y el lugar común siempre a punto; o ese grupo del instituto de medicina tradicional china que, con las molestias que generan, consiguen que los clientes individuales abandonen el bar (“Shiatsu”).
El libro aparece dividido en dos partes claramente diferenciadas, pero que quizá ordenado de otra manera, barajando las piezas más largas con las breves, hubiera funcionado mejor. La primera parte está compuesta por siete cuentos, la segunda por doce piezas de intensidad y dimensiones habituales en el microrrelato. Hay tres cuentos extraordinarios que podrían figurar en cualquier antología del cuento contemporáneo universal. En “El señor Beneset” se cuenta cómo un anciano viudo se acicala de travesti ante la mirada impasible de su hijo, que ha ido a visitarlo a una residencia de ancianos, pero prefiere no discutir con su padre, que no le dé trabajo. “Miro por la ventana” es la historia de un hombre desganado que se dedica a observar a los habitantes del edificio de enfrente, la misma calle. Hasta que la llamada de teléfono de Mónica le hace pensar en lo que podría ver si viviera en otro lugar distinto. El narrador distingue entre mirar y ver, y aquí su personaje podría decirse que mira con la conciencia de estar mirando. “La llegada de la primavera” trata de la vida en los geriátricos, de la lentísima agonía de los ancianos, de lo que cuesta abandonar el mundo, a pesar de que ya no nos quede nada que hacer en él. Y todo ello visto por “un hombre” soltero que se enfrenta al deterioro de sus padres (cuya precaria existencia se nos sintetiza), al Alzheimer y la eutanasia, a la demencia senil de sus progenitores, a los restos de vida que han dejado en el piso que habitaban. Un mundo, en suma, construido –se apunta– con objetos estropeados que nunca se tiraban, por si acaso. Otra de las piezas más conseguidas es “Sábado”, donde se narra la venganza de una viuda, quien destroza todas las fotos en las que aparece su marido y el mundo que compartió con él, desmantelando la casa, los muebles, su ropa, tirándolo todo a la basura… En el desenlace, la mujer incluso empieza a arrancarse la piel.
De la segunda parte, destacaría “Treinta líneas”, microrrelato que incluye una poética, donde la necesidad de escribir un texto breve le hace descubrir que, a menudo, la extensión no es más que una manera de encubrir, de disimular, que apenas si hay nada que decir. Pero también son afortunadas las relecturas que hace de la Anunciación a la Virgen (“La sangre del me que viene”) y de “La bella durmiente”, cuento de Perrault (“Una noche”); así como “Un corte”, por la situación absurda que nos presenta. Por desgracia, la traducción (la he cotejado con el original catalán) necesitaría una revisión a fondo, ya que está plagada de catalanismos, tanto por lo que respecta a la sintaxis como al léxico.
En estos cuentos y microrrelatos en los que Monzó se ocupa de los ritos de la vida cotidiana, de su significación, le aplica el bisturí a la piel y vísceras de sus personajes. Los cuentos más livianos y anecdóticos, de todo hay, oxigenan los más trágicos y trascendentes, en los que tampoco escasea el humor, casi siempre negro. Pero lo realmente potente en Monzó es la voz narrativa que, a veces, incluso se impone sobre la historia, proporcionándole un tono personal a sus relatos, una mirada tan sorprendida como certera sobre la realidad, pues se detiene en unos detalles en los que apenas solemos reparar, invitándonos a volver a observar la realidad, los seres que nos rodean, los objetos y las conductas, desde una perspectiva distinta, partiendo de otras coordenadas. Sus narradores, pues, son seres discretamente perplejos, hombres y mujeres que se desean y se aborrecen. Este libro trata, en suma, de ese bucle sin fin que suele ser la vida, y que es siempre la vejez.
ÉRASE UNA VEZ...
JOSÉ MARÍA BERNÁLDEZ
El jardín dorado
Gustavo Martín Garzo
Lumen
Precio: 21,90 €
páginas: 240
Recordemos juntos, queridos lectores. Refresquemos nuestra memoria para situarnos: Érase una vez un lugar llamado Creta y un tiempo lejano. En ese lugar llamado Creta y en aquel tiempo lejano, nació un monstruo, un ser con cuerpo humano y cabeza de toro, el niño toro, el Minotauro. Su padre, el Rey, construyó un laberinto, donde lo encerró. El monstruo se alimentaba de la sangre de los jóvenes. Sólo Teseo y Ariadna lograron acabar con el Minotauro y liberaron a los habitantes de la Isla. En este mito iniciático y original están algunas de las claves más importantes de lo que hemos convenido en llamar Europa y la cultura occidental. Están la Bella y la Bestia, la Luz y la Sombra, el Amor y el Odio, la Soledad y la Compañía, la Dependencia y la Independencia, la Comunicación y la Incomunicación, la Libertad, la Esclavitud. La justificación del asesinato como asunto de Estado etc.Y sobre esta leyenda, El Laberinto de Creta, El Hilo de Ariadna, han corrido ríos de tinta, que cruzan todos los tiempos. Se han compuesto hermosas músicas, se han pintado grandes cuadros, se han dramatizado diálogos profundos y se han publicado sesudos ensayos sociológicos, históricos, políticos. Todavía es tema de debate y eso demuestra su inmortalidad. Y sobre ese mito, sobre esa leyenda, ha articulado su discurso narrativo el escritor vallisoletano Gustavo Martín Garzo en su último libro, El Jardín Dorado, otro mito, este del jardín, que nos lleva desde El Cantar de los Cantares hasta Don Francisco Ayala, pasando por el Hortus Conclusus de los medievales y La Celestina. El paraíso perdido de tantos ecos bíblicos. En una primera lectura El Jardín Dorado de Martín Garzo me parece un cuento infantil, algo que no le es ajeno al autor deLos amores imprudentes. Y en general de toda su ya extensa producción narrativa. Según voy leyendo el texto que publica Lumen, a mí esto me suena a los Salmos de David, aquello a Emily Dickinson, esto es de la Odisea, aquello de Rubén Darío, en lo de más allá veo la mano de Lorca, aquí a Cavafis o Byron. Y sobre todo, sobre todo, una presencia abrumadora de Robert Graves, el excéntrico y cultísimo escritor británico que habitó entre nosotros, concretamente en Deiá, en Mallorca. Martín Garzo se cura en salud, vaya a ser que a algún crítico revoltosillo e impertinente
se le ocurra escribir sobre homenajes e intertextualidades y la liemos, y reconoce en media página final algunas, no todas, de estas influencias. Y Borges, qué peligroso es nombrar a Borges en un relato que reconstruye un mito griego. Es buena la cita borgesiana: “yo he sido un niño, una muchacha , una zarza, un pájaro y un mudo pez que surge del mar”. El escritor es sus personajes etc. Pero yo le doy a Martín Garzo otra cita de Borges: “Las palabras del griego se repiten veinticinco siglos después y nadie se dá cuenta.” No quisiera que se me malentendiera lo que he escrito hasta ahora. Martín Garzo tendría todo el derecho del mundo a haber escrito un libro de libros sobre el Laberinto de Creta. Pero lo que a mi juicio distingue a la novela actual es el punto de vista. Y en el texto de Martín Garzo hay punto de vista. Y es Ariadna la que cuenta esos recuerdos a un niño muerto. Un descenso a los infiernos. Otro mito, el de Orfeo. Y de ahí de nuevo a la modernidad. La escritura como laberinto.
EL JUEGO DEL AZAR
JUAN CARLOS RODRÍGUEZ
Nocilla Experience
Agustín Fernández Mallo
Alfaguara
Precio: 16 €
páginas: 232
Tras el éxito de crítica de Nocilla Dream, Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) afronta su reválida dando un paso de gigante: de la mínima editorial Candaya salta a la poderosa Alfaguara. Es lo único que cambia. Porque, por lo demás, él sigue a lo suyo: untando nocilla, eso es: reinventado su “narrativa transpoética” y, en consecuencia, a sí mismo. Ahora, en Nocilla Experience (Alfaguara) ya no son tan evidentes esos “artefactos híbridos entre la ciencia y lo que tradicionalmente llamamos literatura”, al tiempo que el autor ha estilizado su narrativa aumentando la interconexión entre los distintos parágrafos que constituyen su obra, fundamentalmente por la reaparición de diversos personajes que huyen de su circunstancia. La narración sigue siendo un juego inteligente, matemático, donde la casualidad y el azar son variables que intervienen en el resultado final. Un resultado que busca ante todo, no la perplejidad del lector –que es lo que pudiera parecer– sino que se reflexione e indigne. Fernández Mallo sólo pretende trasplantar a la narrativa el objeto de la ciencia, que es el mismo que desprende la poesía, algo que ya dejó claro entre nosotros, hace años, Clara Janés. La propuesta de Fernández Mallo no es, por tanto, novedosa. Tampoco por su estructura de párrafos aparentemente inconexos: es evidente la propia devoción que el autor vuelca en Cortázar. Ni por esa diversificación de la prosa, que a veces es lírica y existencialista, mientras que, en otras, es matemática o periodística. Hay en ella una poderosa insumisión, a la manera de Blanchot, de revolcón a la literatura que predomina en España, en cuanto parte de la premisa de que el lector es, no ya culto, sino inteligente. ¿Qué aporta Fernández Mallo? Un eco que apenas se había esbozado en la joven narrativa, quizás en Javier Calvo o Isaac Rosa, de narración post digital. Es decir, de trasladar a la novela esa forma de leer que está imponiendo Internet: textos breves, dispares, curiosos, pegados a la actualidad… elegidos entre la inmensa oferta y seleccionados en múltiples páginas en una misma noche. Muy oculto en Nocilla dream (la metáfora del desierto) sí que hay una conexión más evidente: el desamparo como elemento presente en el espíritu de cada personaje. En Harold atravesando Norteamérica a pie, en Vartan Oskayan enjaulado en la estepa armenia, en el marine John que se enamora de una joven en Basora, en el capitán Willard esperando en una cama de Saigón, Sandra en brazos de Jota en el frío de Londres... Todos están abocados, porque la han elegido o se les ha impuesto, a la soledad.
Es evidente que la profunda raíz indie de la novela de Fernández Mallo, que bebe de fuentes del pop alternativo, de la mítica literaria de Cortázar y Kerouac, de algo más que obsesión por la narración cinematográfica de Wim Wenders y de Coppola, predomina y contextualiza esta obra. El autor expresa una vocación globalista (de la guerra de Irak al incendio de la torre Windsor) y tiene la osadía de reconstruir la narrativa en 112 cápsulas (hay capítulos que son una simple cita literaria, un verso, la descripción de una escena cinematográfica famosa o de “casos” periodísticos, como las caras de Balmez), que, pese a lo breve de la obra, apabullan a veces, porque quizás si de algo adolece esta Nocilla Experience es de excesiva dispersión, porque son demasiados los frentes abiertos para el lector. No dudo de que es un efecto buscado: es la vida misma. Pero es elogiable, y tanto, cómo Fernández Mallo, a la imagen de sus personajes, se asoma precisamente al abismo. Y ésta es su mirada.
ADIÓS, POETA
PEDRO M. DOMENE
La Casa de Dostoievsky
Jorge Edwards
Planeta
Premio Casamérica 2008
Precio: 23 €
páginas: 336
La obra de Jorge Edwards (Santiago, Chile, 1931) muestra, como ninguna otra de sus contemporáneos, una interiorización personal que el lector debe interpretar: su degradación de la Historia, su mordacidad hacia cuestiones oficiales o institucionales, sus encargos políticos o diplomáticos o sus innumerables viajes. Un arte solidario con las propiedades cognoscitivas que posibilita la escritura, tanto si el chileno escribe novela, cuento, crónica, memoria o ensayo. Su narrativa caracterizada universalmente de ambigua, muestra así esa resistencia a la lectura como clave única, por una falta de contenidos explícitos o porque el método narrativo empleado, el material lingüístico y el temple anímico, tan característico en su producción, ofrece suficientes signos para ser reinterpretados.
En La casa de Dostoievsky (Premio de Narrativa Iberoamericana Planeta-Casa de América, 2008), Edwards vuelve a los temas de sus inicios: las inquietudes existenciales de su generación, el ambiente vivido por ese grupo de amigos de la burguesía chilena decadente o al relato testimonial y crítico de obras como El peso de la noche (1965), Persona non grata (1973) o Los convidados de piedra (1978). Con un personaje indefinido, como protagonista, aunque nadie que conozca la historia literaria de Chile dejará de ver en él a Enrique Lihn, ficticiamente caracterizado como el Poeta, arranca la novela con el testimonio de las vivencias juveniles en la casona Dostoievsky, un viejo inmueble ubicado en el centro de Santiago, ocupado, en los 50, por poetas, pintores y filósofos con ganas de cambiar el mundo y de escribir poesía. Es quizá el mejor tributo que Edwards podría rendir a los jóvenes epígonos de Pablo Neruda y Vicente Huidobro; por sus páginas desfilan los nombres de Alejandro Jodorowsky, Lucho Oyarzún, Eduardo Anguita, y aunque sometidos por la presidencia radical de González Videla, se exaltan los encuentros de jóvenes comunistas en el Parque Forestal; una crónica del mundo de la literatura, de la política y del éxtasis amoroso que se desarrolla en la primera parte, titulada «La espalda de Teresita». Sorprende el ambiente juvenil de un Santiago cosmopolita capaz de sobrevivir a las teorías de Marx y de Engels, anhelante por conocer poemas de Eliot, Pound, Rilke o César Vallejo o ansioso de escribir, escribir; se recrea el paisaje de un París de la bohemia, cuando el Poeta se hospeda en un hotelito del Barrio Latino, ciudad donde leerá a Fournier, Nodier, Schwob, incluso a Mallarmé, sobresale el episodio fundamental de la despedida de la juventud, y de casi todo, porque su vida proseguiría en Cuba, en esa segunda parte, «De tránsito». Crónica de una Habana revolucionaria, con la mágica omnipresencia de Lezama Lima o Rodríguez Feo y se constata la escéptica visión del paraíso socialista: «el caso Padilla» como detonante, en un audaz testimonio y posterior desilusión del Poeta, hastiado por sus vivencias en una isla donde nada funcionaba, para en la tercera y definitiva parte, «La ciudad del pingüino» volver al comienzo, al símbolo de una época, al signo de un tiempo pasado, hundido ya en una suerte de incertidumbre personal y colectiva: el golpe militar o la vergüenza del Estadio Nacional, como trasfondo. También es una novela con bellas historias de amor: Lorita, Teresita, Viviana o María Dolores, criaturas inocentes, sensuales y pasionales. Pura ficción, transmutada en realidad porque, después de todo, este Poeta es un personaje de huidiza identidad, un poeta con voluntad de travestido.
CLÁSICO Y ACTUAL
JESÚS MARTÍNEZ GÓMEZ
Botcham
Soseki Natsume
Impedimenta
Precio: 19 €
páginas: 240
Cuando Natsume Soseki (1867-1916), seudónimo utilizado por Natsume Kinnosuke, publica en 1906 su novela Botchan, no imaginaba que iba a convertirse en un éxito editorial, en una referencia que el tiempo y los lectores etiquetarían como un clásico de la narrativa japonesa moderna, entendiendo por tal aquélla que abarca desde 1868 hasta hoy. Una narrativa que intenta conciliar el culto ancestral a la tradición y la asunción de lo occidental como vía de progreso y desarrollo inevitable.
En ese sentido, su aportación y reconocimiento han sido notables. Autores como Akutagawa, Kawabata, Mishima o Kenzaburo Oé, son hoy piezas básicas de un tatami amplio en el que se han ido enfrentando la concepción narrativa con la desnudez de quien cabalga a lomos de un viento imparable, el de la historia colectiva de su pueblo, pero también con la certeza del precio que lleva implícita la contradicción, la derrota o la muerte en forma de suicidio (Kawabata) o seppuku (Mishima).
Clave en esta jerarquía es Soseki, quien irrumpe en una época, la era Meiji, caracterizada por un aperturismo social que diluye lo individual frente a lo colectivo y en la que ciertos escritores actúan como instigadores de una creciente relación entre la cultura nipona y la occidental, como puentes desde los que arribar a un mundo que rompe los esquemas feudales, aún presentes en esa sociedad, sin renunciar a cruciales valores identitarios. A ello se suma la biografía del autor, reveladora de las contradicciones y experiencias que en lo social y personal alimentan la incertidumbre de unos cambios desasosegantes y no asumidos en su totalidad. Nacido en Tokio, en una familia de antiguos samuráis, tuvo una niñez desafortunada, quedando huérfano de madre a los catorce años. Después de graduarse en Lengua inglesa, aceptará una plaza, en 1895, en la remota Escuela de Matsuyama, isla de Shikoku. Allí pasa dos años y atesora vivencias que plasmará en Botchan. En 1900 marcha becado a Londres en lo que será un período muy desafortunado hasta su vuelta a la universidad en 1903. Tras el éxito de sus primeros libros, en 1907, abandonará la enseñanza y escribirá para el periódico Asahi shimbun. Muere en 1917.
Pues bien, si su obra narrativa –completada con haikus, ensayos y otros escritos– y que reúne títulos como Yo, el gato (1905) y Kokoro (1914), es trasunto de ese choque entre dos mundos y de las enormes dudas que ello suscita en el ánimo del escritor, Botchan será la novela que mejor lo identifica. En ella, con una prosa brillante y desenfadada, se reflejan las vicisitudes por las que atraviesa un joven e inexperto profesor de matemáticas en una lejana escuela, enfrentándose con un medio hostil, con sus compañeros –a los que se referirá siempre con motes–y con el alumnado. Apenas un mes después presenta su dimisión y vuelve a Tokio. Durante ese tiempo, el protagonista describirá con acidez y sarcasmo la hipocresía de una sociedad aldeana contra la que se rebela de modo impetuoso y poco práctico, pero ante la que actúa con dignidad y sin renunciar a sus principios. Eso ha hecho que se la compare con obras como Huckleberry Finn o El guardián entre el centeno pues como ellas constituye un manual de iniciación, un ritual al que todos nos vemos abocados al ingresar en la vitalicia cofradía de la “madurez”.
En todo caso, en la lucha del intrépido, impulsivo, terco, irreflexivo, ingenuo e insolente protagonista nos reflejamos todos, constituyendo un arquetipo universal que ha hecho de esta novela un clásico siempre actual. Botchan es un grito de libertad, una rebelión contra lo establecido, un hilarante y poco convencional retrato de su época y de todas las épocas en cualquier lugar donde se mezcle la savia juvenil y la convención social en estado natural.
CÓMO SE HACE UNA PELÍCULA
ANTONIO OREJUDO
Making of
Óscar Aibar
Mondadori
Precio: 19,50 €
Páginas: 254
El cine es un arte relativamente joven. Por eso no ha desarrollado una veta ‘metacinematográfica’, como la hay en la narrativa. La literatura en cambio sí tiene una tradición de escritura que reflexiona sobre la propia escritura. Hay notables excepciones, como La noche americana, de Truffaut; pero en general los cineastas no han sentido esa necesidad que tiene los escritores de reflexionar sobre el hecho de narrar o sobre el proceso de hacer películas. O quizás han sido los productores quienes han juzgado que estas reflexiones están muy bien para los lectores, pero que no interesan al público del cine y que por lo tanto no van a financiarlas. El hecho es que los cineastas que sienten la necesidad de hablar sobre cómo se hace una película recurren a la literatura, bien en forma de memorias o construyendo una novela, que es más barato y da menos quebraderos de cabeza.
Making of, la tercera obra del escritor y cineasta Óscar Aibar (1967), cuenta en primera persona, a través de los ojos de un director debutante, la elaboración de una estrambótica película, una mezcla de western y ciencia ficción, rodada en las Bárdenas Reales, cerca de Tudela. La novela comienza con la presentación del guión a los primeros productores y termina con la amarga decisión de abandonar el cruel y durísimo mundo de la dirección cinematográfica. Narra el rodaje de la película con todos sus problemas, el montaje con todos sus problemas y las primeras exhibiciones y ruedas de prensa con todos sus problemas.
La novela se construye con un “flash-back”: el director, años después de haber abandonado el cine, es invitado a un extravagante festival en un pueblo de Murcia, incluido en la novela por las connotaciones de su nombre: Alcantarilla. As es como se siente este joven director tras haber cumplido su sueño de rodar una película: en una especie de cloa ca vital y creativa. La identificación entre este amargado y desengañado director y una pintora local, autora de unos espantosos bodegones expuestos en el Centro Cultural de Alcantarilla, dice mucho de la lucidez con que Óscar Aibar habla de un mundo donde abunda la fatuidad y lo genialoide.
Making of alterna los episodios del rodaje en Tudela con el del certamen de Alcantarilla, celebrado varios años después de estrenada y olvidada la película. El recurso, además de servir como contrapunto irónico y amargo, ralentiza una narración que de otro modo iría demasiado deprisa. Entre las virtudes del narrador destaca su facilidad para crear ambientes y personajes economizando al máximo los recursos expresivos, una habilidad adquirida seguramente por el autor en la escritura de guiones.
Alguna que otra ocurrencia sin gracia y alguna que otra torpeza de construcción, como ocultar información y usarla cuando conviene, no empañan en absoluto el resultado final. Making of es una novela divertida, con humor, a veces sardónico, escrita con frescura y desparpajo, que se lee de una sentada. A ello contribuye la brevedad de sus 71 capítulos, cada uno de los cuales se centra en una anécdota del rodaje. Si no fuera por los episodios de Alcantarilla, que enriquecen la trama y dotan a la novela de una dimensión literaria, Making of se quedaría en un entretenido (que no es poco) diario de rodaje. De hecho, en una nota final, el autor reconoce que los hechos que narra están inspirados en lo que sucedió durante el rodaje de su primera película, Atolladero. De ahí que en algunos pasajes la novela se convierta en un ajuste de cuentas con forma de ‘roman à clef’.
MUNDO CANÍBAL
FÉLIX ROMEO
Río Quibú
Ronaldo Menéndez
Lengua de Trapo
Precio: 16,70 €
Páginas: 170
El río Quibú es el río de La Habana y pasa por algunos de los barrios más marginales. En uno de esos arrabales, el Gordo, obsesionado con la pureza de la música cubana y la bastardía de la salsa, ha organizado a los pobres para crear una pesadillesca factoría de carne: propia de la mejor ciencia ficción, la de 1984 de George Orwell, basada exclusivamente en la realidad. Los balseros que pretenden echarse al mar son fichados, capturados antes de su aventura, posteriormente procesados y finalmente puestos a la venta en el mercado negro. El Gordo trabaja con la aquiescencia corrupta de las fuerzas del orden. Un día, por la intervención de un turista metomentodo, la maquinaria del Gordo no puede funcionar con la precisión deseada y el cadáver de una mujer queda a la vista en el cauce del río Quibú.
El hijo de la víctima, Júnior, un adolescente, decide investigar qué sucedió con su madre, una mujer de una sexualidad muy especial, capaz de alcanzar el orgasmo con un hilo de luz. Poco antes de morir, la madre había confesado a Júnior que el General (un trasunto poco encubierto del Comandante en jefe) había intentado tener sexo con ella y ella se había negado. Yoni el Rubio, el padrastro de Júnior, también aparece en escena después de haber sido dado por muerto, para tutelar, pese a su aparente desvalimiento, al crío, que se ve obligado a vivir en las calles, vagando, a merced de la factoría cárnica del Gordo.
Júnior es el protagonista y el narrador de Río Quibú. Júnior es una víctima de la violencia: una violencia total, que lo llena todo. Víctima de la violencia política, porque el régimen que gobierna ha sumido al país del Quibú en una gigantesca miseria moral. De la violencia social, porque la pobreza y el hambre no se detienen. Escribe Ronaldo Menéndez: “Me resultaba maravilloso que aquella ciudad siempre pudiera estar peor. Parecía que las calles y las casas habían sido bombardeadas... de miseria”. Y también escribe: “Estos son los laboratorios de hacer bistec. Una enorme nave abandonada y un laborioso gremio de cincuentonas sudorosas se dedicaban al proceso. Aquí llegan los proveedores (...) son los que buscan por ahí, en la basura, trapos gordos y colchas. El segundo paso era macerar los trozos de trapos en naranja agria, ajos machacados, sal y pimienta. El tercero era enharinarlos. Y por último se procedía a freírlos en enormes pailas negruzcas”. De la violencia doméstica, de una familia rota y encanallada. De la violencia sexual: el sexo se ha convertido no en un placer, sino en la forma más natural de la violencia.
Y Júnior también es un verdugo. No será el verdugo de los asesinos de su madre, por su gran impericia, pero será el verdugo de una niña a la que puede someter. Hasta el final. En el sometimiento que él ejerce se refleja el sometimiento que deseaba su madre y que le aplicaba Yoni el Rubio. El sometimiento de todo un país.
Río Quibú es una novela policiaca, con un investigador adolescente que podría ser un Tom Sawyer escrito por Kafka. Y es una novela política: la última parte es una alegoría en la que La Habana, la ciudad del Quibú, vuelve, tras la muerte del General y en un salto temporal imposible, a convertirse en una ciudad muy parecida a la de Batista. Y es una novela sexual muy agria: se deja notar la huella de Dennis Cooper. Y es una novela sobre los sueños.
Ronaldo Menéndez (La Habana, 1970) ha escrito una novela negrísima. De un expresionismo extremo y violento.
LOCO, CIEGO Y FURIOSO
ANTONIO GARRIDO
Crónicas de la Bohemia
Alejandro Sawa
Veintisieteletras
Precio: 26,95 €
Páginas: 560
Era un ideal, un absoluto que buscaba la perfección en la unión de vida y literatura, inseparables como los amores fatales. Lo consiguió pero sólo en la parte de hacer literatura de la anécdota vital, la obra quedó postergada mostrando la gran injusticia que el cansado ejercicio de vivir supone. Es historia el beso que depositó Víctor Hugo en su frente, su amistad con Verlaine, su deambular por París y, sobre todo, su transformación en el Max Estrella de Luces de Bohemia de don Ramón. Es historia trágica su hambre, su locura y su ceguera, su muerte en la más literaria y terrible de las miserias. Alejandro Sawa, sevillano y malagueño, escritor casi olvidado que, por fortuna, se nos va desvelando; ya ocurrió con esa obra extraordinaria del modernismo que es Iluminaciones en la sombra y ahora con este volumen, magnífico en lo que se refiere a los estudios que contiene y a las 170 crónicas del autor que van desde sus primeros artículos hasta los que publicó con la muerte en los talones en 1909; además, se incluyen cinco que escribió para Rubén y que este publicó como suyos en Buenos Aires en 1905, lo que, como es lógico, provocó las iras de Sawa.
Se distinguen dos clases de bohemia; una, más exquisita, más dandi, más romántica, la de Gautier, Nerval, Musset, que se separan de la sociedad burguesa y toman actitudes extravagantes y provocadoras pero que entran y salen de los dos mundos; la otra, la de Sawa y otros pobres malditos o pobres diablos, según se mire, comprometida políticamente, radical y revolucionaria en sus términos, socialmente combativa contra un orden que consideran injusto y que debe sucumbir. Esta segunda desemboca en el anarquismo y en el socialismo, su marco histórico es la Restauración canovista. En Sawa y su corte de los milagros, la definición de George Sand adquiere todo su valor: pasión de belleza y libertad.
La prosa de Sawa es extraordinaria, especialmente en los artículos de denuncia social, aquí adquiere una pasión y, al mismo tiempo, una ternura por los que nada esperan, por los que se quedan al otro lado del escaparate de la buena vida, que llega a conmover al lector. Los temas de este libro son la denuncia de la corrupción de los que gobiernan, la incapacidad del ejército, la poca altura de la cultura oficial y de sus beneficiarios; estos artículos son también crónica cultural y social; situaciones y personajes, Baroja, Poe, Baudelaire, su adorado Víctor Hugo, Bécquer, desfilan por las páginas. Un universo complejo y completo que se crea con palabras deslumbrantes y terribles al mismo tiempo. Su estilo es rápido, muy directo, provocador. El Byron del proletariado no se para en barras a la hora de censurar y de poner en evidencia las injusticias. Sus crónicas son instantes cargados de intensidad, llamaradas llenas de fuerza, no queda títere con cabeza, salvo los que ya no la tienen.
SERES HUMANOS ENTRE LOBOS
SANTOS SANZ VILLANUEVA
Derrumbe
Ricardo Menéndez Salmón
Seix Barral
Precio: 17,50 €
Páginas: 192
Ocurre en nuestro país desde hace un tiempo que autores de novela seria tienen una primera salida en modestas editoriales que se ve recompensada con reconocimiento crítico y con la atención prestada por el puñado de incondicionales de la literatura de calidad. Con este refrendo pasan luego a sellos de prestigio. Es un buen camino para aunar exigencia creativa y difusión. Esta trayectoria marca a Ricardo Menéndez Salmón, quien desemboca en la prestigiosa “Biblioteca Breve” tras haber fletado dos libros de relatos y cuatro novelas. Aunque no conozco esta flotilla entera, con lo visto basta para filiar al autor asturiano entre quienes persiguen una ficción culta, especulativa, de temas trascendentes.
A Menéndez Salmón le guía, creo, un muy consciente propósito de igualar a autor y lector en la radical problemática que plantea. Es como si quisiera compartir con el destinatario de su obra un reto. Tal empeño me parece clave en su nuevo libro, Derrumbe. Esta novela afronta un asunto de trascendencia filosófica, el mal. La escritura lo enseña en unos términos visionarios y desasosegantes en busca de que el lector reaccione con una actitud de asombro y temor. La violencia mostrada en Derrumbe quiere trasladarse a la conciencia del destinatario de modo que éste perciba la locura y el miedo que producen las variedades del terror que acompañan a la existencia cotidiana en el mundo contemporáneo.
Para abordar estas serias preocupaciones, Menéndez Salmón plantea una novela bastante abstracta, opción que ejemplifica sin disimulos el título. Engaña, de entrada, su aspecto de relato criminal en el que el inspector Manila investiga a un asesino en serie que ha dejado su huella de identidad –un zapato de la víctima anterior– en al menos trece crímenes. Todo enseguida deriva por veredas muy distintas al thriller común y adopta un aire alegórico que se refuerza más tarde cuando un leve nexo conecta la historia del asesino con el activismo terrorista de tres jóvenes dispuestos a saldar las injusticias del mundo por sus propios medios. Ambas líneas anecdóticas entrelazadas forman la tupida red donde se recoge la sinrazón o la protesta contra la realidad que el autor eleva por medio de una parábola visionaria. El escenario lógico de este conflicto es una ciudad imaginaria presentada como alegoría del desquiciamiento colectivo. El medio de trasmitir el conflicto consiste en un relato montado sobre secuencias breves que obligan a una lectura muy atenta para rellenar las frecuentes elusiones. Los personajes tienen un trazo esquemático porque se utilizan como soporte de actitudes o ideas. La narración contiene anotaciones culturalistas frecuentes y minoritarias, junto a contenidos y expresiones escatológicas. El relato, en fin, ofrece un desfile ininterrumpido de imágenes oníricas y subconscientes de filiación surrealista.
La suma de estos rasgos remite a la fuente de inspiración de Menéndez Salmón que, si tiene alguna concreta, está en el expresionismo. La estética de la distorsión revulsiva crea un espacio espectral y temible que viene bien para el propósito de lanzar un alegato humanista. Sin duda, se nos desvela el alcance del libro cuando un personaje, en un arranque de piedad, contempla a un niño en la cuna “como a un ser humano entre lobos, como a una pieza de arte hallada en un vertedero, como a una rosa entre estiércol”. Este noble mensaje lo aborda el autor sin permitirse concesiones al lector y en ello radica el pero que puede ponérsele a la novela: requiere un esfuerzo de lectura excesivo.
EL CAFÉ Y EL AMOR
AMALIA BULNES
Naturaleza infiel
Cristina Grande
RBA
Precio: 16,50 €
Páginas: 208
Decía Juan José Millás, durante un encuentro con lectores en Lima el pasado mes de mayo, que la biografía pertenece al género de la ficción. Durante la Feria del Libro de Sevilla, Mohammed Berrada, novelista marroquí que vino a analizar el estado de la llamada ‘nueva narrativa árabe’, usaba asimismo el término ‘autoficción’ como el modo más acertado, yo diría el más certero, para narrar ciertos acontecimientos sucedidos en los años de referencia de un autor. Cada vez estoy más de acuerdo con estas afirmaciones, con la eficacia literaria del Yo, con la autobiografía como la mejor manera de acercarse, no sólo a la ficción, sino a un momento, a una realidad concreta.
He leído Naturaleza infiel (RBA), la primera incursión en la novela de la periodista y escritora aragonesa Cristina Grande, con ese regusto por lo memorialístico, saboreando todas sus claves generacionales, aspirando y regodeándome en el perfume de la vida bien contada.
A partir de pequeñas secuencias desordenadas en el tiempo –como si Cristina Grande hubiera deshecho el puzzle de su vida y lo barajara sobre el tapiz de la novela como fichas de dominó que muestran sólo su lado oscuro–, Naturaleza infiel reconstruye los episodios, los años más importantes de una generación aún poco significada en la literatura española actual (recuerdo, a vuela pluma Castillos de cartón, de Almudena Grandes y Los Príncipes Valientes de Javier Pérez Andújar). Ya no son los hijos de los que hicieron la Guerra Civil –marcados con el látigo de la posguerra y la dictadura– los que deambulan por la narrativa contemporánea en busca de autor, sino los nietos, aquéllos que, en plena década de los 80, se encontraron con que el juguete nuevo de la libertad venía sin instrucciones. Cada cual lo utilizó a su modo. El sida, la heroína, el sexo por el sexo, el aborto en Londres y otros clichés de esa generación perdida se van desgranando en este breve relato de una vida cualquiera, hilvanado por la sucesión de equívocos en los que se resume la gran mayoría de las vidas humanas. Y es que la vida de Renata, la protagonista de Naturaleza infiel, podría entenderse como la historia de una deriva. Cuando su padre muere, el orden familiar se trastoca y queda exclusivamente en mano de un puñado de mujeres “demasiado modernas para la época”.
Así, mientras la madre intenta fundar un nuevo hogar, repitiendo los mismos errores del pasado, Renata y su hermana María se precipitan al vacío. Es entonces cuando el sexo y las drogas tensan la narración y la despojan de adornos innecesarios. Ya no hacen falta.
La historia cuenta con otros personajes femeninos, como la abuela, verdadera raíz de este matriarcado sui generis, y Matilde, la empleada de hogar. Sin embargo, esta novela no me ha parecido una de esas mal llamadas ‘historias de mujeres’. Aquí los hombres (el padre, el abuelo, el ex novio de Renata), desde sus apariciones espectrales, sus evocaciones nostálgicas o enterradas en rencor, actúan como contrapeso y mar de fondo, como soporte de una narración muy cercana, que abre la puerta a un mundo familiar.
Sin embargo, aunque parezca estar escrito desde el descreimiento y el escepticismo (“yo sólo creía en el café por las mañanas y en el amor por las noches”, asegura la protagonista al inicio del libro), a pesar de esa sobriedad estilística –repito, tremendamente efectiva–, Naturaleza infiel está plagado de ternura, está, incluso, dominado por la esperanza, sin necesidad de haber endulcorado la amarga pluma de Grande, que se vislumbra ya como una novelista urbana de culto, una voz de referencia en su generación.
EL LUGAR DE LAS APARICIONES
JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA
La soledad de las vocales
José María Pérez Álvarez
Bruguera
Precio: 17 €
Páginas: 160
Una novela es la historia de una obsesión y sus consecuencias. La soledad de las vocales cuenta la historia de un hombre que vive en la habitación número 9 de la pensión Lausana y que está obsesionado con la mujer que se suicidó en esa misma habitación un día de 1980. Las obsesiones del huésped de la habitación número 9 surgen de la soledad y lo arrastran hacia una soledad mucho más profunda que no es otra que la soledad del conocimiento sobre uno mismo. Recuerdo un inquietante cuento de terror del escritor mexicano Juan José Arreola, que dice: “La mujer que amé se ha convertido en fantasma y yo soy el lugar de las apariciones”. El fantasma de la mujer suicida convive con el solitario habitante de la habitación número 9. Ella es su confidente. La soledad es su confidente. La ausencia. Y también los fantasmas del pasado son los confidentes de inquilino de la habitación número 9.
El escenario es una pensión de mala muerte habitada por personajes solitarios. Seres anónimos que sueñan con algo que saben que nunca van a conquistar. Habitantes perdedores que ya hace tiempo dejaron de soñar. Vidas tan apagadas como el letrero de neón de la pensión Lausana, que ha ido perdiendo las letras igual que los personajes de la novela van perdiendo la luz de la esperanza. El protagonista se confiesa al escritor sin obra de la habitación número 6. Se confiesa como si lo hiciera al propio papel. Como si el escritor fuera un papel en blanco donde él se desahoga. El lamento de un hombre minúsculo consciente de su fragilidad. Un hombre vulnerable, maltratado, condenado y redimido por la noche, la bebida y la omnipresente soledad: las putas compañeras de su vida. El hijo que heredó los ojos tristes de la madre. Un hombre que sólo tiene éxito en los horóscopos. Un enfermo de soledad en una pensión barata habitada por otras sombras solitarias que pasan por la vida a pesar de la vida y sus consecuencias. Un elenco de supervivientes que viven ensimismados en sus propias obsesiones.
El joven escritor de la habitación número 6 todavía alberga sueños. Algún día escribirá una novela que ganará un premio importante y entonces rescatará a sus padres de ese barrio triste y miserable en el que ha transcurrido su vida. Los demás personajes viven enterrados en las habitaciones de la pensión Lausana, como muertos vivientes: el pintor de la 4, el tapicero serbio, la mujer que se suicidó en la habitación número 9, la misma habitación en la que vive el hombre cuya vida se ha convertido en un tren de juguete que da vueltas siempre a lo mismo. Una vieja gramola que repite siempre la misma canción. El hombre que sabe que hay que ser siempre otro para ser feliz.
José María Pérez Álvarez ha escrito una novela sin ningún tipo de estridencias ni concesiones. Una novela que ha ganado el III Premio Bruguera sin ser, en absoluto, una novela típica de premio. La cadencia de una voz directa, hastiada y cansina nos cuenta la historia con un ritmo persistente. El tren de juguete que da vueltas siempre a lo mismo sabiendo que no hay principio ni final, que todo es un itinerario absurdo alrededor de la nada. El hombre de la 9 sabe que siempre será un fantasma entre fantasmas arrastrando las pesadas cadenas del pasado. La novela se lee a la velocidad del pensamiento. Y el pensamiento narra la historia de una mujer que se ha convertido en fantasma y ha elegido el cerebro del inquilino de la habitación número 9 como el lugar de las apariciones.
IDENTIDAD PERDIDA
DANIEL CAPÓ
Residuos
Tom McCarthy
Lengua de Trapo
Precio: 21,84 €
Páginas: 320
Mezcla de ciencia-ficción y de thriller filosófico, la primera novela de Tom McCarthy (Londres, 1969) resulta un libro fascinante que recuerda, por su entonación posmoderna, las grandes novelas –pienso, por ejemplo, en El atlas de las nubes– de uno de los mejores escritores ingleses de la actualidad, David Mitchell. McCarthy comparte con Mitchell una intuición metafísica que les permite bucear en la conciencia del hombre contemporáneo, sometido a los vaivenes de la memoria y el olvido, de la soledad y la comunicación, de la realidad y sus límites.
La trama de Residuos es deslumbrante. Su protagonista, un anónimo londinense que ha sufrido un grave accidente, recibe una cuantiosa indemnización de ocho millones y medio de libras esterlinas para que olvide la causa del accidente. Esta amnesia, más o menos planificada y provocada, nos pone en contacto con el gran tema metafísico del libro: la confusa y compleja identidad del ser humano en un mundo que ha perdido la memoria y en el que la realidad puede ser falseada. Asediado por el olvido, el protagonista ve cómo se deshacen los fundamentos de su existencia, lo que le conduce a palpar las fronteras entre la realidad y la ficción. Más aún: ¿se puede recrear la memoria hasta el punto de convertirla de nuevo en realidad? A partir de pequeñas filtraciones en su conciencia, de recuerdos minúsculos –un olor, una imagen, una sensación–, el protagonista intentará recuperar su identidad. Para ello, decide gastar su fortuna recreando hasta en su más mínimo detalle cualquiera de esas visiones, como un modo de recobrar el pasado. Al final, ficción y realidad se confunden en una novela inteligente, brillantemente escrita y dotada de un desbordante humor negro.
LITERATURA A NAVAJAZOS
JORGE EDUARDO BENAVIDES
Pólvora Negra
Montero Glez
Planeta
Precio: 22 €
Páginas: 328
Corría el mes de mayo de 1906 cuando Madrid asistía a la boda de Alfonso XIII con Victoria Eugenia y lo que en principio iba a ser una jornada exultante y festiva terminó convertida en un derrame de vísceras, dolor, muerte y olor a pólvora. El anarquista Mateo Morral viajó expresamente desde Barcelona a la capital para clavarse en un balcón de la pensión regentada por Pepe Cuesta, en el número 88 de la calle Mayor, y desde allí lanzar un ramillete de flores que escondía la ponzoña de una bomba que sin embargo apenas supuso un susto para los regios novios. No así para muchos ciudadanos ni tampoco para Perico Beltrán, el teniente que seguirá la pista de Morral y sus compinches para darles caza en muy poco tiempo. Pero es la prosa durísima y cínica de Montero Glez la que obra el efecto en el lector, que sigue las peripecias de aquel hecho histórico como si hubiera acontecido ayer u hoy mismo, en un Madrid tunante, castizo y sórdido que resulta así un protagonista más de esta impecable novela, ganadora del Premio Azorín de 2008.
No hay concesiones en la disección de los personajes: ni en el teniente Beltrán, un antihéroe zafio y rencoroso que sigue a sus presas con la obstinación de un perro, sin el menor atisbo de escrúpulos a la hora de presionar a sus detenidos, extorsionar a las mujeres o dedicarse a pequeños latrocinios que sólo parecen envilecerlo más página a página.
Tampoco las hay en el utópico Mateo Morral, dispuesto a reivindicar el paradigma del anarquismo con la constancia sin reparos del fanático, arropado por otros anarquistas que ven en sus acciones la única fórmula para acabar con el statu quo de aquellos tiempos. Son personajes redondos, pulidos en la sintaxis sorpresiva, minuciosa y bravucona que esgrime Montero Glez como una daga. La peripecia es sabida de antemano y el escenario de unos hechos históricos cuyo desenlace todos conocemos no incide en la tensión con la que hábilmente el narrador va tejiendo unos hechos trufados de exactitudes y espolvoreados de ficción. Circulan por sus páginas personajes reales como José Nakens o Francisco Ferrer, pero no hay que llamarse a engaño: no es esta una novela histórica en el sentido estricto de la palabra (qué novela lo puede ser…), porque el magma narrativo se esparce por sus páginas contaminando de literatura ese pasaje de nuestro pasado. Y quizá allí reside la mejor baza de esta novela: que Montero Glez no parece haberle hecho más concesiones a su narración que las necesarias para engrasar el mecanismo literario de la pesquisa. No se entretiene en explicarnos ni los motivos últimos, ni de moralizar ni glosar nada más que una historia que ha rescatado de principios del siglo pasado para ofrecérnosla descarnada y limpia, en toda su lúgubre intensidad. Quizá alguien pueda objetar que sus personajes parecen carecer de entidad, ya que son sólo músculo y acción, pero ello parece obedecer más bien a que la historia que nos cuenta se lee de un tirón, oscilando a penas en los tiempos narrativos, y lo que realmente importa es la trama, donde Montero Glez se mueve como pez en el agua. No es la suya una prosa edulcorada ni mucho menos, y sus imágenes son trabucazos que tiran de espaldas. Pero, como ocurre con las buenas novelas, los lectores nos preguntamos qué otra cosa se podría hacer, de qué otro manera se podría contar esta historia llena de equívocos, insensatez, arrojo y desencanto. Una historia con sabor a pólvora negra.
TRES RETRATOS TRÁGICOS
PAUL VIEJO
Hipatia, Bruno, Villamediana
Ignacio Gómez de Liaño
Ciruela
Precio: 16,90 €
Páginas: 152
No será este el lugar donde vuelva a hacer su aparición ese eterno debate en torno a si el teatro debe considerar su fin último el ser representado, llevado a escena, o si, por el contrario, cabe la opción de una «escritura teatral » cuyo cometido bien pudiera cumplirse con la simple lectura. Y ni siquiera haríamos esta mínima mención de no ser porque el propio autor de este libro, Ignacio Gómez de Liaño trata en su breve prólogo de justificar la elección del género de estas «tres tragedias del espíritu». Ha querido el autor «tener delante a Hipatia, Bruno y Villamediana. Verlos y oírlos. O hacerme esa ilusión», y, aunque pudo considerar la opción del ensayo para llevar a cabo la representación de los tres personajes, descarta rotundamente la solución del relato «por indirecta, arbitraria y farragosa». Para disfrutar de estas piezas es recomendable una primera lectura atenta, porque no sería complicado que gran parte de los datos que se nos ofrecen pasasen desapercibidos, aun siendo necesarios, durante una puesta en escena. Pienso en algunos recursos (como esa visión subjetiva que en ocasiones se solicita desde la acotación, o el interés de los títulos de libros que aparecen y que el espectador debe «ver» con claridad) y técnicas que han enriquecido las tres obras, pero que quizá sólo vaya a saborear de todo el lector.
En la primera, Hipatia, para la que escoge Gómez de Liaño seguir casi de forma ortodoxa los patrones de la tragedia clásica (que en algún momento puede limitar su propuesta), el lector asiste a las últimas horas de la filósofa y matemática griega, en un canto al no claudicar que alentará a querer conocer todavía más sobre la heroína. Más extensa y ambiciosa resulta la tercera, Villamediana, donde se busca retratar a un libérrimo Juan de Tassis, el conde del título, poeta, correo real y «caballero galante », en una corte y una pieza donde no faltan referentes conocidos. La central, Bruno, es sin duda la más interesante de las piezas, puesto que, compartiendo las mismas intenciones que las anteriores, propone e invita a un juego imaginativo y arriesgado, tanto en su lectura como en una posible puesta en escena. Combinando todos los referentes simbólicos posibles que se hallasen en relación a Giordano Bruno con episodios de la biografía del filósofo, da como resultado un «juego» de imágenes, una acumulación de fragmentos de corte casi onírico, en el que tanto aportará el lector/espectador como el propio autor.
El resultado de estas tres piezas es un libro donde se nos ofrece un perfil, una pequeña semblanza acaso de tres hé - roes a juicio del autor, a los que quiere homenajear. No son sólo un repaso biográfico, ni siquiera pura ficción. Pero logra, sobre todo, que el pensamiento y la defensa de la razón cobren vida, y puedan ser vistos y escuchados.



