LECTURAS EN LA MALETA DE VERANO
Títulos para leer con calma.
MANUEL PEDRAZ*
El Ministerio de Cultura, un año de estos, debería darle el Premio Nacional de Fomento de la Lectura al verano. Porque nada ni nadie en el mundo mundial, que diría Manolito Gafotas, ha hecho tanto por la lectura como su acepción más coloquial: el veraneo. Y ya puestos, alimentando esa insana costumbre de declarar Día de…que tanto sufren nuestros bolsillos, podría establecer la Noche del solsticio de verano, ideal además para poner en marcha la Noche Blanca de las Librerías. Toda una madrugada, justo en las puertas de la primera gran escapada de vacaciones, para poder llenar el zurrón de las lecturas veraniegas. Podríamos ir con nuestros hijos, nuestras novias o novios, nuestras amigas y amigos, a buscar esas lecturas capaces de hacernos más inolvidables, soportables, enriquecedoras o imaginativas nuestras vacaciones. Cualquier excusa para que volvamos la mirada a los libros es buena. Sobre todo si tenemos pequeños cerca. En ese caso, la recomendación de hacerle un hueco a los libros en nuestras maletas de viaje, debe convertirse en una obligación, más de madres y padres. Los libros deben convivir con toda normalidad, en las maletas y demás bultos del veraneo, con el resto de cachivaches sin los cuales parecemos incapaces de ser felices durante las vacaciones.
Seleccionar los libros de las vacaciones se convierte en una tarea más que hay que afrontar antes de la gran escapada. Para ahorrar esfuerzos a los más dejados en estos menesteres, me permitiría sugerir a los editores que participan en el Premio de Novela de la Fundación Lara, que se podrían poner de acuerdo para editar en una especie de caja veraniega con las cinco novelas finalistas. Esa sería una buena elección, sin esforzarse mucho y sin mucho temor a errar, porque entre las cinco seguro que encontramos lecturas apetecibles: Mundo Maravilloso, de Javier Calvo (Mondadori), La loca de Chillán, de Aquilino Duque (Pre-Textos), El padre de Blancanieves, de Belén Gopegui (Anagrama), Los príncipes valientes, de Javier Pérez Andújar (Tusquets) y la novela que resultó ganadora de la última edición, El corazón helado de Almudena Grandes (Tusquets), que además ha conseguido también el reconocimiento de distintos premios que otorgan lectores y libreros, que no son malas referencias. Estos cinco libros conforman un excelente kit urgente de lecturas veraniegas para todos los gustos, que podríamos completar, por ejemplo, con algo de lo nuevo que se está escribiendo en España: El avión de madera que logró dar media vuelta al mundo, de Quim Aranda, (Candaya), o Nocilla Experience, de Agustín Fernández Mayo (Alfaguara), la segunda entrega de una marca que ha dado nombre a la última generación literaria del país.
Pero antes de buscarnos nuestras lecturas de adultos, hay otras urgencias. Como los más pequeños deben ser siempre los primeros, Queremos cuentos (Everest) puede ser un libro de mucha utilidad. Ideal para la iniciación a la lectura y para esas lecturas compartidas entre grandes y pequeños que en verano pueden prodigarsemás que durante el resto del año. Leer junto a un niño es acariciarlo, dramatizarle los cuentos, escucharlo… dedicarle el tiempo que se merece.
No es de recibo que, hoy en día, un niño o un adolescente español se vaya de vacaciones sin un libro en la maleta. Son esas pequeñas costumbres, de las que debemos cuidar los adultos, que con el paso del tiempo se revelan como decisivas para fomentar el hábito de la lectura. Y si prefieren una razón más definitiva: propiciar la lectura en niños y jóvenes es poner un granito de arena para luchar contra el fracaso escolar. La famosa falta de comprensión lectura del tan traído y llevado Informe Pisa se corrige leyendo. El Director General del Libro, Rogelio Blanco, ha dicho recientemente que los niños españoles entre 9 y 14 años leen más El pirata garrapata o Fray Perico y su Borrico (El Barco de Vapor) que las aventuras de Harry Potter. Los dos personajes de Juan Muñoz tienen además sus secuelas en Internet, lo que permite disfrutar con ellos demuy diversas formas y maneras.
Saltando de la infancia a la adolescencia empezamos a poder jugar con las lecturas compartidas: libros que se dejan en el sofá (BookCrossing doméstico), como queriendo reclamar su protagonismo ante el imperio de la televisión, y que pueden ser compartidos por las dos o tres generaciones que suelen veranear juntas. En los últimos meses se ha propagado, mediante el boca a boca, La elegancia del erizo, de Muriel Barbery (Seix Barral). También nos puede servir para esta variedad casera del BookCrossing, la reedición que Bruguera ha realizado de sus clásicos juveniles, con sus viñetas aderezando la lectura.
Los hay que buscan para el verano lecturas clásicas o que le hagan volver a la infancia como los Cuentos de Dostoievsky, que Siruela ha editado con una nueva traducción de Bela Martinova o “Viaje al centro de la tierra”, de Julio Verne, que Akal ha incluido en su colección Básica de Bolsillo.
Y, como ocurre cuando estamos preparando el zurrón de libros para las vacaciones, terminamos por agobiarnos pensando que siempre nos falta algo… En toda maleta de viaje deben incluirse también libros de poesía (Vista Cansada, de Luis García Montero, Visor; Poesía Visual Española, Calambur), historia (José Bonaparte: un rey republicano en el trono de España, de Manuel Moreno Alonso, La Esfera de los Libros), relatos (Cuídate de los poemas de amor de Salvador Compán, Almuzara) o algunos premios (El infinito en la palma de la mano de Gioconda Belli, Premio Biblioteca Breve, Seix Barral; Balas de Plata de Elmer Mendoza, Premio Tusquets; La soledad de las vocales de José María Pérez Álvarez, Premio Bruguera; Chiquita de Antonio Orlando Rodríguez, Premio Alfaguara; Lo que sé de los vampiros de Francisco Casavella, Premio Nadal y El Mundo de Juan José Millás, premio Planeta).
Recomendaciones de lecturas hay para dar y no terminar. Hay libros para todos, sólo tenemos que darles una oportunidad. Y en tiempos de crisis más: si no hay dinero para veranear, un libro nos permite viajar desde el sillón de casa.
(*) Manuel Pedraz es director del programa semanal “Historias de papel” en RNE.



