EL PLACER DE NARRAR

El descubrimiento de un best-seller

EMILI ROSALES*


Un lunes del lejano mes de septiembre del año 2000 llamé desde mi despacho de Planeta en Barcelona a un número de Los Angeles, sin hacer bien el cálculo de la diferencia horaria. La voz que se puso al teléfono sonó más sorprendida que enfadada, aunque tenía razones para lo segundo: en LosAngeles estaban en mitad de la noche, y por más que el motivo de mi llamada era anunciar a mi interlocutor que su original había sido recomendado por el jurado del Premio Fernando Lara a la editorial para que lo publicara, la voz que hablaba desde California sólo acertó a saludar y a proponerme que lo volviera a intentar más tarde. Era la primera vez que hablaba con Carlos Ruiz Zafón, el autor de una novela fascinante y descontertante, titulada La Sombra del Viento, presentada al concurso bajo un seudónimo que hoy reconocerían millones de personas: Julián Carax. Tras aquella llamada y aquella conversación merecidamente interrumpida vendrían muchas otras conversaciones llenas de sentido, y un sin fín de correos electrónicos –que Carlos consigue escribir a la velocidad del rayo–, para que Carlos pudiera darle los últimos retoques al libro. La novela se publicó en mayo de 2001, y pronto tuvo algunos incondicionales, que crecieron – primero lentamente – hasta convertirla, al año siguiente, en un fenómeno en España  y más tarde en el mundo entero.
Hoy, cuando los lectores de aquella novela maravillosa y desconcertante se han lanzado, como nunca se había visto en este país, a leer la siguiente, El Juego del Ángel, los editores nos vemos invitados a menudo a responder sobre dos cuestiones: ¿se podía prever este fenómeno cuando se publicó La Sombra del Viento?, ¿qué tienen los libros de Ruiz Zafón para haber revolucionado el panorama del modo en que lo han hecho, dónde está el secreto? Si alguien constestara sí a la primera pregunta demostraría desconocer una parte de lo que ha significado La Sombra del Viento: desde que se publicó, los lectores potenciales de una novela en España han pasado de trescientos mil a tres millones... La Sombra del Viento ha liderado este cambio sociológico, y se ha erigido en una auténtica escuela para editores, libreros, periodistas y lectores.
En cuanto a la segunda pregunta, lo sorprendente es que alguien piense que haya que recurrir a explicaciones misteriosas sin reparar en lo obvio: estamos ante un narrador magistral. Es más, la lectura de El Juego del Ángel confirma que estamos ante uno de los primeros grandes escritores del nuevo siglo. Ruiz Zafón sabe contar una historia, o muchas, como nadie desde que, superadas algunas gripes formalistas, autores como Calvino, García Márquez o Rushdie devolvieron a la novela el placer de narrar. Pone al servicio de su intención las técnicas de varios géneros –el policiaco, el gótico, el sentimental, el iniciático– de un modo que su literatura, lejos de quedar atrapada en ellos, consigue una brillante originalidad. Es un maestro de los diálogos –¡cuánto habrá peleado con los guiones de cine hasta llegar aquí!–. Y sobre todo, erige criaturas de carne y hueso que perduran en la mente del lector mucho tiempo después de terminar la novela. Ha conseguido crear una atmósfera que envuelve a los personajes, a los escenarios e impregna incluso el lenguaje...
Ruiz Zafón ha creado unos tipos y una iconografía, un mundo propio, capaz de hablar con fuerza a lectores de culturas que van de Suecia a Australia y de Canadá a Polonia, una literatura que ofrece varios niveles de lectura e interpretación, y que dice cosas distintas al oído de cada uno de sus lectores. Sólo apuntar que, como editor, el privilegio de asistir al despliegue de este nuevo clásico es impagable. Un clásico que aún desconcierta o aturde a algunos pocos porque no construye maquetas en el interior de una botella, sino barcos de verdad que surcan las aguas del mundo.

(*) Emili Rosales es Director de Ediciones Destino y editor de Carlos Ruiz Zafón.