NARRATIVA
Francisco Umbral, Haruki Murakami, Clara Sánchez, María Hernández Martí, Menchu Gutiérrez, Agustín Sánchez Vidal, José María Pérez Zúñiga.
LECTURAS NARRATIVA
EL JARDÍN Y EL HUERTO
JESÚS MARTÍNEZ GÓMEZ
Carta a mi mujer
Francisco Umbral
Planeta
Precio: 22€
173 páginas
UNA CRÓNICA DESNUDA Y ELEGÍACA DE UN TIEMPO DIVIDIDO ENTRE TRES: EL AUTOR, SU COMPAÑERA Y EL RESULTADO DE SU CONVIVENCIA
Es difícil saber si con la publicación de Carta a mi mujer (2008) se inicia una recuperación del material que, a buen seguro, silente y olvidado en un cajón o aparcado entre otros muchos y más recientes escritos, haya dejado Francisco Umbral (1935- 2007) con la expresa indicación o no de su publicación posterior. Y no digo póstuma, porque el autor, en este caso, le había pedido a su mujer, un mes antes de morir, que le mecanografiara el manuscrito, labor frustrada entonces por la enfermedad, pero demostrativa de la voluntad de Umbral.
En cualquier caso, algunos saludaremos todos los textos que aparezcan si alcanzan la altura literaria de esta extensa epístola dedicada a su mujer, María España, y escrita entre 1985 y 1986. Un significativo agujero de más de veinte años que no le resta un ápice de actualidad, de viveza y frescura, de encanto sostenido, de nota musical que hubiera resistido y progresado hasta un presente nada residual, haciendo innecesario rellenar ese vacío temporal, pues se tiene la certeza de que lo que el escritor quería y tenía que decir, queda dicho.
Y es que aunque la misiva parta de los detalles más nimios e insignificantes, aunque haya una sacralización de la normalidad, de la rutina, de los modos y comportamientos de cada día, Carta a mi mujer es la crónica desnuda y elegíaca de un tiempo dividido entre tres: el autor, su compañera y el resultado de su convivencia.Una delicada incursión en el jardín de la vida, en los objetos sin fecha de caducidad, en los amigos con rostro, en los autores queridos, los maestros de siempre, en los amores sin rastro –pura pedagogía para el amor definitivo en el que todos los demás están presentes−, en los cayos inquietos del alma y en las movedizas arenas donde habitan, entre gatos salvajes y errabundos, la belleza y las palabras.
Un libro tan difícil de catalogar que da igual que lo etiquetemos como un largo poema en prosa, como un diario íntimo anudado al corazón, como una proustiana terapia frente al olvido y al dolor, frente a lamuerte, o como una carta/ libro en la heroica e imposible defensa del presente. Algo –la cuestión del género− que al autor preocupa poco como demuestra al afirmar que “a mi me va el género epistolar y me van todos los géneros, siempre que se cobren”.
Lo que sí importa es la densidad lírica, no extremosidad, con la que Umbral va deshojando la huella del tiempo en los andenes donde se ha detenido junto a María, la complicidad silenciosa y serena entre ambos, las aceleraciones imprevistas propias del maestro del lenguaje que es, la sinceridad a flor de piel encada línea, en cada retazo expresivo con el que telegráficamente va avanzando esta armoniosa, visceral y, a ratos, descreída sinfonía.
Carta a mi mujer es una amorosa lección de lealtad, un obsequio, un tesoro, una impúdica revelación con la que el autor pretende resistir y aguantar, mientras presiente que la vida se aleja ya de él y de María, porque envejecer –le dice a ésta− no es «ir dejando cosas, sino ir viendo cómo las cosas nos dejan» y a fe mía que consigue de largo su propósito, pues con esta obra el mejor Umbral, el que se nos muestra íntimo, sensible, de una delicadeza extrema, el de Mortal y rosa (1975), el de El hijo de Greta Garbo (1977), sin abandonar la burla socarrona, la sátira inteligente y audaz, es capaz de conseguir no envejecer, no alejarse de nosotros, el muy prestidigitador, de permanecer ahí, aparcado en la acera de nuestro corazón y en el de su fiel compañera, como el viejo y achacoso Citroen GS con el que durante los mejores años llevó a María y, de paso, a nosotros, a ver mundo.
EL JARDINERO ONÍRICO
FÉLIX J. PALMA
Sauce ciego, mujer dormida
Haruki Murakami
Tusquets
Precio: 19,23€
392 páginas
ESTOS CUENTOS ESTÁN ALENTADOS POR UN ENIGMA QUE RARA VEZ ES DESVELADO AL LECTOR
Sabemos que la felicidad es un concepto inaprensible, pero todo el mundo ha creído rozarla en algún momento de su vida. Para Haruki Murakami la felicidad se parece mucho a leer a Raymond Carver mientras bebe Wild Turkey y escucha a Bird Parker. El escritor japonés también asegura en el prólogo de Sauce ciego, mujer dormida, su última obra, que para él escribir una novela es como plantar un bosque, y escribir un cuento como plantar un jardín. Aunque,
tras la lectura de sus relatos, sólo podemos concluir que debe de referirse al Jardín de las Delicias del Bosco, pues la atmósfera onírica que los impregna es tan poderosa que se diría que han sido escritos desde ese estado de deliciosa somnolencia en el que la imaginación vaga a la deriva, forjando unas historias que parecen haberse despojado con alevosía del rígido corsé de la verosimilitud y los resortes dramáticos.
Este libro recopila la mayor parte de suproducción cuentística, por lo que en sus páginas conviven los pecados de juventud con sus últimas creaciones, y como suele ser obligado en estos casos, el volumen viene acompañado de un prólogo donde el autor detalla la singladura de cada uno de los relatos; aunque en esta ocasión, salvo suministrarnos alguna pequeña información, Murakami se dedica más bien a hablar de lo que para él supone escribir cuentos, género al que se acercó antes que a la novela. Según leemos, el autor de la celebrada Kafka en la orilla considera el relato como un laboratorio en el que experimentar sin riesgos técnicas y maneras que luego empleará en sus novelas. De hecho, algunos de esos cuentos, una vez publicados, siguieron creciendo hasta convertirse en tales, o se incorporaron como parte de ellas, algo que ningún escritor patrio se ha atrevido a hacer, quizás temiendo ser lapidado en los suplementos literarios por falta de ideas.
Pero, ¿qué podemos encontrar en Sauce ciego, mujer dormida? Eso es algo difícil de responder. Casi resulta más sencillo explicar qué es lo que no vamos a encontrar. No vamos a encontrar cuentos clásicos, esas piezas de relojería que conducenal lector mediante un argumento bien señalizado hasta un final tan sorprendente como satisfactorio, donde todo queda explicado y cada palabra cobra un sentido. Murakami rehúsa acogerse a los patrones que estableció Poe y perfeccionaron Borges y Cortázar, esa formula narrativa que ha logrado perdurar hasta hoy sencillamente por ser la manera más eficaz de contar una historia. El autor de Tokio Blues prefiere escoger la senda chejoviana, por la que transitaron Carver o Salinger, y tejer un tipo de cuento donde las sensaciones se imponen sobre una trama difícil de precisar, para regocijo de aquellos lectores que contemplan la lectura como un ejercicio activo de interpretación. Quienes no se preocupen por las explicaciones, disfrutarán sin duda de estos cuentos, la mayoría alentados por un enigma que rara veznos es desvelado, pues a Murakami le interesa mucho más hablarnos de cómo reaccionan sus personajes ante el mencionado enigma. Es preferible, por tanto, aceptar sus reglas, y deleitarnos con las extravagantes
situaciones que plantea, su excelente forma de barajar lo trascendente con lo banal, o su exquisito y absurdo humor. Quizás uno de los mejores relatos del libro sea La tía pobre, en el que el protagonista carga a sus espaldas con un extraño bulto de palabras que para él encarna la idea de una tía pobre, ese personaje imprescindible en las bodas, aunque para cada uno de sus amigos representa otra cosa, desde una perra muerta de cáncer de esófago a una maestra de primaria cuyo marido murió en el frente. De igual modo, cada lector verá en los cuentos de Murakami lo que quiera ver.
LA BELLA DURMIENTE
JOSÉ MARÍA BERNÁLDEZ
Presentimientos
Clara Sánchez
Alfaguara
Precio: 18,50 €
400 páginas
LA NOVELA DE CLARA SÁNCHEZ TIENE PROFUNDAS RAÍCES LITERARIAS COMO LAS DE PLATÓN Y CALDERÓN DE LA BARCA: EL SER HUMANO VIVE EN LAS TINIEBLAS Y LUCHA POR LLEGAR A LA LUZ
Un matrimonio joven y su bebé viajan en coche desde la gran ciudad a la playa para pasar unas vacaciones. Llegan, encuentran, con alguna dificultad, la urbanización perdída entre otras urbanizaciones iguales y con nombres parecidos. Mientras, vamos sabiendo cosas de ellos: se nos presentan, quiénes son, a qué se dedican, por qué necesitan un descanso. El apartamento lo han alquilado por Internet. Entran en él. Es más o menos como lo vieron en las fotos de
la Red. Deshacen el equipaje. El niño llora, tiene hambre. La madre busca en las maletas la leche para hacerle un biberón. Rebusca, no la encuentra. Dirige una mirada de reproche al marido: se la han olvidado en Madrid. No importa, han visto, de paso, una farmacia. Allí la venderán. Voy yo, ofrece el hombre. No, déjalo, iré yo, dice la mujer. Coge las llaves del coche y desaparece. Pasan las horas. Al hombre lo llaman por el móvil, no es un inspector. Es un guardia civil: la mujer ha hecho una última llamada a ese móvil. Ha tenido un accidente y ha sido ingresada en un hospital. Está en coma. A partir de ahí se desenvuelve la novela Presentimientos, la octava novela de la escritora castellana Clara Sánchez. La obra se articúla en partes que corresponden a días, hasta un total de ocho. Y un epílogo final que se titula“Los días siguientes”. Cada día, a su vez, se subdivide en capítulos que llevan el antetítulo de “Julia” y “Félix”, alternativamente. Julia es la esposa en coma, una camarera de una cafetería de un hotel madrileño y Félix es abogado de una compañía de seguros. El bebé de ocho meses se llama Tito. El suspense narrativo está bien dosificado y rápidamente nos damos cuenta de que los textos de Julia son los sueños, la región sin tiempo, que va teniendo mientras permanece en coma. Y que los de Félix son los acontecimientos reales que van sucediendo. Intriga psicológica, sueños, conciencia, subconsciencia, despertares. Pienso: anoche soñé que volvía a Manderley. Pero no, el pequeño apartamento no es la gran mansión victoriana. No hay rastro de Maximilian de Winter, ni de lamujer joven, ni del ama de llaves. Y, sin embargo, la sombra de Rebeca me persigue cuando leo Presentimientos. Y caigo en la cuenta: la película y la novela de las que me acuerdo son De entre los muertos, que aquí se llamó absurdamente Vértigo. El director británico envuelve sus preocupaciones y obsesiones sobre el suicidio, la muerte y las pesadillas en cine negro a partir de la interpretación de los sueños de Sigmund Freud. Y más acá en el tiempo, recuerdo la historia real de un médico americano, Malcom Sayer, que logró despertar a varios enfermos en coma, en la década de los treinta. Y que vimos en la pantalla bajo el nombre de Despertares. Y es evidente que la novela de Clara Sánchez tiene profundas raices literarias como las de Platón y Calderón de la Barca: el ser humano vive en las tinieblas, cautivo en la cueva, entre sueños, y lucha por salir de esa oscuridad del mal y llegar al bien, a la luz. Pero por encima de todas esas referencias, Presentimientos es una revisión y actualización de un mito literario, sociológico y antropológico: el de La
Bella Durmiente. Un cuento popular europeo de tradición oral y de diferentes versiones que nos llevan hasta los Hermanos Grimm y Charles Perrault. Clara Sánchez ha logrado controlar unos materiales complejos y de difícil manejo, que, en cualquier momento, se le podrían haber ido de las manos y haberse convertido en un texto inverosímil y absurdo. No es el caso.
LA TINTA DE LA VIDA PATÉTICA
HÉCTOR MÁRQUEZ
VidaTinta
María Hernández Martí
Almuzara
Precio: 16 €
192 páginas
DEBUT LITERARIO DE UNA JOVEN NARRADORA QUE COMBINA IRONÍA, TENSIÓN NARRATIVA, HUMOR Y TERNURA EN EL DESASOSIEGO CONTEMPORÁNEO
Vayamos por partes. ¿Qué tenemos entre las manos? Un libro de relatos. Bueno, no exactamente relatos.Más bien artefactos breves de estructura narrativa. Híbridos del cuento tradicional; mutaciones de fragmentos de conversaciones de messenger; cruces de e-mails; falsos reportajes; monólogos de mujeres desesperadas; diálogos descacharrantes entre amantes de ceja levantada. Una suerte de muestrario –muy coherente y nada abatibuirrillado– de lo que el magín irónico de una autora hasta ahora desconocida (de la que aventuro que a partir de ahora va a dar que hablar) que responde al nombre de María Hernández Martí. Mujer treintañera que es documentalista y profesora de Geografía en Lanzarote y que ha trabajado como periodista en El País y en Diario de Córdoba en los últimos diez años. M.H.M. es una escritora que escribe condenadamente bien y que posee una pasmosa habilidad para retratar lo absurdo y ridículo de los seres humanos. De mirarse a sí misma o a sus trasuntos con una mezcla de ternura e ironía cáustica que te lleva a amar a sus personajes, como uno debería amar a sus propios defectos. Vida Tinta recoge textos que han ido apareciendo en el blog de la autora e incluye otros inéditos (http://lalupe. blog.com). Ni que decirles tengo que deben entrar al blog porque disfrutarán de cada línea que allí cuelga el alias de la escritora. Pues entre estas narraciones breves, estas estampas del Macondo borracho en el que María H. Martí transforma a sus personajes insulares, la canaria es capaz de hacernos un reportaje modélico sobre un restaurante –Arbequinamente– que se ha especializado
en cocinar madera de olivo con excelentes resultados; un cruce de correos electrónicos entre una pareja recién separada; las crónicas de un orate canario llamado Francisco Araña; las líricas o comiquísimas descripciones que los estragos del desamor provocan en las personas humanas; las formas de convencerse y reponerse de los intentos de ser aquel que siempre hemos querido ser pero no nos sale ni a tiros; o las desventuras de dos periodistas mal pagadas que urden un sin fin de idioteces para zumbarse a un vecino que come melocotones sin camisa e irse sin pagar del cuchitril que le alquila su estúpido casero. Hay ecos evidentes en el estilo de la autora de uno de los maestros del periodismo narrativo mágico, el uruguayo Eduardo Galeano, pero sin duda alguna la voz de Martí es suya suyísima y propone una ligereza tan medida y aquilatada en el narrar que somos capaces de masticar trozos de vida real entre tanto personaje ridículo. El oído de la autora para captar lo absurdo en lo real es una de sus mejores armas. Vale, sí que ya sabemos que las editoriales suelen considerar al cuento como un género que aspira a crecer hasta convertirse en novela; como los espectadores de cine creen que el corto es un largometraje con bermudas y sandalias. Pero, al menos para el que reseña, sólo existe un talento que debería ser tenido en cuenta como lectores: la capacidad de contar, de atraparte y de emocionarte. Y en VidaTinta, donde hay pura vida, por muy surreales y patéticas que nos parezcan las peripecias de los personajes, María H. Martí demuestra que el relato es un género que aún puede transmutarse en miles de formas.
¿SON CUENTOS?
FERNANDO VALLS
Mil y un cuentos de una línea
Aloe Azid
Thule
Precio: 16 €
352 páginas
Mil y un cuentos de una línea? El caso es que ni son cuentos, ni todos tienen una línea, aunque sean mil uno. El mismo antólogo reconoce en el prólogo que ninguna de estas piezas son cuentos.Y si bastantes de ellos sólo tienen una línea es debido a que se ha forzado su disposición natural en la página. Sólo queda pensar que, en cierta forma, se ha tratado de repetir el juego del venezolano Gabriel Jiménez Emán, excelente autor de microrrelatos, con su Los 1001 cuentos de 1 línea (1981), donde sólo aparece una única pieza de esa dimensión.
¿Qué son, entonces, estos textos? Según el antólogo, se trata de ficciones, microrrelatos, aforismos (lo curioso es que en el prólogo se niega que aparezcan piezas de este género, ¿qué son, entonces, los textos de Lichtenberg?) y greguerías, sin que tampoco falte alguna ocurrencia de escaso fuste…
A estas alturas, por tanto, parece imprescindible respetar la voluntad del autor, algo que aquí me consta que no se hace. Así, los textos aparecen dispuestos de tal manera que se extienden a la página de la derecha, generan curvas, círculos y otras figuras geométricas, proporcionándoles una dimensión que no tenían en la intencióndel creador.
AloeAzid es el anagrama de José Díaz, editor de Thule, autor de la útil antología Ojos de aguja (2000) y de un puñado de microrrelatos. Aclarado todo esto, la recopilación tiene mucho bueno que ofrecer, pues conviven en sus páginas lo mejor y lo medianejo. Incluso se recoge completo, sin apenas disimulo alguno, los Crímenes ejemplares, de Max Aub; lo que cuesta entender, teniendo en cuenta que la misma editorial tiene el libro en su catálogo.
Este volumen demuestra, una vez más, y produce rubor tener que señalarlo, que para armar una antología es necesario conocer bien la materia, tener criterio y gusto literario. Por otro lado, no he visto en la prensa ni un solo comentario sobre este libro, que a pesar de los defectos en su concepción, merecía más atención de la que se le ha prestado. No en vano, aquí aparecen casi todos los grandes clásicos del microrrelato en castellano: Max Aub, Monterroso, Bioy Casares, Arreola, Anderson Imbert, Denevi, Avilés Favila, Valadés, Pérez Estrada, Fernández Molina y Di Benedetto; así como los principales autores actuales: De la Colina, Valenzuela, Luis Mateo Díez, Galeano, Shua, Samperio, Lagmanovich, Pía Barros, Merino, Jiménez Emán, J.E. Pacheco y Julia Otxoa.
¿Puede hacerse, entonces, como desearon Calvino y Salvador Garmendia, una antología de cuentos de una línea? Hoy no, porque los textos narrativos de una línea son llamados microrrelatos. Lo que sí podría haberse hecho es una antología de microrrelatos de una línea, o de textos de una línea, fueran éstos narrativos o aforísticos, aunque sean cosas distintas. Y, ¡ojo!, todo esto no son chincherías de profesor, de crítico, sino un empeño por lograr que no nos ahogue la banalidad, el todo vale.
LOS SABORES DE LA MUERTE
EUGENIO FUENTES
Detrás de la boca
Menchu Gutiérrez
Siruela
Precio: 16,90 €
152 páginas
LA OBRA DE MENCHÚ GUTIÉRREZ ES UNA INDAGACIÓN POÉTICA SOBRE LAS POSIBILIDADES DEL LENGUAJE Y LA PERCEPCIÓN SENSORIAL
Primero, una advertencia: los artefactos narrativos de Menchu Gutiérrez que convenimos en llamar novelas no son tales, son objetos poéticos. Toda la obra de esta escritora madrileña (1957) está recorrida por la identidad de lenguaje entre sus poemarios y sus novelas. De ahí que, sin ser imprescindible, sí resulte aconsejable que el lector se acerque a Detrás de la boca familiarizado con la escritura poética. Se ahorrará desconciertos y eventuales bostezos. Con o sin renglones partidos, la obra de Menchu Gutiérrez es una tenaz y fructífera indagación sobre la percepción sensorial. Esta vía la sitúa en el estrecho coto de los escritores que, en lugar de construir mundos, se preguntan por las condiciones mismas de su conocimiento. Impulso, que si bien no es extraño a los poetas, resulta menos frecuente en los prosistas y ha convertido a Gutiérrez en una narradora de culto. Detrás de la boca, se abre y cierra con sendas páginas escritas en rojo. Labios, sí; pero también telón que enmarca a la boca, concebida como un escenario que se proyecta al infinito a través de una estructura especular en la que lo máximo y lo mínimo se identifican. No es la única huella que los pensamientos orientales dejan en un texto rico en referencias mitológicas y metaliterarias. Dentro de ese escenario se escribe El libro de la boca, tarea en la que colaboran varios personajes que apenas son algo más que su nombre: el prisionero, el celador, los tres doctores, la mujer, el cocinero, el poeta, la rana y otros tantos. No necesitan rasgos individuales, ya que su función no es otra que servir de vehículos al procedimiento narrativo favorito de la autora: tomar una palabra y darle vueltas desde cuantos ángulos se le ocurren, exprimirla, juntarla con otras, a veces en insólitos acoplamientos, y así, despojada del lastre del sentido heredado, hacerla símbolo, metáfora. Por supuesto, tales personajes se mueven en escenarios y tiempos someros que contribuyen a dotar al conjunto de un aura oniroide. Máxime cuando el escenario principal, una celda de castigo de un búnker en tiempos de guerra, sólo puede ser ampliado a través de la memoria o el sueño. Territorio este último al que Gutiérrez considera, junto a la muerte, uno de los dos motores de la creación. Sobre esos someros mimbres se levanta un conjunto de 47 fragmentos en los que evolucionan labios, lengua, dientes, paladar y fluidos varios. Son los pilares de “ese órgano de órganos que parece saberlo todo y guardarlo todo: palabra, grito, canto, mordisco, baba, vómito, risa, sabor. La boca que respira, que lame, que besa, que escupe, que mastica”. Pero no todos los elementos que transitan las bocas concitan igual predilección: priman los sabores y, entre ellos, es recurrente el de la sangre, vehículo de vida pero también antesala de la muerte. Y junto al sabor, claro, la palabra, a menudo asociada a la mentira y resuelta en el anhelo de silencio. ³Detrás de la boca² es un volcán de pensamiento simbólico, un alarde de destreza en el arte de resucitar las palabras a nuevas vidas. Tal vez por eso choquen un tanto sus páginas finales. Unas páginas en las que se renuncia al juego del conocimiento para abrazar la enunciación de propuestas justicieras. Haciéndolo, y aunque la ética del empeño es irreprochable, la obra emprende un vuelo del que el símbolo sale con las alas recortadas.
EL VIAJE TEXTUAL DE SEBASTIÁN FONSECA
ALONSO CUETO
Nudo de sangre
Agustín Sánchez Vidal
Premio Primavera 2008
Espasa Calpe
Precio: 21 €
500 páginas
ESTA NOVELA DE AVENTURAS E INTRIGAS, CON FONDO HISTÓRICO, ES UN HOMENAJE A LA CULTURA ANDINA
Uno de los problemas a los que se enfrenta la novela histórica es el de su deseo por “mostrar una época”. En muchos casos, los escritores de novelas históricas se documentan con paciencia antes de escribir, se vuelven unos conocedores e incluso unos eruditos en la época en la que está ambientada su libro, y se desviven por ofrecer cada uno de los detalles de su investigación. El resultado, muchas veces, es que las descripciones se vuelven tan detalladas, las explicaciones de los escenarios o de las vestimentas tan largas y exhaustivas, y las disquisiciones históricas tan complejas, que terminan por ahogar a los personajes y a las acciones del relato. Todo en ellas, hace que la “historia” no permita el relato de la historia. No es lo que ocurre, por cierto, con Nudo de sangre (Editorial Espasa Calpe) de Agustín Sánchez Vidal que toma el contexto histórico, minuciosamente investigado, como un telón de fondo para una gran aventura. Lo que cuenta para Vidal es la aventura sobre un fondo histórico. La primera escena de esta aventura está ambientada en el Madrid de 1780. En ella, el “apuesto militar” Sebastián Fonseca asiste a una obra de teatro de Tirso deMolina, del brazo de Frasquita. En ese inicio, nos encontramos con un personaje fascinante como Umina, una mestiza venida del Perú, que tiene un porte altivo y misterioso y viste un traje con “dos filas de disciplinadas esmeraldas que ascendían a modo de botones”. Poco después, con el descubrimiento de la primera muerte, se ofrece una de las claves delmisterio. La marca en el cadáver, “un núcleo con cuatro bucles como las alas desplegadas de una mariposa”, es lamención a un imperio que tiene que ver con las cuatro regiones. Recordemos que la palabra “Tahua” en quechua significa “cuatro” y que el imperio incaico se conocía como el“Tahuantinsuyo”.
Buscando las razones de las muertes (son tres al comienzo, incluyendo la de su padre y su tío), Sebastián Fonseca se ve envuelto (por razones familiares, ligadas al viaje dos siglos antes, del enigmático “buque negro”) en una aventura. Va a viajar en un barco como polizón a Panamá, luego a Lima y al Cusco. La novela termina en la “ciudad perdida”.
Sánchez Vidal se toma el trabajo de ambientar las ciudades y los escenarios. La Lima colonial aparece con las características conocidas de entonces: la gracia, el esplendor y la delicadeza de sus mujeres es una de ellas. En balcones que son como “palomares plagados de murmullos”, las mujeres espían lo que ocurre en las calles. Rodrigo se detiene en las limeñas que muestran “la pura alegría de vivir irradiada como un aura desde su piel de moreno terciopelo”. En su duelo con Montilla y en la búsqueda de la información, Fonseca va a irse enterando de nuevas revelaciones en cada episodio,muchas de ellas relacionadas con la misteriosa crónica de Diego de Acuña. Mención aparte merece la notable entrevista con la viuda de Gil de Ondegardo. Este escritor muestra una mano privilegiada para la descripción de los escenarios al aire libre. El viaje de Lima al Cusco está contado con descripciones minuciosas y potentes de los parajes en el camino. El autor, que pasó temporadas en todos los lugares en los que ocurre la novela, ofrece una visión fresca no solo de su geografía sino también de su clima. La palabra “Quipu”, que va a tener una significación especial en el descubrimiento del misterio es un hilo conductor que, como para el significado que le daban los incas, va a llevar al final de este emocionante, largo y minucioso periplo.
TIERRA DE NADIE
PEDRO M. DOMENE
Lo que tú piensas
José María Pérez Zúñiga
Kailas
Precio: 15,90 €
176 páginas
NOVELA DE ESTILO EXPERIMENTAL QUE ABORDA EL UNIVERSO DE LA FAMILIA E INDAGA EN LOS CONFLICTOS DE LA MATERNIDAD Y EL SENTIMIENTO DE CULPA
Los libros de José María Pérez Zúñiga (Madrid, 1973) se parecen a un rompecabezas que, obligatoriamente, hay que ordenar. Producen esa inquietud que nos lleva a sumergirnos en su lectura porque, entre otros aspectos, abordanlos más intrincados rincones del ser humano, sin que esta afirmación presuponga un estereotipo narrativo que escape a ciertas leyes de una realidad tangible. El novelista se mueve en esa delgada línea de lo consciente y de lo inconsciente, sus historias propenden a lo inverosímil, tras una visión aterradora del mundo. En Grismaleisk o bien el juego de los espejos (2002), buscaba el sentido último de la existencia, en Rompecabezas (2006), una actitud pasiva obligaba a su protagonista a escapar de una existencia anodina para buscar psicológicamente en lo oculto de su cerebro. Con su nueva entrega, Lo que tú piensas (2008), el narrador, tiende a la esencialidad de los hechos, experimenta, una vez más, sobre el universo de la familia, sus personajes se reconocen en sus incertidumbres, en sus manías o en sus fobias y sufren las consecuencias de sus propios descubrimientos; al final, inmersos en la tragedia, llegan a considerarse verdugos y víctimas de su gran problema: la incomunicación, el mejor ejemplo de ese infierno que todos llevamos dentro.
Las tres voces, Carlos, Amparo y Jacobo, simbolizan el azar, el silencio y el miedo, respectivamente. El narrador cuenta, de forma circular, sus correspondientes tormentos. Las tres historias se desarrollan con unas características y un punto de vista distintos. El primero, en una turbada enumeración de su existencia, en treinta y tres breves capítulos, en los que Carlos es, razonablemente, feliz, cuenta cómo conoció a Amparo, su posterior matrimonio y el nacimiento de su hijo; cumple con sus obligaciones, la vida es un todo perfecto y ordenado, pero su convivencia, con el paso del tiempo, se irá convirtiendo en una insólita aventura personal porque, tanto el amor conyugal como la paternidad, devienen en serios problemas de comunicación: sentirá miedo, silencio y desconfianza hacia su familia. Al mismo tiempo se informa de ¿un accidente? o ¿un suicidio? Pérez Zúñiga provoca que su protagonista se desdoble en dos personalidades y muestre sus obsesiones ocultas. Este exorcismo es lo mejor de la novela Amparo simboliza la angustia que causa el silencio, magnifica matrimonio y maternidad, asiste, resignada, al derrumbe y a la ambigüedad de su vida en pareja. Los hechos contados, en ambos casos, son los mismos; las miradas, puestas. Ensaya su discurso desde otra perspectiva, la que ofrece las innumerables puertas cerradas de su vida. Finalmente, Jacobo es la voz de la conciencia, la perspectiva del tiempo, el relato que justifica la novela, la clave que evidencia la actuación de sus padres treinta años después, tras los miedos y los silencios provocados en una época oscura, aquella inquietante sociedad posfranquista que nos legó la inseguridad, el sentimiento de culpa y la sensación de fracaso a toda una generación. Jacobo se libera, con su intervención, del miedo heredado de sus padres, consigue responder a las preguntas más urgentes, aunque las innumerables obsesiones de ¿papá? aún sigan estando allí.



