JUAN GELMAN
"La poesía sólo es posible cuando el poeta se exilia de sí mismo"
Guillermo Busutil
Juan Gelman (Buenos Aires, 1930), poeta, periodista y traductor de la Unesco, es autor de veintitrés libros en los que ha dejado constancia del estilo con el que ha convertido su propia vida en una poesía que combina el realismo crítico, la memoria, las vivencias del exilio y la búsqueda de su nieta con la aventura del lenguaje. Su obra, iniciada en 1956 con el libro Violín y otras cuestiones, ha sido reconocida con numerosos galardones como el Premio Juan Rulfo 2000, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2005 y con el Premio Cervantes de este año.
Antonio Gamoneda, jurado del Cervantes, destaca la condición polifónica de sus versos. ¿La poesía entra por el oído más que por el corazón?
La música del poema es fundamental: completa o acompaña su significado. Las palabras del amor tienen un sonido distinto al de las palabras de la nostalgia o de la furia. Tal vez esto explique la concurrencia a las lecturas de poesía, en las que la voz del poeta y su manera de escanciar los versos revelan además acentos que no siempre se perciben en la lectura en solitario. En esta última, desde luego, la poesía entra por los ojos.
El lenguaje ha sido su otra preocupación estética. De hecho, su libro Dibaxu(1994) transmite la sensación de ser una batalla con esta herramienta.
El poeta, tiene obsesiones que necesita expresar. En esa labor, tan difícil, choca a veces con los límites de la lengua. Hay millones de cosas que no tienen nombre todavía.
Sin embargo, la crítica suele destacar más de su obra la huella del dolor o el exilio. ¿está de acuerdo con esa lectura?
Los “temas” políticos o sociales no son predominantes en mi obra, pero cada quien hace su propia lectura del poema. Suelo decir que el único tema de la poesía es la poesía.
Cada uno de sus libros ( El juego en que andamos, Gotan, Cólera Buey…) intenta retar al anterior. ¿Se trata de rupturas o de la búsqueda de nuevas posibilidades poéticas?
No son rupturas ni búsquedas. Lo que he intentado encontrar en cada caso es la expresión más precisa de la voz interior.
¿Considera que Los poemas de Sydney West (1969), con la inclusión de personajes imaginarios y una estructura muy próxima al relato, es el mejor ejemplo de la libertad creativa de la poesía?
No lo sé. La poesía es el territorio más libre del mundo y cuando en él se entra, ningún intento puede abarcarlo por completo.
Sydney West es, junto a Yamanouchi Ando y Julio Grecco, uno de los seudónimos que ha utilizado en algunos poemarios. ¿Utilizar otros nombres tiene que ver con el desarraigo de la identidad que produce el exilio?
Tiene usted razón, son seudónimos y no heterónimos a la manera de Pessoa. Los dos primeros aparecieron antes de mi exilio. Me encontraba entonces en una situación personal muy difícil y no podía salir del intimismo. Que es una parte de la subjetividad, pero no toda la subjetividad, todo lo que entra en movimiento cuando se escribe poesía. Julio Grecco sí es una creación del exilio, una suerte de homenaje a los poetas asesinados por la dictadura militar.
¿Todo poeta necesita de un exilio para pensar y sentir con más profundidad su voz y su actitud ante la vida?
Creo que la condición exiliar es propia de la poesía y no me refiero sólo al mínimo lugar que su publicación ocupa en las grandes editoriales o al escaso número de lectores que, en comparación, la siguen. En todo caso, son lectores y no público de best-sellers. Hablo del trabajo del poeta que, para escucharse, necesita la abolición del mundo. Por lo demás, la escritura de poesía sólo es posible cuando el poeta se exilia de sí mismo. El que escribe es otro, un desconocido.
Desde su marcha de Argentina, usted ha vivido en Roma, París, Madrid, Managua, México. La experiencia de estas ciudades ¿le han servido para crear dentro de usted su idea de ciudad ideal?
No hay ciudades ideales, no en mi imaginario al menos. Todas tienen su magia y su desgracia. Claro que uno siempre desea que la última desaparezca y sólo impere la primera.
El poeta mexicano José Emilio Pacheco dijo que la poesía es la sombra de la memoria. Una frase que parece estar hecha para su obra.
Supongo que José Emilio se refiere a los restos diurnos de la memoria. A veces pienso que la poesía es la sombra de esa sombra.
Usted también es un periodista contestatario con la realidad y la política. ¿Cree que el periodismo actual ha dejado de ser crítico contra el poder y la frivolización de la sociedad?
Sí, pero no totalmente. Hay diarios y revistas y, sobre todo, sitios de internet en los que se ejerce una crítica libre, o debatible, de los “encantos” del poder.
Acaba de aparecer en Visor su último libro, Mundar. ¿Se trata de un poemario que mira al futuro desde la serenidad?
Creo que sí, que he ganado serenidad desde mi estancia en México. Pero los poemas nacen de la necesidad, no de la voluntad.



