LA MAGA
La permanente capacidad de asombro
Ramón Navarrete-Galiana
La llegada de Ana María Matute a la Academia de la Lengua, hace ya más de una década, supuso el reconocimiento a una trayectoria consolidada y prestigiosa, en la que la fantasía y la magia le han servido de sostén ante el desaliento y los avatares que la han golpeado a lo largo de su vida (quiebros del amor,muerte de su compañero, la separación de su pequeño hijo, Juan Pablo, y enfermedades diversas –ha perdido la cuenta de las veces que ha pasado por el quirófano–), pero también para disfrutar del día a día.
Ana María Matute, que es de las que orgullosamente puede confesar que ha vivido, se ha levantado sobre todas las tormentas, apoyándose en su amor a la vida, que además lleva implícito su idilio con la literatura.
Hace años que tengo el privilegio de ser y sentirme su amigo, y en nuestros encuentros he podido comprobar como esta mujer no ha perdido la capacidad de asombro, ni de curiosidad por descubrir algo desconocido.
Ese amor a la vida es lo que la ha mantenido, y mantiene, erguida, como esa torre vigía suya, ante los procelosos azares de la existencia.
Hace tiempo, ella escribió un artículo sobre esa fascinación que la ayuda a sobreponerse. En momentos de desaliento me giro hacia el panel donde lo tengo enmarcado, leo algún trozo y consigo animar mi espíritu. En concreto me gustan mucho estas líneas que ella redactó: “el amor a la vida es la más completa forma de amar. Y amar la vida es saber que ella nos quita con una mano y nos ofrece con otra”. Ana María Matute es ejemplo de que resistir es vencer. Su sostén han sido la literatura y la magia que ha entremezclado con sus experiencias y su faceta de contadora de historias. Pero esa mixtura, que como ella misma dice es “lo más rico, el mestizaje”, no ha supuesto que haya estado lejos de la vida real.
Al contrario, ella comprendió e intuyó, desde que de niña vio aquella luz azul surgir de un terrón de azúcar, que realidad y fantasía iban a ir de la mano. que, como también afirmó en su ingreso en la Academia, “el realismo no está exento de sueños ni de fabulaciones”.
Ana María es un ejemplo de esa mixtura. Su fragilidad es a la vez su fuerza, y sus avatares se han sumergido en esa labor creativa donde ha encontrado una forma de vida. Ana María Matute ha entendido la literatura como una particular religión. Ella que tanto cree en el género humano, siente también una especial predilección por el libro Los Hermanos Karamazov, de Fiador Dostoievsky porque, al igual que el autor ruso, comprende que el hombre, si quiere, puede cambiar el mundo, y quizás con un poco de magia lo podría hacer mejor.
Y ahí sigue, la niña que se subía a los árboles en La Rioja, en el pueblo materno de Mansilla, pero que luego era capaz de citar al duende, no con formulas mágicas, sino llamándolo, porque sabía que estaba cerca. Y es que, los que la conocemos lo sabemos, ella es única.
Dentro de poco tendremos su nuevo libro, en el que lleva ocupada ya bastantes años: Paraíso Inhabitado. Un valioso trabajo creativo, del que disfrutaremos todos. Los que somos sus amigos seguiremos gozando de la presencia de esta maga, que nos permite compartir y gozar a sus seres cercanos, de ese paraje, que algunos no alcanzan a ver, la vida.
La vida, ese día a día, ese mágico lugar que en compañía de Ana María Matute se convierte en un paraíso habitado.
Ana María, muchas gracias por ser y estar.
(*)RamónNavarrete-GalianoRodríguez
esescritoryprofesordelaUniversidaddeSevilla.



