FUNDACIÓN INFORMA

Premio Málaga de Novela 2007

UN VIAJE AL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS

Eduardo Jordá

El narrador, diarista y poeta Eduardo Jordá (Palma de Mallorca, 1956) ganó el pasado mes de octubre la III edición del Premio Málaga de Novela, convocado por el Instituto Municipal del Libro del Ayuntamiento de Málaga y la Fundación José Manuel Lara, que acaba de publicar la obra ganadora, Pregúntale a la noche. Ambientada en Burundi, a mediados de los noventa, la novela tiene como telón de fondo los terribles enfrentamientos entre hutus y tutsis, contados por un escritor que ha viajado por medio mundo y conoció de primera mano el país, que visitó en 1982 junto a su padre, un médico cooperante que aprovechaba los veranos para desplazase a una de las zonas más castigadas de África. “Recuerdo muchas cosas de mi estancia en Burundi. Las colinas verdes, los senderos de tierra roja, el ruido de las azadas en los campos. Pero también recuerdo la pobreza, la enfermedad, el miedo y el sufrimiento”. El impacto fue brutal, pero no sólo en sentido negativo: “Yo tenía 25 años. De pronto me encontré con gente que vivía en un mundo elemental donde la vida se manifestaba con todo su horror y toda su belleza. Aquella gente –los misioneros europeos y muchos nativos– había conocido de cerca el horror y la muerte, y aun así era capaz de celebrar la vida y de amar la vida”.

De aquel viaje de juventud data el primer latido de una novela cuyos personajes, especialmente los femeninos, que tienen un peso especial en la trama, están inspirados en mujeres reales, “grandes mujeres, que son siempre más interesantes que los hombres”. Jordá conoció también a un misionero que guarda algún parecido con su protagonista, el padre Gavaert, un hombre abrumado por la duda al que se le presenta una oportunidad de expiar los errores de su pasado y las incertidumbres de un presente convulso en el que la vida no vale nada. “La elección de un sacerdote me ha traído muchos dolores de cabeza. Soy agnóstico, pero creo que eso me ha permitido escribir con distancia y sin maniqueísmos. Me gustan los personajes complejos y contradictorios, que puedan parecernos a la vez admirables y despreciables, porque sólo estos personajes pueden expresar la realidad siempre desconcertante de la condición humana”.

Pero a la estancia en Burundi, al recuerdo de aquellos hombres y mujeres perdidos en mitad de la nada, se sobrepuso muchos años después la relectura detenida de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, que Jordá tradujo en 2002. “Entonces la imagen de la misión solitaria regresó a mí, pero también me acordé de un comentario que me había hecho mi padre un día que habíamos estado mirando fotos de Burundi, después de la larga guerra civil que devastó el país entre 1993 y el año 2000: ‘Mira, ¿te acuerdas de esta monja? La mataron. Y también mataron a esta otra. Y a este hombre. Muertos, todos están muertos’. Aquel día, cuando se juntó el recuerdo de la misión aislada con el comentario de mi padre y la evocación reciente de la figura de Kurtz, supe que escribiría la novela”.

El tono de Pregúntale a la noche, sin embargo, no puede ser más contenido, por la propia sobriedad de la escritura y porque el autor ha preferido retratar las sinuosidades del alma antes que los efectos más aparatosos de la crueldad. “Me gustan las novelas que tengan trama, personajes y emoción, es decir, un buen ritmo narrativo y una gran densidad psicológica, además de un buen grado de poesía, que no es sensiblería ni hinchazón retórica, sino una mirada piadosa sobre los personajes y las cosas que se cuentan”. En fin, la mención al gran escritor polaco de lengua inglesa no es casual: “Tengo muchos modelos, pero si tuviera que citar a alguien sería sin duda a Conrad, de quien recuerdo una frase que me parece sensacional: ‘El hombre se parece al mar, cuyos movimientos son demasiado complicados para que nadie pueda explicarlos, y de cuyas profundidades puede surgir Dios sabe qué en cualquier momento’. En esa frase está todo lo que he querido contar”.