ENSAYO Y POESÍA
Antonio Jiménez Millán, María Eloy-García Carme Riera, Albert Boadella
LECTURAS POESÍA
MAPA DE LA POESÍA CONTEMPORÁNEA
ÁLVARO SALVADOR
Jiménez Millán hace un estudio de la poesÍa peninsular más reciente, desde los novísimos hasta la nueva modernidad
En los últimos años se vienen sucediendo los estudios, las antologías y los intentos de interpretación de la poesía española de las décadas precedentes, del nuevo fin de siglo. Desde los ensayos directamente delirantes, o ingenuos, hasta los elaborados con buen criterio y adecuada metodología. Entre estos últimos se encuentra el que comentamos, recopilación estructurada y perfectamente coherente de otros trabajos anteriores, algunos de ellos publicados como prólogos o artículos. La intención del trabajo no es la de establecer ninguna clase de canon o principio maximalista, sino simplemente la de mostrarnos un mapa, una geografía de la poesía peninsular más reciente. Antonio Jiménez, especialista en “finales de siglo”, lo es también en poesía actual escrita en otras lenguas, tal y como lo ha demostrado con las dos antologías de poesía catalana y gallega preparadas para la revista Litoral.El estudio de la poesía en su realidad peninsular (sólo queda fuera del panorama la poesía escrita en vasco) y el análisis de los lugares en donde las tradiciones poéticas de distintas lenguas se aproximan e incluso coinciden, es uno de los rasgos que diferencian este trabajo. No obstante, Jiménez Millán introduce también otras novedades que contibuyen a conformar este estudio imprescindible para una aproximación inteligente y profunda a la poesía española contemporánea.Después de describir, de una manera admirable, el origen de la mayoría de los planteamientos que animaron la elaboración del discurso novísimo, Jiménez Millán demuestra de modo palpable cómo la estética de este grupo, al margen de sus connotaciones publicitarias, no fue la tendencia dominante en los años setenta. Poetas como Vázquez Montalbán o José María Álvarez contradicen ya los planteamientos supuestamente programáticos del grupo y, en los márgenes, antologías como la de la revista Claraboya o los primeros libros de Fernando Ortíz o Eloy Sánchez Rosillo, también lo hacen. A continuación, demuestra de un modo parecido que no hay ninguna clase de corte radical entre los planteamientos culturalistas y neovanguardistas de estos años y la inflexión que se produce hacia un lenguaje más coloquial y discursivo, incluso narrativo, en los años ochenta Finalmente, en relación con la poesía de la experiencia y sus secuelas, Jiménez Millán comienza por hacer una rigurosa caracterización del término, remontándose a Langbaum y a la lectura que de él y de Cernuda –clave en la evolución que se ha producido desde los años ochenta– hace Jaime Gil de Biedma, para definirla más adelante como una “nueva lectura de la modernidad,” una respuesta a las definiciones tradicionales de la poesía moderna que quieren verla como una aventura irracional en busca de su esencia natural, o como una aventura intelectual en busca de las posibilidades y los límites del lenguaje. Esta nueva oportunidad, se basaría en un desarrollo particular de una “experiencia integradora de elementos biográficos, históricos y culturales”. Una poesía reflexiva, ética, urbana, con conciencia de su propia elaboración y artificialidad, irónica, precisa, que no desprecia sus posibilidades narrativas ni el misterio y, por lo tanto, profundamente vitalista.El espléndido libro de Jiménez Millán se completa con una serie de trabajos dedicados a muchos de los más significativos poetas de nuestro panorama, y con dos inteligentes ensayos en los que se demuestra cómo las diferentes lenguas poéticas de nuestra península no son más que distintos vehículos en los que a menudo se transportan discursos muy emparentados.
Poesía hispánica peninsular (1980-2005)
Antonio Jiménez Millán
Renacimiento. 20 euros. 392 páginas
UNA POETA NECESARIA
HÉCTOR MÁRQUEZ
El nuevo poemario de María Eloy-García la confirma como una poeta dominadora de la ironía y única en su especie
Confieso que escoger para la reseña a María Eloy-García (Málaga, 1972) viene de una afición personal. Glosar para matar como que no le veo mucho interés, salvo que sea a un poderoso rodeado de matones editoriales. Estamos con una poeta flaca pero llena de fibra alimenticia, nacida y vivida en una ciudad de provincias donde, siempre se ha escrito y editado poesía. María es poeta porque, como ella dice, un día tomó conciencia de que (al loro, que son ipsum verba): “(Escribo poesía) me di cuenta de que lo que contaba era mentira: o una verdad exageradísima o una mentira con intención de verdad, o una mezcla para que ambas no se delaten”. María es buena. Muy buena. Sabe lo que dice y por qué, y se entrena en cómo decirlo.Hija de su tiempo, María poetiza sobre cualquier cosa, como una fotógrafa brossiana. No elige lo bello de las enciclopedias del Museo Parnasiano. Sino que se va a los supermercados, a los frigoríficos, a las mirillas de las puertas que importan por quien mira apostada detrás, a las lecciones y datos que saca de documentales, libros y aulas logrando el extraño y lúcido efecto de ver cómo los tropos poéticos iluminan la inteligencia y reduplican las capas de sentido cuando se mezclan palabras frikis y conceptos filosóficos y científicos con el universo de los céfiros esdrújulos y los deseos humanos de entender. Al cabo, un poeta que escribe no es más que un virguero de las palabras, los ritmos, las insinuaciones y lo metafórico. Básicamente es alguien que mira con láser y escribe con ritmo. Y que logra cierta capacidad de acercarse a lo inefable uniendo mundos de distintas estanterías. Pero lo que ahora abunda es ombliguismo, afectación y falsa modestia. Las excepciones, que las hay, no excusan la enorme plaga de poetas ñoños que infestan los anaqueles. María no lo es. Si quiere recordar un polvo real o soñado en unos folios, acaba hablándonos de la extraña panadera de un hipermercado (el polvo para el que se lo trabaje o sea capaz de imaginarlo). Si quiere definir su contradicción entre lo poético y lo verdadero nos hace un truco de magia al estilo Juan Tamariz. Y acaba recordándonos que la verdad no consiste en unir los puntos de la manera adecuada para que aparezca el dibujo perfecto, el único dibujo. Sólo simplemente en inventar el dibujo y en señalar los puntos.María ya tiene una obra nutrida publicada en colecciones institucionales, interesantes antologías de raros y raras, plaquettes y dos premios interesantes: el Ateneo de Málaga y el Carmen Conde. Pero tiene sobre todo la capacidad de querer ser poeta a pesar de las trampas, ropajes y sandeces con las que la poesía se ha ido vistiendo gracias al efecto OT que la asola. Yo creo que María Eloy sí es una poeta necesaria porque desmonta lo poético desde lo poético. Incluye el humor en el éxtasis para quitarse dioses de apoyo en el afán de entender una realidad llena de preguntas. Una de las grandes cualidades de María es la de sacar petróleo a la inteligencia. A la suya y a la del lector. Y ella, con esa pose Diógenes en la que travestida casi de suma sapientísima, lleva al casting poético thermomixes, charcuteras o prótesis dentales, cuenta su fragilidad recordando que el rey va desnudo. Y que detrás de los ropajes no hay más que artificio para paliar el frío, ansia de entender, angustia. Y que sólo la complicidad en el darse cuenta de lo que no se entiende en absoluto acaba, si no iluminándonos, al menos dándonos el consuelo de intentarlo.
Cuánto dura cuanto
María Eloy-García
El Gaviero. 14 euros. 72 páginas
LECTURAS ENSAYO
LA MODERNIDAD DE AZORÍN
MARTA SANZ
La obsesión de Azorín por el estilo es una forma de pensamiento. su idea de los clásicos como modelo de vida apunta en esa dirección
Carme Riera ofrece al lector un ensayo que se inserta en la tradición crítica de escritores profesores como Salinas o Guillén y tiene además algo de muñeca matrioska: una posible clásica futura revisa a un clásico contemporáneo que, a su vez, dedicó parte de su obra a interpretar a otros clásicos y el concepto mismo de lo clásico... La metáfora de la matrioska, la mise en abisme intertextual, expresa ese proceso de comunicación literaria en el que los escritores son sobre todo lectores que articulan un discurso desde el que escribir, leer y leerse. Riera aplica una metodología de la investigación filológica basada en el rigor y saca a la luz los aspectos que definen la modernidad de Azorín. A través de un recorrido vital que le lleva del conservadurismo a la acracia y de la acracia a la mesura, Azorín denuncia la instrumentalización de los clásicos por parte de oligarquías inmovilistas que configuran el canon como encarnación de una determinada ideología de clase; siente la necesidad de abrir la literatura española a las influencias foráneas, sitúa algunos de sus momentos más brillantes en la permeabilización europeísta y plantea que el lenguaje no es manera superpuesta, sino forma mineralizada de una visión del mundo, de una realidad que va cambiando y necesita palabras distintas para ser nombrada, captada en esa fugacidad que forma parte de su carácter universal. La obsesión azoriniana por el estilo es una forma de pensamiento. Su idea de los clásicos como modelo de vida y no como modelo de lengua apunta en esa dirección y resulta paradójico que textos del pequeño filósofo sean utilizados en las aulas de bachillerato para diseccionar alienadamente su lengua literaria –aislar metáforas y enumeraciones- y que su paisajismo impresionista a veces cobre la apariencia de mera afectación.Obviando con clemencia y sentido histórico el influjo de Taine –los clásicos como depositarios del “genio de la raza”-, Riera nos presenta la faceta progresista del autor de Monóvar: su repugnancia, compartida con Unamuno, por una crítica endogámica, elitista y pedante que reduce la literatura a retórica pasando por alto la vinculación diderotiana entre arte y vida; su afinidad con la ginocrítica en su reivindicación de Rosalía de Castro; su sensibilidad hacia las literaturas gallega y catalana; su carisma como autor “literaturizado hasta la médula”: muchos se reconocerán en costumbres como el autoplagio o las anotaciones caligráficas en los libros; su concepción dinámica y vitalista de unos clásicos capaces de capturar la realidad y, desde lo pequeño, proyectarla para que cada lector, en su contexto, la actualice y la haga suya. Libros tan celebrados últimamente como Manual de literatura para caníbales de Rafael Reig se colocan, en el fondo, sobre una línea azoriniana que revisa la Historia de la literatura desde presupuestos iconoclastas que sólo la ficción permite. Y eso que Reig a Azorín lo pone a caer de un burro... Carme Riera desmonta muchos de los prejuicios sobre el autor de La voluntad, lo limpia de su olor a brazo incorrupto de Santa Teresa y lo valora como precursor de las mejores actitudes de la crítica posmoderna: las que abren la obra, la desacralizan y son conscientes tanto de la impregnación ideológica del arte, como de que el proceso de comunicación literaria no culmina hasta que el lector interpreta, siente y experimenta emociones.
Azorín y el concepto de clásico
Carme Riera
Universidad de Alicante. 12 euros. 156 páginas
CRÓNICA DE UNA DISIDENCIA
IGNACIO F.GARMENDIA
Boadella arremete contra los integrantes del establishment con la ferocidad y la insolencia de un francotirador orgulloso de serlo
Más que un ensayo, que no lo es a pesar del premio, el nuevo libro de Albert Boadella se parece, ya lo dice el subtítulo, a una crónica, una recapitulación de su itinerario artístico, personal y político que viene a ampliar o continuar sus Memorias de un bufón, publicadas en 2001 por la misma editorial Espasa. Precisamente la coda con la que acababan éstas, ambientada en la misma casa de Jafre –“a medio camino entre las de Pla y Dalí”– que reaparece aquí como el lugar ideal para el reposo del guerrero, anticipaba ya el tono doméstico y de armonía conyugal que centra uno de los dos discursos reunidos por Boadella en su Adiós Cataluña. Porque la bestia negra del nacionalismo catalán ha aprovechado la ocasión para recorrer alternativamente el historial de su disidencia y algunos momentos estelares de la larga relación con su segunda mujer, Dolors, cuyas virtudes elogia en una conmovedora declaración de amor perdurable hacia la que ha sido su compañera de viaje a lo largo de la procelosa travesía que convirtió al antaño héroe de la progresía antifranquista en el supervillano por excelencia, objeto diario de desmesuradas invectivas que no se reducen al ámbito ciertamente estrecho de la prensa catalanista.Quien crea que el autor exagera, puede echar un vistazo a la antología de exabruptos reproducida por Boadella a manera de pórtico, en la que es calificado de imbécil, animal, hijo de puta, indigno, estreñido o miserable. En efecto, para sus enemigos, que en Cataluña son legión, el genial actor, director y dramaturgo ha devenido en un ultra del españolismo más rancio, y de ahí parte, con el tácito consentimiento de la mayoría, el boicot declarado a su teatro o lo que el autor –a quien el “régimen” distingue con la orwelliana categoría de unperson– ha llamado su muerte civil. Desde su propio título, que no puede ser más explícito, éste es un libro belicoso –la actitud combativa de Boadella representa todo lo contrario de la resistencia pasiva– y sin duda valiente, donde se propone una impugnación frontal de la situación política y cultural de Cataluña, desde antiguo denunciada por él y otros intelectuales como Arcadi Espada o Xavier Pericay que impulsaron la plataforma, luego partido Ciutadans de Catalunya, los pormenores de cuya fundación y puesta en marcha comparecen asimismo en estas páginas. Es también, salvo en los capítulos dedicados al amor, de tono bien distinto, un libro amargo, porque a estas alturas de la batalla –la terminología bélica es omnipresente– Boadella no está para melindres, y lo mismo revela las lucha intestinas en Els Joglars que arremete contra los integrantes del establishment o sus cómplices con la ferocidad y la insolencia de un francotirador orgulloso de serlo. La actualidad de la cuestión catalana otorga si cabe mayor interés a este Adiós que supone una carga de profundidad contra la hegemonía omnímoda del nacionalismo en un país que fue siempre sinónimo de tolerancia. Se nota que el veterano histrión disfruta provocando a sus paisanos, por ejemplo cuando proclama su profesión de fe en la tauromaquia –hay capítulos referidos a una memorable faena de Enrique Ponce en Nîmes a la reciente apoteosis de José Tomás en Barcelona– o cuando declara escuchar por las mañanas el programa ese de la COPE que dicen tan excitante, pero más allá de la anécdota Boadella es un polemista de cuidado, y no resulta extraño que sus adversarios lo hayan catalogado como el enemigo público número uno. Porque la tribu se permite desdeñar sin más a los forasteros, pero reserva su odio –es también el caso de Jon Juaristi– para los renegados.
Adiós Cataluña
Albert Boadella
Premio Espasa de Ensayo
Espasa. 21,90 euros. 284 páginas



