BORIS IZAGUIRRE
"Venezuela es un país bandolero"
Entrevista de Ricard Ruiz / Foto Ricardo Martín
Hay algo tremendamente serio en la frivolidad de Boris Izaguirre, y sus novelas no hacen más que confirmarlo. Lejos de su fachada de estrella, aunque maquillado y calzado con unas deportivas ultramodernas para su inminente directo en el programa Channel nº 4, el rey de los momentazos no defrauda: inquieto al principio por la opinión del primer periodista que se le acerca habiendo leído ya Villa Diamante, la obra finalista del Premio Planeta, el inefable Boris se entusiasma con esta agitada historia de dos hermanas, Irene y Ana Elisa, en la Venezuela del medio siglo. Al final, como admite que le ocurrió al escribirla, la peripecia de la novela le absorbe tanto que casi no llega al plató. Hasta entonces, y el futuro lo probará, Izaguirre ha sido ante todo un escritor. Un escritor feliz.
Villa Diamante es una novela plagada de símbolos, pero los más claros son las orquídeas, las palmeras y los propios diamantes. ¿Qué representan?
Las orquídeas son una afición de Ana Elisa, una afición que abandona cuando entiende que su belleza es efímera. Lo de los diamantes está claro, y las palmeras las he utilizado mucho, ya estaban presentes en El vuelo de los avestruces. Aquí se asocian a la fortaleza de Ana Elisa, que es el gran símbolo de la obra: un personaje absoluto que lucha por un sueño, y que representa a Caracas, Venezuela y Latinoamérica; lugares que, como ella, nacieron poco agraciados, con el destino en contra, pero dotados para superarlo.
Tal vez sea Joan el personaje más sorprendente de la historia: una mujer encerrada en un cuerpo de hombre que Ana Elisa protege. ¿Existió de verdad?
Joan es un personaje muy especial para mí, es el gran secreto de esta novela porque me permite hablar en voz alta, sin camuflajes. Ana Elisa la respeta por su talento, pero es un personaje rechazado por su entorno. Lo inventé a partir de un célebre travesti de París que actuaba en el cabaret Madame Arthur. El nombre de ese cabaret, por cierto, lo aprovecho para la boutique de lencería en la que Irene se prueba por primera vez un sostén.
Al avanzar la novela, Villa Diamante adquiere una doble condición: por un lado es el sueño de Ana Elisa, pero por otro ilustra bien la transformación de Caracas.
Los 50 fueron fascinantes en Venezuela por la recuperación económica que propició la Segunda Guerra Mundial. Gracias al conflicto y al petróleo el país se enriqueció con rapidez. Es en esa ciudad convulsa y con ganas de crecer donde el arquitecto Gio Ponti construyó la casa para Ana Elisa. Me interesaba recrearlo todo: la llegada de la televisión, la dictadura, la policía secreta, las torturas... Se ha hablado mucho de eso, pero se ha novelado poco, y creo que esa es una de las grandes aportaciones de Villa Diamante.
La visión de Venezuela que da esta narración no es nada positiva...
Es la visión de un país ladrón y corrupto, porque siempre he pensado que Venezuela es un país bandolero. Es de ahí de donde sale Hugo Chávez. Mi padre decía que Venezuela nunca dejará de ser un país minero, un país que se dedica a horadar y a explotar sus riquezas hasta agotarlas. Los nuevos ricos de la novela provienen de ese contexto, y entre ellos Gustavo Uzcátegui, un mediocre con éxito que veía en Hitler a un ganador.
Hay dos personajes folletinescos: uno es la esposa de Uzcátegui, Graciela, tan malvada o más que su marido; el otro es la madre de las hermanas, Carlota.
Graciela es el melodrama, la telenovela: una villana de manual, pero una villana astuta. Me encantan estos personajes, son más creativos que los buenos. El caso de Carlota es distinto, su encierro psiquiátrico es, con la violación de Ana Elisa, lo más bestia de la novela; tanto, que creí que se me iría de las manos. Pero funciona, porque ilumina la época mejor que si hubiera llenado el texto de fechas. Graciela es mi favorita, sabe desde el principio cuál será su gran enemiga, y lo confirma en la escena del baño en la que ambas se enfrentan. Una escena, por cierto, sacada de Mujeres, de George Cukor.
No es el único caso, hay mucho cine en la novela, sobre todo relacionado con Joan Crawford y sus películas Daisy Kenyon y Harriet Craig
Siempre le puse a Ana Elisa la cara de Joan Crawford, una cara muy masculina, guapa fuera del canon. Me he interesado mucho en ella, tiene películas excelentes que hoy no se encuentran. Muchas están presentes en Villa Diamante, pero Harriet Craig es la más explícita. Me quedé maravillado al verla, es una historia sobre mujeres independientes de gran vigencia. Podría parecer que la historia de una mujer y una casa está anticuada, pero es que las casas representan en muchos sentidos lo femenino, y luchar por ellas, como hacía la Crawford y como hace Ana Elisa en la novela, es luchar por las mujeres.
Además del cine, una presencia fija en la novela es la de la pintura. De hecho, es una novela sensorial, donde los cinco sentidos aparecen subrayados...
Bueno, es una novela hasta extrasensorial, porque el personaje de Pedro Suárez puede leer la mente... Creo que la Caracas que describo pedía esa atención a los sentidos, ese punto exótico. En cuanto a la pintura, es una pasión que he desarrollado con mi marido. El movimiento cinético, con Cruz Díez, Jesús Soto y Alejandro Otero, me ha interesado mucho, creo que los tres hubieran sido grandes amigos de Ana Elisa.
Esta es una novela sobre un universo femenino. ¿Qué le interesa destacar en él?
Yo tengo hechuras almodovarianas, aunque nuestros personajes tienen registros distintos. He tenido la suerte de intimar con mujeres como Loles León y Bibí Andersen, y son las que me interesan. Cukor, gran director de mujeres, tampoco está lejos. Quizá mi universo sea menos de mujeres que de actrices, porque éstas tienen un punto único de fascinación. Pero alguna vez me gustaría construir un personaje femenino absoluto.
¿A Boris Izaguirre, como a sus personajes, le preocupa mucho la cuestión de los dones y el talento?
Me interesa mucho, sí. Truman Capote decía que cuando Dios te da un don te da también un látigo, y así lo siento yo. Un don, por ejemplo la belleza, es algo que lleva aparejada una condena implícita. El talento puede dar miedo, a mí me produce un profundo respeto cuando lo veo en otras personas. Y no las más evidentes: con David Bisbal me quedé fascinado desde el principio, y es porque enseguida vi que tenía talento.
¿Puede o debe decirse que ya eres más un escritor que un presentador?
No lo digo yo, lo dicen los periódicos: el otro día vi que La Vanguardia publicaba una noticia diciendo: “El escritor Boris Izaguirre vistió un traje...”. La verdad es que presentarme al Planeta ha sido una gran escuela, porque me ha guiado en mi forma de escribir, pero no reniego de mi carrera televisiva. Aunque me robe tiempo de escritura, me da una perspectiva particular del mundo. No dejaré la televisión. Eso sí, puedo anunciar que escribiré al menos otro libro.
HARRIET CRAIG
En 1950 Vincent Sherman rodó con Joan Crawford Harriet Craig, aquí estrenada como La envidiosa. En la película, una mujer se obsesionaba con su hogar hasta el punto de preferirlo a cualquier persona. Paralela en su trama, la muy cinematográfica Villa Diamante es la historia de Ana Elisa, la mujer que hizo construir al arquitecto Gio Ponti una casa única en un lugar de clima dulce y sangres revueltas. Es, por tanto, la historia de un sueño, la autosuperación de una mujer que con cada fracaso se acercaba a su objetivo. Junto a esa historia, que Izaguirre narra deteniéndose en los obstáculos de la protagonista -de la belleza de su hermana a la violación de su padre adoptivo-, la novela se propone como una reflexión sobre el talento, aplicado a cosas tan diversas como el cultivo de orquídeas, la repostería o la edificación de una casa al fin obra de arte. Para narrarla, Izaguirre hibrida géneros y registros con una prosa reelaborada hasta en los diálogos infantiles, pasando del melodrama a la crónica política con calculada habilidad. La misión última de Villa Diamante, una obra que intenta cuestionar desde la anécdota la categoría de todo un país, se centra sin embargo en esa Venezuela donde “siempre parece que va a suceder algo y siempre quedan las cosas igual”. Como siempre en su autor, como en Harriet Craig, superficialidad mucho más ambiciosa que la de tanto presunto trascendente.
Villa Diamante
Finalista Premio Planeta
Planeta



