NARRATIVA

Juan José Millás, Belén Gopegui, Emilia Pardo Bazán, Martí Domínguez, Vasili Grossman, Mario Rigoni, José Carlos Llop, Eduardo Jordá, Carson McCullers

 

LECTURAS NARRATIVA

 

UN LIBRO CON FORMA DE ATAÚD

FÉLIX ROMEO

Juanjo es uno de los nueve hijos de la familia Millás. Viven en Valencia, pero se trasladan a Madrid, a una casa bastante destartalada donde el padre se dedica a inventar, o a plagiar, instrumentos mecánicos, en especial insiste con un bisturí eléctrico que “cauteriza la herida en el momento mismo de producirla”: para perfeccionarlo hace cortes en trozos de carne. El bisturí eléctrico actúa como la literatura: “la escritura abre y cauteriza al mismo tiempo las heridas”.Son nueve hermanos, pero Juanjo lleva una vida muy independiente. Tiene un buen amigo, de salud muy enfermiza, el Vitaminas, hijo del dueño del colmado. El dueño del colmado es quizá agente de la Interpol: en cualquier caso, quiere controlar la presencia de comunistas. El Vitaminas le deja, a cambio de dinero, ver la calle desde el almacén del colmado: a Juanjo le parece alucinante cómo se ven las cosas desde allí, cómo ve “el mundo”, ese “mundo” que da título a la novela.El Vitaminas tiene una hermana, María José, por la que Juanjo siente una atracción especial, que seguirá alentando a lo largo del tiempo y que terminará en una habitación de hotel de Nueva York años más tarde, después de haber pasado por una etapa militante y universitaria. Juanjo se siente atraído por María José porque es zurda, porque se enfrenta a la realidad desde el otro lado. Juanjo es torturado, sin o con culpa, por los profesores de la academia en la que estudia. Juanjo descubre una ciudad de muertos por la zona de López de Hoyos. Juanjo escribe informes para el padre del Vitaminas sobre las actividades de los vecinos: informes de prosa seca, sólo datos, “claras, sintéticas, sin opiniones. No escribía jamás un “creo” ni un “me parece” ni un “quizá””. La prosa de esos informes es la que quiere utilizar Juan José Millás (Valencia, 1946) en El mundo.Juanjo soporta difícilmente el humor inestable de su madre, aunque asumía que su madre le había “salvado”. No sólo no soporta su inestable humor sino que no la soporta a ella, hacia la que va generando un antiedipo que trasladará a sus primeras novelas. Quizá su madre “en los momentos de mayor infelicidad alcanzaba un raro éxtasis de dicha. Padecía, en fin, de una infelicidad que la hacía feliz”.Juanjo tiene frío desde que llega a Madrid, y es un frío que nunca podrá templar: “el que ha tenido frío de pequeño, tendrá frío el resto de su vida, porque el frío de la infancia no se va nunca”. Juanjo lee historias del Selecciones del Reader´s Digest: las interioriza y pasan a formar parte de su propia historia. Juanjo es culpabilizado por una religión obligatoria y permanente: “si quitabas a Dios de la existencia, las vidas de los hombres se desagregaban como las cuentas de un collar desprovisto de médula (en torno a lo irreal se articulaba lo real; siempre ha sido así)”. El Juan José Millás del presente se pregunta cómo el Juanjo del pasado “logró sobrevivir a todo aquello alguien tan frágil”, cómo “logró salir adelante aquel conjunto de huesos, aquel puñado de carne que creció en el hueco de una escalera, en la oscuridad de un sótano”.El mundo es una hipnótica memoria de infancia, que debería tener forma de féretro: “mis dedos caen ahora sobre el empedrado del ordenador, fingiendo escribir, cuando en realidad están clavando los clavos de un ataúd en el que pretendo encerrar definitivamente aquellos años”. El mundo es el mejor libro de Juan José Millás, que tiene dentro las mejores ideas de sus libros anteriores.

El mundo
Juan José Millás
Premio Planeta 2007
Planeta. 21 euros. 240 páginas

LA VIDA, NI JUSTA NI SUFICIENTE

JESÚS MARTÍNEZ

Gopegui ahonda en las contradicciones, sometimientos económicos e ilusiones de la clase media española para reflejar la realidad social de nuestros dÍas

Belén Gopegui (Madrid, 1963) afirmaba en un estudio titulado Salir del arte que llegamos a la literatura porque la vida no es justa ni suficiente, que llegamos por los desastres y todos valen. También que en la literatura el aire es suave y que quizás sea, por ello, por lo que dicen que hay quien se queda a vivir en la literatura para siempre. Pero lo cierto es que una trayectoria como la suya invita a compartir la ficción narrativa como un espacio alternativo a la inaprensible esfera de lo real que tan torpe y engañosamente nos envuelve.Desde La escala de los mapas (1992) hasta hoy, Gopegui ha construido un universo literario caracterizado por la búsqueda insaciable de una verdad multiplicada por todos y dividida en cada uno de nosotros. Una verdad diluida en el tejido social y donde la clase media es objeto y sujeto de las contradicciones y tensiones que su débil posición le otorga en el férreo capitalismo de principios del siglo XX. En ese mundo sin soluciones narrativas fáciles, cada novela ha sido una apuesta complicada en aras de alcanzar la complicidad de ese lector fiel que ha de elegir entre abandonar el territorio narrativo o la cruda o apacible realidad, o adentrarse en el proceloso terreno de la duda razonable y desestabilizadora.Con El padre de Blancanieves continúa esa arriesgada aproximación a lo real y ahonda en la ardua relación que la inmensa masa gris que forma la clase media mantiene con su entorno, con los opacos centros de poder y con la cotidianeidad  más absoluta, cuestionada por su propia conciencia de clase y una manifiesta incapacidad para subvertir la situación.El pretexto, en este caso, es simple: Manuela, profesora de secundaria, encarga un pedido que no es servido con diligencia por un empleado, con el consiguiente enfado y queja posterior, lo que origina su despido. La sorpresa vendrá cuando éste, de nacionalidad ecuatoriana, se presenta en su casa y la culpa, amenazándola con su presencia si no revierte su situación. Lo de menos será que el empleado encuentre trabajo con la ayuda de Enrique, su marido, sino lo que esto desencadena en torno a su familia y quienes mantienen relación con ella; en especial, su hija Susana, integrante de un grupo antisistema. Pero a Belén Gopegui este simple detonante le bastará para profundizar en las complejas relaciones  que como sujetos individuales mantenemos los integrantes de esa inmensa mayoría que se agrupa bajo la piel pequeño-burguesa de una clase media, caracterizada por una pasividad colectiva y sometida a la inacción en defensa de una normalidad que los mantenga a salvo de las convulsiones sociales y del infierno de la miseria. Una mayoría que como el padre de Blancanieves existe, esta ahí, pero no actúa. Es una sombra que asiste impasible a las maquinaciones de las fuerzas oscuras que esconden lo obvio, lo que, viéndose, no se mira. Aparecen así contradicciones, miedos,  ilusiones, la búsqueda interior, el sometimiento económico e intelectual, la violencia asumible y una imperceptible decepción, suspendida en el aire que respiramos y cuyo poso deja huella en las conciencias.Todo presidido por una estructura lineal en la que bajo una forma epistolar una nube de personajes ofrecerá sucesivamente su visión, su punto de vista, desde un perspectivismo múltiple que contribuye a forjar una mirada cenital con la que aprehender el conjunto, la áspera realidad social de nuestros días.Es este el material con el que Gopegui construye una novela de arquitectura difícil, complicada, pero espléndida, magnífica en su concepción, en su desarrollo y en el poder sugeridor con el que, sin duda, atrapará a ese lector reflexivo y concienciado que busca en el arte preguntas con las que saciar la sempiterna falta de respuestas.

El padre de Blancanieves
Belén Gopegui
Anagrama. 19,50 euros. 337 páginas

CUENTOS DE LA TÍA EMILIA

LUIS ALBERTO DE CUENCA

La variedad temática de estos cuentos  es infinita: desde lo fantÁstico hasta el realismo, siempre sin faltar una delicada ironía

Leí por vez primera a doña Emilia Pardo Bazán en el verano de 1975, a los veinticuatro años, de modo que mi estreno con la obra de la genial escritora gallega fue bastante tardío, de lo cual me arrepiento. Aquella lectura primigenia —que lo fue de Los pazos de Ulloa y de su continuación, La madre naturaleza—, se instaló desde entonces y para siempre en uno de los cubículos más soleados de mi memoria, donde no corre el riesgo de extraviarse.Cerca de seiscientos cuentos, ¡se dice pronto!, llegó a escribir y a publicar en vida la Condesa de Pardo Bazán. Eva Acosta ha seleccionado para el lector del siglo XXI un diez por ciento largo de esos cuentos, sesenta y cinco en total. Y lo ha hecho con conocimiento de causa, buen criterio y finura selectiva. Para completar su tarea, ha escrito un prólogo (páginas 9-18), tan breve como sustancioso, que sitúa la producción cuentística de doña Emilia en el contexto de su obra literaria, llegando a la conclusión de que constituye una parcela valiosísima de la misma. Téngase en cuenta que Eva Acosta acaba de publicar, también en Lumen, una amplia y documentada biografía de la escritora gallega. Los años de investigación empleados por la estudiosa en la elucidación de la vida y obra de Pardo Bazán avalan, pues, la seriedad de cualquier opinión que pueda emitir en relación con su biografiada.El gran Darío Villanueva, en colaboración con José Manuel González Herrán, ha publicado recientemente, dentro de la edición de Obras completas de doña Emilia en la Biblioteca Castro, cuatro volúmenes en papel biblia —VII, VIII, IX y X de la serie— que contienen la obra narrativa breve de nuestra autora recogida en las siguientes colecciones de cuentos: La dama joven, Cuentos escogidos, Cuentos de Marineda, Cuentos nuevos, Arco iris, Cuentos de amor, Cuentos sacro-profanos, Un destripador de antaño (Historias y cuentos de Galicia), En tranvía (Cuentos dramáticos), Cuentos de Navidad y Reyes, Cuentos de la patria, Cuentos antiguos, Lecciones de literatura, El fondo del alma, Sud-exprés (Cuentos actuales), Cuentos trágicos y Cuentos de la tierra. Sobre esta modélica edición ha trabajado Eva Acosta, así como sobre los Cuentos completos de la Condesa a cargo de Juan Paredes Núñez, quien reunió en su día, también en cuatro gruesos tomos, auspiciados por la benemérita Fundación coruñesa Barrié de la Maza, todos los cuentos escritos por la autora de Insolación, independientemente de que hubiesen sido incluidos o no en alguna de las colecciones citadas.El resultado de haber discurrido, con tanta precisión y entrega eruditas y, al mismo tiempo, con tanta pasión y tanto entusiasmo, por un capítulo tan relevante para la historia de nuestras letras decimonónicas no puede ser más satisfactorio. Para mí, doña Emilia siempre ha sido una de esas tías carnales —y nunca mejor dicho— que, en los crepúsculos, cuando la oscuridad va cubriendo de cortinajes negros las ventanas de la casa, cuenta un cuento detrás de otro para entretener a una audiencia juvenil que pone a prueba sus portentosas dotes narrativas a fuerza de pedir más y más y no quedar saciada nunca. La variedad temática de los cuentos de tía Emilia es infinita: desde lo fantástico —en la línea de autores como Nodier, Gautier, Mérimée o mi admirado Villiers de l’Isle-Adam—, hasta el realismo y el naturalismo, pasando por lo policíaco y lo misterioso, sin que en ningún momento falte el  condimento de un cierto humor y de una delicada ironía, rasgos constituyentes de su escritura.

Cuentos
Emilia Pardo Bazán
Selección y prólogo de Eva Acosta
Lumen. 22,90 euros. 416 páginas

LAS DUDAS DE VOLTAIRE

EVA DÍAZ

Martí Domínguez plantea una atractiva novela que desvela el pensamiento y la faceta humana de Voltaire

Frente a tanto despropósito de novela histórica –género vampirizado, tergiversado, manipulado, desprestigiado- se agradece un libro como el de Martí Domínguez, autor de El regreso de Voltaire, obra con la que obtuvo el Premio Josep Plá 2007.El regreso de Voltaire se adentra en un interesante momento de la vida del pensador: sus últimos días. El gran hombre ante el abismo. Y acierta en rescatar este periodo porque permite sumergirse en los días frágiles y decisivos, casi contradictorios del pensador.En la novela asistimos al regreso de Voltaire a París después de su largo exilio en Ferney. Y retorna renunciando a un final en el apacible paisaje de Ferney para asistir al estreno de su obra Irene, que sabe que será la última. Y, ante la cercanía de la muerte, Voltaire siente miedo, miedo ante la perspectiva de yacer fuera de los camposantos por sus escritos contra la intolerancia de la religión. Duda entre confesarse y recibir cristiana sepultura o convertirse en “patriarca de los filósofos”. Martí Domínguez (Madrid, 1966), que culmina una estupenda trilogía dedicada al Siglo de las Luces con Las confidencias del conde de Buffon y El secreto de Goethe, maneja con soltura la realidad histórica y los juegos de la ficción. Porque no es fácil escribir sobre un personaje real de tal talla, ya que la Historia encorseta la imaginación literaria.El autor plantea una novela de pensamiento atractivísima con un juego de diálogos –asistimos a encuentros con D’Alembert o Diderot- que muestran el pensamiento voltaireano. Martí Domínguez se cuela en la piel del autor de Cándido para desvelar su miedo, su debilidad, sus dudas, su fragilidad ante el chantaje de la religión contra el impío que había atacado al fanatismo clerical. Un Voltaire humano y creíble. Un reto literario superado.

LA CRÓNICA HUMANA DEL INFIERNO

MARIANELA NIETO

Este relato bélico es el viaje al infierno y el retorno a casa de un Ulises desprovisto de vanidad heroica

Las puertas del infierno concebidas por Auguste Rodin, empapadas en el elixir de La Divina Comedia de Dante, podrían servir de antesala para imbuirnos en la lectura de esta crónica humana enmarcada en la sinrazón de la segunda guerra mundial. El relato inconcluso y tétrico -descarnado y tierno a un tiempo- que ofrece en estas páginas autobiográficas Mario Rigoni Stern es la narración descriptiva de un superviviente, la prosa testimonial de un sargento mayor que combatió con el ejército italiano en varios países y que fue prisionero en campos de concentración.La primera publicación de esta obra data de 1953 y es la tesela de un mosaico narrativo jugoso, vertido en Storie dall’ Altipiano (Mondadori, 2003), una compilación de textos de este autor intenso de la posguerra italiana, vinculado a escritores como Primo Levi e inmerso en una época marcada por el neorrealismo en prosa y celuloide, con cintas imprescindibles como Roma, città aperta (1945), de Roberto Rossellini.Este relato bélico, de incuestionable fuerza expresiva, es un viaje al infierno con retorno a casa, el álbum gélido de recuerdos de un Ulises desprovisto de vanidad heroica, capaz de humanizar el horror de la guerra. La retirada de Rusia que retrata en estas páginas desemboca en una sinestesia notable de helados paisajes que entumecen el alma, de agujas de nieve que paralizan las extremidades y de abrazos a compañeros de batalla, sin olvidar la vida ensangrentada, la convivencia con los piojos, la mezcolanza de olores extremos –que viajan de la putrefacción al contenido soñado de una humeante cazuela- y la crueldad de los gritos y silencios de la guerra. Todo ello para envolver una temática que deja al lector aterido de frío, arropado por una calidad narrativa que invita a subir el volumen de la paz mundial.

El sargento en la nieve
Mario Rigoni Stern
Pre-textos. 17 euros. 155 páginas

UN MUNDO DE PERDICIÓN

LUIS MATEO DÍEZ

La vida transformada en reducto de valor en el que la conquista de la dignidad es amenazada por la ideologÍa y la guerra

Muchas veces, los escritores empezamos nuestras novelas a partir del título de las mismas. Cuando éste posee una carga de evocación y sugerencia que sintetiza en pocas palabras el sentido de la obra, la novela se escribe como si viniese dictada por ese título, por las simas que abre en la memoria y la imaginación del novelista. Hay títulos que condensan años de trabajo silencioso, pacientemente retrasado, en los que uno percibe que ha llegado el momento de iniciar la escritura de algo que venía bulliendo en su cabeza desde hacía mucho, pero que sólo ahora, cuando la novela tiene nombre, es convocado.No sé si la novela que nos ocupa se le apareció a Grossman tras haberle puesto su título, pero lo que sí está claro es que éste posee aquella carga evocadora y sintética a la que antes hacía mención. Nada define mejor esta empresa titánica de más de mil páginas que esas tres palabras que constituyen su pórtico. Suenan fuertes e intensas, como las famosas Guerra y paz de Tolstoi, quizás aparentemente excesivas, pero cuando lees el libro tomas conciencia de que las experiencias narradas en él sólo pueden condensarse en un título tan potente y acertado como el de Vida y destino.El destino transfigurado en historia, la de un siglo como el XX donde los individuos quedaron presos en el círculo de fuego de los totalitarismos y la Segunda Guerra Mundial. La vida transformada en reducto de valor y sufrimiento en el que la conquista de la dignidad se ve amenazada por la presión de las ideologías, el poder y la guerra. Estos tres jinetes del apocalipsis cabalgan en un tiempo de indigencia para el hombre. Grossman, que antes de escribir esta novela había sido un comunista convencido, aborda en ella la extrema situación en que se hallan unos individuos desamparados por el mundo en que viven. Mundo de perdición histórica encarnado por la heroica resistencia del pueblo ruso contra el invasor nazi que tiene su momento culminante en la batalla de Stalingrado.Grossman llegó a la conclusión de que entre el totalitarismo nazi y el comunista no había una diferencia esencial pues uno y otro se basaban en el desprecio de los individuos y en la fanática defensa de una idea del bien que legitimaba el sacrificio de millones de seres humanos en nombre de un destino más valioso que sus vidas. La supervivencia y la quimera  definen a una estirpe de personajes en los que Grossman se inspira para ilustrar la particular lucha por la vida de quienes fueron arrastrados por el viento de la historia a padecer los rigores de tempestades de acero. Ese acento tan ruso del superviviente que busca en sus sentimientos la perfección del mundo debido al carácter ajeno y hostil de éste se percibe en esta novela con el esplendor narrativo de la épica. Semejante fresco histórico, cuya amplitud de concepción lo sitúa entre las grandes obras literarias del siglo pasado, se levanta sobre un fondo de pensamiento grabado a sangre y fuego en la propia biografía de Grossman. Con ello, no quiero decir que estemos ante una obra que deba ser leída en una clave autobiográfica, sino que la autenticidad e intensidad de la misma, la sensación de avasallamiento que produce en el lector la magnitud de las experiencias humanas que narra, sólo resultan comprensibles si entendemos que son la vida y el destino del autor los que se hallan involucrados en cada una de sus páginas.

Vida y destino
Vasili Grossman
Galaxia Gutenberg. 26 euros. 1.111 páginas

EL ENCANTO DE LO AMORAL

JOSÉ CARLOS LLOP

Una historia que indaga acerca de si González Ruano fue un espÍa al servicio del franquismo, un agente doble o un simple sablista

César González Ruano era, en 1940, corresponsal del diario ABC en Berlín. Las simpatías del régimen franquista hacia la ideología nazi convertían a este periodista en algo más que un vulgar corresponsal encargado de narrar las vicisitudes de una guerra que recién acababa de comenzar y le ofrecían algo que CGR siempre valoró en extremo: la posibilidad de una vida regalada, rodeado de lujo, mujeres y bienestar. Las cuestiones morales poco o nada tienen que ver con el personaje del que ahora nos ocupamos y así sucederá también en este libro de José Carlos Llop que se centra en la figura del escritor español –la historia le recuerda más como articulista que como poeta o constructor de ficciones- y de su estancia en París en 1940.La novela –pues tal nombre asegura el autor que posee esta narración- arranca cuando González Ruano solicita un permiso temporal para trasladarse a París sin la menor voluntad de cumplir con el requisito del regreso. La capital francesa, en esos años, estaba ocupada por las tropas nazis y allí se desarrolla el enigma que el lector tendrá la esperanza de descubrir al final del libro: ¿a qué se dedica CGR durante los dos años siguientes y cómo logra mantener un alto nivel de vida cuando deja sus colaboraciones literarias?. La sospecha por esa anómala existencia llega hasta oídos de la GESTAPO, que durante unos días interroga al periodista a quien, en el momento de su detención, le incautan doce mil dólares, un pasaporte en blanco de un país sudamericano y un fabuloso brillante que, en determinado momento, aparece como por arte de birlibirloque.No imagine el lector una ciudad asolada por los estragos de la guerra. El París que Llop pasea de la mano de CGR sigue siendo fascinante: alcohol, artistas, mujeres desnudas que pasan de brazo en brazo, cabarets, tráfico de obras de arte… Al final, gracias a la intervención de Lequerica, el embajador franquista, CGR es puesto en libertad sin que la inteligencia alemana logre averiguar –como nos sucede a nosotros- si el escritor español es un espía al servicio del franquismo, un agente doble, un simple sablista profesional o un ser amoral que no duda en enriquecerse a costa del exterminio de los judíos.Rastreando en las memorias de González Ruano, en alguna de sus novelas, en testimonios aportados por la viuda de Viola –el pintor- y en la intuición que toda buena prosa proporciona, Llop construye un libro y un personaje cuajado de luces y sombras que logra inquietar y seducir. El CGR de París 1940 tiene el encanto de lo difuso, de lo amoral, del sujeto cuya falta de principios logra seducir aunque no enamorar. Y quizás echemos en falta una trama argumental, ese movimiento imprescindible en toda buena novela que nos lleva con la respiración agitada hasta el final. Un libro interesante, dos voces que nos dicen lo que quieren que sepamos o lo que desean sugerirnos pero sin permitirnos entrar más allá. Ambos, el narrador y el propio Ruano a través de sus escritos, crean la bruma que nos impide profundizar en las verdaderas razones de ese viaje a París. Hasta la propia guerra queda un poco difuminada entre pinturas de Zurbarán, aristócratas rusos metidos a proxenetas, amantes de celuloide… Privilegios de la Literatura, que tal cosa es lo que Llop hace en París 1940, aunque este lector –de forma quizás injusta- encuentre un exceso estético en la recreación de González Ruano. Aunque, para ser justos, no otra cosa que una máscara parece ser que era el periodista que un día decide abandonar Berlín y vivir en París y Llop nos lo traslada con maestría.

París: suite 1940
José Carlos Llop
RBA. 16 euros. 160 páginas

EL HORROR, EL HORROR

JUAN BONILLA

La novela, que nos traslada a las masacres de Burundi en los años noventa, sacude la conciencia del lector y dibuja la cartografía de la desesperación

De unos horrores sabemos más que de otros, pero sería tramposo conformarse con pensar que todos son el mismo. Olvidada de nuestros intereses, tan cerca, tan lejos, ahí está África y su larga cadena de horrores, de personajes siniestros, de leyendas alucinantes: un álbum de cromos para patrocinar cualquier pesadilla. ¿Cuántas novelas ambientadas en África tiene usted en su estantería? Y de entre ellas, ¿cuántas escritas en español? Si es usted un lector bien informado y curioso, seguro que no se le pasó hace unos años el extraordinario reportaje sobre Rwanda que tenía un título tan impactante como "Queremos informarle que mañana seremos asesinados junto a nuestros familiares" de Philip Gourevitch. Ahora tiene una oportunidad inmejorable de paliar ese lamentable defecto de su biblioteca: la excelente novela de Eduardo Jordá Pregúntale a la noche.La novela nos traslada al horror de Burundi, a las masacres de los años noventa, que no tuvieron su Homero con micrófono porque a los periódicos y las televisiones no les compensaba hacer el esfuerzo de trasladar a un valiente con chaleco de muchos bolsillos allá. Sí que había por la zona médicos y misioneros alentados por esa cosa tan moribunda que es la verdadera solidaridad y la necesidad de salvar al mundo (aunque eso sea la máscara preciosa del salvarse a uno mismo). En ese escenario tremendo, Jordá sitúa una historia conmovedora y compleja protagonizada por el padre Gavaert y al que le saca mucho partido narrativo sin hacer trampas. Quiero decir: qué fácil hubiera sido dejarse llevar por el escenario de ópera diseñada por Calixto Bieito o La Fura dels Baus para mancharnos las manos de sangre y los ojos de pesadilla, qué fácil que se le hubiera disparado la prosa al lirismo exacerbado aprovechando que la condición humana a menudo es un incansable canto a la absoluta bestialidad. Y sin embargo, Jordá, con precioso nervio de narrador, con preciosa conciencia pudorosa, no se deja arrebatar por el escenario tremendo donde localiza su historia, no se deja arrebatar por la inmensidad de unos personajes complejos, hondos, laberintos atrapados en el gran laberinto de un conflicto donde es difícil que haya alma. Y sin embargo, Jordá ha conseguido encontrar precisamente, el alma de la tragedia, y con una prosa de eficacia extraordinaria y un ritmo que no por trepidante deja de ser efectivamente minucioso, ha dibujado la cartografía de la desesperación. El horror, el horror, en efecto, sin fuegos artificiales ni retórica de cartón piedra, casi como un narrador antiguo, alguien que sabe una historia y la cuenta, y espera que los efectos que la historia tenga en quienes la escuchan no provengan de la cohetería con que ha sido contada, sino de la sustancia que hay en ella. Un relato verdadero e imponente, en el que el horror va tiñendo cada página y la conciencia del lector, sin que el narrador comercie con los trucos propios del cine de sustos.Jordá ha ido demostrando pausada y minuciosamente que es un gran narrador. Lo demostró en sus textos de viaje, en su excelente reportaje sobre el desierto de Acatama, en sus relatos. Pregúntale a la noche es su primera novela. Cumple con creces el primer requisito que debemos exigirle a toda novela: que el editor se vea obligado a decir a los lectores "esta novela puede afectar su sensibilidad". Es lo mínimo que le debemos pedir hoy en día a un texto, a cualquier texto, pero sobre todo a las novelas. Es difícil salir de la novela de Jordá sin sentir que la sensibilidad se nos quedó muy afectada. Y la fuerza del narrador reside en el hecho de que esa sensación no procede sólo de que el escenario en el que ha situado su novela sea una sucursal del Infierno -empresa que en África ha abierto muchas sucursales-, sino de lo magistralmente que ha manejado los personajes abandonados en ese infierno, y cómo nos ha introducido en la conciencia de uno de ellos para arrojarnos al abismo donde, en efecto, no queda más remedio que preguntarle a la noche.

Pregúntale a la noche
Eduardo Jordá
Premio Málaga de Novela
Fundación José Manuel Lara. 19,90 euros. 288 páginas

LA MUJER Y SUS MONSTRUOS

FÉLIX J.PALMA

Los cuentos y narraciones de Carson McCullers están impregnados de seres deformes, tullidos, quizás involuntarios reflejos de ella misma

A la hora de reseñar una obra de la escritora Carson McCullers, una página puede antojarse un espacio demasiado amplio, pues tratándose de un clásico contemporáneo, objeto de numerosas biografías y estudios, poco puede añadir uno sin incurrir en la reiteración. Aunque también puede revelarse como un espacio terriblemente angosto si lo que se pretende es inventariar la vida y milagros de una de las voces más importantes de la narrativa norteamericana del pasado siglo.Optaré pues por el camino de en medio y resumiré su turbulenta vida para quien no esté familiarizado con ella. Esta mujer-niña con ojos de muñeco de Tim Burton, que según su madre ya daba clara muestras de genialidad cuando todavía estaba alojada en su vientre, nació en Georgia en 1917. De pequeña quería ser concertista, pero tras sufrir una fiebre reumática cambia el piano por la literatura, embarcándose en numerosos cursos de escritura creativa mientras contrae matrimonio con el primer hombre que se atreve a abordar sus labios, un oficial norteamericano llamado Reeves. Con tan solo 24 años, publica su primera novela, El corazón es un cazador solitario, que se convertiría en un éxito de crítica y público. Sin embargo, pese a tan alentador debut, su vida no será ningún camino de rosas, sino más bien un paseo por el infierno, pues a partir de entonces, a causa de aquella fiebre de la infancia mal diagnosticada, entrará en un vértigo de recaídas, aderezado con accidentes de tráfico, ataques de ansiedad, ingresos en psiquiátricos, borracheras e intentos de suicidio, algunos de ellos pactados con su esposo, que se mostró más diestro que ella quitándose la vida con un atracón de barbitúricos. Carson lo siguió a la tumba 14 años después, tras una hemorragia cerebral, dejando dos novelas, tres nouvelles y un puñado de relatos que la convertirían en la sucesora oficial de Faulkner, una de las más primorosas representantes del llamado “gótico sureño” por el hálito de sombrío misterio que sobrevuela sus narraciones, pobladas de seres deformes, tullidos, y en general inhabilitados para desenvolverse en el mundo, quizás involuntarios reflejos de ella misma.Salvo por la ausencia de The long March, el último relato que escribió, en El aliento del cielo se recoge toda su producción breve, historias tan celebradas como La balada del café triste o ¿Quién ha visto al viento?, entre otras, que demuestran que McCullers es una de esas escritoras capaces de hacernos ver el mundo a través de sus ojos, sirviéndose para ello de una prosa llana y natural, bajo cuya engañosa sencillez, como topos que se mueven subrepticiamente bajo la tierra, se esconde una reflexión tan certera como fascinante. El volumen se abre con un interesante prólogo de Rodrigo Fresán, y cada uno de los relatos viene precedido por una nota donde se nos cuenta el momento en el que fue concebido y las vicisitudes que padeció hasta ser publicado, para mayor deleite de aquellos que gustamos de conocer esta clase de entresijos extraliterarios. Tras la lectura del volumen, uno solo puede concluir que Carson McCullers fue bendecida con un talento tan milagroso que logró filtrarse entre los momentos de respiro que le concedían su enfermedad y sus crisis alcohólicas. Aunque no puede dejar de preguntase si una vida más relajada para la escritura hubiese generado una obra mayor o, por el contrario, nos hubiese entregado frutos mucho más insípidos. Quizás la respuesta se encuentre en la cita de la propia McCullers que encabeza el libro: “Todo lo que sucede en mis relatos me ha sucedido, o me sucederá”.

El aliento del cielo
Carson McCullers
Seix Barral. 28 euros. 579 páginas