LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

Ficción para jóvenes adultos

Un recorrido por las editoriales y los autores españoles

CARE SANTOS

¿Leen los adolescentes?

El tanto por ciento que lo hace de forma frecuente es ligeramente superior al de los lectores frecuentes adultos. ¿Qué buscan los adolescentes en los libros? Es probable que lo mismo que en la vida: emoción, sensaciones, evasión. ¿Basta con ofrecerles eso para que un libro sea de su agrado? Por supuesto que no, pero tampoco hay que cometer el error de juzgar el libro sólo desde la óptica de lo pedagógico, desde los crisoles —siempre subjetivos— de la tan traída y llevada educación en valores. La literatura para jóvenes debe poder resistir una crítica literaria seria y rigurosa, como cualquier otra literatura.

En lo que respecta a la literatura para jóvenes, hay muchos motivos para el optimismo: diversidad de sellos editoriales, magníficos editores y más autores que nunca.

Hace treinta años, Santillana lanzó al mercado la primera colección centrada en asuntos que interesaran a los adolescentes: el descubrimiento del sexo, los primeros tanteos amorosos, la importancia de la amistad, las grandes trampas de la vida (la droga, la anorexia, el sida…). Fue la etapa de Susan Hinton y Rebeldes, o El chico de la motocicleta. Pronto hubo autores que se atrevieron a hablar ese lenguaje.  Montserrat del Amo, con La encrucijada o Tot et serà près, por ejemplo, del catalán Pau Joan Hernández —una de las primeras novelas en tratar la eutanasia—, fueron dos de los nombres pioneros (ambas publicadas en 1986). Entonces, la fantasía “a lo Harry Potter”, ya consolidada en el mercado anglosajón, quedaba aún muy lejos de nosotros.

Nuestro país tiene grandes editores de literatura juvenil: María Jesús Gil, Marta Vilagut, Ana María García, Jesús Ballaz, Susanne Etheune, Blanca Marqués o Alicia Soria, por citar algunos de los nombres imprescindibles.

En 1978 —el próximo año celebrarán el 30 aniversario— Sm lanzó la colección Gran Angular, ligada al premio del mismo nombre. Poco a poco, otros muchos sellos se sumaron al fenómeno: Anaya lanzó la mítica colección Tus libros —donde todavía pueden encontrarse algunos clásicos no editados en ningún otro formato—, más tarde llegarían las colecciones Espacio abierto (también en Anaya), Alandar (de Edelvives), Periscopio (Edebé). Y, con el tiempo, incluso los grandes grupos comerciales, antaño completamente ajenos a la literatura para jóvenes, se apuntarían. Sería el nacimiento de otro tipo de colecciones, también suculentas, como sus propios títulos: La escritura desatada o Sin límites (en Ediciones B), Serie infinita (en Montena), etc…

¿Para qué leen los adolescentes? Existen dos razones básicas:

1) Encontrar en la ficción un espejo del mundo y de nosotros mismos, que nos permita reconocernos e identificarnos.

2) Evadirnos, imaginar otras posibilidades, asomarnos a lo que jamás seremos ni conoceremos. Soñar.

Realismo y fantasía. Una doble tendencia que convive con naturalidad en la literatura para adolescentes. Y que no sólo responde a las modas del momento.

Marta Vilagut, una de las editoras más veteranas y actual Directora Editorial de Destino Infantil y Juvenil considera que «no es sólo cuestión de modas, ni de la influencia de otros mercados, como el anglosajón, la que ha propiciado este interés de los lectores por lo fantástico. Tal vez antes el lector tenía mayor interés y necesidad de conocer su mundo y ahora, en cambio, necesita escapar de él».Evasión o información. He aquí la cuestión.

Tareas pendientes

Hay aún mucho trabajo que hacer, muchas cuestiones aún no resueltas. La terminología es una de ellas. Se llama habitualmente “literatura juvenil” a la que se dirige a lectores de entre 12 y 18 años, pero no es un sintagma afortunado. Los anglosajones acuñaron el término “Young Adult Fiction” (Ficción para jóvenes adultos) y lograron algo fundamental: desmarcar la literatura para jóvenes de la puramente infantil, con la que nada tiene en común. Para constatarlo basta con imaginar a un chaval de 16 años —tal vez más alto que su padre— buscando algo de su interés en la sección de libros infantiles de unos grandes almacenes. Algunos, como Círculo de Lectores, se han dado cuenta de ello y hace tiempo que separaron la literatura para jóvenes de la infantil en sus catálogos. El secreto de un buen vendedor, quién lo duda, tiene algo que ver con la psicología.

Otra iniciativa al respecto es la que han promovido en el último año desde la biblioteca Civican de Pamplona, al crear un espacio activo donde los libros se renuevan cada mes y se mezclan con música, películas, juegos de rol y hasta videjuegos. La responsable de la iniciativa, Villar Arellano, explica que se trata de lograr “que la biblioteca se convierta en un espacio de referencia, que descubran que en ella pueden encontrar respuesta a sus intereses y, de paso, establecer puentes entre lenguajes diferentes”, dice Arellano. También en la Fundación Germán Sánchez Ruipérez de Salamanca existe una biblioteca específicamente orientada a lectores jóvenes y separada de la infantil.

Por motivos idénticos, también muchas editoriales han renovado sus colecciones para jóvenes, dotándolas de una estética más moderna y eliminando toda referencia que pueda sonar pedagógica (como la tan discutida clasificación por edades de los títulos). Convendría, por último, analizar el tratamiento que aún recibe la literatura para jóvenes en las librerías. Mezclar la literatura juvenil con la infantil es lo mejor que podemos hacer para ahuyentar a adolescentes. La literatura para chicos de 14 a 18 años debería disponer de su espacio propio, cerca de otros productos de ocio que sean de su agrado.  

Prescripción

Otra palabra clave en este microuniverso: Prescripción o no. Los editores de libros de texto ofrecen una amplia oferta de literatura directamente a los centros. Tiene algunas ventajas: el bajo precio y la posibilidad de contar con los autores en una charla con los alumnos, propiciada por las propias editoriales, son las más claras. Los inconvenientes son un apego excesivo de los libros a los currículos escolares y una prudencia en el tratamiento de los temas (forzada por convicciones religiosas o por simple ánimo de complacer a la mayoría lectora o compradora, según los sellos). Aunque, por supuesto, nada de ello ahuyenta la calidad, que la hay. Es tarea del profesor reconocer qué libros interesarán a sus alumnos. No sólo el criterio de los comerciales puede servirle de guía, también existen publicaciones especializadas —la revista CLIJ—, servicios de consultoría institucionales, como el programa SOL, del Ministerio de Educación y Cultura: http://www.sol-e.com/— o el inefable propio criterio. El mejor profesor es aquel que se toma la molestia de buscar lecturas que seduzcan a unos alumnos a quienes conoce bien. Para pedagogos interesados en desarrollar estos mecanismos de seducción lectora, resulta imprescindible conocer la más reciente obra de un escritor y también maestro muy sensibilizado con esta cuestión, La lectura y la vida, de Emili Teixidor (Ariel).

En este terreno, resulta una enorme ventaja la adecuación de los temas y los tratamientos a la sensibilidad de sus lectores. Tiene sus detractores esta literatura rabiosamente contemporánea, tal vez porque no se han dado cuenta que el tema nunca decide la calidad de una obra y que la literatura lleva siglos tratando los mismos asuntos, pero adecuándolos a la sensibilidad de cada nueva época. La única regla de oro que un libro para jóvenes no debe infringir es esta: Prohibido aburrir. La mayor responsabilidad de quien escribe para jóvenes siempre es mantener la seducción en todo momento.

En España hay autores veteranos en estos mimbres: Jordi Sierra i Fabra, Montserrat del Amo o Juan Manuel Gisbert abrieron una tradición hasta entonces inexistente. De entre la siguiente hornada pueden citarse los nombres de unos cuantos imprescindibles: Elia Barceló, César Mallorquí, Agustín Fernández Paz, Alfredo Gómez Cerdà, Carmen Gómez Ojea, Gonzalo Moure, Fernando Lalana, Gemma Lienas… Y, por supuesto, los de otros autores, tal vez más vinculados a la literatura sin adjetivos, pero igualmente notables cuando se dirigen a los adolescentes: Benjamín Prado, Lorenzo Silva, Óscar Esquivias, Martín Casariego, Andreu Martín, Elvira Lindo, Fernando Marías o José María Merino. Sus nombres en cualquier cubierta son garantía de calidad y buen hacer.

La otra literatura para jóvenes

Aunque está también la otra literatura, la no prescriptiva, la que no dispone de una red comercial que la ofrezca directamente a los educadores. Aquella que pasa por sellos como Destino Infantil y Juvenil, Montena, Ediciones B, Salamandra... No sirve para formar lectores, sino que apela a lectores ya formados. No busca indecisos, sino convencidos. No ofrece brevedad, sino abundancia. Habla en los códigos de la literatura de masas y tiene todas las ventajas y todos los inconvenientes de la gran literatura comercial. De vez en cuando permite el nacimiento de un trébol de cuatro hojas, pero también son frecuentes las malas yerbas.

Se trata de un terreno muy reciente en nuestra literatura. La fantasía ha irrumpido tarde en España, y lo hizo primero de la mano de los grandes especialistas: los anglosajones. J. K. Rowling no es, pues, un fenómeno aislado. También están Phillip Pullman, Chistopher Paolini, Angie Sange, Stephenie Meyer, Eoin Colfer, Cornelia Funke o Jonathan Straub, algunos recién llegados a nuestras librerías. Por primera vez, sin embargo, podemos añadir nombres españoles a esta serie. Los  de Laura Gallego, Maite Carranza, Rafael Ábalos o incluso Carlos Ruiz Zafón. La fantasía ha llegado a nuestros imaginarios. Otra cosa es que se trate de una fantasía con raigambre española o de otra que bebe en los referentes anglosajones que lastran este tipo de historias, pero eso es cuestión para otro análisis. “Estamos casi al mismo nivel que el mercado anglosajón, tanto en cantidad como en calidad”, opina la agente literaria Sandra Bruna, una de las pocas que dedica gran parte de su actividad profesional a la literatura infantil y juvenil, “y esto era, sencillamente, impensable hace diez años”. Así pues, el panorama es optimista. Gran número de lectores. Fenómenos editoriales avalados por miles de lectores. Gran variedad temática. Nombres que aterrizan con fuerza en el mundo de la literatura para jóvenes. Variedad, calidad, relevo generacional… Y tampoco faltan, a pesar de los más pesimistas, muchos jóvenes con ganas de leer. Aunque cuidado, advierte la editora Alicia Soria, porque “el mercado del ocio adolescente cambia a gran velocidad y dentro de cinco años, las cosas habrán cambiado mucho. Lo único que puede hacer el mundo del libro es ofrecer calidad, no descuidar los contenidos y pensar en el lector”.