JAVIER MARÍAS
“El tiempo cambia la perspectiva de lo que más deseamos o rechazamos”
Entrevista de Guillermo Busutil. Foto Ricardo Martín
Javier Marías (Madrid 1951), escritor, traductor, articulista y miembro de la Real Academia, culmina con Veneno y sombra y adiós la trilogía Tu rostro mañana, iniciada en 2002 con Fiebre y lanza y Baile y sueño (2004), protagonizada por Jacobo Deza. Un miembro del servicio secreto M16 que tiene la extraña capacidad de descubrir el futuro en el rostro de los demás. Sus aventuras le permiten a Marías hacer una profunda indagación sobre la culpa, el miedo, la paz, la violencia, la traición, el alma de las cosas y el mundo contemporáneo. Este proyecto literario, que le ha llevado nueve años de escritura, se define por un estilo conscientemente digresivo y que utiliza todos los procedimientos narrativos para construir una reflexión ética, lúcida y escéptica acerca de todos los aspectos de la vida y de la naturaleza del pensamiento.
En Veneno y sombra y adiós el protagonista termina asumiendo la dificultad de conocernos a nosotros mismos y a las personas que nos rodean.
Todos queremos conocer cómo es nuestro rostro hoy o cómo será el mañana y también el de las personas que más nos importan. La novela reflexiona acerca de las cosas que hacemos o decimos según las circunstancias y que jamás habíamos pensado, de lo que podemos desencadenar al hacer algo sin pensarlo, y de las veces que las personas en las que teníamos una confianza ciega nos traicionan, provocando que nos preguntemos cómo no pudimos preverlo. A estas conclusiones llega Deza en la novela.
Además de esta limitación del conocimiento, el tiempo es otro de los temas de la novela ¿Qué importancia tiene el paso del tiempo en el cambio de percepción de las cosas?
Yo quería hablar también de la manera de vivir las pérdidas y de cómo el paso del tiempo hace que la recuperación de aquello que tanto se lamentó perder a uno le da una pereza tremenda. Hay una frase en mi libro que dice “un antes y un después nunca se sueldan”. Y es verdad, hay momentos en los que nosotros mismos no nos identificamos con lo que éramos tiempo atrás. El tiempo y las cosas nos cambian la perspectiva de lo que más deseamos o de la que más rechazamos.
Hay unas páginas acerca de la decadencia que produce el paso de los años que usted trata a través de los personajes inspirados en su padre y en su amigo Sir Peter Russell que han terminado siendo un homenaje.
En la manera de abordar los efectos del tiempo y sus circunstancias sí que hay una buena parte de ellos, de sus conversaciones y de sus personalidades. Por eso les pedí permiso cuando comencé la trilogía. Por otra parte el tiempo jugó un papel curioso en la novela ya que al morirse los dos, mientras escribía la novela, me encontré que, a pesar del lógico dolor que me produjo, tenía que hacer hablar y vivir a sus personajes y esto fue un consuelo. En cierto sentido tuve conversaciones con mi padre que ya no podía tener en la vida real y me resultó muy interesante esta especie de prórroga de sus vidas en la vida de la ficción.
La curiosa relación entre Jacobo Deza y su exmujer que lleva al protagonista a utilizar la violencia para protegerla de su amante y rival Custorday ¿es una defensa de las relaciones civilizadas después de una separación o una forma de posesión?
Deza aún conserva su amor hacia Luisa y también tiene un sentimiento de protección hacia ella y sus hijos. Esta idea de la protección, de la relación con el rival, me resultaba interesante para pensar en la violencia, en las emociones encontradas. Hay un concepto en la lengua anglosajona medieval que denomina el parentesco que dos hombres tienen por haberse acostado con la misma mujer. Una afinidad con el rival que le influirá a Deza en lo que debe o no debe hacer. Claro que en los tiempos actuales es más difícil saber con quién tenemos o no este parentesco.
Los métodos de los servicios secretos, como muestra la escena del video repleto de torturas es una dura reflexión sobre el poder. ¿Es conveniente no saber lo que hacen los Estados?
Los servicios secretos guardan filmaciones como instrumentos de poder. Cada vez tenemos que hacernos más a la idea de que se nos filma muchas veces más de las que somos conscientes. Y esto no lo hacen los servicios secretos ni los gobiernos para impartir justicia, sino para conseguir que alguien influyente deje de dar la lata. El concepto de justicia o de castigo no siempre lo tienen los Estados que siempre hacen cosas bajo cuerda y comenten actos delictivos. Tenemos ejemplos recientes en los vuelos de la CIA por territorio español o en las cárceles ilegales que Estados Unidos tiene en países europeos. Con esto quería reflexionar sobre que la gente no es tan ingenua y sí que es un poco hipócrita. Se escandalizan con estas cosas pero luego hacen la vista gorda.
¿Quería cuestionar así la naturaleza de la verdad y dar entender que la verdad es un espejismo?
La verdad siempre ha sido un espejismo. A menudo sabemos muy poco de las cosas, sean del pasado más remoto o de la actualidad. Continuamente hay versiones contradictorias, falsas interpretaciones interesadas. El trabajo de los historiadores se ha vuelto más dubitativo y cada vez se atreven menos a afirmar casi nada. Pese a tener hoy día muchos más medios para saberlo todo, acerca del pasado o del presente, menos conocemos.
En un momento de la historia usted habla de cómo afectó la caída del Muro de Berlín a los servicios secretos. ¿Cree que en esta época haría falta otro Muro de Berlín?
Los que hemos vivido la guerra fría tenemos días en que lo echamos de menos por inverosímil que parezca. Con el Muro había el peligro de que unos y otros se atacasen pero todo era más nítido, todo estaba más claro, existía la confianza de que nadie lanzaría una bomba nuclear y esto nos hacía vivir con menos sobresaltos. En cambio hoy, con el mundo menos delimitado, la sensación de amenaza es más real y la tenemos más a flor de piel que en aquella época. Aunque también sería injusto que existiese un muro.
España y los medios de comunicación no salen muy bien parados en esta historia. ¿Tan mal ve el país y al periodismo?
Hay cosas que uno exagera para divertirse como que España es un país envilecido hasta la médula. Pero lo de los medios de comunicación es real. En España y en todo el mundo dejan bastante que desear. Me irritan mucho los informativos en los que veo que nadie pregunta, que sólo se recoge lo que se dice, sin un verdadero diálogo, sin cuestionar o poner en apuros al que dice una banalidad. El periodismo actual es muy pasivo. Y si hablamos de la televisión, es peor aún. En España es espantoso y preocupante que un medio que tiene tanta influencia sobre la gente esté repleto de chismes, de vacuidades que no deberían dar tanto que hablar. La televisión es la licuefacción de los cerebros y es la culpable de que la ignorancia de la gente sea cada vez mayor.
Su novela tiene una trama de personajes que se complementan entre sí, como si cada uno tuviese algo del otro, pero sobre todo es una novela de pensamientos. ¿Su intención es despertarle la mirada al lector?
Es verdad que los personajes tienen una contaminación de los otros y que todos, menos el padre de Deza, están unidos por el hecho de haber cometido una traición que deben callar para que sus vidas transcurran aceptablemente. Pero sobre todo, en la novela hay muchas reflexiones en torno a la culpa, al silencio, la renuncia, que procuro que formen parte importante de la historia de Jacobo Deza. Como lector me gustan los libros que cuenten bien una historia, que tengan personajes que me conmuevan y situaciones que me sorprendan pero sobre todo que me dejen la huella, el eco, de una atmósfera, de reflexiones que nunca se me habían ocurrido o de que cosas que a lo mejor sabía pero que yo no sabía que sabía. Por eso también me gusta como escritor que el lector se detenga y que piense. Ojalá lo consiga.
“Hay una frase en mi libro que dice un antes y un después nunca se sueldan. Y es verdad, hay momentos en los que nosotros mismos no nos identificamos con lo que éramos tiempo atrás”



