NARRATIVA

Guillermo Martínez,Markus Zusak, Mario Mendoza, Isabel Allende, Mijail Kurayev, Mathias Enard, Emilio Calderón, Javier Marías y Enrique Vila-Matas

 

LECTURAS NARRATIVA

 

OJOS POR OJO

FÉLIX ROMEO

EL ORIGEN DE LA “INSPIRACIÓN” DEL ESCRITOR, LA VENGANZA Y EL AZAR SON ALGUNOS TEMAS QUE ABORDA EL AUTOR JUGANDO CON DIFERENTES VERSIONES DE LOS MISMOS HECHOS

¿Cuántas versiones puede tener una misma historia? O, mejor, ¿cuántas versiones ciertas puede tener una misma historia? Varias, claro. No hace falta más que pensar en Rashomon (y lo hago más en la adaptación cinematográfica de Kurosawa que en el relato de Akutagawa) o en El ruido y la furia de Faulkner. La nueva novela de Guillermo Martínez  (Bahía Blanca, Argentina, 1962) tiene tres versiones de unos mismos hechos, que se suceden en el relato  consecutivamente: primero, tiene una versión bastante misteriosa y desasosegante, que es contada por la mecanógrafa Luciana B; viene después la versión que cuenta el escritor Kloster, algo rara pero ajustada a los parámetros racionales; y termina con una tercera versión, que es la que descubre el narrador de la historia, autor de una novela llamada La deserción y que siempre ha mostrado  recelo ante el éxito de los libros de Kloster.  Me gustan mucho las dos  rimeras versiones de la historia, y algo menos la que acaba “triunfando”, porque hay que suspender la razón y caer en manos de los dáimones (sobre los que ha escrito largo y tendido Patrick Harper en su ensayo para crédulos Realidad Daimónica, Atalanta). Y aunque los dáimones procedan de las notas  de escritura de un escritor tan  poderoso como Henry James, yo no puedo evitar ponerlos en cuarentena.

Escuchar el relato que hace de su “caso” Luciana B. pone los pelos de punta: bordea la locura pero sigue una lógica que resulta muy difícil de desmontar: la paranoia, aunque sea paranoia mágica en este caso, consiste en  organizar los hechos para que funcionen “razonablemente”, y Luciana B consigue resultar muy convincente. De la misma manera, escuchar el relato que hace Kloster, quien ha caído en la desesperación tras la muerte de su hija, a la que adoraba, pero que ha alcanzado un éxito ncreíble, es incontestable: su  discurso sobre el azar es hermoso, y también perturbador, como todo lo que le rodea. (Sobre al azar, los laberintos y otras cuestiones científicas ha escrito Guillermo Martínez un libro muy interesante recién publicado en España: Borges y la matemática; Destino).

Luciana B. es una joven mecanógrafa. Presta, en exclusiva, sus servicios a Kloster, pero cuando Kloster se marcha a Europa para disfrutar de una beca, el editor de Kloster consigue que Luciana B. trabaje durante un tiempo para un joven escritor, temporalmente imposibilitado para la escritura por un accidente en su brazo, que vive en su pequeño apartamento con sus pequeñas cosas y sus pequeños asuntos intelectuales, de los que parece que no quiere escapar para enfrentarse a un mundo un poco más rabioso. Entre Luciana B., Kloster y el joven escritor se crea una relación que termina abruptamente: cruzan una línea de sombra tras la que se convertirán en personas completamente diferentes.

Parece que esa línea de sombra tiene que ver con la atracción sexual que ejerce Luciana B. sobre los dos escritores, pero esa atracción es sólo el Mcguffin de la acción, que está teñida de sangre y muerte. Asuntos como el origen de la “inspiración” del escritor (que creo que todavía no ha sido objeto de un estudio de categoría), como la venganza, como la Biblia (y la necesidad para unos cuantos de leerla en su sentido literal, como se hace con otros “textos sagrados”) o como la casualidad entran y salen del relato de Guillermo Martínez: consigue que los elementos más mágicos logren confundirse con los más racionales. En esa tensión están las mejores páginas de la novela, que recuerdan el ritmo y la intensidad de películas como Memento, de Christopher Nolan.

La muerte lenta de Luciana B
Guillermo Martínez
Destino. 19,50 euros. 232 páginas

 

LAS PALABRAS COMO SALVACIÓN

ALBERTO GUALLART

Los escritores alemanes, los filósofos alemanes y los artistas alemanes tienen que encararse con el pasado reciente de su país en algún momento de su carrera, necesitan ajustar cuentas con el Tercer Reich. Olvidar aquellos episodios siniestros es el peor servicio que cabe hacerles a las víctimas, y por eso, el brillo de la compasión se advierte con excelencia cuando es la canciller alemana quien postula el Premio Príncipe de Asturias para el Museo del Holocausto de Jerusalén.

Markus Zusak es un joven escritor australiano (Sidney, 1977) de padre austriaco y madre alemana que, desde muy pequeño, ha escuchado en su casa relatos terribles sobre el periodo nazi, las deportaciones de judíos y los  bombardeos de la ciudad de Munich. Todas aquellas historias fertilizaron en su día la imaginación de un niño que se las escuchaba a su madre, y hoy han inspirado la última novela del escritor en que aquel niño se ha convertido. Las columnas de judíos marchando hacia Dachau, la quema de libros desafectos coincidiendo con el cumpleaños del Fürher, el estupor de los alemanes cuando los primeros bombardeos aliados, etc., todos aquellos acontecimientos que le contaba a Markus Zusak su madre –la auténtica ladrona de libros– es de donde parte esta extraña novela.

La ladrona de libros es la historia enternecedora de Liesel Meminger, una niña que busca refugio en las palabras de los libros que va robando. Precisamente son estos libros los que van salvándole la vida a ella y a cuantos se le acercan. La vida diaria del Tercer Reich es el fondo sobre el que la niña y sus amigos se mueven, una cotidianidad reconstruida documentalmente al por menor con el objeto de que el lector se sienta lo más cercano posible a las historias que le narra un personaje de excepción: la Muerte. La niña Liesel roba libros para sobrevivir, en ellos aprende a leer y con ellos entretiene a sus vecinos durante los bombardeos en las esperas de los refugios subterráneos.

El nazismo y los libros llegan a ser alegorías del poder salvador de la cultura frente a la irracionalidad y al salvajismo, una misión bienhechora de los libros de la que Markus Zusak está completamente seguro.

Las múltiples historias que se cuentan en esta novela se hilvanan unas a otras igual que en la tradición oriental de Las mil y una noches o nuestro Conde Lucanor; no hay en La ladrona de libros un argumento fuerte que aguante las historias que se narran, ni existe tampoco una dirección clara hacia la que los personajes encaminen sus acciones. El estilo –y no los argumentos– es todo cuanto preocupa a Markus Zusak. Tal vez un vago afán moralizante y adoctrinador contra la crueldad sea la única nota que, argumentalmente, recorre las quinientas páginas del libro. Todo lo demás es estilo y palabras lustrosas.

En varias entrevistas que ha concedido a la prensa, este autor habla de la gema o de la joya que siempre busca colocar en cada página que escribe. Y, en efecto, eso es con lo que aquí nos encontramos: un delirio obsesivo por la palabra y la imagen deslumbrantes.

En La ladrona de libros hay también un componente fantástico –casi mágico– del que el lector es incapaz de sustraerse. El lector nunca puede olvidar que es de los “labios”de la  Muerte de donde aprende todo lo que le pasa a la niña Liesel. Una Muerte que –también en clave alegórica– es más sensible, piadosa y “humana” que los propios  hombres.

La historia que nos cuenta Zusak es tierna, a veces irónica, y a ratos sobrecogedora por los acontecimientos en que se apoya. Probablemente sea éste uno de los libros que, en los últimos años, se ha escrito con mayores dosis de buenas intenciones.Y la mejor de todas ellas es –sin duda– convencer al lector de que los descendientes del nazismo no se callan las palabras con que condenarlo.

La ladrona de libros
Markus Zusak
Lumen. 21,90 euros. 539 páginas

 

UNA FÁBULA DE NUESTRO TIEMPO

JORGE EDUARDO BENAVIDES

UNA REFLEXIÓN MORAL, CON CIERTA DOSIS DE NIHILISMO, QUE ABORDA LA TURBULENCIA POLÍTICA COLOMBIANA Y LA FRIVOLIDAD DE LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA

Para Gerardo Montenegro, la vida cambia por completo en el breve período en que pierde a sus padres y conoce de manera más bien accidental a Jesús María Castelblanco, un antropólogo recluido en la clínica psiquiátrica donde la madre de Montenegro se encuentra internada poco antes de morir. Estas son las breves y sin embargo contundentes líneas de tensión argumental que traza el colombiano Mario Mendoza en Los hombres invisibles, una suerte de fábula moral y con cierta dosis de nihilismo contemporáneo que permite al autor acercarnos desde un ángulo más íntimo a la turbulencia política y social colombiana.

Montenegro es un actor que se ha resistido a claudicar ante el facilismo mediático de la televisión y eso lo ha arrinconado como un artista con escasa proyección; ha sido engañado y abandonado por su mujer, situación que lo arroja a una primera etapa de autodestrucción de la que sale a flote milagrosamente, pero sólo para encontrarse con que su padre —distante, alcohólico y sobre todo avaro— lo llama para comunicarle que se muere, y que su madre —víctima de frecuentes enajenaciones mentales— también fallece. Como si este fuera el último escalón que le faltaba para alcanzar los subsuelos de una derrota profundamente existencial, Montenegro, gracias al azar que pone en su camino al trastornado antropólogo Castelblanco — que insiste en la existencia deuna mítica tribu de aborígenes sin contacto con la civilización en la selva del país— decide romper con su vida angosta, intrascendente y asfixiante en la capital colombiana y partir en busca de aquella tribu de hombres invisibles. En realidad, Montenegro sabe que no va detrás de estos hombrecillos misteriosos y de quienes hayescasa documentación; Montenegro  sabe que en realidad one en marcha una suerte de  viaje iniciático, un huida hacia adelante que en la novela se propone con un tono que oscila entre una aventura de carácter conradiano y una ácida reflexión ontológica que más bien nos acerca a Bernhardt. La novela adquiere así un ambiente de claroscuros que contamina toda la narración de un desasosiego ineludible.

Tanto en el registro épico de la aventura como en la reflexión moral acierta Mendoza logrando que la novela no desfallezca ni se encuentre en situaciones de aprieto narrativo. Muy por el contrario, la constante alusión a distintos personajes que guardan similitudes inquietantes se nos ofrece como un atractivo juego de espejos, de repeticiones y guiños que le dan a la novela su interesante acento de alegoría o advertencia sobre la frivolidad de la sociedad contemporánea. Sin ir más lejos, las equivalencias y oposiciones entre Montenegro y Castelblanco (la misma elección de los nombres no parece gratuita) resultan paradigmáticas puesto que ambos son outsiders que han perdido el vínculo esencial con su generación inmediata, con el hijo y con el padre respectivamente —una feroz alegoría de la descomposición del país— y que se lanzan en una viaje hacia los confines del infierno en busca de una redención que parece tan ingenua como fabulosa: encontrar a la tribu de los hombres invisibles, a esos aborígenes incontaminados por la civilización quede alguna manera los rescatarán  de sus vidas. Quizá el único defecto reseñable es la constante y enojosa intervención del narrador para explicarnos similitudes y confrontaciones entre los personajes, haciendo que se anule la reflexión del lector y la posibilidad de sus propios hallazgos: experiencia imprescindible en la lectura de una novela como esta.

Los hombres invisibles
Mario Mendoza
Seix Barral. 18,50 euros. 304 páginas

 

ARITMÉTICA DEL TIEMPO

LALE GONZÁLEZ

ALLENDE REVISA CON HONESTIDAD LOS CATORCE ÚLTIMOS AÑOS DE SU VIDA EN ESTE RECUENTO DE TRAGEDIAS FAMILIARES Y DISPARATADOS EPISODIOS 

Las comparaciones son tan odiosas como irresistibles para quienes las perpetran y difunden. Desde que Isabel Allende se propuso hacer carrera como escritora ha debido estar con una mano sobre el folio y con la otra tratando de sujetar la losa que lleva inscrito el nombre de Gabriel García Márquez. La publicación de La casa de los espíritus en 1982 hizo que la crítica pretoriana le perdonase un poco la osadía de acercarse al realismo mágico y, en un alarde de condescendencia, accedió a promoverla a la categoría de alumna listilla del maestro colombiano. Aquella fue una novela sobresaliente que ha resistido bien el complejo de inferioridad y el devaluador paso del tiempo. Más discutible es que la escritora chilena haya mantenido en su producción posterior el nivel de excelencia que vaticinaba aquella catapulta.

Parece como si, tras la muerte de su hija Paula, Allende hubiese extraviado el fuelle que insufla curiosidad incitando a averiguar vidas ajenas en el trasmundo de lo inventado. En sus trabajos más recientes la encontramos perfeccionando la estrategia del caracol, replegada hacia adentro, recluida en la arcadia de los recuerdos y las vivencias personales. La suma de los días es otra autobiografía, una especie de balance espiritual que registra en el haber y en el debe, resultado de la aritmética que el tiempo emprende con las emociones a fuerza de combinar esperanzas y desengaños. Pese a la voluntad de equilibrio, cede un poco la balanza del lado de esa melancolía distanciada con la que uno sobrevive a la ausencia una vez asumida la calamidad de la pérdida.

La escritora revisa los catorce últimos años de su vida y en este recuento -del que de nuevo es confidente Paula- hay cabida para lo familiar, lo divino y lo humano. Con el poderoso pulso narrativo que la caracteriza, simultanea Allende las anécdotas biográficas de su tribu con el traqueteo de su vida profesional por las esquinas del mundo. A la orilla de lo propio fluye con amenidad el curso de lo ajeno, con pertinentes reflexiones sobre la religión, la filosofía, la amistad o el amor. Precisamente aquí es donde estas memorias nos alcanzan, en la medida en que lo que se nos cuenta reverberal en nuestros abarcables universos cotidianos.

Con la irónica claudicación de quien se ha aceptado tal cual es se autocaricaturiza Allende como matriarca posesiva e invasora dispuesta a proteger a los suyos hasta saturarles, como una boa capaz de asfixiar con su abrazo sofocante. Asombra su poder de adaptación, la tolerancia sin límite que la lleva a sobrellevar situaciones que a otros nos abonarían a la consulta del psiquiatra: la intempestiva homosexualidad de su nuera, la drogodependencia de su hijastra Jennifer, la nieta enferma adoptada por una pareja de lesbianas budistas… (Con una familia así para qué andar inventando; cualquier parecido con la ficción más disparatada sería pura coincidencia).

Sin duda lo más destacable del libro es su desbordante honestidad. Pero como toda virtud conlleva su exceso es también éste el aspecto más discutible. Poco  importa que cuente la escritora con el permiso de sus parientes y amigos para desvelar secretos o que ella los enarbole como exponentes sociológicos. Muchos  ensaremos que la frontera entre honestidad e impudicia es tan fina que toda cautela es poca. Y es que, a poco que busquemos en nuestras casas, todos hallaremos esqueletos ocultos en los armarios (no existiría la expresiónen caso contrario). Otra cosa es que estemos dispuestos a airearlos en el cordel del patio global. Para exhibiciones de este tipo véase Gran Hermano o similar.

La suma de los días
Isabel Allende
Areté. 22,90 euros. 320 páginas

 

REVELADORAS NOCHES BLANCAS

RICARD RUIZ

UNA CORROSIVA HISTORIA SOBRE LA DURA REPRESIÓN DEL ESTALINISMO Y LA MORAL DE LOS FUNCIONARIOS

Mijaíl Kuráyev es un gran escritor. Afirmarlo podría ser en Rusia una obviedad, pero en España vale la pena airearlo como una revelación. Iniciado en la narrativa de forma tardía -con El capitán Dikshein (1987)-, este veterano guionista nacido en San Petersburgo en 1939 posee novelas de gran valía, como las previstas para su publicación en Acantilado Petia camino al reino de los cielos y Blok-ada. Para debutar en su traducción al castellano, sin embargo, la editorial de Jaume Vallcorba ha elegido la espléndida nouvelle Ronda nocturna, la historia de un policía estalinista que Kuráyev redactó tras conocer el testimonio de un agente durante una guardia obligatoria la víspera del 1º de Mayo de 1962. Elocuentemente subtitulado Nocturno para dos voces, este duro relato sobre las luces y sombras morales de los funcionarios de la represión soviética es en efecto un nocturno, una pieza serena, lírica y expresiva que evoca horas oscuras y recuerda a las composiciones musicales de Frédéric Chopin, y antes que él a las de su creador John Field, no en vano fallecido en Rusia. La noche que ocupa la guardia del protagonista, con todo, es una de las célebres “noches blancas” de San Petersburgo, las que cada verano permiten al crepúsculo fundirse con el alba en un espectacular prodigio de la naturaleza. El brillo de esas noches, inmortalizadas en la obra de Dostoyevski que Visconti convirtió en la película Le notti bianche, añade a esta ficción sobre las tinieblas del totalitarismo los claroscuros necesarios para erigirla en una bella y dolorosa, por momentos corrosiva y siempre epifánica, historia sobre la distorsión de la verdad.

Junto a los ambiguos epígrafes sobre la mentira con los que Gógol y Stalin, nada menos, abren y complementan la novela, uno de los rasgos menos explícitos de Ronda nocturna es su segunda voz. Para algunos será la del invisible guardia al que el protagonista se dirige, mientras le cuenta su iniciación policial, su aprendizaje del método represor y su incondicional adhesión al régimen: la voz del perfecto burócrata que justifica toda agresión antes de abandonarse a las más sensibles digresiones sobre el canto de los ruiseñores, el grado de cocción del esperlano o la vida marinera. Para otros, en cambio, el diálogo del narrador será con la propia San Petersburgo, la ciudad nórdica por excelencia descrita en su atmósfera de los años 40, con detalles asombrosamente precisos sobre las rutas de sus detenciones y la ubicación del hogar de los interrogados. Para unos y otros, en cualquier caso, esa segunda voz será también la de las víctimas de Stalin, propiciadas por la colaboración de agentes que, como el aquí recreado, obedecieron hasta perder de vista toda norma que no fuese la de la administración incuestionada del terror.

El gran acierto de Kuráyev, sin embargo, es no juzgar; dotar al narrador de Ronda nocturna de esa mixtura moral que permite el orgullo por el deber cumplido si se une a la necesidad de confesión. Así es como estremece el personaje cuando explica sus devaneos para encerrar a un detenido sin cumplir las formalidades, o cuando, en sus mejores páginas, rememora las dificultades de los bibliotecarios rusos para repescar, tras su prohibición por el estalinismo, los libros ya prestados, y hacerlo además en 24 horas para evitar la prisión. Así, en fin, es como Mijaíl Kuráyev, en las pocas páginas de una novela bella y desconcertante como una noche blanca, ilumina un mundo, revela sus sombras y da a luz a un personaje que resplandece en su opacidad.

Ronda nocturna
Mijaíl Kuráyev
Acantilado. 13 euros. 112 páginas

 

UN BREVIARIO PECULIAR

DANIEL CAPÓ

UNA PARODIA SOBRE EL LADO MÍSTICO Y LA CONDICIÓN ARTÍSTICA DE LA VIOLENCIA

No se llamen a engaño: Manual del perfecto terrorista no es un ensayo ni un sesudo tratado sobre la violencia y el terror contemporáneos – los primeros títulos que me vienen a la cabeza serían el extraordinario Tratado sobre la violencia, de Wolfgang Sofsky, y la ya clásica Teoría del partisano del jurista alemán Carl Schmitt -, sino una nouvelle de ironía volteriana, mordaz y a ratos desternillante. Su autor, el francés Mathias Enard (Niort, 1972), profesor de árabe en la Universidad Autónoma de Barcelona, y una de las jóvenes promesas de la literatura francesa, parodia la mejor tradición de la literatura dieciochesca – Rousseau, Voltaire, Swift –, en busca de la mentalidad nihilista que subyace al terrorismo.

Dividido en diez lecciones, un preámbulo y un epílogo, este libro es “un manual de terrorismo para principiantes que indica las condiciones de tiempo y dinero que se precisan, los estudios que hay que seguir, los exámenes que se han de salvar, las aptitudes y facultades necesarias para conseguirlo…”. Sus protagonistas, el negro Virgilio y su maestro, nos muestran, paso a paso, las claves prácticas e intelectuales del terrorismo, a saber: la importancia de la causa que se defiende, el lado místico del terror o su condición artística, que no sólo ética. Por supuesto, la fina ironía que destila el relato sostiene la trama de una novela que termina – no podía ser de otro modo – en el disparate de un  rocambolesco martirio.

El tono abiertamente cínico del libro molestará a algún lector al igual que, en su día, molestaron las páginas de Voltaire. La libertad estilística del autor es absoluta. El sarcasmo, evidente. Como breviario de educación, el libro bebe del espíritu anárquico de un Guillermo Brown, sin el conservadurismo último del inglés; quizá porque el autor - por tradición, por estilo, por sensibilidad - pertenece a una heredad marcadamente francesa. Un libro, en definitiva, que puede gustar o no a partes iguales.

Manual del perfecto terrorista
Mathias Enard
Belacqua. 14 euros. 118 páginas

 

LA PORCELANA COMO PRETEXTO

F. MORALES LOMAS

CALDERÓN LE REVELA AL LECTOR EL MISTERIO DE LA PORCELANA Y SU DESCUBRIMIENTO, ADEMÁS DE INSTRUIRLO EN LA CIVILIZACIÓN CHINA

La narrativa que más se vende hoy día se sustenta sobre el secreto. Si recorremos las catedrales, sean o no del mar, y los códigos y templarios diversos nos percatamos de que la sustancia narrativa se ha sustentado en la piedra filosofal del secreto. En el caso que nos ocupa: la porcelana. El malagueño Emilio Calderón publica su segunda obra adulta, El secreto de la porcelana, con varios propósitos: revelarnos el misterio de la porcelana y los intríngulis de su descubrimiento, y facilitarnos el acercamiento a la civilización china. El lector podrá percibir el aserto clásico de entretenerse aprendiendo.

Creo que es la rémora de Calderón por su faceta en el mundo infantil-juvenil y su afán por dotar a la obra literaria de finalidad educativa, propedéutica, didáctica... En su obra queda todo muy organizado, muy estructurado y muy proyectado hacia un lector ávido de secretos.

La novela se construye inicialmente sobre la estructura de las cajas matrioska: un personaje que lleva a otro. Luis Rambaud asiste a la conferencia del explorador Pablo Solórzano con el título de El secreto de la porcelana, y ésta servirá como pretexto narrativo para desarrollar la historia que se vertebra sobre un trípode: Miguel Blasco, que mandata a Solórzano publicaruna obra que le entrega; la historia de Damián Ossorio, una rocambolesca aventura en su intento por descubrir el secreto de la porcelana; y la historia de Böttger, el descubridor de ésta en Europa. Las tres historias van alternándose y sustentándose en elementos históricos, fragmentarios, inventados y con toda suerte de citas literarias y una cierta promiscuidad instructiva. Una novela que lleva al lector por los vericuetos posmodernos del descubrimiento de secretos.

El secreto de la porcelana
Emilio Calderón
Roca Editorial. 17 euros. 222 páginas

 

ADIÓS A TODO

PEDRO M.DOMENE

PROFUNDIDAD Y ELEGANCIA CONVERGEN EN ESTA NOVELA DE AMOR QUE INDAGA EN EL SENTIDO DE LA CULPA Y EN TEMAS ACTUALES COMO LA POLÍTICA O LA CULTURA

Javier Marías (Madrid, 1951) entrega la tercera y definitiva parte de la trilogía Tu rostro mañana. Uno de los más ambiciosos proyectos de la narrativa española contemporánea, en el más conceptual estilo de quienes ensayan sobre nuestra misteriosa y enigmática existencia. Tras Fiebre y lanza (2002), Baile y sueño (2004), con Veneno y sombra y adiós (2007), consigue asociar de forma magistral esa capacidad de mezclar ficción con una velada realidad tangible como se demuestra hacia la mitad de la novela, tras un inesperado regreso a Madrid del protagonista que evidencia cuanto se adivinaba en toda la historia.

Jacobo Deza consigue poner orden en su vida, pese al contundente deseo de no contar nada con que comenzaba Fiebre y lanza, o ese anhelo que instaba a que nadie fuera capaz de preguntar, ni rogar consejo, favor o incluso atención, en Baile y sueño, de guardar un secreto, mintiendo o traicionando para así poder adentrarse en una laberíntica trama capaz de interpretar aquellos fantasmas que asolaban su existencia y, por extensión, a quienes, como él, no fuesen capaces de discernir ficción y realidad. Extraña forma de vida que lo alejará de todo para volver, como algunos años antes, tras su estancia en la universidad de Oxford, de nuevo a Inglaterra, ahora a Londres, quizá el único lugar del mundo donde la realidad nunca resulta como parece. De hecho, será contratado como traductor por un extraño grupo surgido del famoso MI6, tras la Segunda Guerra Mundial. De la mano de sir Peter Wheeler, un anónimo Jacques, Jaime o Jacobo, dilucidará sobre páginas de historia universal, incluida la crueldad y el odio en el mundo o acerca de una sociedad frívola o incrédula, en el mejor arranque de las tres entregas, en una especie de ensayo continuado que proviene de sus columnas semanales y ofrece una disección de los aspectos más inusitados de lo cotidiano: la política, la cultura, la economía, la telebasura y arremete, incluso, contra los gobernantes locales de las últimas décadas. Marías se mueve perfectamente en este terreno, pero desciende en calidad para contar la historia personal de Jacobo Deza, y alcanza sus mejores logros cuando conversa con dos de los personajes que representan al padre de Deza y al profesor Wheeler, en realidad, sendos viejos que  forman parte tanto del pasado del protagonista narrador como del propio novelista.

Profundidad y elegancia convergen en muchas de las páginas de Tu rostro mañana. 3 Veneno y sombra y adiós con que se completa esa visión narrativa acerca de las interpretaciones, las intuiciones, los credos y las visiones del ser humano tras un devastado siglo XX que pregona un presente siglo con semejantes premisas al anterior. Novela de amor, indaga sobre el sentido de la culpa o la añoranza del pasado, quizá los únicos pasajes humanos del relato porque insiste en los malos tiempos que nos han tocado vivir, tan soberbios como jactanciosos, donde triunfan desaprensivos, la corrupción generaliza a izquierdas y derechas y el desprecio por la intimidad es total porque justifica lo injustificable. Maestro de la digresión, sabio erudito, Marías, campea por temas como el cine, la pintura, la literatura y otras aficiones propias. Como cualquier lector inteligente pudiera esperar, el autor deja sin explicación algunos de los episodios vividos con la joven Pérez Nuix, con Beryl o su relación con Tupra, De la Garza o su vecino bailarín, incluso el trato, mejorado, con Luisa, su ex y sus propios hijos, porque la novela, como señala uno de sus personajes reales, Francisco Rico, cuando ha dejado de ser un espejo a lo largo del camino, fácilmente se convierte en un camino a lo largo de un espejo.

Tu rostro mañana 3 Veneno y sombra y adiós
Javier Marías
Alfaguara. 22,50 euros. 712 páginas

 

LA REALIDAD QUE NOS MIRA

JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA

Acababa de leer Exploradores del abismo de Enrique Vila-Matas. Imaginé al escritor sentado junto a la ventana del café Kubista de Praga poniendo simbólicamente punto final al libro. Lo había imaginado antes oculto bajo los nombres que protagonizaban cada uno de los relatos. Me puse a escribir las impresiones que el libro me había producido. Cuando yo también estaba dispuesto a poner el punto final, el ordenador me hizo una pregunta y pulsé la tecla equivocada. La pantalla se quedó inmediatamente blanca, vacía. Me sentí como si estuviera tendido en la mesa de operaciones, bajo las luces frías del quirófano, y el anestesista me aplicara la sustancia que habría de ir alejándome dulcemente de la realidad. En ese instante pensé en la misma frase de Scott Fitzgerald que Vila-Matas cita en unos de los cuentos: “La vida es un proceso de demolición”. No había vuelta atrás. Fui incapaz de reconstruir lo que había escrito sobre el libro. Entonces me vino a la memoria la imagen de Vila-Matas en el aeropuerto de Barcelona tras el extraño viaje a Buenos Aires. El escritor estaba muy enfermo y se comportó como un sonámbulo que balbuceaba la siguiente respuesta a quienes le preguntaban por qué llegaba sin maleta: “La vida no sabe qué clase de vida lleva”. Vila-Matas escribe que la herida interior nunca cicatriza. Él era un superviviente mucho antes de entrar en el quirófano del hospital Vall d’Hebron. Pero a partir de entonces fue aún más consciente de la fragilidad del ser humano. El escritor se convirtió en el funámbulo que intenta guardar el equilibrio entre lo que fue y lo que es ahora. El hombre que vive fuera de sí y el que está fuera de aquí. Al otro lado del alambre se hospeda la luz. Hacia ella camina el escritor Vila-Matas. El hombre que acaba de poner punto final al libro de cuentos Exploradores del abismo en el café Kubista de Praga y en cuyos relatos es el que ya no se agita, el que no tolera la soledad, el que teme la insidia del tiempo y de la edad, el insomnio, el temblor de los límites, el que hace tiempo que dejó de andar por el lado más bestia de la vida. El escritor que de pronto descubre en el confortable café Kubista de Praga que se ha vuelto discreto, elegante, tranquilo y geométrico. El mismo que nos lleva por la cuerda floja para mostrarnos la frágil frontera que separa la luz de lo siniestro. El vacío. Los sentimientos. La oscura realidad y la luminosa literatura. El corazón, el hígado, la sangre. Los argumentos de estos cuentos que vienen a ser una transfusión verbal que salva al escritor de la nada que lo rodea. Una confesión. ¿Acaso no depende todo de nuestra particular manera de interpretar el vacío que nos rodea? Vila-Matas se ha convertido en un profesional de la extrañeza. Un superviviente que escribe sin miedo. Un niño, Iluminado, que apoya la frente en la pared para recibir los consejos del padre que ya ha muerto. El niño que escribe y que nunca habrá de crecer si aspira a seguir escribiendo. Un hombre enamorado platónicamente de Nueva York que amó a Bo en el silencio de una nave espacial. El que un día, asomado al tajo de Ronda, oyó el susurro de una frase que le salvó la vida: “Las obras de arte, escasas, dan contenido intelectual al vacío”. El escritor que prefiere convertir en vida la literatura antes que la literatura se desplome, definitivamente, bajo el peso del mundo. Vila-Matas se va deslizando hacia lo simple. No ha perdido el humor, al contrario. Busca la sencillez, la palabra desnuda, sin adornos. Ha encontrado en la vida y en la literatura la simplicidad que sólo existe cuando contamos una historia. El escritor que no se cansa de repetir que le gusta abismarse. Y ustedes se preguntarán: “¿Y qué ve cuando se abisma?”. Enrique Vila-Matas responde muy tranquilo: “La realidad que nos mira”.

Exploradores del abismo
Enrique Vila-Matas
Anagrama. 18 euros. 416 páginas