El reportero ante la historia

El primer testigo y notario de la notica

ANTONIO RAMOS ESPEJO

“El reportaje sustenta la base para la construcción de la historia universal, de la intrahistoria de la que habla Unamuno”

Si la comunicación tiene sus genes en la noticia, como primer impacto del mensaje, el reportaje es el rey de la creación periodística. Con más de cuarenta años de periodista y reportero a mis espaldas, ahora es cuando me ha subido la adrenalina del orgullo profesional al hacerme ferviente defensor de la tesis de Ryzark Kapuscinski y su reivindicación de Heródoto como padre del periodismo, más concretamente del reportaje, aparte de habérsele otorgado ya la paternidad de la historia. El reportero, desde que pisa la calle, los charcos, los escombros, las trincheras o los campos de cadáveres, se convierte en el primer agente de la historia. Heródoto es el primer historiador que cuenta los hechos desde los escenarios en los que trascurren. Después del periodista vendrán los nuevos historiadores, escritores, filósofos, sociólogos…. Kapuscinski, desde su condición de periodista, viajero, cronista de guerras, testigo de éxodos, remarca esa condición de primer notario de la actualidad del reportero y todas esas circunstancias que rodean la forma de trabajar del historiador griego, cuyo modelo sirve de pauta para todo reportero de nuestro tiempo:

“En el mundo de Heródoto, el individuo es prácticamente el único depositario de la memoria. De manera que para recordarlo hay que llegar a él; y si vive lejos de nuestra morada, tenemos que ir a buscarlo, y cuando ya lo encontremos, sentarnos y escuchar... recordar y tal vez apuntar. Así es como, a partir de una situación como ésta, nace el reportaje”. (…)  “Es un reportero nato: viaja, habla con la gente, escucha sus relatos, para luego apuntar todo lo que ha aprendido o, sencillamente, recordarlo”.

A través de los siglos, hay un traspaso de funciones del historiador al periodista en la construcción de la “historiae apodexis”, como testigo fundamental y directo, como el que levanta y registra la primera acta notarial. De sus manos sale el documento ante la historia. Manuel Vicent dice que dentro de cien años los estudiosos que quieran saber a quiénes pertenece la interpretación de la historia deberán leer “todos los días el periódico donde a partir de la I Guerra Mundial se refugia el alma del siglo XX”. Manuel Chaves Nogales se convierte a este periodismo de primera mano cuando se le encomienda cubrir el evento de la llegada a Huelva de la tripulación Plus Ultra, después de atravesar el Atlántico. Sale entonces de la sala de redacción a romperse las suelas de los zapatos, por decirlo gráficamente, para cazar su presa más codiciada: la noticia de primera mano. Bob Woodward (reportero junto con Bernstein en el caso Watergate) aporta la noticia de portada cuando se topa con ella en el lugar de los hechos:

“Mi primera historia de primera página fue sobre un incendio en el que murieron cuatro niños. El redactor jefe de noche fue inteligente y me autorizó a ir a la escena del suceso. Fue la primera vez que vi un cadáver. Los conté y eran cuatro. Cuando volví el redactor jefe me preguntó: “¿Viste los cuatro cadáveres?”. “Los vi”, contesté. Pero en el lugar del suceso también me había encontrado a un vecino que me había dicho que el edificio violaba un montón de normas contra incendios, sin que nadie hubiera hecho la menor inspección. No te encuentras con ese buen material si no vas sobre el terreno”.

Los reporteros han estado ahí, en las trincheras de las guerras, pagando con sangre su arrojo, soportando el frío de las tempestades, desafiando el furor de los dictadores en la defensa de la libertad, sacrificando a sus familias, en la soledad, mal pagados y peor comprendidos, en primera fila de las manifestaciones, testigos excepcionales de tantas huelgas, destapando injusticias y escándalos, siempre en busca de la noticia, donde la observación de la realidad no engaña, para conseguir el primer apunte en directo o el implacable testimonio gráfico. Estas noticias, recogidas de las más diversas formas por los periodistas, han sido y son las que sustentan la base para la construcción de la historia universal, de la historia de los pueblos, de la intrahistoria, de la que habla Unamuno.

El reportaje, en líneas generales, es un género periodístico que combina la información con descripciones e interpretaciones de estilo literario. A mi juicio, el reportaje es inclasificable. Hay tantos modelos de reportajes como modelos de reporteros. Desde los modestos plumillas sin derecho a firma, de los que aún no ganan para comprarse unos pantalones de estambre, como diría Tom Wolfe, hasta los grandes dioses del género. Chéjov, uno de los pioneros, que convirtió una investigación para una tesis doctoral en medicina, que fue rechazada, en un gran reportaje sobre una colonia de presos: La isla de Sajalín. Éste es un género abierto: grandes y pequeños reportajes, reportajes de investigación, reportajes de viajes, reportajes-crónica, reportajes de recreación histórica, reportajes biográficos, reportajes vitales, de los que levantan historias sencillas de la gente.

Cada reportero, en su formación, tiene sus propias referencias. Mis referencias más cercanas llegan de generaciones que mezclan ya unos nombres con otros: Oriana Fallaci, Dominique Lapierre y Larry Collins, Tico Medina, Manolo Alcalá, Vázquez Montalbán, Raúl del Pozo, Maruja Torres, Manu Leguineche, Carmen Sarmiento, Alfonso Rojo… o figuras míticas que me influyeron, como Truman Capote, para hacer algún reportaje atípico como La ciudad del olvido (en Ideal) con los internos del manicomio de Granada; o más tarde, El caso Almería, en formato libro… O Azorín en la Andalucía trágica, que me lleva con Ricardo Martín a recorrer los escenarios europeos donde se refugiaban precisamente los herederos de la tragedia del campo andaluz… El reportero Gerald Brenan te lleva por los senderos de la historia con las figuras de García Lorca, las víctimas de Casas Viejas y la España negra del maquis. De Francisco Ayala aprendes a escribir como si estuvieras viendo las cosas, como hizo Muñoz Molina en el Robinson Urbano (en Diario de Granada) o en sus crónicas más recientes de Ventanas de Manhattan … Y hay ejemplos jóvenes que siguen las sagas históricas de los más sacrificados, como Julio A. Parrado o José Couso, como tantos reporteros sin fronteras, abatidos en escenarios de guerra como si fueran ya el relevo del icono fotografiado por Robert Capa en Cerro Muriano (Córdoba).

Reporteros siempre. Aunque los patronos de los periódicos y de los medios en general pretendan eliminarlos de sus nóminas al convertir las redacciones, como dice García Márquez, en “laboratorios asépticos para navegantes solitarios donde parece más fácil comunicarse con fenómenos siderales que con el corazón de los lectores”. Por mucho que los directores, convertidos en ejecutivos, intenten secuestrar el alma de las redacciones, siempre habrá reporteros dispuestos a ser los primeros agentes en la cadena de la historia.