EDITORIAL

LITERATURA DE ACTUALIDAD

Desde sus inicios, el periodismo tiene sus raíces en la literatura porque su objetivo es contar historias, combinando la función informativa, la interpretación de los acontecimientos y el despliegue del lenguaje en todas sus posibilidades. Así lo demuestran las narraciones de Heródoto sobre las guerras antiguas, las Crónicas de Indias, los artículos de Blanco White, de Larra, de Chaves Nogales y más recientemente de Francisco Umbral, entre otros nombres. Se trata de saber encontrar la forma de comunicar una noticia con rigor, con claridad, con la precisión de unas palabras que transmitan emociones, ideas, imágenes. Da igual que se escriba de política, de la guerra, de las tragedias sociales, de una anécdota o del diálogo que refleja el intelecto o la humanidad del entrevistado. Lo que cuenta es la calidad de la mirada, de la información y del lenguaje que mejora el mensaje diario de los periódicos. Esa búsqueda de una narrativa de periódico dio lugar en la década de los sesenta a la aparición del nuevo periodismo que ejercieron Tom Wolfe, Norman Mailer, Truman Capote, Vargas Llosa y García Márquez, apoyándose en las técnicas del periodismo y en las estrategias narrativas.

La literatura de diario no sólo levanta acta notarial de los hechos y transmite lo que escucha, lo que ve y lo que vive. También es una manera de conversar con el lector, de despertar su interés y su pensamiento. Esta labor requiere igualmente huir de la rutina, del capricho y de la facilidad para narrarle al lector la realidad con fidelidad, respeto y estilo. Esta forma de la literatura puede tener humor, compromiso o ser atrevida pero nunca debe perder el espíritu de la veracidad.

En este número, profesionales de este género explican con brillantez las virtudes y defectos de la escritura de periódico, las condiciones del buen reportero, entrevistador o articulista. Cada uno de ellos aporta las claves en las que se mueven los escritores de diario que nos orientan en la compresión del mundo.