Viejas historias eternas
El arraigo con los paisajes y los personajes
LUIS MATEO DÍEZ
“Pocos autores contemporáneos son dueños como Delibes de una mirada comprometida con un mundo y con unos personajes que sobrevuelan con la verdad que los haría reconocibles en la propia vida”
La ocasión de una hermosa edición de los Cuentos Completos de Delibes, en la editorial Menoscuarto, hace propicio un nuevo viaje a esa zona, tan reveladora y significativa de su obra, muy concretamente a las Viejas Historias, que son algo así como el crisol de un universo que irradia la totalidad del mismo.
Pocos autores contemporáneos son dueños como Delibes de una mirada comprometida con un mundo y vertida en un estilo que expresa la peculiar identidad de lo que ese mundo contiene. Las ataduras reales del escritor son muy explícitas, desde la geografía a la catadura de unos personajes que sobrevuelan con la verdad que los haría reconocibles en la propia vida, pero la trascendencia de la mirada, la hondura y la complejidad con que Delibes se hace dueño de su patrimonio, pertenecen a las conquistas de lo imaginario.
Un paisaje de la observación que se trasmuta en un paisaje de la universalidad simbólica, un latido de seres humanos que habitan la cercanía de sus más que verosímiles resonancias vitales y se adueñan de esa imagen arquetípica que los integra, sin más, en la propia resonancia de lo que llamamos condición humana. La dirección que encamina lo local a lo universal, lo inmediato a lo eterno, tiene en Delibes una orientación muy poderosa que fortalece el sentido de las historias del modo más significativo y complejo.
Se ha dicho más de una vez que las Viejas historias de Castilla la Vieja contienen al Delibes esencial y puede que sea cierto, aunque la esencialidad de Delibes se encuentra muy expandida por todos los vericuetos de su obra como una irradiación. Es lo que habitualmente sucede con los grandes autores.
La correa de transmisión entre los cuentos y las novelas produce el reverbero del mismo espejo, siempre con el dato de identidad creadora que se identifica, al pie de un estilo insustituible, con la viveza de los personajes. Hay una extraordinaria correspondencia entre personajes y paisajes. El escenario tiene una identidad definidora en el sustrato de quienes lo habitan, y muchas de las vicisitudes de los personajes se amoldan a las dramáticas tensiones del arraigo y el desarraigo.
El mayor compromiso imaginario del universo de Delibes se encuentra en los seres que lo habitan. Personajes que expanden la verdad de sus emociones, sentimientos y sufrimientos. En la denodada lucha por la vida de una supervivencia casi siempre difícil y, con frecuencia, oscura o postergada.
En el testimonio de las viejas historias, en el recorrido por un censo irrepetible donde quien cuenta y recuenta tiene el don de la mirada, de la comprensión y el aprecio de los secretos de los demás, hay (es verdad) un grado límite de significación y expresión.
Las armas del escritor se avienen con un fulgor especial a la sabiduría de su uso, son irremisiblemente las armas de quien entiende la vida como portavoz de la misma, sin trabas personales, como quien conquista lo ajeno desde el más hondo conocimiento.
La eternidad de las historias es, al fin, esa otra conquista radical y absoluta que supone la derrota del tiempo en la complejidad de este espejo de la ficción, donde el escritor mantiene incólume la propuesta para que podamos seguir viendo, leyendo, lo que él miró, vio e inventó.



