EDITORIAL

EL DOMINADOR DEL LENGUAJE

Miguel Delibes cumple otro octubre de su vida y también sesenta años del Premio Nadal que ganó con La sombra del ciprés es alargada. Una novela a la que le siguieron muchas otras, como Las ratas, Los santos inocentes o El hereje, en cuyas páginas el prestigioso Premio Cervantes dejó patente su dominio del lenguaje, al que persiguió como si persiguiese a una perdiz roja, sintético, preciso y natural. El estilo con el que, a lo largo de su camino por los cotos de la narrativa, del teatro y del periodismo, armó extraordinarias historias que ahondaron en el alma y en la defensa de los valores del hombre. Estas son las señas de identidad de un escritor insobornable, con un admirable trasfondo intelectual y una seriedad melancólica que impregnan su visión humanística de la amistad, del amor, de la muerte y de la naturaleza; temas que ha explorado en sus obras fijándose en la excepcionalidad de los pequeños detalles y prestándole sus oídos a la dignidad y al dolor de sus paisanos para darles entidad literaria con su propia voz.


Miguel Delibes ha sido también un importante maestro del periodismo, al que consideró un borrador de la literatura, demostrando siempre su independencia, su buena pluma y su capacidad de resaltar el aspecto afable de cada acontecimiento. En ese oficio fue un indiscutible y estimado maestro, desde la dirección de El Norte de Castilla, de jóvenes aprendices como Francisco Umbral o Manu Leguineche.


Pero por encima de todo, Miguel Delibes es un hombre sabio que se ha convertido en un clásico vivo y referencial en la literatura española. Igual que en su tierra, el escritor es un árbol totémico (tal vez la encina, como señalaba Cela en un artículo de 1995 sobre el icono de la naturaleza de Castilla) que guarda la historia, la idiosincrasia de sus gentes y la vida del paisaje.