ENSAYO Y POESÍA
Góngora, Gautier y Lara Cantizani, Andrés Barba y Javier Montes
LECTURA CRÍTICA DE GÓNGORA
MARÍA VICTORIA ATENCIA
LUIS DE GÓNGORA FUE PRÍNCIPE DE UN NUEVO MODO DE SENSIBILIDAD Y DE EXPOSICIÓN AL QUE ACERCARSE CON HUMILDAD
Es bien sabido: los ingleses descubren a Cervantes –incluso en vida del propio don Miguel-, los alemanes descubren a Calderón y los franceses a Góngora: “¡Vive Gongorá!” es la consigna que renovará toda la poesía francesa posromántica y de la que los españoles aprendimos a considerarlo.
He dicho alguna vez que Góngora es la mayor aventura de nuestro idioma y nuestro mayor poeta, si no fuera porque tendría que competir con Fray Juan de Yepes y con los sonetos de Quevedo y de Lope. Pero de lo que no cabe duda es de que Góngora constituye la mayor aportación de Andalucía a la poesía española de todos los tiempos. Hoy, después de Dámaso Alonso y su estudio del poeta cordobés, y en especial después de su edición del Polifemo, nadie habla ya de un Góngora príncipe de la luz y príncipe de las tinieblas. Porque sabemos que sólo hay una voz y no las dos –cara y cruz- que se le creían oír. Góngora es difícil y sólo se llega a él por una sucesión de hallazgos que requieren indudable esfuerzo. Góngora fue príncipe de un nuevo modo de sensibilidad y de exposición al que es preciso acercarse con la humildad con que en el XX, un nuevo Siglo casi de Oro y formando parte de una cadena increíble, Dámaso se acerca al Polifemo, Cossío a los romances, Alfonso Reyes al conjunto de su obra y Biruté Ciplijauskaité a los sonetos de don Luis, con los que el principado de las tinieblas se desmorona como una torre abolida para dejar paso a la luz.
Era preciso acercarse a Góngora desde el propio Góngora, que revisó personalmente la copia de sus poemas en el manuscrito Chacón y que lo haría –podemos suponerlo- con la exactitud y el rigor que le caracterizaban. Y era preciso que releyeran ese manuscrito Foulché-Delbosc y enseguida Millé para que Góngora acabase de volver a entrar por la puerta grande de nuestra poesía.
Biruté Ciplijauskaité, lituana contumaz y profesora en Madison, dio un paso más en la larga andadura ya apuntada de Alfonso Reyes, de Antonio Vilanova, de Robert Jammes. Porque todos ellos habían marginado los sonetos. En su día, el propio don Antonio Chacón dio de lado a buena parte de los sonetos satíricos y burlescos que circularon en papeles sueltos durante los primeros 20 ó 40 años. Biruté parte del manuscrito de don Antonio Chacón, que ya había servido de base imprescindible a F.-D. y a Millé y que ya añadían hallazgos, correcciones y detalles históricos y bibliográficos. Tanto Chacón como F.-D. y Millé ofrecieron estos poemas en grupos temáticos y otro tanto hace Biruté, sólo que acreciendo el número de esos grupos al añadir los de autoría dudosa y los de autor conocido pero distinto de don Luis. Biruté examina críticamente y reseña un número abrumador de códices y carpetas, especialmente del XVII, y de ediciones anteriores a la de Vicuña (1627) para ofrecernos –documentándola e interpretándola - la más fiel lectura posible de cada una de las composiciones. Algo que, antes, nadie había intentado siquiera.
Biruté entregó el manuscrito de su obra a Castalia a comienzos de 1969 y aguardó inútilmente su impresión durante diez años. Finalmente se hizo cargo de la edición el ampliado programa de publicaciones de The Hispanic Seminary of Medieval Studies, más tarde dependiente de The Hispanic Society of America, al que me envanece pertenecer como Honorary Associate. Y cuando hoy podemos disfrutarla en el facsímil pluscuamperfecto de nuestra Consejería de Cultura, nos damos cuenta de que escribir ese libro fue un milagro debido a la perseverancia y el saber de Biruté Ciplijauskaité; editarlo fue un alarde de generosidad por parte del Seminario de Estudios Medievales; y reimprimirlo ahora, como homenaje a Góngora en su centenario, una decisión impagable de esa Consejería.
Sonetos
Góngora
B. Ciplijauskaité (ed.) Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. 9 euros. 344 páginas
EL GAUTIER DE CARLOS PUJOL
LUIS ALBERTO DE CUENCA
GENEROSA MUESTRA DE LOS POEMAS ESPAÑOLES DE GAUTIER Y OTRAS PIEZAS EN LAS QUE EL POETA MEZCLA EL SARCASMO Y EL DISFRAZ ESTÉTICO DE LA INDOLENCIA
Los manuales escolares de literatura francesa valoraban sobre todo a Théophile Gautier (Tarbes, 1811 - París, 1872) como autor de un impecable libro de versos, Esmaltes y camafeos (1852), en el que se anuncia la teoría del “arte por el arte” que caracterizaría más tarde a la escuela “parnasiana”. Pero, además de precursor poético de corriente tan poco engagée (gracias a Dios) y tan delicadamente escapista, Gautier fue desde su adolescencia —la primera edición de sus Poesías data de 1830— un lírico de primerísima fila, además, cómo no, del cuentista fantástico que todos conocemos (y cuando digo “todos” me refiero a los diez o doce de siempre).
Aún no había cumplido nuestro autor veinte años cuando escribió un artículo en honor del gran E. T. A. Hoffmann, muy popular en Francia a raíz de las traducciones del barón de Loève-Veimars, que serían las culpables de la entronización de la fantasía en las letras galas. En poesía como en prosa, Théo (que es como le llamaban los amigos) suele mezclar la exaltación con el sarcasmo y procura en todo momento disimular sus inquietudes metafísicas bajo el disfraz estético de una despreocupada indolencia. El lector que se acerca a la obra de Gautier sonríe y, al mismo tiempo, saborea con delectación la magia lírica —y algo épica, porque su poesía no renuncia a lo narrativo— que el autor le ofrece disciplinada por un lenguaje estricto y creíble, pues no hay marco mejor para un idóneo desarrollo de la oscuridad irracional que el diseñado con realismo.
Sin embargo, hay ocasiones en que acentos más graves llegan a percibirse. Y es que el diletante Gautier no carecía de obsesiones, como atestiguan sus amigos y familiares (su hija Judith, esposa de Catulle Mendès, sobre todos). El poeta de las simples apariencias poseía, como supo ver su discípulo Baudelaire, una “inteligencia innata de la correspondencia y del simbolismo universales” (el tema del mal de ojo era, por ejemplo, una de las obsesiones del escritor, según testimonian su yerno Émile Bergerat, casado con su hija menor, Estelle, y su citada hija Judith).
Todo esto puede comprobarse fácilmente acudiendo a una librería y haciéndose con la magnífica edición que de los Poemas de Gautier acaba de regalarnos Pre-Textos por medio de ese sabio poeta y formidable crítico que atiende al nombre de Carlos Pujol, uno de los escasísimos humanistas que nos quedan en estos malhadados tiempos que nos ha tocado vivir. De la amplísima obra poética de Théo, Pujol ha entresacado, siguiendo unos criterios muy personales, una cincuentena de piezas, presentadas en su lengua original y en modélica traducción del antólogo, quien ha enriquecido el libro con una atinada introducción en que se sitúa a Gautier en el marco de su época, en su biografía y en su estética literaria, y con un puñado de imprescindibles notas exegéticas ubicadas al final del volumen.
Me enamora el siglo XIX francés en literatura, y en esa centuria, ya de por sí privilegiada, ocupa un lugar de excepción Théophile Gautier. La relación que un meridional convicto y confeso como él mantuvo con España dio frutos importantes en su escritura. ¿Quién no recuerda su novela corta La maja y el torero, de evidente influencia hispánica? En el curso de un viaje por nuestro país que se prolongó durante varios meses de 1840, Gautier se empapó de nuestros tópicos y de nuestros paisajes hasta el punto de que son numerosos los poemas que compuso en lugares como Madrid, El Escorial, Granada o Cádiz y que publicaría en diferentes revistas y en las distintas ediciones de sus Poésies aparecidas a partir de entonces. Carlos Pujol ofrece una generosa muestra de esos poemas “españoles” en su espléndida antología.
Poemas
Théophile Gautier
Carlos Pujol (ed.) Pre-Textos. 19 euros. 207 páginas
LA REALIDAD SINTIENTE
JAVIER LOSTALÉ
LOS POEMAS DE LARA CANTIZANI, MUY LIGADOS AL HAIKU JAPONÉS, TIENEN LA TRANSPARENCIA DE LA VERDAD HUMANA QUE ALBERGAN Y EN LA QUE CABEN EL AMOR, LA IRONÍA O EL EROTISMO
Poeta y editor , Lara Cantizani mira el mundo y se relaciona a través de una concepción poética de la existencia. De ahí que sus poemas tengan la transparencia de la verdad humana que albergan y en la que caben el amor, la ironía, la ternura, el erotismo, el juego y la reflexión. Y que haya en ellos una voluntad de esencialización muy ligada al haiku y al tanka, formas de poesía tradicional japonesa que tuvieron su máxima expresión durante los siglos XVII y XVIII y que, con todas sus variantes, han dejado su huella en la poesía española contemporánea.
Lara Cantizani nacido en 1969 en la localidad cordobesa de Lucena, es autor de los poemarios Yo maté al cisne (1994); Poemas adúlteros; Todo lo que sé de ti y otras mentiras (1999); Isla desierta (2001); Incultura clásica (2002); Versos (2002) y Los cuatro elementos (2004). Una trayectoria que se completa ahora con El invernadero de nieve, XXXIII Premio de Poesía Ciudad de Burgos. El título tiene la fuerza significativa del oxímoron y el deslumbramiento de lo que, como la nieve, se deshace después de habernos calado. En su primera parte, CHARCOS, el haiku consigue, desnudo de metáforas, como debe ser, revelarnos en un instante o relámpago, lo absoluto encerrado en lo más cotidiano, lo invisible que transpira lo más visible. Algunos ejemplos hablan por sí mismos:” La rama rota/ por la mitad. Y medio/ mundo se seca.”; “La vía láctea/ flota en los arrozales. / Arroz con leche.”;” Todo en su sitio. / Casi en el quinto pino, / tú y un pinar”. Primera parte de El invernadero de nieve donde el amor a la esposa y a las hijas relumbra: “Místico gozo /de la carne. Desnuda,/ tu alma soy yo.”; “Adriana y Elisa./En las dos me reflejo./Hijas-espejo”.
Las tankas con sus cinco versos forman la segunda parte, LAGOS, en la que aparecen la soledad y el silencio y se produce una interiorización, naturalmente acompañada por un tono reflexivo: ”Brota una hierba/ en el páramo seco./ Una tan sólo./El universo alumbra/ su blanca soledad.”; “Calla el otoño./ El cielo se desploma/ tras el alcor./Contra el suelo las hojas/ definen el silencio.”
Finalmente los poemas abandonan su cuerpo de tres y cinco versos y adquieren una respiración más prolongada en la tercera parte, MARES, que le permite navegar al poeta por zonas abisales de su ser, sin caer nunca en el hermetismo, siempre atado al pulso de los objetos y al ritmo de lo cotidiano, y desplegando ese humor y dominio de la sorpresa que posee la poesía de Lara Cantizani. En MARES, donde la nieve vuelve a hacerse presente a través de la personificación sentimental de la naturaleza y como elemento catalizador de lo onírico, la infancia es rescatada mediante escenas de gran plasticidad y se manifiesta la solidaridad con los niños explotados .Y desde luego se apuesta por la vida como principio superior al que debe en todo momento servir la poesía. En los poemas de esta última parte del libro alienta la voz de un poeta que el escritor lucentino tiene como modelo, Luis Alberto de Cuenca.
Lara Cantizani que ha hecho de la edición una prolongación de su permanente estado poético a través de las colecciones de poesía Cuatro Estaciones y la recién nacida Cosmopoética, y que conmocionó a los lectores con la antología Once de marzo, antología de haikus desde Lucena, escritos por sus alumnos del instituto Marqués de Comares, une oriente y occidente en El invernadero de nieve,un poemario donde la materia es alma y lo más grande respira -como piensa el poeta- en lo más pequeño. Su lectura nos redime con palabras luminosamente heridas por el sueño de cada día.
El invernadero de nieve
Manuel Lara Cantizani
DVD Ediciones. 9 euros. 110 páginas
EL RITUAL DE LA TRANSGRESIÓN
EDUARDO GARCÍA
UN MANUAL QUE DESENMASCARA LOS TÓPICOS DEL PORNO Y QUE ABORDA SU RELACIÓN CON LA SOCIEDAD DEL ESPECTÁCULO, DESDE UNA PERSPECTIVA PSICOLÓGICA Y SOCIAL
Puede la pornografía suscitar una reflexión teórica de altura? ¿Puede un discurso tan limitado en sus formas como brutalmente enérgico en su impacto darnos que pensar? La ceremonia del porno es la viva demostración de que sí, más allá de los prejuicios de toda índole, es posible pensar el porno como género. Adoptan sus autores una perspectiva inmanente que se propone acercarse al porno dando por supuesto el compromiso íntimo que con éste adopta su consumidor, a saber, la excitación. La perspicacia de esta vía de aproximación reside en que logra trascender el cuestionamiento moral o la escasamente reveladora valoración desde los presupuestos de la narrativa cinematográfica. Ello les permite afinar la mirada más allá de las pobres o agresivas apariencias e internarse en tal espacio de arenas movedizas pertrechados con la lupa y el bisturí del pensamiento estético contemporáneo.
El libro constituye un excelente manual de perplejidades en la medida que desenmascara multitud de tópicos sobre el género-tabú. Enarbolando a Bataille y Michel Leiris, a Baudrillard y Linda Williams, entra a fondo en su naturaleza de ritual de la transgresión, donde la satisfacción del deseo simula ofrecerse desustantivada, sin mediación alguna. En esa nada que el porno pone en escena parece proyectarse el enigma que somos. Ceremonia pues -y no relato- en la medida que requiere de la fe ciega del receptor en el acontecimiento de la excitación, así como de la reiteración ritual de las escenas hasta su tan obvia como esperada culminación.
Aunque a ratos se desliza hacia el ensayo a la americana (ofrece datos reveladores sobre el avance del porno en Internet o el estallido del porno “amateur” en los últimos años) prevalece con mucho una línea de exploración del hecho pornográfico a la francesa, esto es, mucho más intelectual que anecdótico social, lo que es muy de agradecer. La conflictiva relación del porno con la narración convencional, el no-lugar en donde sucede el acontecimiento pornográfico, el cuerpo objetivado hasta la desustanciación, el porno “amateur” como derrumbamiento de las fronteras entre sujeto y objeto, o bien sus personajes y escenarios desposeídos de humanidad son algunas de las líneas de fuga que vienen a revelarnos la fisonomía del porno desde sus propios presupuestos.
En ocasiones parece cegar a sus autores un tan manifiesto aprecio por su objeto de estudio que acaba por restar objetividad al discurso, llevándolos a encumbrarlo más allá de lo razonable. Podemos entonces poner en cuarentena algunas de sus apreciaciones, pero lo que es indudable es que éstas no acostumbran ser gratuitas ni efectistas, abriendo -muy al contrario- sugerentes vías de interpretación. Si acaso cabe apuntar en el haber que a lo largo del libro se echa en falta un poco más de actitud crítica hacia el fenómeno estudiado, un abordaje del actual éxito del porno en Internet desde una perspectiva psicológico-social: el análisis de su estrecha relación con la sociedad del espectáculo y la fragmentación del sujeto contemporáneo. Sin embargo, tal ausencia se salva con creces en su penúltimo capítulo, donde se trazan con pulso firme, rigor y sutil olfato estético las fronteras que separan al arte del porno, quedando así también al descubierto algunas de las carencias sobre las que reposa el género. Valiente y lúcida propuesta de reflexión, a partir de La ceremonia del porno el debate –intelectual, por favor, dejémonos de monsergas moralizantes- queda abierto.



