PABLO DE SANTIS
“EL GÉNERO NEGRO REPRESENTA EN LA NOVELA DEL SIGLO XX LA NOSTALGIA POR UNA FORMA”
Entrevista de Óscar López
Lo de ser el primero, para qué nos vamos a engañar, tiene un encanto especial. Y no necesariamente porque vivamos en plena locura por conseguir el éxito y el fracaso sea un estigma urticante, sino porque en según qué temas, haber sido el primero queda para la historia. El pasado mes de abril, en la ciudad colombiana de Bogotá, el escritor argentino Pablo de Santis (Buenos Aires, 1963) se convirtió en el primer ganador del recién estrenado Premio Planeta-Casa de América de Narrativa Iberoamericana, con El enigma de París, una historia policíaca ambientada en París a finales del siglo XIX que le ha reportado 200.000 dólares para su cuenta corriente. El argumento no puede ser más atractivo: la asociación de los 12 mejores detectives del mundo se reúne en la exposición universal que se celebró en la capital francesa en 1889 para mostrar sus modus operandi. Pues bien, aprovechando la visita promocional a España del autor, hemos intentado conocer el suyo.
Un premio así puede marcar la carrera de un escritor.
Es posible. Lo que sí puedo asegurar es que la emoción ha sido muy fuerte. Entre otras cosas por la gente que me rodeaba, tanto allí en Colombia, como en mi país, Argentina, y ahora en España. Percibes que es algo muy importante. Sólo hay que ver que la promoción es espectacular, una gira larguísima durante el verano.
Gana el premio con un relato policial, lo que llama especialmente la atención.
Es cierto. Mi novela es policíaca pero es a la vez una novela sobre el propio género policial, donde reflexiono sobre temas como la obsesión por las metáforas del enigma, el cuarto cerrado o la serie de asesinatos. Yo creo que este género representa en la novela del siglo XX la nostalgia por una forma, que la novela, de alguna manera, había perdido. Pero además, los géneros siempre han estado muy arraigados en la tradición literaria argentina, cuando en otros sitios estaban en lugares marginales.
¿A qué te refieres exactamente con eso de la nostalgia por una forma?
La novela de vanguardia y la novela psicológica a menudo pierden de vista la importancia de la forma. La novela policial le devuelve a la narración el gusto por el principio, el medio y el final; por el anuncio de un secreto y la revelación de ese secreto; por abrir una estructura para luego cerrarla.
Sin embargo, una parte de la crítica tilda lo policíaco de género menor.
Algo que no tiene sentido porque lo policial aborda cualquier tema vinculado con la condición humana. Sin olvidar que, como suele referirse también a lo secreto, le lleva a hablar a menudo de los secretos de la vida en general, de que lo importante suele estar oculto, que la verdad nunca es evidente. Imagino que ese posible menosprecio tiene que ver más con el hecho de que es un género popular.
Su fascinación por los enigmas ya viene de lejos.
Me gusta que el misterio aparezca en mis relatos. Debe ser porque mi infancia está repleta de lecturas policiales.
¿Hablamos pues de una novela homenaje a esos grandes autores del género?
Pues sí. Pero curiosamente no es un homenaje a los autores que más me gustan, pero sí que estuvieron presentes en mi infancia. Pienso en Agatha Christie, Conan Doyle, y otros. Ahora no leería una de Agatha Christie y sí una de James Ellroy, que me encanta.
Pues como ellos es un devoto de las tramas cerradas.
Me gusta que la novela termine. Sufro como lector con los finales abiertos. Otra cosa es que cada uno pueda tener su propia interpretación de los hechos.
Sin olvidar que para usted la función del escritor es entretener.
Es que para mí la literatura es entretenimiento. Puede ser más o menos complicada pero debe entretener. Thomas Bernhard puede ser complejo pero yo me lo paso muy bien con sus libros. Para mí no tiene sentido que el lector se aburra.
Habla de entretenimiento, pero ¿se puede combinar perfectamente entretenimiento y calidad literaria?
La literatura siempre ha sido entretenimiento, y nunca hubo oposición entre entretenimiento y profundidad. Esta oposición surge en el siglo XX. A Homero o a los trágicos griegos no se les hubiera ocurrido jamás que no tenía importancia si aburrían o no, o quíen escuchaba sus historias.
¿No tiene la sensación de que en los últimos tiempos existe un abuso del bestseller comercial prefabricado y la literatura de calidad está más en peligro?
En general se considera que esa literatura prefabricada es de más fácil lectura; a mí me parece que es al revés. Yo creo que el lector de best-sellers se ha convertido en un erudito ya de los bodrios. Hace años leía los libros de Kalil Gibran: 80 páginas y ya está. Hoy está entrenado para animarse con cualquier cosa. Es un lector de paciencia infinita. La gran literatura siempre es más leve, contra todo lo que se piensa.
En la novela demuestra de nuevo que le gustan los universos pequeños, aunque en este caso la trama transcurra en París, con la Torre Eiffel como elemento omnipresente.
Eso es un tema clave. Me gustan los espacios cerrados, acotar la geografía de la novela. Y en este caso me interesaba reflejar también el contraste de una ciudad que por primera vez tenía zonas iluminadas eléctricamente con otras más sórdidas, donde se mantenía el gas, y por donde transitan personajes sombríos, pertenecientes a sectas y grupos anti torre Eiffel.
¿Esos grupos existieron?
Hubo oposición a la torre pero lo de las sectas es ficción. Me gusta documentarme pero no me obsesiono con ello. Aunque si doy datos suelen estar contrastados. Por ejemplo, que la Torre Eiffel se hizo con equipos de cuatro hombres.
O que el ingeniero Maurice Koechlin fue el verdadero artífice de su construcción.
Es que fue así. Y al haber estudiado medicina se basó en la idea del fémur para construir algo liviano y resistente. Pero lo de la vinculación con el pitagorismo ya es pura ficción.
Detrás del relato policial se esconden otros aspectos fundamentales. Por ejemplo, escribe: “Hay una belleza en el enigma que a veces nos hace olvidar el resultado”, como si fuera más entretenido preparar un viaje que hacerlo. ¿Es de los escritores que disfruta más planificando el viaje literario que del momento de la escritura?
Disfruto sobre todo durante los meses en que la novela se va gestando en mi cabeza, hasta que me siento y empiezo a hacer un borrador a mano de una manera muy libre e intuitiva.
Otro aspecto fundamental es la relación entre los detectives y sus asistentes, que le permite reflexionar sobre el sueño frustrado de conseguir algo en la vida. Esos asistentes saben que nunca serán detectives.
Esa relación marca mi novela. De hecho nace porque quería reflexionar sobre el complejo de inferioridad, que en la novela arranca con la figura del narrador, un asistente que se ve así, un recién llegado que no termina de pertenecer a ese colectivo.
Aunque otros asistentes se muestran más torpes de lo que en realidad son para que sus jefes luzcan sus dotes.
Eso se detecta en la historia de la literatura y en muchos otros ámbitos de la vida.
De hecho, uno de los detectives comenta: “Nadie es aquello que quiso ser…el destino se alimenta del error; la gloria, del arrepentimiento”. ¿Pablo de Santis ha visto cumplidos sus sueños profesionales?
Yo he conseguido más de lo que nunca soñé. Me siento muy afortunado. Quería escribir libros que gustaran, y creo haberlo conseguido, además, con libros que a mí me gustan. He sido fiel a mis intereses literarios, y he podido vivir de la literatura. ¡Qué más puedo pedir!
“Para mí la literatura es entretenimiento. No tiene sentido que el lector se aburra”
INTRIGA EN LA TORRE EIFFEL
Europa vive un boom del relato policial, y no hay país que no se haya adscrito al género aportando su cuota de ilustres representantes. Los hay noruegos, turcos, argelinos, irlandeses, mientras que en los Estados Unidos no viven su mejor momento, aunque naturalmente existan honrosas excepciones. Pero, ¿qué pasa con los representantes latinoamericanos? Pues pasa que cuando alguno de ellos se descuelga con un relato policial, acostumbra a estar a la altura de las circunstancias. A los de Leonardo Panura, Paco Ignacio Taibo II o Guillermo Martínez, por citar algunos ejemplos, hay que añadir también el nombre de Pablo de Santis, que de nuevo en esta novela demuestra que se puede escribir una novela de género sin caer en lugares comunes ni fórmulas anquilosadas. El enigma de París es un viaje en el tiempo donde Poe, Conan Doyle pero también Hammet o Chandler pasean por entre sus páginas, pero con el valor añadido de que el autor no se limita a plantear un asesinato, escoger un malo despreciable y plantear unas cuantas líneas de investigación, que también. Este libro va más allá, como ocurre con las buenas novelas de género, y a partir de esa felizmente hallada relación entre los detectives y sus asistentes, de Santis reflexiona sobre el fracaso, el sueño imposible, y esa verdad que a menudo tiene problemas para salir a la superficie. No lo duden, sumérjanse en ella. No tengan miedo por adentrarse en la sordidez de unas callejuelas oscuras que bordean la torre Eiffel. El autor ha tenido la habilidad de construir un relato sorprendente y entretenido, que desde el inicio nos permite ver la luz. Una original manera de iluminar el género negro.



