El ADN del escritor

Los narrradores ante la tradición, la cultura de masas y los nuevos lenguajes

RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN

“La singularidad de cada escritor es su mirada y su capacidad para transformarla en un artefacto estético”

La obra de un escritor se entrelaza con la de otros escritores conformando una red a la que tienen acceso los que les siguen en el tiempo y que da lugar a posibles relecturas y reescrituras. A esa red la teoría literaria la denomina tradición. Un tema que Alejandro Luque (El Correo de Andalucía) plantea preguntándoles a los autores si la tradición es un kit que viene impuesto con la lengua, si la patria del escritor es la biblioteca o si, en este siglo, lo que impera es la disidencia con respecto a la tradición. “Cada uno va tejiendo su propia tradición y su propio proyecto. Uno rompe o establece puentes de manera intuitiva y en función de su estilo, porque el estilo es una realidad que puede moldearse” responde Joaquín Pérez Azaústre (El gran Felton, Seix Barral), con quién comparte criterio Ricardo Menéndez Salmón (La ofensa, Seix Barral) al afirmar que él busca sumar su huella a un rastro previo.  Por eso cita a Proust: “mi poética es mirar el mundo para nombrarlo y apropiarme de él”, y añade que él cree que la singularidad de cada escritor es su mirada y su capacidad para metabolizar la realidad y transformarla en un artefacto estético. También Cristina Sánchez-Andrade (Bueyes y rosas dormían, Siruela) se suma a estas opiniones, en torno a lo que podría denominarse el adn del escritor, y señala que el escritor lee y reinventa escogiendo su filiación a una u otra tradición. Estas declaraciones sugieren que algunos de los autores tienen en cuenta lo que escriben sus contemporáneos. Un diálogo, a través de la obra, que es más evidente en la literatura hispanoamericana. Como señala Lolita Bosch (La persona que fuimos, Mondadori) “la generación de Mario Bellatín y Villoro hemos leído lo mismo, no hemos roto con la generación anterior que nos lee con atención igual que nosotros a ellos. En España esto no sucede”.  La escritora catalana especifica que resulta interesante saber cómo un escritor se plantea romper con la idea de literatura con la que ha crecido y que la respuesta debe darla desde su propia literatura. Está claro, cada autor construye su poética mediante la libertad de su discurso y de su empatía con otros escritores. Luis Manuel Ruiz (El ojo del halcón, Alfaguara) está convencido: “a mí me interesan autores como Daniel Pennac, José Carlos Somoza, Andrew Cowan, Félix Palma y Pablo de Santis. Son escritores que han demostrado que existe una generación que le ha perdido el miedo al best seller y no renuncian a la calidad ni a tener un gran público”. En cambio, Espido Freire (Mileuristas, Ariel) considera que los escritores actuales no reelaboran correctamente la tradición y que se abren pocos caminos nuevos mirando hacia atrás. Ella entiende que “la nueva narrativa va a remolque de la realidad, le falta decantación porque se está gestando una literatura de la simultaneidad, influenciada por internet”. Es un nuevo género o soporte que conoce bien Vicente Luis Mora (Subterráneos, DVD Ediciones) y que refuerza su reivindicación de un arte experimentador que no experimentalista. “Me interesa reventar la tradición pero para ello hay que conocerla bien, desde dentro” afirma. De ese modo, añade el escritor cordobés, se puede construir un arte proyecto, una literatura compleja y con una ambición narrativa que echo en falta en muchos autores.  

CULTURA DE MASAS

La literatura siempre ha sido permeable a la influencia de otros lenguajes y disciplinas. El cine, la música, la pintura, el cómic han enriquecido la novela y han dinamitado la diferencia entre alta y baja cultura. Todos los autores coinciden en los beneficios de este mestizaje que genera vida, como aseguran Agustín Fernández Mallo (Nocilla dream, Candaya) y Mario Cuenca (Boxeo sobre hielo, Berenice) , quién añade que los nuevos lenguajes filtran nuestra mirada sobre la realidad y defiende igualmente el nuevo protagonismo del cómic.  José Ángel Mañas explica que utilizó la música en sus Historias del Kronen como elemento descriptivo y Harkaitz Cano (El filo de la hierba, Roca editorial) prefiere decantarse por las series norteamericanas de televisión “porque en ellas se arriesga mucho más que en el cine”. Unas influencias, muy presentes en la narrativa contemporánea, a las que Fernández Mallo les suma la publicidad. El lenguaje mediático al que define como la poesía del siglo XXI, “hay anuncios de televisión que despiertan en mí el mismo sentimiento que un poema. Por eso, en toda novela tiene que haber un hilo, un aliento poético”. El autor de Nocilla Dream agrega que uno conecta con las influencias de su generación y que por esa razón es importante que la literatura se haga tentacular. “De hecho, la literatura del siglo XXI pasará por las ciencias o morirá” pronostica Fernández Mallo, dejando en el aire el viejo tema de la muerte de la novela. Una presunta defunción que ratifica Paula Izquierdo (La falta, Alianza), al manifestar que la novela del siglo XX puede ser el fracaso de un modelo narrativo que ahora es inservible.  

El asunto que suscita mayor consenso es el concerniente al papel que ha representado la literatura norteamericana en sus obras. Harkaitz Cano entiende que la literatura del siglo XX pasa por ella y la mayoría de los escritores ratifican también el peso de una literatura a la que siempre han tenido muy en cuenta. Unas veces por la admiración hacia Faulkner, preferido por Juan Manuel de Prada, otras por el cercano influjo de David Wallace Foster, idolatrado por los más jóvenes y en otros casos por la lectura de Scott Fitzgerald y de Carver, sobre quienes Joaquín Pérez Azaústre destaca la atmósfera y un realismo que tiene una intensa carga poética en su interior. “Estas influencias son las que definen una metaliteratura que transforma nuestros recuerdos y nuestro imaginario, permitiéndonos ser otros”-apunta el narrador cordobés. Al final lo que queda más claro es que, como señala Agustín Fernández Mallo, antes se escribía desde el conocimiento y hoy día se hace desde la información. En esto coinciden todos y también acuerdan con Luis Manuel Ruiz que “al margen de las tradiciones y de las influencias, la primera misión de la literatura es contar historias y entretener al lector”.