LUIS LANDERO

“El hombre es experto en crear desdichas”

Entrevista de Tomás Val. Foto de Ricardo Martín

“Somos más nuestro yo imaginario que nuestro yo real. Probablemente todo ese mundo interior que tenemos es lo que nos define”

Luis Landero (Alburquerque, Badajoz, 1948) se convirtió, de pronto, con la aparición de Juegos de la edad tardía (1990), en un verdadero fenómeno literario, aclamado por la crítica y venerado por el público. Profesor de Literatura en la Escuela de Arte Dramático de Madrid, Landero ha conocido otras actividades. Después de emigrar a Madrid en 1960, desempeñó diversos oficios, aunque el más duradero fue el de guitarrista flamenco, que lo llevó de pueblo en pueblo, de pensión en pensión, y con el que conoció las aventuras de las gentes mediocres, recorridos más o menos descabellados que nacen del fondo de los sueños.

En 1994 publicó Caballeros de fortuna, novela a la que siguieron El mágico aprendiz (1998) y El Guitarrista (2002). También es autor de Entrelíneas:elcuentoolavida y de Cómo le corto el pelo, caballero, una recopilación de artículos. Ahora publica Hoy, Júpiter, una fábula típicamente landeriana sobre la identidad, sobre los sueños, sobre las disparatadas aventuras que nos depara la vida y en la que la figura del padre, como en obras anteriores, ocupa un lugar primordial.


¿De dónde le vendrá al ser humano ese empeño loco de justificar la vida, de tener que hacer algo que explique nuestra presencia?

Sí, es verdad, lo que mueve a los animales es la supervivencia y la reproducción. Es una pasión extraña ésta del hombre que decide refundar el mundo, volver a poner nombres a las cosas…Pero, claro, es un animal que sueña, que ambiciona, que sabe que la vida es breve, al que le han hablado de la inmortalidad y no se resigna amorir. Imagino que tiene que ver con eso.


¿Y la Literatura también tiene que ver con eso, con el sueño, con el vivir otras vidas?

Claro. Los que escriben lo hacen para cubrir alguna carencia. Si estás satisfecho, para qué vas a escribir. Se escribe porque hay insatisfacciones, porque la vida no te da lo que te gustaría, porque no encuentras toda esa lenitud. Hablo de mi caso, claro, pero la escritura sí que da un cierto sentido a mi vida, te embarca en un empeño, en un afán que, al menos, te tiene entretenido y te da un lugar en el mundo.


Hoy, Júpiter nos cuenta las historias de unas vidasmalogradas por el absurdo y loco empeño de un padre de que sus hijos, uno biológico y otro acogido, vivan lo que él no pudo vivir.

Es por el hecho de crear. Igual que se crean dioses o héroes, es crear alguien que te redima. Esa es una cosa bastante autobiográfica mía. El hombre es experto en crear desdichas, en buscar la felicidad y crear monstruos… Es un animal lleno de desasosiego, que siempre está buscando algo.


Ese afán de que el hijo sea “algo” en la vida, en su novela llega amatar el amor paterno.

Efectivamente. Ahí hay una pasión que yo viví de pequeño. Casi todas las pasiones se viven de pequeño, cuando estás en un permanente asombro y que es cuando las cosas enraízan para siempre. La figura del padre está muy presente en todas sus novelas. Es un viejo tema el del padre y el sentimiento de culpa del hijo.


¿Cuándo murió su padre?

Cuando yo tenía dieciséis años.


Ahora que se ha convertido en uno de los grandes de la Literatura española, cuando se ve en los periódicos, en la televisión, en los escaparates de las librerías, ¿piensa en él?

Mucho. Al cabo del tiempome he reconciliado con mi padre y entiendo que todo lo que hizo por mí lo hizo por amor, por mi bien, pero era mi “creador”, era su obra y como tal me exigía muchísimo.


¿Se sentiría satisfecho del Luis Landero actual?

Sí, estaría orgulloso de mí. Él emigró a Madrid para que tanto mis hermanas como yo consiguiéramos una estabilidad y creo que sí, que estaría orgulloso.Yo suelo soñar a menudo que mi padre vive, que hubo un error, que no murió…


Mi padre que ha vuelto y que no ha muerto, decía el soneto de Borges.

Efectivamente, es un sueño recurrente y raro que aparece todas las semanas. Creo que es porque tenemos una conversación pendiente.


¿Tiene hijos? Supongo que habrá tenido un cuidado exquisito en no influir en exceso en sus vidas.

Sí, mucho cuidado en no conducir sus vidas, ni comparar con otros.


Es posible que algún día le echen en cara ese comportamiento.

No, no creo, ya son mayores. He tenido mucho cuidado en que no se sientan aplanados por el peso de la responsabilidad ni por el miedo a defraudar al padre.


Me sorprendía, al leer la novela, la certeza que tiene el padre, un agricultor, adinerado pero agricultor, de que su hijo puede ser lo quiera en la vida. En el lugar del que yo provengo, existíamuchamenos confianza en el futuro.

El fatalismo castellano. Pero sí, esa certeza era rara en un mundo rural como el extremeño. Pero mi padre era así, como el personaje de la novela. Para él, la guerra fue una experiencia extraordinaria. Consiguió salir del pueblo por la guerra, estuvo en Barcelona, donde vio el mar por primera y última vez, estuvo en Zaragoza, en Teruel, en Madrid… Para él fue una gesta maravillosa, vio que existía otro mundo, un mundo urbano que mitificó.


¿La identidad es siempre una impostura?

Somos más nuestro yo imaginario que nuestro yo real. No sé qué es más importante en la vida, si las cosas reales o las imaginarias. Probablemente sean más importantes las cosas imaginarias; todo ese mundo interior que tenemos es lo más decisivo, lo que nos define.


En este mundo que decimos tan realista, buena parte de nuestra vida viene marcada por cosas tan “poco reales” como el amor, la fe en Dios, el honor, la patria…

Todo intangible. El amor, como decía Machado, es invención en el noventa por ciento de casos. La psiquiatría dice que los sueños, con todo lo absurdos que son, dicen más de nosotros que nuestra manera de ser cotidiana. Tenemos un mundo de sueños, mundos hechos de palabras, mundos de papel que son muy importantes.


Hasta llegamos a morir por ellos.

Mira todo eso de la patria vasca. Y se mata en nombre de Dios, en nombre de identidades…


Todo este mundo landeriano se expresa con un lenguaje peculiar, un lenguaje que, desde mi punto de vista, nos recuerda a algunos clásicos del siglo de Oro.

Especuliar, pero busco la naturalidad y la precisión. Para mí, la exactitud es fundamental en la narrativa; uno tiene que ser preciso a la hora de nombrar. Pero esa precisión no tiene que notarse, tiene que ser natural. Y el fraseo, el buscar el ritmo, que una frase lleve a otra. La creación del ritmo es muy importante. Intento escribir bonito y eficaz. Y si hay que sacrificar algo, sacrificaría lo bonito.


En la portada del libro pone después de cinco años, vuelve Landero. ¿Qué ha estado haciendo?

He estado dando clases, escribiendo…La novela no la empecé a escribir hasta casi dos años después de El Guitarrista. Estuve dando vueltas a la historia, intentando conocer este mundo, dudando de si escribir esta historia u otras… Haciendo que hacía, que es lo que más me gusta.Lo que más me gusta del mundo es levantarme y tener el día libre para escribir, para leer por las tardes…


A muchos escritores les gusta más leer que escribir, pero es lo que escriben lo que “justifica” sus vidas. Y volvemos al inicio de la charla: en el curriculum de Landero figuran las novelas que ha escrito, no las que ha leído.

En el fondo es cierto, pero la literatura también es una pasión. Pero sí, es verdad, y tengo pendiente escribir unos ensayos en los que hable de la lectura.


Me sorprende que esté a punto de cumplir casi sesenta años. Yo le conocí más joven.

Yo también me sorprendo. Qué demonios he hecho yo para tener esta edad.

 

“Para mí, la exactitud es fundamental en la narrativa; uno tiene que ser preciso a la hora de nombrar”