ENSAYO Y POESÍA
LA PROSA IRÓNICA DE AQUILINO DUQUE RETRATA EL SENTIDO TRAGICÓMICO DE LAS POSTRIMERÍAS DEL FRANQUISMO
LECTURAS POESÍA
UN INMENSO SUSPIRO
VICENTE LUIS MORA
GORE VIDAL REÚNE, CON FINEZA CRÍTICA Y MORAL, ENSAYOS LITERARIOS Y ARTÍCULOS DEDICADOS A MATERIAS POLÍTICAS O SOCIOLÓGICAS
Qué se puede decir sobre un libro de casi mil páginas que resulta corto, interesante y ameno; qué mejor forma de defenderlo que recomendarlo. Esta recopilación parcial, aunque amplia, de los ensayos de Gore Vidal (West Point, EEUU, 1925), está dividida en dos partes: una donde se recogen ensayos literarios y otra, a mi juicio más valiosa, donde se agrupan parte de los cientos de textos y artículos que Vidal ha dedicado a materias políticas o sociológicas.
Respecto al primer grupo, debemos apuntar que Vidal, como buen escritor ególatra, únicamente está capacitado para hablar con inteligencia de literatura si la obra del autor examinado se parece a la propia. Sólo un escritor generoso y escasamente soberbio puede salirse de sí y de su concepción de lo artístico para apreciar con objetividad la obra literaria de los demás y valorarla sin arrojar sobre ella luz íntima. Vidal, uno de los mayores exhibicionistas y egocéntricos ejemplares de un mundo de por sí poco capacitado para la autocrítica, es incapaz de ese gesto de generosidad, lo que empaña –y mucho– sus análisis literarios, que suelen acoger el enganche, la rastrojera o la ojeriza, por no decir la envidia. Los insultos dedicados a los teóricos del noveau roman podríamos haberlos imaginado antes de leer el ensayo: es imposible que Vidal pudiera llegar a simpatizar con algo tanalejado a su encantado de conocerse modo de escribir/se, siempre lindandolo autobiográfico, siempre haciéndonos sospechar que uno de los personajes podría llamarse Gore Vidal. Esto no es necesariamente malo (sin esa vertiente literaria, no tendríamos a Proust, ni a Montaigne, por ejemplo), sólo digo que hay que tenerlo en cuenta paramorigerar el alcance de ciertos juicios de valor.
Y cuando éstos se adentran en aspectos literarios, Vidal no se caracteriza precisamente por sutimidez. En Novelistas y críticos de los años cuarenta revela a Carson McCullers, Bowles y Tennessee Williams como “los tres escritores más interesantes en Estados Unidos”, postergando al último Faulkner (p. 57). Se ceba con los autores que puntualmente han hecho sombra a su infatigable ego, como Mailer, Sontag o Salinger. Pero Vidal es un autor notable, y no son pocas las veces en que sus opiniones son tan justas como necesarias: “los escritores no compiten entre ellos. El auténtico enemigo es el público, cada vez más indiferente a la literatura, un público al que sólo se puede llegar por medio de fenómenos, pornografía de grado superior o narraciones voluntariamente huecas de la vida que llevamos hoy en día”.
Sin embargo, en la segunda parte asoma el fino crítico y moralista cuyos juicios desafían, con toda razón, lo políticamente correcto: “tenemos más de un millón de personas en la cárcel y más de dos millones en libertad condicional. Todos los años son violados muchos más hombres dentro del sistema carcelario estadounidense que mujeres fuera de éste, pero a nadie le importa” (p. 888). En general, hay que reconocerle un valor notable; no debe ser nada fácil hablar de asesinatos del FBI y permanecer incólume como ciudadano (quizá por eso pasa parte del año en su palacio italiano). Hace poco leía una entrevista al autor, donde Vidal negaba que el gobierno norteamericano pudiera haber participado en los atentados del 11-S, por la sencilla razón de que estaban planeados con inteligencia. Vidal es así, capaz de alturas y bajuras al mismo tiempo; pero la cuestión es que es un personaje valioso, valiente, que representa lo mejor de los Estados Unidos (la inteligencia, el talento, la capacidad de trabajo, la perseverancia, la cultura humanística global), y lo peor (cierta prepotencia, cierta desatención por los de abajo). En fin, qué puede decirse de un hombre capaz de frases como “no basta contriunfar: los otros deben fracasar”. Seguramente, que su triunfo siempre será relativo. Pero indiscutible.
Ensayos (1952-2001)
Gore Vidal
Edhasa. 49 euros. 986 páginas
NI MODERNOS NI TODO LO CONTRARIO
HÉCTOR MÁRQUEZ
UNA REVISIÓN DEL CONCEPTO DE LO MODERNO EN LA LITERATURA Y EN EL PENSAMIENTO FRANCÉS DE LA MANO DE UNO DE LOS TEÓRICOS GALOS MAS IMPORTANTES DEL MOMENTO
Tras sus ensayos sobre Proust, Baudelaire o el libro Cinco paradojas de la modernidad, citado con frecuencia durante los 90, el filósofo, ensayista y catedrático de literatura francés –de la Sorbona y de la Columbia University de Nueva York, ojo, pata negra– Antoine Compagnon publicó en Francia hace un par de años este Los antimodernos, una especie de revisión cultérrima y exquisitamente chauvinista del concepto de modernidad en la literatura y pensamiento francés y de las relaciones entre tradición e innovación en la cultura gala. Como buen brillante cátedro, Compagnon –que acaba de ser incluido entre los 30 filósofos francesesmás influyentes del momento– sustenta con toda clase de figuras retóricas, citas y notas bene este ensayo que ya viene traducido a España con un premio Nacional de Ensayo francés en la solapa. La tesis es ingeniosa y esconde un viejo axioma: nada o nadie es más algo que aquél o aquello que pretende negarlo con vehemencia, puesto que quien niega asume dentro de sí lo que rechaza. En paladino: viva la paradoja. ¿Y de qué habla Los antimodernos? Pues de cómo la literatura francesa, con su capacidad de creerse, negarse, promocionarse y analizarse paralelamente a la vez que se escribe, es capaz de inventar una etiqueta para definirse y poder revisarla una y otra vez a fin de mantener su vigencia.
Irreductibles y admirados galos: hacen bien en defender lo suyo. Luego, desde la vecina España les miramos aviesos cuando recogen los frutos que ellos se guisan y ellos se comen no sin antes inventar toda una paleta de adjetivos y conceptos que definan los mil sabores que guarda un croissant, a partir de ahora croasán. Así logran convertirse en poetas del tiempo/ fabricantes de eslóganes que nacen con vocación de epitafio romano. Significan y teatralizan lo inefable. Eso, como se dice en Jerez, es tener muchísimo arte.
“Los antimodernos son los modernos en libertad”, dice el autor. Como buen docente, hace taxonomía y despliega citas y referencias para demostrar que no se inventanada sino que tira de conceptos que vienen desde la revolución francesa. Y le sirve la cosa para seguir adorando a los imprescindibles padres y divulgadores de la modernidad antimoderna, Baudelaire, Balzac, Proust o Chateaubriand e ir sumando almismo nivel a escritoresmenos leídos fuera de Francia como Barbey d´Aurevilly, De Maestre o La Mennais, para provocar la necesidad –tan ¿antimoderna?– de conocer la obra de tanto maestro oculto y así paliar semejante ignorancia, tan papanatas, tan subrayada por ese estilo tan francés de repintar el universo y reservarse el descubrimiento de los mejores quásares, perdón croasanes. Y es que Compagnon de tanto usar la antimetábola, el oxímoron, el quiasmo, la hipálage y la paradoja, nos deja con dolor de mandíbula (vale, será la primavera). Recordemos esa regla inmutable: sin consenso no hay metáfora sino sumo artificio. Hermoso, sí, que Compagnon es un escritor de inmensas habilidades retóricas, heredadas de los Barthes, Derrida, Deleuze, Foucault o Baudrillard.
Pero para que no se vayan con la sensación de que hemos hecho un mimético ejercicio de acompagnamiento les dejamos un breve resumen de las características de los antimodernos: son contrarrevolucionarios, anti-Ilustrados, pesimistas, sufren escribiendo, son románticos por mera nostalgia, tienen conciencia del pecado original, cultivan el vituperio, participan de lo sublime y son reaccionarios con encanto (ay, qué solita que se está quedando la euroizquierda). En fin, que no tienen 15 años.
Los antimodernos
Antoine Compagnon
Acantilado. 20 euros. 252 páginas
LECTURAS POESÍA
JOSÉ GUTIÉRREZ, UN AUTOR REDIVIVO
JAVIER LOSTALÉ
ITINERARIO VITAL TEJIDO POR LA MEMORIA Y SU RELACIÓN CON EL OLVIDO, LA SOLEDAD, EL AMOR Y LA MUERTE, TRASLADADO AL PAPEL MEDIANTE UN DIÁLOGO CON LOS CLÁSICOS
A los veintiún años, José Gutiérrez, nacido en 1955 en el pueblo granadino de Nigüelas, publicó su primer poemario
Ofrenda en la memoria, en la colección granadina Silene, al que siguieron Espejo y laberinto (Ángel Caffarena), próximo a reeditarse, El cerco de la luz (Ánade), La armadura de sal (Hiperión), y así hasta De la renuncia (Trieste), tras el cual comenzó un período de silencio que ha durado veinte años. A pesar de ello y de su actividad como ensayista y periodista, desde hace años dirige la revista El Fingidor, su reclusión en Granada como paisaje del alma y su apartamiento de grupos y luchas literarias, han determinado que muchos lectores no hayan podido conocer una obra poética en la que la tradición y contemporaneidad se fecundan mutuamente.
Gracias a la publicación de La tempestad serena en la colección Signos, de Huerga y Fierro, José Gutiérrez ocupará el lugar destacado que le corresponde enlas letras españolas. El libro está formado por treinta y tres poemas, escritos entre 1989 y 2006,organizados en tres partes, más un preludio y un postludio, que dan unidad de sentido a un itinerario vital que el autor quiere recorrer en complicidad con el lector, cuya ayuda solicita para vencer la tiniebla y el desaliento que todo existir alberga. De ahí que el poema del preludio, El sueño del espejo se dirija de un modo expreso al lector. Itinerario vital tejido por la memoria y su relación con el olvido, la soledad, el paso del tiempo , el amor y la muerte trasladado al papel mediante un diálogo con los clásicos y el dominio de las formas métricas tradicionales: el soneto castellano o italiano, el soneto inglés con sus distintas variantes, los poemas asonantados, cuartetas consonantes e incluso sextinas, hoy apenas utilizadas.
La tempestad serena encabeza la primera parte con una cita de Pedro Soto de Rojas que hace de la soledad compañía, y recluye al poeta en los sonidos más puros de la memoria: el del huerto de la abuela, donde ”cercado por las sombras, extendías/ los libros en la hierba y te adentrabas/- capitán Nemo -en mundos sumergidos; el de la vieja casa del barrio al que retornaba para que Teresa y Carmen, sus tías, socorrieran tus sueños: ”No me falta su aliento cuando emigro/a esa casa de luz estando ausente”, o el del ruiseñor solitario, trasunto de la voz del poeta -según él mismo dice- que le llama con la infancia: ”La búsqueda de lo perdido a través de la palabra engendradora de belleza es el contenido de esta primera sección en la que se apuesta por la vida incluso frente a la propia obra. Apuesta por la vidamanifiesta en la exaltación de todos los sentidos que caracteriza la segunda parte, donde el lector participa del goce corporal y de sonetos de amor inolvidables como La celda, Cántico, o Las islas de la llama, donde dice: ”Aspirar la fragancia de las rosas/queme acerca el recuerdo de tu cuerpo/y la añoranza azul del nuevo día/para el abrazo ávido y ardiente,/ es como regresar a aquel jardín: la tempestad serena aún nos llama”. Y este tono celebratorio de la segunda parte, se convierte en reflexión sobre el destino del ser humano y sobre la propia condición del poeta, en la tercera, donde la figura de la madre florece en luz, esperanza y arrepentimiento por no haberle dicho lo que un día debió decirle: “Duelen más los recuerdos. Las palabras que curan,/tímidas no salieron de mis labios: anhelo/ofrecértelas ahora por si escuchas mi voz”.
La voz de José Gutiérrez es en La tempestad serena clásica y moderna,temporal e intemporal, como la gran poesía. El espíritu sopla a través de ella su hermosa canción secreta.
La tempestad serena
José Gutiérrez
Huerga y Fierro Editores. 12 euros. 88 páginas
DIEZ NOMBRES JUSTOS
JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN
EN EL AÑO 1927 NO SE HABLABA DE GENERACIÓN DEL 27, SINO DE LA JOVEN LITERATURA, QUE FUE EL TÉRMINO CON QUE ESTE GRUPO SE DENOMINÓ ASÍ MISMO EN SUS PRIMERAS APARICIONES
Desde que en 1932, un grupo de poetas amigos alcanzó una primera consagración antológica, son muchas las voces que se han levantado contra su temprana y duradera canonización. El concepto de “generación del 27”, de gran éxito en los manuales, hace tiempo que está siendo objeto de drástica revisión. En su más reciente diario, La cosa en sí, se pregunta Andrés Trapiello: “¿Estará preparado el mundo académico español para oír que escritores como Alberti, Ayala o Aub resultan intercambiables con Pemán, Laín o García Serrano?” El mundo académico está preparado para oír cualquier disparate, siempre que venga adobado con las adecuadas dosis de erudición o de abstrusa teoría, pero de momento el grupo surgido en los años veinte resiste bien el envite de los iconoclastas.
Todos los intentos por elevar a primera fila a los poetas que Gerardo Diego dejó fuera han resultado vanos. Puede que Pemán no sea un poeta enteramente desdeñable, que Domenchina, a pesar de sus rechinantes primeros libros, no merezca del todo el desdén con que se le ha tratado, que Ruano (como demuestra la antología de Juan Lamillar) escribiera algunos poemas memorables, pero ninguno de ellos resiste la comparación con Alberti, Guillén, Cernuda.
La Antología comentada de la generación del 27 es un volumen por muchas razones ejemplar. El prólogo de García de la Concha, didáctico y documentado, resume atinadamente el estado de la cuestión. Hace hincapié en que el año 1927 no se hablaba de “generación del 27”, sino de “la joven literatura”, que fue el término con que este grupo se denominó a sí mismo en sus primeras apariciones conjuntas.
Diez especialistas presentan a los seleccionados, antologan sus poemas y los comentan con mayor o menor extensión. Díez de Revenga se ocupa de Pedro Salinas. Como excepción, a ratos no parece demasiado atinado en sus comentarios. Es el caso de Underwood girls, ingenioso poema sobre las teclas de la máquina de escribir a las que se quiere llevar a “la hazaña pura”, tan vanguardista, de librarse de las palabras y del sentido, y que el crítico interpreta como un poema amoroso. Ejemplar resulta en cambio el amplio comentario que Díaz de Castro nos ofrece de un soneto de Guillén, Muerte a lo lejos. De Gerardo Diego, un poeta que no pasa por el mejor momento en el aprecio de los lectores, se ocupa José Luis Bernal, sin duda su mejor conocedor. En la selección de Andrés Soria Olmedo resulta inevitable echar en falta algún poema de Dámaso Alonso, como el contundente epitafio a Rafael Melero, y acaso sobra alguno: el interés del libro final, Duda y afirmación sobre el Ser Supremo, es solo biográfico. A la altura de las circunstancias– y sobresaliente en más de un caso– se muestra el resto de los comentaristas: Christiande Paepe, Ricardo Senabre, Alejandro Duque Amusco, César Real Ramos, Patricio Hernández y Margarita Smerdou Altolaguirre.
Cierto que la cotización interna de los poetas del 27 no ha permanecido estable a lo largo de los años. Sólo Lorca sigue siendo Lorca. Cernuda, el segundón, se ha puesto en cabeza mientras que Aleixandre, a pesar del Nobel, desciende imparable hacia el furgón de cola. Pero el excepcional conjunto quizá no tenga parangón en ninguna otra época de la literatura española. Releer esta antología, tan útil para el estudiante como para el borgiano lector hedónico, nos lo confirma sobradamente.
Antología comentada de la generación del 27
Víctor García de la Concha (ed.)
Espasa. 13,50 euros. 434 páginas



